¡Duc in altum! “¡Navega mar adentro!” (Lc 5,4). Cristo no exige nada inusual y mucho menos algo imposible para que ocurran milagros, pero exige fe y a veces esfuerzo. Con el viejo barco de transporte “Magnificat”, los catequistas y misioneros de la Diócesis de Lisala (República Democrática del Congo) han navegado por el ancho río del Congo hasta las comunidades de creyentes de las islas del río y de las orillas.

Y les enseñaba desde la barca (cfr. Lc 5,3): Mons. Ernest Ngboko en una de las islas del río Congo.

Y les enseñaba desde la barca (cfr. Lc 5,3): Mons. Ernest Ngboko en una de las islas del río Congo.

En otoño del año pasado, se levantó el viento. Como en el Mar de Galilea, la barca fue arrojada de un lado a otro por las olas, la tormenta la apartó de su rumbo, una ráfaga de viento la arrojó contra un árbol en la orilla, una rama atravesó el casco y la barca hizo aguas. El primer milagro: nadie resultó herido. Pero la bodega se llenó de agua y ya no se podía maniobrar la nave.

La “Magnificat” después de la catástrofe y en el “astillero”

La “Magnificat” después de la catástrofe y en el “astillero”

Mons. Ernest Ngboko Ngombe hizo lo que pudo, pero el rescate del barco y las primeras reparaciones devoraron las reservas de la diócesis. Y ahora los fieles esperan el segundo milagro: que llegue ayuda, porque necesitan el barco. Mons. Ernest nos pide en torno a 8.700 euros para que la “Magnificat” con los pescadores de hombres pueda volver a navegar.

Los conflictos armados están asolando varias partes de la República Democrática del Congo. En febrero de 2017, el seminario mayor de Cristo Rey de Malole, en la Archidiócesis de Kananga, en el sur del país, fue saqueado, devastado y parcialmente incendiado por los rebeldes. Poco antes, estos habían declarado que querían convertir el seminario en su cuartel central. La situación se agravó cuando la dirección del seminario se negó y el Gobierno intervino militarmente. Afortunadamente, ninguno de los por entonces 77 seminaristas, provenientes de siete diócesis diferentes, sufrió daños. Y es que, como era previsible que la situación se iba a volver cada vez más peligrosa, los futuros sacerdotes fueron acogidos por familias de la parroquia. Al principio, sólo iban a encontrar refugio allí durante unos días, pero este periodo se extendió hasta tres semanas. Finalmente fueron evacuados y puestos a salvo en otro lugar. De su seminario sólo quedaron tristes restos.

En febrero de 2017, el seminario mayor de Cristo Rey de Malole, en la Archidiócesis de Kananga, en el sur del país, fue saqueado, devastado y parcialmente incendiado por los rebeldes.

En febrero de 2017, el seminario mayor de Cristo Rey de Malole, en la Archidiócesis de Kananga, en el sur del país, fue saqueado, devastado y parcialmente incendiado por los rebeldes.

Nuestros benefactores han contribuido con 40.000 euros a la renovación del seminario de Malole para que los futuros sacerdotes puedan proseguir con su formación. La reinauguración del edificio supuso una gran alegría para todos.

República Democrática del Congo: Reconstrucción de un seminario mayor destruido por los rebeldes.

República Democrática del Congo: Reconstrucción de un seminario mayor destruido por los rebeldes.

El rector, P. Richard Kitengie, nos escribe: “En nombre de toda la comunidad del seminario mayor de Malole quiero expresar aquí mi gratitud de todo corazón por compartir con nosotros lo que tenéis y por mostrar compasión. Esto nos anima y nos infunde fuerzas para volver a empezar de nuevo”.

Nuestros benefactores han contribuido con 40.000 euros a la renovación del seminario de Malole.

Nuestros benefactores han contribuido con 40.000 euros a la renovación del seminario de Malole.

Referencia: 115-02-19

A su regreso de la República Democrática del Congo (RDC), donde visitó las diócesis de Kasaï, Christine du Coudray, responsable de proyectos para la fundación Aid to the Church in Need en este país, ofrece un balance de la situación en esa región y cuenta sus impresiones.

