Nicaragua sigue convulsionada por la crisis que comenzó hace 14 meses. El país continúa generando titulares como el de la amnistía de casi un centenar de personas a mediados de Junio, que seguían detenidas por las protestas contra el Gobierno el pasado año. También ha sido tema durante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Medellín del 26 al 28 de Junio. La situación en el país centroamericano es crítica, con una gran polarización y mucha confrontación, así lo explica monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa, durante su visita a la sede internacional de la fundación pontificia Aid to the Church in Need.

ACN: ¿Cómo está la situación en Nicaragua después de estos más de 14 meses de crisis?
Estamos viviendo una situación sociopolítica y económica crítica. En Nicaragua hay mucha polarización, mucha confrontación. Nosotros como Iglesia estamos llevando al pueblo una palabra de esperanza para asentar las bases y los fundamentos de nuestra propia historia. Tiene que ser esperanza de un mejor futuro, de un país donde las futuras generaciones puedan vivir en paz, con justicia y progreso, en el marco de una democracia institucionalizada y por supuesto con una opción preferencial por los pobres, como dijeron los obispos latinoamericanos en Puebla en la década de los 70.

Durante la dura crisis en 2018 los obispos estuvieron muy presentes en todo el proceso. ¿Está la Iglesia menos implicada ahora que antes?
La Iglesia nicaragüense está directamente comprometida con la historia de su país sintiéndose y sabiéndose ella mismo pueblo, un pueblo caminante y peregrino, un pueblo trabajador, que cree en sí mismo y por supuesto guiado por la mano de Dios. Considero que los nicaragüenses tenemos el potencial para poder construir ese futuro.

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa.

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa.

Hablando del futuro del país, la crisis ha afectado especialmente a muchos jóvenes que habían intentado dar voz a sus protestas.  Sin duda uno de los grupos que más ha sufrido la crisis es la juventud. ¿No le parece?
El Papa Francisco dice que los jóvenes son el ahora de Dios, por eso en Nicaragua la juventud está haciendo historia, está edificando su historia. Por eso toda la sociedad viva, tanto los jóvenes como los adultos, tenemos que gestionar las cosas temporales y conducir nuestros pensamientos y nuestras energías para poder dejar en herencia un país mejor a esas generaciones que vienen.

En algunos medios y en las redes sociales se ha hablado de una cierta desunión en la Iglesia nicaragüense y de diferentes fracciones en la Iglesia. ¿Qué hay de cierto en esta hipótesis?
Con todo el respeto, la veo completa y totalmente ajena a nuestra realidad e incluso anacrónica. Desfasada en el tiempo porque la Iglesia en Nicaragua estuvo fragmentada en los 80, cuando surgió en toda América Latina la famosa ‘iglesia popular’, con la llamada ‘teología de la liberación’, mal planteada en algunos aspectos  por ciertos teólogos porque toda auténtica teología es liberadora.

Nuestra Iglesia está más unida que nunca y la manifestación clarísima de eso, es precisamente, el hecho que hemos logrado con la ayuda del divino Espíritu llevar adelante todo un trabajo de profetismo que implica el anuncio de la esperanza, de ojos abiertos que tiene en cuenta la realidad actual que vivimos, gestionando un mejor mañana y la denuncia de todo lo que sea injusto.  Si la iglesia en Nicaragua no estuviera unida, este trabajo profético, esta labor, misión profética, jamás se podría llevar a cabo, sería taxativa y categóricamente un imposible. También puedo afirmar que la unidad de la Iglesia, la unidad de la conferencia episcopal de Nicaragua, es en estos momentos la mayor fortaleza que tenemos los obispos en nuestro país.

"Estamos viviendo una situación sociopolítica y económica crítica".

“Estamos viviendo una situación sociopolítica y económica crítica”.

¿Cuál es el próximo reto que va a tener que afrontar ahora? ¿Cuál es el próximo paso que deben dar como Iglesia?
Los nicaragüenses somos responsables de nuestro presente y  tenemos que aprender de los errores del pasado para poder construir un mejor futuro. Esa responsabilidad compartida significa saber y sentir que cada uno es soberano de su historia, de nuestra historia y que podemos y debemos cambiar la historia para bien. En estos más de 190 años, hemos vivido muy fragmentados, divididos y confrontados y eso ha dificultado construir un país sólido y estable. Pienso que es deber de la iglesia, en su misión profética, no dejar de un lado esta tarea y ser factor de cambio en la historia de Nicaragua, un cambio donde todos podamos estar sentados a la mesa, cada uno en su sitio, sin excluir a nadie y compartiendo el pan con dignidad.

