Izabela Cywa es la directora del Hospital Bagandu en la República Centroafricana e informa sobre la preocupante situación en la región: “se encontró un gran depósito de oro cerca y mucha gente vino a explorar las minas. El número de pacientes aumentó, al igual que el número de abortos, porque muchas mujeres vinieron para prostituirse. La mayoría de ellas son niñas muy jóvenes que reciben la píldora abortiva en clínicas públicas. No sabemos exactamente lo que les dan, pero luego estas chicas vienen a nosotros en muy mal estado”.

Entrevista con Mons. Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo, en Venezuela: “Nuestra misión es sostener al pueblo, a través de los sacerdotes, así que sigan apoyándonos para mantenerles un digno sustento”

ACN, Raquel Martín y Josué Villalón (Madrid, España).- Más de dos millones de personas han abandonado Venezuela desde hace tres años, según datos de ACNUR y otras organizaciones internacionales. El éxodo forzoso da cuenta de la grave crisis económica, política y social que atraviesa el país. La Iglesia de Venezuela, junto con el pueblo, está haciendo frente a esta situación a través de proyectos sociales para cubrir la falta de alimentos y medicamentos. Pero su situación no es nada ventajosa y los mismos obispos y sacerdotes sufren la falta de todo en estos momentos.

Mons. Oswaldo Azuaje, Bishop of Trujillo in Venezuela

Mons. Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo

Mons. Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo, en el este de Venezuela, ha respondido a las preguntas de la fundación pontificia Aid to the Church in Need que está apoyando a la Iglesia venezolana en su labor pastoral y asistencial. La reciente visita Ad Limina del episcopado venezolano con el Papa en Roma, la labor de la Iglesia con los que se marchan del país y con los otros muchos necesitados que se quedan, es el centro de la conversación.

 

La Diócesis de Trujillo, en Venezuela, es una de las zonas más pobres del país. ¿Cuál es la situación actual allí?

Trujillo es una de las circunscripciones más pobres, económicamente hablando. Se encuentra en la región andina, es una zona de montaña, predominantemente rural. Pero no diría que es una región pobre, porque la riqueza humana y cultural de la es muy grande. El día a día de gente ahora, es como en el resto del país. Estamos sufriendo la carencia de alimentos y medicamentos, numerosas personas se han marchado a otros países y la economía está muy resentida. Quizá en los pueblos sí se note más la falta de acceso a alimentos, comparado con la capital o las ciudades importantes del país.

 

¿Cuál ha sido el mensaje del Papa Francisco a los obispos y al pueblo venezolano en la reciente visita Ad Limina en el Vaticano?

El Papa ha sido muy cercano, tenemos la suerte de que él es de nuestro mismo continente y hablamos el mismo idioma. Francisco se sentó en medio de nosotros, hicimos un círculo a su alrededor y nos dijo: “contadme qué tal estáis”.  Vimos que conocía muy bien la realidad de la Iglesia en Venezuela, la realidad nacional y las dificultades que está atravesando la sociedad. Nos insistió en estar cerca del pueblo y dar respuestas a las necesidades, nos recordó: “Manténganse fuertes y cercanos, sé que lo hacen, pero les invito a seguir”. Y también nos invitó poner en práctica una realidad: la resistencia. Nunca había oído así este concepto. No tiene que ver nada con un lenguaje político, ni populista, ni militar. Nos invitó a resistir firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad.

 

¿Cómo está acompañando la Iglesia a las personas que se marchan del país?

He tenido la oportunidad de visitar la frontera con Colombia, en el estado Táchira. Allí, desde la Diócesis de San Cristóbal, en el lado venezolano y la Diócesis de Cúcuta, en el lado colombiano, se está haciendo una ingente labor. Yo me metí entre la gente que cruza a Colombia y es impresionante, huyen por miles cada día. La Iglesia alimenta diariamente a entre 5.000 y 8.000 personas, esto no son cifras exactas, son solo los atendidos por la Iglesia. Hay que decir que también regresa gente, pero no tanta, son personas que van y vienen debido a la escasez en Venezuela, para encontrar productos que solo hay en Colombia y volver. En Perú, en Ecuador y Brasil también la Iglesia está atendiendo a los venezolanos que se marchan.

 

Venezuela – the totalitarian project continues

“La gente vive un Vía crucis diario en busca de comida”

 

¿Cuáles son las consecuencias de este éxodo?

En las parroquias se aprecia la falta de jóvenes y persona de mediana edad. Cada vez es más común ver que vienen los ancianos con sus nietos pequeños, porque los padres se han marchado en busca de trabajo. Varios párrocos me han contado que se han quedado sin coro, porque los jóvenes se han ido y ahora tienen que encontrar a otros para cantar o tocar los instrumentos, y enseñarles. El éxodo es forzoso porque hay una gran falta de alimentos y medicamentos, la gente necesita y no los encuentra en el país ni tiene cómo poder comprarlos por la gran devaluación de la moneda.

 

¿Cómo responde la Iglesia a las necesidades de los que se quedan?

Para responder a la falta de alimentos, las parroquias se están organizando para hacer lo que llamamos “ollas comunitarias”, donde se concina diariamente para alimentar a los que lo necesitan. Hay desnutrición en niños y también en ancianos. Hace unos días me llamó mi hermana, que cuida de mi madre, para decirme que no encontraba pollo, ni huevos, ni carne, que no sabía dónde ir porque no encontraba ninguna tienda donde poder comprar. La gente emplea mucho tiempo en poder llenar la cesta, si es que lo consiguen. Hay que ir en un via crucis diario en busca de comida.