¿Podría describir la situación general del país?

Esta ha sido la primera vez que he visitado la región de Kasaï en ese inmenso país que es la RDC, que es cuatro veces más grande que Francia. Esta región que he recorrido durante dos semanas alberga todo tipo de riquezas – diamantes, minerales, oro, petróleo, etc.-, paradójicamente sus infraestructuras están en ruinas. Es una zona especialmente aislada. El estado de las carreteras en todo el país es catastrófico, eso cuando las hay. Pero el Kasaï en particular se encuentra en un estado de completa desolación. Históricamente, la región fue privilegiada en los tiempos de Leopoldo II, rey belga y fundador del Estado Independiente del Congo en 1885. Leopoldo II la convirtió en su escaparate y concedió cientos de hectáreas a la Iglesia Católica, que quería ver implantada allí. Los misioneros del Corazón Inmaculado de María acudieron en gran número,  por ello vemos en cada diócesis los restos de edificios construidos por ellos. Como reacción, la región fue castigada tras la independencia bajo el Gobierno de Mobutu, y desde entonces viene padeciendo una ausencia de inversiones, quedando abandonada a su suerte. Las estructuras se están desintegrando. La región de Kivu, que limita con Ruanda y que conozco mejor, está atravesando conflictos más crueles, pero también cuenta con más estructuras.

Christine du Coudray, responsable de proyectos para la fundación Aid to the Church in Need en Congo.

Christine du Coudray, responsable de proyectos para la fundación Aid to the Church in Need en Congo.

La situación que describe parece bastante desesperada. ¿Cómo viven las personas con las que se encontró allí?

Me llamó la atención la situación de abandono pero, al mismo tiempo, la increíble energía que los habitantes invierten para salir de ella. Pienso, por ejemplo, en esos jóvenes que en ocasiones parten del lago Tanganica, en el extremo oriental de la República Democrática del Congo, empujando sus bicicletas con cargas de casi quinientos kilos de mercancías que venderán al otro lado del país. Caminan durante días y noches por vías en mal estado, ayudándose los unos a los otros. Conocí a uno de esos jóvenes, que me explicó que se había comprado con sus ahorros una “flamante” bicicleta para convertirse en bayanda -así es como llaman a los que realizan este durísimo trabajo- y que iba a tener que ahorrar ahora más para cambiar los radios de las ruedas para poder transportar cargas aún más pesadas.

 Después de años a la cabeza del país, Joseph Kabila finalmente debido a la presión de fuertes protestas provenientes entre otros de la Iglesia no se presentó a las elecciones del pasado mes de diciembre. ¿Cómo perciben las autoridades católicas de la RDC este cambio?

Hubo algunas discusiones bastante animadas en el seno de la Conferencia Episcopal de la RDC, que envió a miles de observadores a los colegios electorales. Finalmente publicó un comunicado en el que declaraba que la elección de Félix Tshisekedi, el nuevo presidente, no se correspondía necesariamente con la “verdad de las urnas”. En definitiva, acogen con satisfacción la transición política, pero, en función de sus observaciones, creen que el ganador proclamado no es el que ha reunido más votos. Pero me parece que hay que considerar sobre todo que el cambio en la jefatura de Estado es histórico, y que esta transición se ha desarrollado casi sin violencia. En enero, todo el mundo pensaba que habría una explosión de violencia cuando la comisión electoral anunciara los resultados, y los observadores siguen sorprendidos de que no haya sido así. No obstante, Joseph Kabila sigue muy presente en el juego político y esta “tregua” es frágil.

¿Cómo es la situación de la Iglesia Católica en el país y en esta región?

En la región de Kasaï hay ocho diócesis, pero por el momento sólo siete obispos, ya que la diócesis de Kabinda es sede vacantis. De estas ocho diócesis, tres están, en mi opinión, particularmente necesitadas: las de Kabinda, Mweka y Kole. Más allá de sus propios problemas, la Iglesia intenta compensar allí las carencias del Estado en todos los asuntos: sociales, políticos, de desarrollo, etc. Por ejemplo, la ciudad de Kabinda padece un terrible problema de erosión -literalmente, corre peligro de derrumbarse- y es la diócesis quien está tratando de resolver este problema.