Y por supuesto tenemos que seguir proclamando la esperanza en la viabilidad de nuestro país, no podemos perder la esperanza, eso me parece que es vital y un desafío para la iglesia nicaragüense.

Por último, que les diría a los benefactores de ACN de todo el mundo, ¿qué podemos hacer por su país?
Me gusta mucho el nombre de la fundación – Ayuda a la Iglesia Necesitada – porque la Iglesia está necesitada. Está necesitada de oración y de esperanza para seguir profetizando. La Iglesia tiene que seguir haciéndose pueblo, abriendo sus puertas para todos, sin diferencias. Todos somos la viuda pobre, tanto el que tiene mucho económicamente como el que tiene muy poco. El secreto es – como decía santa Teresa de Calcuta – “dar hasta que nos duela”. De tal manera que a los benefactores de ACN les digo: Sigan adelante, sin miedo, como lo han hecho, danto hasta que les duela, dando de lo que tienen para vivir, porque así nos dan vida a los demás.

Un obispo auxiliar informa sobre la cumbre de Ucrania en el Vaticano

Del 5 al 6 de julio, el Papa Francisco invitó a los metropolitanos y al alto clero de la Iglesia greco-católica ucraniana a una reunión en el Vaticano. El objetivo era reflexionar «sobre la compleja y delicada situación del país». Se trata de un encuentro, de esta forma, hasta ahora inédito, lo cual subraya la preocupación del Papa por este país de Europa del Este. Alrededor de 4,5 millones de ucranianos pertenecen a la Iglesia greco-católica; muchos de ellos viven en el extranjero.

Tobias Lehner, de ACN Alemania, ha mantenido una conversación con Mons. Bohdan Dsjurach, obispo auxiliar greco-católica de Kiev sobre aspectos alentadores del encuentro con el Papa, sobre la continua violencia en su país y sobre nuevas vías en la labor pastoral.

ACN: ¿Le sorprendió la invitación a la reunión; qué significa para usted que el Papa dé, por así decir, una «prioridad máxima» a Ucrania?

Mons. Bohdan Dsjurach: La invitación del Papa Francisco se corresponde con su actitud de dar prioridad a las personas necesitadas. En su discurso al comienzo de la reunión, el Santo Padre nos llamó a tener un corazón abierto, a permanecer cerca de los oprimidos y aquellos que viven «la noche de la tristeza». Lo que enseña el Papa, también lo vive. Desde hace años hemos experimentado en Ucrania la cercanía y el apoyo del Santo Padre. Sin embargo, esta forma de encuentro fue algo completamente nuevo en las relaciones entre la Iglesia greco-católica ucraniana y la Santa Sede. En ese sentido: sí, fue una sorpresa.

Mons. Bohdan Dsjurach, obispo auxiliar greco-católica de Kiev.

Mons. Bohdan Dsjurach, obispo auxiliar greco-católica de Kiev.

¿De qué se habló durante el encuentro? ¿Hay resultados concretos?
En primer lugar, expusimos la situación política y económica de Ucrania, especialmente en el contexto de la guerra que aún continúa en el este del país y la catástrofe humanitaria que lleva consigo. Expresamos nuestra gratitud por la iniciativa «El Papa para Ucrania» [una colecta especial en todas las iglesias de Europa que el Papa Francisco convocó en abril de 2016 y que recolectó casi 16 millones de euros]. También hablamos de nuevas iniciativas para las personas necesitadas.

Dedicamos mucho tiempo y atención a cuestiones pastorales. Además de la evangelización y la catequesis, fue asimismo un tema importante la labor pastoral con emigrantes ucranianos en distintos países. También hablamos sobre el papel de la Iglesia greco-católica ucraniana en el diálogo ecuménico. Fue muy importante y valioso que pudiéramos intercambiar nuestras opiniones, compartir nuestras alegrías, esperanzas y preocupaciones, directamente con el Papa y sus colaboradores más cercanos.

En el este de Ucrania continúa la guerra desde hace cinco años; Crimea fue anexionada por Rusia; el establecimiento de una Iglesia ortodoxa ucraniana autónoma ha producido serios conflictos con la Iglesia ortodoxa rusa. ¿Cómo puede la Iglesia greco-católica contribuir a unir este país desgarrado?
A pesar de todas las dificultades que están experimentando actualmente nuestro pueblo y las iglesias en Ucrania, queremos seguir siendo embajadores de la esperanza, la verdad y el amor. Esto es también lo que el Papa nos ha llamado a hacer. Muchas tensiones se remontan a la guerra, que no sólo se libra por medios militares. Para superar estas dificultades, nuestro país necesita consolidación, fuerza interior y discernimiento espiritual. Eso es lo que queremos reforzar. Nuestra oración y vigilancia son los pilares de nuestro servicio al pueblo ucraniano.