 

¿Cómo valora la ayuda de ACN a los sacerdotes de su diócesis?

En primer lugar tengo que agradecer la ayuda del pueblo venezolano, aquellos que han compartido con nosotros y siguen compartiendo lo poco que tienen. Pero en estos últimos tiempos, en esta situación actual tenemos que recurrir a la ayuda de fuera, porque si no sería imposible. Doy las gracias a la Iglesia en Europa, sobre todo en Alemania, Italia y España, que nos están sosteniendo para apoyar a nuestros sacerdotes. Con los estipendios de misa, ellos pueden mantenerse de forma más o menos digna. Pero además esta ayuda nos mantiene unidos a la oración, para no perder la esperanza. Pido al Señor santos sacerdotes, pero también que estos sacerdotes puedan tener un sustento digno para servir al pueblo de Dios y responder a su vocación con más fuerza.

 

Un último mensaje para los benefactores de ACN

Gracias a todos vosotros, nuestras comunidades no van a decaer en su misión de consolar y ser luz en medio de tanta oscuridad en Venezuela. La falta de alimentos, medicinas, agua, luz, produce mucho estrés, contra el que tenemos que luchar. Pido oraciones por los obispos, para que no caigamos en la tentación de tirar la toalla. Nuestra misión es sostener al pueblo, a través de los sacerdotes, así que sigan apoyándonos para mantenerles un digno sustento, para que así podamos mantener las ollas solidarias, el reparto de medicamentos y distribuir el resto de ayuda social.

 

Aid to the Church in Need (ACN) invita a participar el 18 de octubre en la campaña de oración titulada «un millón de niños rezan el rosario». Hablamos de dicha iniciativa con el padre Martin Barta, Asistente Espiritual de ACN Internacional,

 

¿De qué se trata en esta acción y desde cuándo existe?

La idea surgió en el año 2005 en Caracas, la capital de Venezuela. Varios niños estaban rezando el rosario ante una imagen de la Virgen, cuando algunas de las mujeres que estaban allí sintieron profundamente la presencia de la Madre de Dios. Algunas de ellas pensaron inmediatamente en las palabras del santo Padre Pío: “Si un millón de niños rezara el rosario, el mundo cambiaría”. Se trata precisamente de esto, de la confianza en la fuerza de la oración de los niños. Lo enseñó Jesús: «Les aseguro que si no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3).

 

¿Cómo se puede sumar uno a esta acción?

Muy sencillo, invitamos a profesores, sacerdotes, educadores y padres a que recen con niños el rosario por la paz y la unidad en el mundo el 18 de octubre. ACN pone a disposición una guía para rezar el rosario, carteles y una carta de invitación para niños y adultos.

 

¿Por qué precisamente el 18 de octubre?

El mes de octubre es tradicionalmente el mes del rosario, el día 18 es la fiesta del evangelista San Lucas. Él nos trasmitió la historia de la infancia de Jesús y según la tradición, estuvo estrechamente unido a la Virgen María. Por todo ello es una fecha con mucho significado.

 

¿Por qué promueve Aid to the Church in Need esta acción?

No somos sólo una fundación de ayuda pastoral, sino también una comunidad orante. Nuestro fundador, el padre Werenfried van Straaten, tenía una gran devoción a Nuestra Señora de Fátima. Allí fue donde la Virgen hizo un llamamiento a los tres pastorcitos, en Portugal: «rezad a diario el rosario para conseguir la paz del mundo». Con su labor diaria en proyectos en 149 países, ACN sabe de primera mano cuánto sufren los cristianos bajo el terror y la guerra en el mundo. Solo Dios puede conseguir la paz. Nosotros podemos contribuir a ello, con nuestro trabajo y – en primer lugar – con nuestra oración.

 

¿Saben cuántos niños se unirán a esta oración a nivel mundial?

Tenemos el material de la campaña en 25 idiomas, entre otros en árabe y en Hausa, el idioma que se habla en África occidental. Participan niños de unos 80 países y de todos los continentes. Cada vez nos llegan más historias de gente que ha participado, el pasado año por ejemplo desde Argentina, Cuba, Camerún, India o Filipinas. ¡Es realmente una acción de la Iglesia universal!

 

Son dos elementos: el rezo del rosario y los niños, una combinación no precisamente sencilla hoy en día. ¿Cómo se puede animar a los jóvenes para que recen?

Creo que pasa justo al revés, los niños tienen un acceso mucho más natural a la oración del rosario que muchos adultos. Cuando el rosario se reza y se dirige adecuadamente, puede convertirse en una mirada a la Virgen y cuanto más se rece el rosario, más íntima y cordial será esa mirada. Y en ese modo de mirar a la Virgen nosotros podemos aprender de los niños.

Más información sobre esta acción: www.millionkidspraying.org/es

 

 

Christine du Coudray, responsable del departamento de proyectos para África de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), regresó hace unas semanas de un viaje a Uganda donde visitó los campamentos de Bidibidi e Imvepi en la región noroeste del país. Esta región cuenta con 1,2 millones de refugiados, principalmente de Sudán del Sur, dispersos en los campamentos de la diócesis de Arua, Nebbi y Gulu. A este número hay que sumar los refugiados en los alrededores de Kampala, la capital ubicada en el centro del país. Robert Lalonde recoge en una entrevista las primeras impresiones de este viaje:

 

¿Por qué decidió visitar esta región?