 ¿Qué es lo que más le impresionó de este viaje?

Por un lado, el hecho de que una región rica en diamantes pueda estar tan necesitada, y por otro el compromiso de los sacerdotes, quienes realizan un trabajo excepcional. Pienso, por ejemplo, en el P. Apollinaire Cibaka y en la asociación fundada por él, que realiza una labor impresionante: 62 escuelas construidas, 4 orfanatos, 4 centros de salud -uno de los cuales cuenta con un quirófano y la asistencia regular de médicos españoles-, asistencia pastoral a los niños albinos para que puedan ser reconocidos como iguales, a los niños abandonados y a las madres solteras, programas de promoción de la mujer, construcción de un muro alrededor de una prisión para que los reclusos no estén confinados las 24 horas del día en un edificio sin luz, protección del medio ambiente, plantación de 30.000 árboles… Nuestra fundación financió sus estudios de doctorado en España y, a su regreso, le ayudamos a fundar una emisora de radio que es una autoridad en su ámbito. A pesar del aislamiento y a pesar de las dificultades, el coraje y la energía de los habitantes son edificantes. Por eso es tan importante para ACN ir a visitar en persona estos países en los que ayudamos.

¿Y cuál fue el momento más triste?

Me conmocionó la noticia de que pocas horas después de nuestra visita, el seminario filosófico de Kabwe hubiera sido atacado y destrozado, lo cual es un signo de la fragilidad de la Iglesia local.

Congo. “Lo que ACN brinda,  no lo ofrece ninguna otra organización”.

Congo. “Lo que ACN brinda, no lo ofrece ninguna otra organización”.

¿En qué consiste la ayuda concreta de ACN a la RDC?

Dadas sus numerosas solicitudes de ayuda, estamos en estrecho contacto con los obispos para hablar con ellos de sus proyectos y tener en cuenta sus prioridades. Lo importante es que seamos capaces de ayudarlos rápidamente. Nosotros destinamos nuestra ayuda sobre todo a la formación espiritual de los sacerdotes y a mejorar sus condiciones de vida, a la formación de religiosos y catequistas, y a difundir las enseñanzas de San Juan Pablo II para la familia.

¿Qué tipo de ayuda presta ACN a sacerdotes y seminaristas?
Queremos hacer todo lo que esté en nuestra mano para que esta Iglesia tenga “sacerdotes santos”. Un obispo me dijo una vez en relación a nuestros proyectos: “Lo que ACN brinda,  no lo ofrece ninguna otra organización”.

De un seminario a otro, las estructuras son muy dispares. Así, por ejemplo, en el seminario filosófico de Kabwe no hay baños ni duchas, y la fosa séptica está obstruida. Resulta difícil dejarlos en esas condiciones. Además, los seminaristas sólo comen carne una vez cada tres meses.

En cuanto a la formación de los futuros sacerdotes -ciertamente una de las prioridades de ACN- nos centramos en la formación de los equipos docentes de los seminarios. Por ello enviamos grupos completos en fase de formación durante cinco semanas a Roma cada verano. Además de poder vivir la experiencia de Iglesia Universal con formadores de todo el mundo, allí aprenden a vivir, a trabajar y a rezar juntos. Los resultados y sus testimonios de satisfacción y de renovación espiritual son conmovedores.

Y en cuanto a las condiciones de vida, financiamos coches que permiten a la iglesia local desplazarse hasta los confines de sus diócesis. En otras ocasiones sin embargo es mejor una motocicleta con la que se puede llegar más lejos. También ayudamos a los sacerdotes con estipendios de Misas y contribuimos a la renovación de sus casas parroquiales que, a menudo, están en tan mal estado que apenas se atreven a mostrárnoslas.

Pero también ha subrayado el apoyo a los religiosos. ¿Cómo se concreta esta ayuda?

Estamos muy atentos a las necesidades de los religiosos y, especialmente, a las de las religiosas contemplativas, que desempeñan un papel importante en el crecimiento de la Iglesia a través de su presencia y oración. En mi viaje he visitado las comunidades de Clarisas contemplativas de Mbuji-Mayi y Kabinda.