Alrededor de 4,5 millones de ucranianos pertenecen a la Iglesia greco-católica; muchos de ellos viven en el extranjero.

Alrededor de 4,5 millones de ucranianos pertenecen a la Iglesia greco-católica; muchos de ellos viven en el extranjero.

En el ámbito de la política interior, en Ucrania todo está por decidir. El nuevo Presidente Volodímir Zelenski causó revuelo recientemente cuando retiró las tropas de Ucrania oriental. ¿Cómo ha asumido la población ucraniana este paso? ¿Está aumentando la esperanza de paz?
Todos los observadores, tanto los de Ucrania como del extranjero, pueden ver claramente que la clave para la paz en Ucrania no está en Kiev, sino en Moscú. Los pasos individuales pueden proporcionar un desahogo a corto plazo. Sin embargo, sería ingenuo esperar de ello una solución al conflicto o una paz duradera. Esto requiere mucha más solidaridad y unidad por parte de la comunidad internacional.

Hace 30 años cayó el Telón de Acero, con lo que terminó la dictadura comunista en Ucrania. La Iglesia greco-católica había sido perseguida sangrientamente en esa época. Desde el cambio político, la vida de la iglesia ha florecido en muchos lugares. Si observa los próximos 30 años: ¿Cuáles son los mayores desafíos para la Iglesia greco-católica y cómo puede ayudar ACN?
La preocupación por una profundización en la fe, el anuncio de la fe entre las personas que aún no han encontrado a Cristo, la labor pastoral con los jóvenes y las vocaciones son nuestras mayores tareas. Además, debemos superar las trágicas consecuencias de la guerra y la violencia, que esperamos que algún día lleguen a su fin con la ayuda de Dios.

Nunca nos hemos sentido abandonados en las pruebas que hemos sufrido en el pasado. ACN sigue siendo uno de nuestros colaboradores más importantes, que nos acompaña amorosamente con la oración y la ayuda económica. Estamos seguros de que la Fundación pontificia Aid to the Church in Need seguirá inspirándose en las palabras del Papa, que nos dijo en la reunión del 5 de julio: «No debemos olvidar al hermano que sufre».

La situación social, política y económica de Venezuela continúa en grave deterioro, con carestía de alimentos, medicinas y productos básicos para la vida diaria. La Iglesia sufre junto al pueblo las consecuencias de esta crisis y en muchas diócesis del país el clero y otros agentes de pastoral, que desarrollan una labor insustituible para paliar las carencias materiales y espirituales de la población, necesitan ayuda para sobrevivir.

El Cardenal Baltasar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo de Mérida, habla con representantes de Ayuda a la Iglesia Necesitada que visitaron el país para ver de cerca estas necesidades y conocer cómo los proyectos de la fundación pontificia apoyan la labor pastoral y social de la Iglesia venezolana.

Venezuela no está en guerra pero en la realidad vive en un estado de guerra, ¿qué le parece esta apreciación?
Estamos en una situación atípica e inédita, que no es producto de una guerra, ni un conflicto bélico, ni una catástrofe natural, pero que conlleva consecuencias similares. El régimen político que dirige Venezuela ha roto el país, ha generado una conflictividad social que va en crecimiento. Está además la realidad del exilio de tantos venezolanos, algo jamás conocido aquí antes. La gente se va por su situación económica, por sus ideas políticas, otros por el acoso que existe en el país, cuyo aparato económico está prácticamente destruido. No hay ningún tipo de seguridad jurídica. También hay carencia de empleo y asistencia sanitaria, no hay posibilidad de llevar al hogar lo mínimo para el sustento de la familia. Los especialistas califican todo esto como economía de guerra.

El Cardenal Baltasar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo de Mérida (Venezuela).

El Cardenal Baltasar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo de Mérida (Venezuela).

Hemos oído sobre las negociaciones de Oslo entre el gobierno y la oposición, pero hay mucho escepticismo al respecto, ¿cree que puede ser realmente un avance para mejorar la situación del país?
Hay que entender que en los últimos veinte años cuando el gobierno se ha visto en dificultad ha llamado varias veces al diálogo. Pero estas llamadas han sido para “alargar la arruga”, porque el gobierno no ha tenido voluntad sincera ni de negociar, ni de conceder absolutamente nada. En este escenario, gran parte de la población tiene absoluta desconfianza e incredulidad ante el diálogo. Pero a pesar de eso, es una oportunidad para descubrir si hay voluntad de restituir la democracia que está totalmente desdibujada en el país. Nos preocupa mucho que en este último año, desde el fenómeno Guaidó, el número de personas detenidas, torturadas, muertas y desaparecida ha ido en crecimiento y en estas acciones no solo están involucrados militares de alto rango, sino también parte de población popular. Algunos organismos del estado están considerados como una policía nazi, que genera miedo en la población. El gobierno ha perdido la calle y la única manera que tiene de controlar a la gente es metiendo miedo, y provocando la falta de gasolina, de alimentos y energía.