Fui invitada por tres obispos: Mons. Eduardo Kussala, obispo de Tombura Yambio y presidente de la Conferencia Episcopal,  Mons. Roko Taban, administrador apostólico de la Diócesis de Malakal – ambos de Sudán del Sur – y Mons. Tombe Trille, obispo de El Obeid en Sudán. Ellos iban por primera vez a ver la situación de sus compatriotas, desplazados a Uganda por la violencia. Además de la invitación de la fundación estadounidense Sudan Relief Fund con la que ACN está vinculada y con la que cofinanciamos proyectos. Mons. Sabino Odoki, obispo de Arua en Uganda, nos llevó a ver la situación que prevalece en estos campamentos. Fue una semana de gran enriquecimiento y una impresionante experiencia.

 

Bishop Eduardo Hiiboro Kussala (diocese of Tombura-Yambio in South Sudan) with a group of young South Sudanese refugees

Mons. Eduardo Hiiboro Kussala (diócesis de Tombura-Yambio en Sudán del Sur) con un grupo de jóvenes refugiados de Sudán del Sur

 

¿Cómo describiría la situación que prevalece allí?

Dado que estos son campamentos de refugiados, podríamos creer que hay una situación de angustia. Pero hay que saber que estos campamentos existen desde 2013. Tienen comida, agua potable y medicinas. Incluso tienen un pedazo de tierra para cultivar. Relativamente hablando, las condiciones de vida son muchísimo mejores que en muchas aldeas de África que no reciben ayuda externa. Por otro lado, la situación sigue siendo difícil  y por eso esperan apoyo de nosotros, y esto es lo fuimos a evaluar más de cerca.

 

¿Cuál fue el momento más impresionante del viaje?

Todos nosotros quedamos impresionados por la disposición de acogida de Mons. Odoki y por el liderazgo que demostró. Entre otras cosas, ha puesto a disposición dos sacerdotes diocesanos para llevar a cabo el trabajo pastoral en los campamentos. También nos impresionó mucho cuando supimos que el terreno sobre los que están construidos los 9 campamentos de las diócesis de la región noroeste pertenecía al pueblo ugandés que tuvo la generosidad de ofrecerlo a los refugiados. Esta aptitud de acogida entre hermanos y hermanas en la fe también es de interés para la propia Uganda, que desea que algún día su país vecino viva en paz. ¿No es esto mostrar una gran hospitalidad y una hermosa lección para todos?

 

¿Cuál es el compromiso de la Iglesia Católica en los campamentos?

La presencia de los obispos fue una gran oportunidad para que la Iglesia mostrara su preocupación por esas personas que no han elegido estar ahí por propia elección sino que han llegado ahí por los avatares de la vida.  Sin embargo, ese tiempo de exilio obligatorio fuera de la patria para estos refugiados puede convertirse en una oportunidad admirable para capacitarles y construir la sociedad del mañana. Cuando estas personas vuelvan a casa, la construcción de su país estará en sus manos. La Iglesia ya se ha comprometido y eventualmente se comprometerá aún más en la provisión de otras sesiones de capacitación. El año pasado, ACN envió € 34.000 a la comunidad de Emaús, con sede cerca de Kampala. Esta comunidad tiene una gran competencia en diferentes campos como la catequesis, la pastoral, la doctrina social, el apostolado de la familia y la educación sexual y afectiva para jóvenes, importante en un país diezmado por el SIDA. Ya hay 65 jóvenes formados en los campamentos.

 

Uganda: Food distribution

Uganda: distribución de alimentos

Hablando de los jóvenes: ¿cuál es la situación de los jóvenes en los campamentos?

Estos jóvenes han experimentado un trauma significativo. Algunos han visto a sus padres asesinados en frente de ellos, otros tienen sus caras quemadas… Se preguntan cómo pueden perdonar. La comunidad de Emaús por ejemplo ha puesto en marcha un programa para acompañarlos en el proceso de perdón al invitar a los jóvenes a acercarse y arrodillarse ante el Santísimo Sacramento para orar. Los testimonios de curación se han multiplicado, es  como si el Señor hubiera intervenido para apaciguar corazones y mentes.

 

¿Habrá otras maneras de ayudar a estos refugiados en el futuro?

Algunos obispos se comprometieron a regresar en septiembre para celebrar la misa en los campamentos y pedir a sus sacerdotes que hablan los dialectos de la zona que vengan y hagan apostolado allí. Además,  Mons. Odoki, obispo de Arua, nos contó que formó parte de una delegación que se presentó al papa Francisco hace poco tiempo y le habló sobre la situación en su diócesis y la necesidad urgente de la presencia de religiosas para los refugiados. El Papa le aseguró que haría un llamado especial a las congregaciones religiosas para enviar gente.

 

Uganda: Refugees during formation course

Uganda: Refugiados durante el curso de formación

 

¿Y cuál será la contribución de Ayuda a la Iglesia Necesitada para respaldar estos compromisos después de este viaje?