Esta fundación francesa antes se sostenía gracias a la congregación madre, ahora dependen totalmente de sí mismas. No es fácil garantizar la subsistencia diaria de 40 religiosas, incluidas novicias y postulantas: disponen de una huerta, crían cerdos, aves de corral, tienen un taller de producción de formas eucarísticas y también una casa de acogida que es un lugar de silencio y oración abierto a todos. El convento está lejos de la ciudad de Mbujimayi y necesitan un vehículo todoterreno que nosotros queremos comprarles para que puedan hacer las compras y también por si las religiosas necesitan atención hospitalaria.

Históricamente, la región fue privilegiada en los tiempos de Leopoldo II, rey belga y fundador del Estado Independiente del Congo en 1885.

Históricamente, la región fue privilegiada en los tiempos de Leopoldo II, rey belga y fundador del Estado Independiente del Congo en 1885.

¿Tiene ACN algún proyecto relacionado con las diferentes guerras internas que afectan al país?

Desde 2016, la región de Kasaï ha venido siendo escenario de una violencia tribal de inusitada crueldad, y los propios etnólogos están perplejos ante este estallido de brutalidad que mezcla la política con creencias fetichistas. Según se ha sabido, la milicia Kamwina Nsapu ha asesinado entre 4.000 y 23.000 personas, y ha ocasionado el desplazamiento de 1,4 millones de habitantes. El conflicto terminó repentinamente con la elección del nuevo presidente, oriundo de la región, en enero de 2019. Sin embargo, las secuelas son inmensas, tanto visibles como invisibles.

Las secuelas son visibles porque las estructuras de la Diócesis de Luebo se conviertieron en el blanco: obispado incendiado, convento de las Hermanas del Inmaculado Corazón de María y catedral quemados después de haber sido saqueados, casa parroquial destruida, noviciado y propedéutico calcinados, edificios oficiales saqueados, personas degolladas… Desde junio de 2017, el obispo permanece refugiado en la parroquia de Ndeseka. Nosotros le hemos prometido ayuda para la reconstrucción de su sede episcopal y del convento de las religiosas, cuyo papel es importantísimo para las poblaciones traumatizadas.

Pero son también invisibles las secuelas que han quedado en los corazones y requieren un programa de reinserción a largo plazo para personas de todas las edades. Fue un horror, ¡nos han contado casos de niños de 7 años que bajo el efecto de drogas decapitaron a personas después de salir de la iglesia donde acababan de ayudar a Misa! Tras estos actos de enorme violencia todavía “inexplicables”, la Iglesia Católica está llamada además a reconsiderar su pastoral para lograr una evangelización en profundidad, para que Cristo reine en los corazones gracias a un encuentro personal y profundo. La misión de ACN reside en acompañar esta nueva evangelización.

África es para la Iglesia Católica un continente de records: uno de cada nueve sacerdotes, uno de cada cuatro seminaristas y uno de cada seis católicos del mundo viven en este continente (!). Muchos seminarios mayores están abarrotados y, al contrario que en otros lugares del mundo, el número de sacerdotes aumenta de año en año.

En cambio, en la República del Congo, la fe está poco a poco volviendo a revivir tras el periodo comunista entre 1969 y 1991, en el que la Iglesia sufrió represalias. Aproximadamente un tercio de los 5 millones de habitantes del país son cristianos católicos.

 

Help for the training of 83 seminarians in the Republic of Congo

Ayuda a la formación para 83 futuros sacerdotes en el Congo

Pese a décadas de opresión y pese a que los sacerdotes viven y trabajan en condiciones misérrimas y están a cargo de enormes territorios, en este país surgen vocaciones: en el único seminario mayor del Congo, ubicado en la capital de Brazzaville, se preparan 83 jóvenes varones para llegar a ser sacerdotes. El año pasado fueron ordenados seis nuevos sacerdotes y los once jóvenes que fueron ordenados diáconos esperan con ilusión el día en el que se convertirán en sacerdotes.

Para que los futuros sacerdotes obtengan una buena y sólida formación, ACN vuelve a apoyar al seminario también este año. Queremos contribuir con 15.000 euros a que los 83 jóvenes varones puedan proseguir su camino hacia el sacerdocio.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.