Durante nuestra visita hemos podido ver cómo allí donde hay una parroquia o una obra de la Iglesia, la gente se acerca y encuentra ayuda, sale reconfortada ¿Se puede decir que la Iglesia en Venezuela es la Iglesia de la Esperanza?
Se han destruido instituciones públicas y privadas, y la única institución que permanece incólume es la Iglesia. Esto es gracias a la cercanía con la gente, y a nuestra presencia en todos los ámbitos. Además, la Iglesia ha tenido la valentía de señalar los defectos de este régimen. Otros agentes sociales no se manifiestan sobre esta crisis por miedo, porque el gobierno amenaza y ha cerrado medios de comunicación y ataca a las empresas.

Por esa postura clara y firme la Iglesia está sufriendo también amenazas y presiones. ¿Se puede decir que la Iglesia venezolana está perseguida?
No deja de no estarlo. Por ejemplo, en el campo de la educación hay restricciones contra los centros católicos, parece que se busca poner trabas para que sea la propia Iglesia la que cierre sus colegios. Estamos sufriendo durante años presiones de una forma sutil, también amenazas verbales y acoso a las obras de carácter social como Cáritas. Las parroquias reciben ataques del propio gobierno, de los consejos comunales y de los grupos progubernamentales llamados “colectivos”. Por ejemplo, en Caracas, en las zonas populares, los colectivos están en las puertas de las parroquias y oyen lo que dice el sacerdote en la homilía, si no les gusta comienzan las amenazas.

Hay ya 4 millones de venezolanos fuera del país, 1,5 en Colombia, 700.000 en Perú, 400.000 en Chile, 500.000 en Florida.

Hay ya 4 millones de venezolanos fuera del país, 1,5 en Colombia, 700.000 en Perú, 400.000 en Chile, 500.000 en Florida.

¿Qué pasaría en Venezuela si no estuviera presente la Iglesia católica?
La situación sería peor y se agravaría para muchas personas. Nos duele ver así a nuestro pueblo. Con el fenómeno de la emigración los que nos hemos quedado somos huérfanos de afecto, porque la familia y el entorno en que hemos vivido, han desaparecido. Los que nos quedamos sentimos la falta de la compañía y sufrimos también porque muchos de los que han salido no lo están pasando bien. Venezuela se está convirtiendo un problema geopolítico que afecta a otros países. Hay ya 4 millones de venezolanos fuera del país, 1,5 en Colombia, 700.000 en Perú, 400.000 en Chile, 500.000 en Florida –  se dice que la mitad indocumentados –  y otros muchos en otros países de América y Europa. Es tristísimo.

¿Qué le transmite el Papa Francisco en los encuentros que han tenido?
El Papa conoce muy bien la situación venezolana, desde ya antes de ser nombrado Papa. Además, sus colaboradores más cercanos, como el Secretario de Estado del Vaticano, han tenido relación directa con Venezuela y están muy involucrados. El Papa confía en las instancias locales. En el último encuentro que tuvimos todo el episcopado venezolano con el Santo Padre él nos dijo “yo avalo todo lo que hacen”. Algunos se preguntan por qué no habla más sobre Venezuela. Se están haciendo cosas pero de forma discreta, también para no perjudicar a las organizaciones que están ayudando a la Iglesia venezolana.

¿Un último mensaje para las personas que desde ACN están colaborando con la Iglesia venezolana?
La cercanía de muchas instituciones, no solo católicas, es un gran bálsamo para nosotros. En concreto agradecemos profundamente a ACN, no solo la ayuda material, sino la sintonía espiritual que se expresa sobre todo a través de la oración. Hay algo que hay que reconocer, gracias a la ayuda que recibimos de la fundación a través de las intenciones de misa se están paliando enormemente las necesidades que hay en las parroquias, y así se pueden destinar otros recursos a fortalecer la labor social. Nos ayudáis a seguir estando presentes y ayudar a las personas que más lo necesitan.

La Cartago en la época de los fenicios – el Túnez de hoy – es el lugar que más mártires ha dado a la Iglesia después de Roma. En el siglo XXI se ha convertido en una iglesia “muy frágil”, según explica monseñor Ilario Antoniazzi , arzobispo de Túnez, en una entrevista con María Lozano durante su visita a la fundación internacional Aid to the Church in Need.