Para desarrollar esta presencia del personal de la Iglesia, estamos considerando la construcción de una casa con varias salas que alojaría también a los sacerdotes durante un cierto período de tiempo. Con la ayuda de otras organizaciones, podríamos hacer lo mismo con las religiosas. Esa casa podría ofrecer medio piso por congregación, con una capilla y un comedor comunitario.  Respecto  a los cursos de capacitación, deseamos enormemente poder continuar en esta área porque está claro que el deseo de los jóvenes  por formarse junto con el clima de paz que prevalece en los campamentos, es una situación propicia para a este tipo de proyectos. Los obispos están encantados con la propuesta de ACN. Saben que una vez capacitados en profundidad, los líderes a los que nos dirigimos – los catequistas, los jóvenes, los que estudian la doctrina social de la Iglesia y los que profundizan en el apostolado familiar – compartirán sus conocimientos y sus experiencias con otros refugiados. Entonces construirían juntos el futuro. Uno de estos jóvenes, Santos, describió su experiencia como “más que maravillosa”. Mientras más ofrezcamos estas condiciones de capacitación, más se recuperará el país. ¿No es una hermosa perspectiva de esperanza y futuro?

¿Cómo es actualmente la situación general en el país?

La República Centroafricana sigue lidiando mal que bien por salir de la crisis por la que se viene gangrenando desde hace más de cinco años. Las nuevas autoridades elegidas democráticamente luchan por hacer valer su autoridad en todo el territorio, si bien más del 80% del mismo está bajo el control de los jefes rebeldes, que ya son unos quince en total. Desde el punto de vista de la seguridad, podemos diferenciar tres zonas (según el orden de importancia): roja, amarilla y verde. Gran parte del país se encuentra en la zona roja de extrema inseguridad, totalmente bajo la dominación de los rebeldes. La zona amarilla es aquella donde se observan actividades mitigadas de los rebeldes y la zona verde es donde la autoridad del Estado parece estar presente.

 

Bishop Cyr-Nestor Yapaupa

Obispo Cyr-Nestor Yapaupa, diócesis de Alindao.

¿Sigue existiendo la confrontación entre los diferentes grupos rebeldes?

La permeabilidad de las fronteras ofrece a los mercenarios y a quienes aprovechan para sacar un beneficio de esta guerra la oportunidad de hacer uso de los recursos del subsuelo y, especialmente, de la libre circulación de armas de guerra y munición. El embargo sobre las armas con destino a la República Centroafricana hunde al país en un ciclo insostenible de inseguridad, pues mientras que las autoridades legítimas intentan hacer cumplir las condiciones del embargo, los grupos rebeldes obtienen a bajo precio armas de todo calibre.

Los enfrentamientos entre los grupos rebeldes, la amenaza de división del país o de desestabilización del régimen, los asesinatos y el surgimiento de nuevas facciones rebeldes continúan siendo los titulares en la República Centroafricana.

¿Cuál es la situación en su diócesis? Alindao ha estado en el centro de estas luchas fratricidas de los últimos años: ¿Qué ocurre actualmente?

La prefectura de Basse-Kotto en la Diócesis de Alindao es rehén de las fracciones de la Unión por la Paz en República Centroafricana – grupo emergido de los Seleka- y las milicias musulmanas – comúnmente llamadas muyahidines – por un lado y de los autodefensas, también llamados anti-balakas, por el otro. Entretanto, la población civil se encuentra entre la espada y la pared. Desde hace algún tiempo, los dos grupos han desarrollado una nueva estrategia: ahora evitan combatir frontalmente y, en su lugar, organizan emboscadas en las carreteras cuyas víctimas se nutren sobre todo y arbitrariamente de la población civil, una población que intenta, como puede, seguir adelante con sus ocupaciones. Esta nueva estrategia se cobra más víctimas, y la mayoría de los cadáveres no se han encontrado hasta la fecha.

¿Cómo afecta esto a su trabajo en la diócesis?

Hoy por hoy es difícil, si no imposible, desplazarse de una ciudad o de una aldea a otra debido a la inseguridad en las carreteras, por lo que las localidades quedan aisladas las unas de las otras. Los actos de represalia dirigidos contra los civiles son muy frecuentes, tanto por parte de los seleka como por parte de los anti-balakas.

La autoridad del Estado ha sido tomada por la de los grupos armados, y esto es así pese a la presencia de la MINUSCA, del prefecto y algunos subprefectos cuyo papel se limita básicamente a figurar sin ejercer. A falta de un aparato judicial se extiende la justicia popular. Los grupos armados hacen de tribunales de todas las instancias y utilizan impunemente la tortura, la mutilación y la ejecución como medios de represión y castigo contra todos los infractores.

En una zona inmersa en una situación de falta de seguridad como la nuestra, la paz y la estabilidad son una realidad volátil e incierta, porque los jefes rebeldes dictan su ley de la selva y actúan con total impunidad a causa de la ausencia de la autoridad del Estado y el letargo de las fuerzas de la ONU.

 

Central African Republic

“Las numerosas familias que han sido víctimas de la violencia”

La violencia ha hecho que huyan miles de personas: ¿Dónde están los desplazados?

Las numerosas familias que han sido víctimas de la violencia en Basse-Kotto han ocasionado grandes movimientos de desplazados: unos viven hacinados por miles en algunos campos, otros viven dispersos por el monte y también los hay que han elegido el camino del exilio en la República Democrática del Congo. Por ejemplo, solo en la ciudad de Alindao hay más de 30.000 desplazados repartidos por cuatro campos.

¿Quién se ocupa de ellos?

De estos desplazados se ocupan (al menos en la ciudad de Alindao) las ONG internacionales y nacionales, entre ellas, la Cáritas diocesana, en los ámbitos de la salud, la educación, la protección, el abastecimiento de agua, saneamiento e higiene. Las demás ciudades y aldeas, a las que no se puede acceder debido a los actos salvajes de los grupos rebeldes, se ven desgraciadamente privadas de toda acción humanitaria. Aquí se trata de subprefecturas como Mingala, Satéma, Mobaye y Zangba, cuyas poblaciones carecen de todo.

Según hemos sabido, en dichas zonas la tasa de mortalidad es demasiado elevada tanto entre las mujeres embarazadas como entre los niños de entre 0 y 5 años. Las mujeres dan a luz en el monte sin la asistencia de una partera o matrona porque no existe ninguna instalación sanitaria en funcionamiento.

Además, gran número de casas y lugares de culto están destruidas, por lo que la prefectura de Basse-Kotto cuenta con miles de aldeas fantasma. Los campos de desplazados han reemplazado a los pueblos tradicionales.

Pero mucha de la ayuda es dada a través de la diócesis ¿cierto?

La diócesis no puede ser insensible ni indiferente ante este drama humanitario: contribuimos en la medida de lo posible y con la ayuda de nuestros ‘partners’ (socios) a humanizar -aunque sea poco- las condiciones de vida de la población desplazada con algunos modestos logros:

  1. Alojamiento – La diócesis no solo ha cedido parcelas que ahora ocupan los desplazados, sino que también ha puesto a disposición edificios y otras estructuras de acogida para más de cien hogares.
  1. Educación – Para 3.000 niños en edad escolar y preescolar, la diócesis ha puesto en marcha, a través de Cáritas, una escuela de emergencia, y en la actualidad, 1.500 niños obtienen una formación para mantener el nivel.
  1. Salud – La Coordinación Diocesana de la Salud (CODIS) se ocupa de los desplazados asentados a orillas del río Ubangui, desde Mobaye hasta Zangba, mediante un dispensario móvil.
  1. Atención a los necesitados – La parroquia del Sagrado Corazón de Alindao, con el apoyo del Obispo y otros socios, aporta un apoyo pastoral, espiritual y material a personas pobres, a ancianos y a niños vulnerables. Además, 400 beneficiarios, entre ellos, 250 niños, se han beneficiado de donaciones de alimentos y ropa.

Cáritas, que tiene la responsabilidad de la gestión de los campos de desplazados, trabaja en colaboración con el PMA y el WAF a la hora de distribuir los víveres entre los desplazados y de gestionar la recogida de basura.

¿Qué hay de la MINUSCA? Hay quejas respecto a su papel y eficacia. ¿Qué nos puede decir acerca de ello?

La MINUSCA, presente en algunas grandes localidades de la diócesis (Alindao, Mobaye, Dimbi y Pavica), hace lo que puede, pero no satisface las expectativas de los desplazados ni de la población. En efecto, su presencia es casi solo testimonial, según lo ve la población. Y es que, pese al despliegue de las tropas de la ONU, el modo de operar de los grupos rebeldes no ha cambiado: estos no parecen inquietados ni asustados por el arsenal móvil de las fuerzas internacionales. La inseguridad sigue presente y los excesos contra la población continúan. Los convoyes de vehículos protegidos por los cascos azules no ofrecen una garantía eficaz para la libre circulación de bienes y personas. La connivencia de ciertos contingentes con determinados grupos rebeldes y sus tendencias mercantilistas pone en entredicho sus sagrados principios basados en la imparcialidad, la neutralidad, etc. Esto hace que a veces la población, exasperada, califique a las fuerzas de la ONU de explotadoras, perniciosas e inútiles debido a la mediocridad de su rendimiento.

¿Cómo se ve afectada la pastoral por la violencia circundante?

La vida pastoral en la diócesis, por lo general, está paralizada a causa de la inseguridad reinante. Algunos sacerdotes y fieles están a caballo entre la República Democrática del Congo y la República Centroafricana (se trata de los de Mobaye, Zangba y Kongbo), mientras que otros se han incorporado a la comunidad de Alindao (los de Pavica, Kembe, Mingala/Poudjo y Tagbale). La población cristiana de dichas parroquias y zonas está repartida por los campos de desplazados, algunos se han refugiado en la selva y otros todavía viven en el exilio. Las capillas están en ruinas o han sido pasto del fuego o incluso profanadas por los grupos armados. Los sacerdotes ya no pueden organizar visitas pastorales a las comunidades rurales y a la periferia de las ciudades. Algunas casas parroquiales han sido vandalizadas total o parcialmente (Kembe, Mobaye y Zangba). Solo la parroquia catedralicia de Alindao y la de Mobaye funcionan, mientras que las de Kongbo y Zangba han reanudado tímidamente sus actividades. En cuanto a la parroquia de Kembé, el acceso a las zonas de Mingala/Poudjo y Tagbalé sigue siendo difícil a causa de la inseguridad reinante. Allí, los catequistas asisten espiritualmente a los creyentes.

La última comunidad de religiosas (Oblatas del Corazón de Jesús) se vio obligada a abandonar la diócesis en 2014 porque su seguridad estaba constantemente amenazada.

Esperamos la llegada de nuevas religiosas a la parroquia de Mobaye para el inicio del año pastoral 2018-2019, pero todavía tenemos que rehabilitar el convento, que ha sido saqueado y vandalizado por los seleka.

 

Central African Republic: Rebels

República Centroafricana: Rebeldes

¿Se puede en estas situaciones dar respuesta a las necesidades espirituales de su rebaño?