¿Cómo es la situación en Túnez ocho años después de la llamada primavera árabe?
La primavera árabe dió muchas esperanzas de libertad y bienestar. Pero no había ningun líder que pudiera decirle al pueblo cómo hacerlo. Eso decepcionó a la gente. Para muchos, el futuro parece incierto. La gente de hoy aspira a tener más trabajo y seguridad para recuperar la tranquilidad. En relación a la situación de la Iglesia, la verdad es que no nos podemos quejar.  Podemos hacer lo que queremos dentro de la Iglesia e ir a cualquier parte sin pedir permiso. Somos libres y eso es bueno.

¿A que ser refiere cuando dice que son libres?  ¿En qué aspecto porque la acción de la Iglesia está muy limitada?
Nos regimos bajo un modus vivendi, el acuerdo suscrito en 1964 entre la Santa Sede y Túnez bajo la presidencia de Habib Bourguiba.  Con anterioridad se expulsó al ejército francés de Túnez. Se consideraba que la Iglesia era como el “brazo largo” de Francia, de los colonizadores. Y así se confiscaron casi todos los bienes de la Iglesia en Túnez. Teníamos 125 iglesias, de las cuales han quedado cuatro. Esto ha hecho que la Iglesia sea frágil, pero al mismo tiempo nos ha servido para algo… ha aumentado nuestra fe. Al no poder contar con el apoyo de los hombres y al no tener nada, estamos obligados a pensar en Dios y a pedirle a Él todo lo que necesitamos y que nos dé la fuerza para trabajar en la situación en la que nos encontramos actualmente en Túnez. Nuestro modus vivendi  tiene aspectos negativos para la Iglesia, pero al mismo tiempo le ha forzado a enfocarse en lo esencial, lo espiritual.

Monseñor Ilario Antoniazzi , arzobispo de Túnez.

Monseñor Ilario Antoniazzi , arzobispo de Túnez.

Pero siendo que el 99% de la población es musulmana y la Iglesia vive una situación muy frágil. ¿Qué es lo que hace la Iglesia en su país?
Somos simplemente misioneros. El misionero es alguien que da testimonio de la presencia de Cristo donde no está, donde no es conocido. En Túnez Cristo no es conocido, todos los cristianos son extranjeros: estudiantes, la mayoría de la África subsahariana, o empresarios que han venido a trabajar a Túnez. Nosotros tenemos que darles apoyo y acogida a ellos, y es algo que no siempre es fácil porque nunca se oyen las campanas, todas las actividades de la Iglesia están dentro de la iglesia, no ven nada fuera de la iglesia. No es fácil ponerse en contacto con ellos, pero una vez que lo conseguimos, forman parte activa de la Iglesia en Túnez y contamos con entre quince y veinte mil cristianos. No es fácil tener estadísticas porque, por ejemplo, los estudiantes una vez que han terminado sus estudios se van y llegan otros. Calculamos que cada año, perdemos un cuarto de nuestros fieles, pero llega otro cuarto. Eso quiere decir que cada cuatro años cambiamos completamente el número de fieles que están con nosotros. Por esto no es fácil hacer un proyecto a largo plazo en la Iglesia, o con la Iglesia, porque los que empiezan un proyecto casi nunca lo terminan y los que llegan no saben de qué se trata. No hay una estabilidad y eso es una dificultad adicional para nuestra Iglesia.

Pero las raíces de Túnez son cristianas. Eso se tiene que ver y palpar, ¿no?

En Túnez se decía la misa en latín antes que en Roma. El cristianismo llegó a Túnez en los primeros siglos de la Iglesia, recordemos a San Cipriano, a San Agustín o todos los mártires que tuvimos en Túnez. Después de Roma, la ciudad que más mártires ha dado a la Iglesia es Cartago, es decir, Túnez. El país contaba con unos 120 obispos y el obispo de Cartago era considerado el Primado de África, que tenía autoridad sobre todos los obispos de África. Por supuesto, hoy en día ya no hay 120 obispos. Soy el único obispo en Túnez porque, poco a poco, Túnez ha abandonado la fe y hoy la gente es completamente musulmana.

No podemos ver el futuro, pero algunos piensan que en cien o doscientos años Europa podría también perder la fe y vivir una situación similar al norte de África. ¿Qué cree que podemos hacer para que esto no ocurra?
Es verdad que Europa está en peligro. Pero no porque los musulmanes sean intrusos, sino porque no apreciamos la fe que tenemos. Miremos cómo lo hacen los musulmanes, el día de oración, todo el mundo va a la mezquita. En nuestro país, las iglesias están vacías. Los musulmanes tienen hijos, en cambio los cristianos siempre somos menos. Poco a poco nos estamos suicidando por la falta de fieles, por la falta de hijos. Basta con ver nuestras iglesias en Europa, la gran mayoría de los que rezan tienen 60 años o más. ¿Dónde está la juventud?