Ante la precaria seguridad y las condiciones socio-económicas drásticamente deshumanizadoras que hunden a la población en la desolación, la resignación, el fatalismo y la incertidumbre, hasta el punto de ver cómo se desmorona imparablemente la fe cristiana, es un imperativo para la diócesis dar prueba de solicitud y solidaridad, y estar atenta a las necesidades espirituales de los creyentes.

En el contexto actual, la pastoral social y la misión evangelizadora se presentan difíciles, pero no imposibles. Por eso es importante lo que podríamos llamar “el ministerio de presencia/proximidad”: Aunque en las otras parroquias y zonas los agentes de la pastoral están ausentes porque temen por su seguridad, hay sin embargo un pequeño remanente del clero que asegura una presencia significativa con el apoyo paternal del obispo en los emplazamientos de la Iglesia Católica, en Kongbo y en la comunidad parroquial de Mobaye.

Con el clero hacemos frente a diario al miedo, a las amenazas y a la inseguridad para mostrar una presencia activa que tranquilice a los desplazados. Aunque es más que una simple presencia, desarrollamos la proximidad a través del encuentro, la escucha, la visita, el consejo, el compartir momentos de alegría y dolor… Esta pastoral de presencia incluye además la administración de diversos sacramentos y servicios en los campos de desplazados: unción de los enfermos, viático, bautismo, penitencia, confirmación, lectio divina en las comunidades eclesiales de base/movimientos y fraternidades… Todo esto da testimonio de que los peligros de la vida no podrán impedir jamás que la Iglesia prospere y prolifere.

¿Qué otras prioridades tiene en su diócesis?

“¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!”, exclamó San Pablo (1 Co 9, 16). Anunciar el Evangelio sigue siendo una necesidad para todo cristiano según el mandato misionero recibido de Cristo. Nuestras comunidades cristianas que todavía funcionan son asiduas a la escucha de la Palabra de Dios durante las celebraciones eucarísticas en estos tiempos de crisis. La Palabra de Dios sigue siendo el fundamento del consuelo y la esperanza de nuestros fieles.

También, en el corazón de esta crisis, la formación de nuestros laicos es una gran prioridad pastoral: una formación orientada a los catequistas, a los líderes de las comunidades, a los movimientos y a las fraternidades, pero con especial atención a los movimientos de niños y jóvenes, porque muchos de nuestros jóvenes se han embarcado en aventuras sincretistas muy comprometedoras para su fe y su futuro.

Por último tenemos presente también el trabajo ecuménico. La comunidad parroquial se reúne dos veces al mes con las otras confesiones religiosas presentes en el lugar para organizar vigilias ecuménicas de oración y ayuno.

Según usted, ¿están preparados los sacerdotes y las religiosas para hacer frente a estas dificultades?

La magnitud de la crisis, especialmente al final del primer semestre de 2017, sorprendió a más de uno, porque no estábamos preparados para ello. Muchos sacerdotes están traumatizados porque han sido víctimas de saqueos, otros han asistido impotentes al asesinato de sus fieles, otros han sido agredidos o amenazados de muerte, etc. Desgraciadamente, hasta la fecha no han recibido ninguna atención psicosocial, pero se esfuerzan por tener la moral alta para reconfortar a los fieles desesperados, que tienen una necesidad aún mayor de ser “destraumatizados”.

¿Quién los ayuda? ¿Quién les aporta consuelo mientras se espera que ellos lo infundan en otros?

El clero encuentra consuelo en su fe en Cristo y en la inquebrantable solidaridad que une a los sacerdotes en torno a la vida de oración, las celebraciones eucarísticas y las oportunidades de compartir momentos de alegría y dolor. He notado que en este tiempo de crisis la presencia casi permanente del Obispo en la Diócesis ayuda a elevar la moral de los sacerdotes y de los fieles. Así mismo las visitas paternales del Cardenal Nzapalainga a la Diócesis de Alindao y Mobaye han sido de gran ayuda para revitalizar y reconfortar tanto a los cristianos como a toda la comunidad de desplazados que languidece en los campos desde hace más de un año.

¿Cómo evolucionan las relaciones entre cristianos y musulmanes?

La relación entre cristianos y musulmanes varía de una localidad a otra. En algunos pueblos, la convivencia es casi imposible. Por ciertas carreteras o caminos no puede transitar esta o aquella comunidad a riesgo de enfrentarse a lo peor. Sin embargo, en otras ciudades y pueblos, cristianos y musulmanes están en contacto sin que ello sea sin embargo una garantía de convivencia. En esta aparente convivencia, cada comunidad desarrolla una actitud de desconfianza hacia la otra. El miedo al otro se ha convertido en una nueva forma de vida que ahora caracteriza las relaciones humanas e intercomunitarias.

En cualquier caso, confiamos en que la reconciliación sea posible porque estamos convencidos de que en la República Centroafricana no se libra una guerra de religiones. Trabajamos desde el comienzo de la crisis para que las comunidades religiosas comprendan esta realidad, e igualmente no dejamos de concienciar a la gente para promover la cohesión social. Aunque estas iniciativas parecen dar fruto, seguimos aplicándolas con paciencia.

¿Habla de reconciliación, cuáles serían en su opinión las condiciones para que está sea posible?

Estamos convencidos de que la reconciliación es posible a condición de que la autoridad del Estado se reimplante en Basse-Kotto,  se garantice la seguridad de la población civil, los grupos rebeldes sean desarmados y se haga justicia para las víctimas. Además es importante que todos los líderes religiosos y comunitarios se impliquen sincera y valientemente en la promoción de la convivencia.

Uno de los principales problemas es la falta de formación y los jóvenes que han abandonado la fe cristiana, seducidos por el animismo y la superstición. ¿Cuál es la respuesta de la Iglesia?

Es obvio que durante esta última crisis muchos cristianos (sobre todo, jóvenes) han abandonado su fe en favor de prácticas sincretistas (charlatanería, fetichismo y ocultismo).

Por este motivo, en el centro de esta crisis, hemos convertido la formación de movimientos infantiles y juveniles en una prioridad pastoral.

Hemos desarrollado también una pastoral de escucha y acompañamiento catequético para profundizar y discernir con estos jóvenes las motivaciones profundas de su comportamiento y ayudarles a redescubrir progresivamente su fe cristiana. Algunos de ellos han dado el paso de la conversión -como el hijo pródigo- y han sido acogidos y han encontrado su lugar en la comunidad cristiana, tras marchas penitenciales. Pero el verdadero desafío para la Diócesis consiste en ofrecer a estos jóvenes la oportunidad de una reinserción socio-profesional.

De hecho, debemos admitir que las prácticas animistas y supersticiosas no son un fin en sí mismo. No es necesariamente el animismo o la superstición lo que seduce a la juventud, sino que el objeto de su seducción son más bien las supuestas ventajas que se derivan de su integración en los grupos rebeldes. Así, estas prácticas folclóricas son un medio para que estos jóvenes ociosos se doten de una nueva personalidad para integrarse en los grupos armados en busca de determinados intereses; porque en un país donde la tasa de desempleo u ociosidad es incuestionable, los grupos armados parecen haberse convertido en una “profesión” que atrae ciegamente a la juventud. Así, la respuesta de la Iglesia al abandono de la fe consistiría también en la ocupación útil de los jóvenes mediante la formación profesional y la concesión de micro-proyectos.

¿Qué mensaje(s) le gustaría transmitir a los benefactores de ACN?

Rendimos un sentido homenaje a todos nuestros benefactores por su generosidad y solidaridad porque, gracias a vosotros, la Diócesis ha podido responder a la situación deshumanizadora de las poblaciones en los ámbitos de la salud, la educación, la formación cristiana de los fieles y el cuidado del clero. Muchas gracias por la atención que nos prestáis.

La presencia de sacerdotes y su sentido misionero de abnegación entre los fieles desplazados que viven en la miseria siguen siendo un fuerte testimonio de nuestra joven Diócesis que, desde su infancia, sólo ha conocido tiempos difíciles, y que ahora está luchando por renacer de sus cenizas. Encomendamos a todos nuestros agentes pastorales (que día y noche se dedican a aliviar el sufrimiento e infundir esperanza en los corazones lastimados de miles de desplazados) a las oraciones de nuestros bienhechores y a su generosidad.

Reconocemos abiertamente que la Diócesis de Alindao sigue siendo un amplio solar en obras donde todo está por reconstruir tras los dolorosos acontecimientos que continúan desestabilizando la República Centroafricana. No cabe duda de que nos enfrentamos a un gran número de retos urgentes: el cuidado de los agentes pastorales, la logística, la reconstrucción de las infraestructuras, la pastoral y la formación profesional de los jóvenes, la salud, la educación y la promoción de la convivencia intercomunitaria, etc. Confiamos en que siempre estaréis a nuestro lado para ayudarnos a afrontar estos retos a largo plazo. ¡Porque la situación es grave!

Presidida por Mons. Samir Nassar, arzobispo maronita de Damasco, y con el apoyo de la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN), una delegación de la Comisión de la Familia de la Conferencia Episcopal Siria (1) pudo participar en el Encuentro Mundial de las Familias en Dublín del 21 al 26 de agosto. Aprovechando esta ocasión, Maria Lozano y Pierre Macqueron les entrevistaron sobre la situación del país. Denunciando la guerra en su país, “la tragedia más cruel de la historia desde la Segunda Guerra Mundial”, los participantes describen las dificultades que enfrentan las familias sirias, dispersas, traumatizadas y arruinadas tras ocho años de guerra.

 

Syrian delegation invited by ACN during the WMOF Dublin

Estos son los miembros de la delegación: Mons. Samir Nassar, Arzobispo maronita de Damasco, P. Raimondo Girgis, franciscano y Superior del Santuario de la Conversión San Pablo en Tabbalé-Damasco, Sor Jihane Elaoudatallah, de la Congregación de las Hermanas de la Caridad, Jean-Pierre Bingly y Marie Nasrallah, 24 años de matrimonio.

 

¿Cómo es la situación en Siria actualmente?

Mons. Samir Nassar: En Siria se libra una guerra internacional, no es un conflicto local: 85 países participan en esta guerra (!). Es el drama más cruel de la historia desde la Segunda Guerra Mundial. Desde abril empezamos a percibir que regresa la paz. En Damasco ya no caen bombas. ¿El problema? Que los jóvenes han huido del país desde 2015, y que nosotros esperamos que vuelvan. Hacemos todo lo que podemos para ayudar a los que se han quedado, y también para ayudar a las familias, la mayor parte de las cuales están separadas. Nuestra misión es ayudar a la gente a que se quede y que aquellos que se han ido regresen de nuevo con sus familias. Queda mucho por hacer para reconstruir el país después de ocho años de guerra.