Otro factor es la falta de sacerdotes. En Europa  la edad media de los sacerdotes suele ser también cada vez más alta. ¿Cómo es la situación en su país?

Soy quizás el único obispo del mundo que se queja de que los sacerdotes son demasiado jóvenes. En mi clero en este momento tenemos dos o tres sacerdotes de 90 años, después de ellos el sacerdote más viejo tiene 45 años. Nos faltan sacerdotes más mayores, que tengan un conocimiento histórico de Túnez, de la sociedad, de la Iglesia y de todo. Esto es algo que nos falta. También para su labor de guía a las hermanas, a los otros sacerdotes… es necesario que algún sacerdote tenga una experiencia religiosa, pastoral y de todo.

¿En Túnez todas las religiosas y los sacerdotes son misioneros venidos de fuera?

Sí. No hay sacerdotes tunecinos, tanto las religiosas como los sacerdotes vienen de congregaciones. La mayoría vienen para hacer una misión de 5 a 10 años y luego regresan a su país. Nos falta una presencia fija de sacerdotes.

Túnez: Nuestra misión aquí es dar testimonio.

Túnez: Nuestra misión aquí es dar testimonio.

Caritas tiene un papel importante no sólo para los cristianos…

Caritas no es un ‘movimiento’ de la Iglesia, algo que pertenece a la Iglesia. Para nosotros Caritas ES la Iglesia. Y una gran responsabilidad. Con su ayuda, todo lo que hacemos puede alcanzar a las familias, a la sociedad, allí donde un sacerdote ni una religiosa pueden llegar. Por lo tanto, Caritas es considerada como la Misionera de la Iglesia. Da el testimonio de Cristo. De un Cristo que ama, que ayuda a la gente a través de todas estas personas que trabajan en Caritas. Cuando uno llega, nunca le preguntamos cuál es su religión, pero sí cuál es su dolor. Que sea cristiano o no, es algo que no importa para Caritas. Tenemos cristianos, la mayoría africanos que vienen, pero también muchos tunecinos. Y tenemos actividades en barrios de Túnez donde el 100% son musulmanes, y estamos allí para ayudar a las mujeres a aprender a hacer trabajos, por ejemplo a hacer dulces para que puedan llevar una vida independiente. Una vez que saben cómo hacer un trabajo, pueden ganar dinero y vivir una vida más digna.

Qué diría a los benefactores de ACN?, ¿qué podemos hacer por Túnez, para ayudarle en su labor de obispo?

Tenemos una iglesia frágil, porque su actividad es muy limitada, frágil también por la cuestión de la subsistencia, porque todo lo que teníamos fue tomado. Así que para cualquier cosa que necesitemos tenemos que pedir ayuda del exterior. Ayuda a la Iglesia que sufre tiene un papel muy importante para nosotros, para garantizar que podamos continuar nuestro trabajo y nuestro apostolado, especialmente en medio de este pueblo que necesita un testimonio. Estar allí significa dar testimonio de Cristo con la propia vida y no sólo con palabras. Es mostrar a través de nuestra conducta quién es Cristo, un Cristo que ama, un Cristo que perdona. Los tunecinos nunca tendrán un Evangelio en sus hogares, pero nosotros somos el Evangelio que ellos pueden leer a través de nuestra conducta. Entonces toda ayuda que nos llega de ACN hace posible que demos testimonio con nuestra vida de quién es Cristo. Luego es Él quien da la Gracia que toca a los corazones, no nosotros. Me gustaría agradecer a ACN por toda la ayuda que nos presta. Porque nos ayuda a mantenernos en pie, nos ayuda a continuar nuestra misión.

Mons. Martin Happe, obispo en Mauritania, habla de la ola de violencia contra los cristianos en África occidental

Del 13 al 20 de mayo de 2019 se celebró en Uagadugú, capital de Burkina Faso, la tercera Asamblea Plenaria de los Obispos de África Occidental. Esta reunión se vio ensombrecida por los graves atentados terroristas en el país.

Mons. Martin Happe, obispo de la diócesis de Nuakchot (Mauritania), participó en el encuentro episcopal de Burkina Faso. Volker Niggewöhner, periodista de la fundación Aid to the Church in Need (ACN), ha entrevistado al misionero de origen alemán para hablar de los dramáticos acontecimientos.

 ACN: Mons. Happe, después de los múltiples asesinatos ocurridos en tan breve plazo de tiempo, ¿cómo reaccionaron los participantes en el encuentro de los obispos?