Hna. Jihane Elaoudatallah: Hemos atravesado momentos particularmente difíciles. Hace algunos meses, en mi escuela de Damasco, una bomba mató a una maestra. Otra cayó en el recinto del edificio, pero, afortunadamente, no hirió a nadie. Después, una bomba mató a un niño e hirió a otro al que tuvieron que amputarle una pierna. Los niños quedaron conmocionados y no querían ir a la escuela. Para ellos, ir a la escuela significaba ir hacia la muerte. Hemos tenido que realizar una labor de reconciliación para superar este bloqueo psicológico. Para ello, hemos organizado ejercicios en un lugar apartado y tranquilo para las familias, que han atravesado situaciones realmente angustiosas. Un sacerdote jesuita predicó sobre la vida cristiana, sobre la manera de vivir el miedo con los niños. Además, también estudiamos la encíclica Laudato Si’. Y estas familias han pedido que se organicen encuentros de forma periódica. Así, ahora organizamos un encuentro cada mes para reflexionar, rezar, cenar y descansar juntos.

Jean-Pierre Bingly: Todas las familias, ya sean musulmanas, drusas o cristianas, se han visto afectadas por la guerra y afrontan los mismos problemas. Sus hijos han muerto en la guerra, han emigrado… Debemos reconstruir nuestras familias y hacemos lo que esté en nuestra mano para lograrlo.

Raimondo Girgis Se puede decir que la situación es de normalidad y paz en Damasco. La iglesia a recomenzado su trabajo pastoral, en nuestro convento tenemos 230 niños en catequesis, tenemos el asilo de ancianos… La iglesia sigue dando apoyo material y espiritual. Durante todo este tiempo de guerra además de ayudar a los pobres y a los enfermos, hemos ayudado con nuestra labor en la pastoral familiar al sostén espiritual.

 

¿Hay posibilidades de retorno para los refugiados sirios?

Mons. Samir Nassar: Durante muchos años, Siria ha sido una tierra de acogida para los armenios en los años veinte, los asirios, los kurdos, los libaneses, los iraquíes… Sin embargo, los refugiados sirios no han sido bien acogidos en muchas partes del mundo. Son numerosos, demasiado numerosos. Nadie quiere acogerlos. Ahora, regresar a Siria también es complicado, sobre todo, por motivos económicos.

Raimondo Girgis Muchas familias están pensando en retornar, sobre todo las familias cristianas. Es una herida para la iglesia la separación de las familias. Con todo los problemas psíquicos que la guerra ha dejado y que nosotros como Iglesia tenemos que sanar.

Hna. Jihane Elaoudatallah: Además, con sus casas demolidas, ¿adónde pueden regresar? ¿Cómo regresar a una casa destruida? Con la sola voluntad de retornar no basta.

Marie Nasrallah: Tanto más ahora que la devaluación de la moneda complica aún más el regreso a Siria. La vida cotidiana se ha vuelto muy cara.

 

¿Amenaza la situación de bloqueo económico a Siria el retorno de los sirios?

Mons. Samir Nassar: Afrontamos graves problemas económicos, porque el valor de nuestra moneda ha bajado. Antes de la guerra, un dólar estadounidense equivalía a cincuenta libras sirias, mientras que hoy equivale a 515 (!). Mientras tanto, los salarios siguen siendo los mismos que antes. Los sirios en el extranjero podrían ayudarnos, pero eso no es posible debido al bloqueo occidental. Esta medida fue tomada contra el Gobierno, pero hace que sufran los pobres, mientras que los miembros del Gobierno disponen de otras fuentes de recursos, los que realmente pagan las consecuencias son los pobres.

Hna. Jihane Elaoudatallah: Esta situación económica empeora el sufrimiento de la población, una población dispersa y humillada. Humillada por tener que pedir ayuda, sobre todo ahora que la recepción de ayuda se ve dificultada por el bloqueo. Especialmente para las familias el peso que eso supone para llevar adelante a sus hijos es enorme.

Br. Raimondo Girgis: Las sanciones no dan un resultado positivo. En Siria faltan las medicinas, no se encuentran. Estas medidas no se dirigen a salvar a un pueblo sino a condenarlo a estar en una prisión.

 

¿Una última palabra?

Mons. Samir Nassar: Cuando el Papa Francisco habla de nuestro país, habla de “nuestra Siria bien-amada”. El  conoce Siria, porque hay una gran comunidad de emigrantes sirios en Argentina.  La Comisión Episcopal de la Familia da las gracias a ACN, porque vosotros nos habéis ayudado enormemente  en los últimos años, a apoyar a las familias en necesidad, a dar medicinas a los enfermos, a poder continuar con la pastoral. Pero ahora seguimos necesitando recursos para reconstruir nuestras casas bombardeadas, para reconstruir el país.

Desde el comienzo del conflicto, ACN ha otorgado más de 25 millones de euros para proyectos de emergencia a familias cristianas en Siria, incluidos casi 6 millones en 2017. Actualmente la fundación está preparando una nueva campaña para ayudar a la reconstrucción del país y el retorno de los refugiados en los próximos meses.

(1) Estos son los miembros de la delegación: Mons. Samir Nassar, Arzobispo maronita de Damasco, P. Raimondo Girgis, franciscano y Superior del Santuario de la Conversión San Pablo en Tabbalé-Damasco, Sor Jihane Elaoudatallah, de la Congregación de las Hermanas de la Caridad, Jean-Pierre Bingly y Marie Nasrallah, 24 años de matrimonio.

 

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.