MONS. mARTIN hAPPE: El hecho de que a pesar de esos dramáticos acontecimientos más de cien obispos de varios países de África occidental acudieran al encuentro de Burkina Faso, ha supuesto un gesto de aliento para la Iglesia y para todo el país. No solo Burkina Faso está afectado por la violencia, sino toda la región. La violencia proviene de fundamentalistas islamistas que intentan iniciar conflictos sea dentro de grupos étnicos, como  entre católicos y musulmanes. Nadie sabe exactamente quién está detrás de todo esto. Por otro lado, hay que resaltar que la mayoría de las víctimas de esta ola de violencia son musulmanas.

Violencia en África: «No dejaremos que nos dividan».

Violencia en África: «No dejaremos que nos dividan».

¿Qué hace que los cristianos sean un blanco para los terroristas?

Antes de llegar a Mauritania trabajé durante 22 años en Malí, la mayor parte del tiempo en el norte del país. Fue entonces cuando comenzaron los ataques. Los fundamentalistas atacaban deliberadamente a la pequeña minoría cristiana. No se debe olvidar sin embargo que alrededor de 160.000 desplazados musulmanes de Malí han encontrado refugio en Mauritania. Para los fundamentalistas, estos musulmanes son también «herejes» porque no siguen ese islam de corte wahabí y fundamentalista. Los no musulmanes son, por supuesto, aún peores a los ojos de estos terroristas. Por eso los cristianos son su primer objetivo.

¿Es el fanatismo religioso la única razón de la persecución o existen otras causas?

Muchas veces el fanatismo religioso es solo un pretexto. Se trata de los recursos naturales, se trata del poder político. Es una historia muy compleja.

¿Cómo reaccionan los cristianos ante el terrorismo?

Tanto los obispos de África Occidental como el gobierno de Burkina Faso han dicho claramente durante los últimos días: No dejaremos que nos dividan. No nos dejaremos dividir entre las diferentes religiones y tribus. De lo contrario, caeremos en la trampa que nos tienden los terroristas.

¿Ve alguna posibilidad de que se escuchen más a las voces moderadas dentro del islam?

Este es un punto crucial. Los obispos lo formulamos así en el comunicado final de nuestro encuentro: los líderes religiosos deben cooperar concretamente. Debemos adoptar una postura clara y conjunta: quien mata en el nombre de Dios no puede llamarse a sí mismo un mensajero de Dios. Debemos reforzar esta cooperación, que ya existe. Este es el único medio de combatir la violencia.

Los países en África Occidental difieren mucho uno de otro. Hay países con mayoría cristiana como en Ghana. Y hay países donde los cristianos representan una pequeña minoría, por ejemplo en Mauritania. ¿Cómo es la situación allí?

En Mauritania, el Gobierno y la población conceden gran importancia al hecho de que se trate de una república islámica y no de una república islamista. El islamismo está muy vigilado. Ha habido planes de ataques, pero todos fueron descubiertos de antemano y frustrados. Como obispo católico, viajo por todo el país y no tengo miedo. Pero no sé cuánto tiempo durará esto.

Desde hace casi 25 años la fundación ACN apoya con diferentes proyectos a la Iglesia de Mauritania.

Desde hace casi 25 años la fundación ACN apoya con diferentes proyectos a la Iglesia de Mauritania.

¿Qué podemos hacer los cristianos en Europa?

Es importante mostrar nuestra solidaridad. En Mauritania, por ejemplo, somos una Iglesia muy pequeña, de unos 4.000 católicos. Es muy importante que recibamos visitantes, que la gente muestre interés, que se informe y rece por nosotros.

Desde hace casi 25 años la fundación ACN apoya con diferentes proyectos a la Iglesia de Mauritania.  En estos momentos además del apoyo al sostenimiento de sacerdotes y religiosas, ACN cofinancia los trabajos de reparación de la Catedral de san José en Nouakchott que celebra exactamente este año su 50 aniversario.

Nigeria no acaba de encontrar la calma. Las noticias de la derrota del grupo terrorista «Boko Haram» se contradicen con el testimonio del sacerdote John Bakeni, responsable de coordinar la ayuda a los supervivientes de los ataques y a las personas desplazadas por la violencia en su diócesis de origen, Maiduguri, al norte de Nigeria La fundación pontificia internacional «Aid to the Church in Need» trabaja estrechamente con él desde hace años.

Al mismo tiempo que en el norte de Nigeria el peligro terrorista sigue omnipresente en el centro del país están aumentando los ataques contra agricultores cristianos por parte de nómadas predominantemente musulmanes de la tribu de los Fulani. Detrás de los conflictos por la tierra hay también un elemento antirreligioso, dice el Padre Bakeni.

Roman Kris ha entrevistado a John Bakeni, colaborador de ACN, sobre la situación actual en el país africano.

John Bakeni, responsable de coordinar la ayuda a los supervivientes de los ataques y a las personas desplazadas por la violencia en su diócesis de origen, Maiduguri, al norte de Nigeria.

John Bakeni, responsable de coordinar la ayuda a los supervivientes de los ataques y a las personas desplazadas por la violencia en su diócesis de origen, Maiduguri, al norte de Nigeria.

Roman Kris: Boko Haram está considerado como uno de los grupos terroristas islámicos más peligrosos del mundo. Recientemente ha habido noticias de un aumento de los ataques de los pastores Fulani contra los campesinos cristianos. ¿Cuál es la situación actual?
Lamentablemente, no ha cambiado mucho. Muchas aldeas siguen siendo atacadas. Incluso en este momento en que estoy hablando con usted hay personas que están siendo asesinadas y sus propiedades destruidas. Es muy preocupante el hecho de que los agricultores ya no puedan trabajar en el campo. Temen ser secuestrados o asesinados. Las condiciones de seguridad se están deteriorando a pasos agigantados.

¿A qué peligros y desafíos se ve expuesto personalmente?
La persecución de la minoría cristiana en el norte de Nigeria se prolonga desde hace ya mucho tiempo. Va desde la exclusión política, la negación de tierras para construir iglesias,  secuestros violentos, hasta  el matrimonio forzoso de niñas como un acto de violencia calculada. Los ataques contra los cristianos son cada vez más incontrolados y agresivos. Los continuos enfrentamientos de Boko Haram y los ataques de pastores Fulani, en su mayoría islámicos, han hecho que vivamos siempre con miedo.  Vivimos cada día que pasa sin incidentes como una bendición porque no sabemos lo que pasará al día siguiente. En esta parte del mundo es muy difícil ser cristiano, pero nuestra fe nos impulsa a testimoniar valientemente el Evangelio.

La persecución contra los cristianos está aumentando en numerosos lugares. ¿Cómo se enfrentan al terror el Estado y la sociedad civil en Nigeria? ¿Qué ayudas, medidas y estrategias existen o deberían existir?

El cristianismo está pasando por momentos difíciles en todo el mundo. Es triste que países que fueron pioneros en desarrollar los valores cristianos se estén alejando de la fe. Los ciudadanos, independientemente de que seamos cristianos o musulmanes, esperamos que el Estado nos proteja y nos dé seguridad. Sólo de esta manera las personas pueden llevar a cabo sus tareas sin miedo ni preocupación. En Nigeria, el Estado está ausente cuando se trata de la protección y seguridad de la vida y la propiedad de los cristianos.

Nigeria. «Los ataques a los cristianos son cada vez más agresivos».

Nigeria. «Los ataques a los cristianos son cada vez más agresivos».

¿Cómo ayuda la Iglesia en Nigeria a las personas que sufren el terrorismo y de dónde obtiene apoyo para ello?
En mi diócesis de Maiduguri hemos recibido mucha solidaridad por parte de otras diócesis de Nigeria. Pero el mayor apoyo lo obtenemos del extranjero, sobre todo de «Aid to the Church in Need» y otras organizaciones. Algunas diócesis de Estados Unidos también nos han ayudado a dar testimonio personal en las parroquias. Algunos países como Hungría nos han enviado también ayuda.

¿Cómo ve la relación entre el islamismo y el islam? ¿Qué pueden hacer la mayoría pacífica de los musulmanes?
El islamismo es una deformación del islam. El silencio de la mayoría islámica es inquietante. La gente debería oponerse al islamismo y denunciarlo.

Nigeria. "Las condiciones de seguridad se están deteriorando a pasos agigantados".

Nigeria. “Las condiciones de seguridad se están deteriorando a pasos agigantados”.

¿Qué podemos hacer desde Europa para ayudar a los cristianos que son perseguidos y que sufren necesidad en Nigeria?
Lo primero y más importante es rezar por nosotros. En segundo lugar, ayudarnos económicamente y proporcionar recursos para que los cristianos puedan mantener la fe aún en situaciones difíciles. En tercer lugar, los gobiernos europeos deberían influir sobre nuestro gobierno para que fortalezca las instituciones democráticas que trabajan por el Estado de Derecho, la libertad religiosa y la libertad de reunión para todos.

Nigeria es uno de los países prioritarios en el continente africano para «Aid to the Church in Need». La fundación ha financiado, entre otras cosas, la atención a familias de viudas y huérfanos que han perdido a sus familiares en atentados terroristas y está apoyando la reconstrucción de edificios y estructuras de la iglesia local destruidas por Boko Haram.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.