Gracias a la ayuda de nuestros benefactores, que han donado 3.000 euros, casi 40 sacerdotes diocesanos y regulares de la Diócesis de Bouar pudieron participar en marzo en un programa de formación continua. Precisamente porque el país sufre debido a la violencia y otros problemas extremos, es importante fortalecer a los sacerdotes, porque a menudo son los únicos que pueden ayudar a la gente a no perder la esperanza.

El programa incluía temas importantes de la pastoral como, por ejemplo, la preparación para el matrimonio o cómo abordar los matrimonios que no se han celebrado de forma válida, la preparación para los sacramentos, el bautismo de adultos y el papel de los catequistas en las aldeas remotas. Además, los sacerdotes reflexionaron sobre su propia vocación y la importancia del sacerdocio. Finalmente, también pudieron cursar una formación en materias prácticas como contabilidad, administración o registro, que son necesarias y obligatorias en una parroquia o institución eclesial, pero para las cuales muchos sacerdotes no están suficientemente preparados cuando asumen una posición que requiere estos conocimientos. Los sacerdotes de la diócesis se han beneficiado mucho de estos días de intercambio y formación continua, y dan las gracias a todos los benefactores que lo han hecho posible.

República Centroafricana: Nuestros benefactores han apoyado un programa de formación continua para sacerdotes de la Diócesis de Bouar.

República Centroafricana: Nuestros benefactores han apoyado un programa de formación continua para sacerdotes de la Diócesis de Bouar.

Por desgracia, tras estos días hermosos y estimulantes, ocurrió algo terrible: el P. Toussaint Zoumalde, un padre capuchino de 47 años de edad que había presentado una ponencia sobre el sacerdocio y la vocación del sacerdote, fue asesinado cuando regresaba a su casa. El sacerdote, que era originario de la diócesis de Bouar, pero trabajaba como Superior Provincial de su congregación en Chad, quiso pernoctar en Ngaoundere, Camerún, en su viaje de regreso, cuando fue asesinado a puñaladas por desconocidos. Era un sacerdote culto que había estudiado en Roma y que también trabajaba en la formación de sacerdotes. La gente que lo conoció lo describe como un persona excepcional con muchos talentos, con un alma profunda y un gran amor a la Iglesia y, especialmente, al sacerdocio.  Escribía canciones y poemas, sabía tratar a los jóvenes, a quienes llevó el Evangelio, y era el responsable de la radio católica en Bouar.

Gracias a la ayuda de nuestros benefactores, que han donado 3.000 euros, casi 40 sacerdotes diocesanos y regulares de la Diócesis de Bouar pudieron participar en marzo en un programa de formación continua.

Gracias a la ayuda de nuestros benefactores, que han donado 3.000 euros, casi 40 sacerdotes diocesanos y regulares de la Diócesis de Bouar pudieron participar en marzo en un programa de formación continua.

En Chad, entre otras muchas tareas, dirigía un museo de la cultura del grupo étnico mboum. El obituario de los Capuchinos dice así: “La mano cobarde del asesino que lo asesinó en la noche del 19 de marzo no sabía nada de la belleza y elegancia del Hno. Toussaint, este sacerdote que era rico en las sutilezas del Evangelio y en la belleza de la ordenación sacerdotal”. Pocos días después del encuentro de los sacerdotes en Bouar, donde el P. Toussaint Zoumalde había transmitido a sus colegas ideas inspiradoras y profundas sobre el sacerdocio, sus Hermanos enterraron su cuerpo en la diócesis con gran participación de la población y de toda la Iglesia. Así pues, lo que dijo en el encuentro de los sacerdotes fue, al mismo tiempo, su legado.

Referencia: 142-01-79

En su primera Carta, San Pedro escribe a los cristianos de Asia Menor: Construíos vosotros mismos, como piedras vivas, sobre la piedra angular de Cristo, un templo de Dios para un santo sacerdocio (v. 1 Pe 2,5).

Los Carmelitas de la República Centroafricana entienden esto de forma literal y en doble sentido, pues ellos se ven a sí mismos como piedras vivas de la Iglesia y, además, fabrican piedras, ladrillos para escuelas, iglesias y hospitales. Esto ya lo hacían los primeros misioneros hace más de ciento veinte años. Ahora hay que reconstruir el país tras décadas de luchas por el poder y de guerra civil. “Nuestros ladrillos serán más fuertes que la guerra y el odio”, dice el P. Federico, y también aquí se refiere tanto a las piedras vivas de los Carmelitas como a los ladrillos de las casas. Pues mientras que antes los ladrillos hechos de barro cocido se desmigajaban al cabo de los años, los ladrillos actuales, hechos de barro, tierra, cemento y un poco de agua y prensados por una máquina, aguantan casi eternamente, al igual que la fidelidad y la constancia de los Carmelitas. Bodelo, de veinte años de edad, que al huir con su familia encontró refugio entre los Carmelitas, exclama entusiasmado: “Mbi ye ti ga maçon: Quiero ser albañil”. Al igual que el joven Bodelo, muchos refugiados encontrarán trabajo en la reconstrucción.

Y es que los Padres también quieren vender los ladrillos, por ejemplo, al centro para niños desnutridos que ahora se construye en Bangui por deseo del Papa. “El Papa como primer cliente”, ríe el P. Federico, “no es mal comienzo”. Pero más importante para él -y, sin duda, también para el Santo Padre- es que vuelven a llamar más jóvenes a las puertas del monasterio. “Son piedras con las que aquí construimos la Iglesia de Cristo”. La diferencia radica en que un ladrillo necesita una semana para estar listo para un muro, mientras que un joven Carmelita, desde el principio de su vocación y hasta morir, no deja de construir los muros de la Iglesia viva. “Y mientras que todos los ladrillos son iguales, cada Hermano es diferente.

Todos ellos persiguen la misma meta y todos arden de amor, pero cada uno construye con este amor otras viviendas en el Reino de Dios”. Desde hace diez años, el P. Federico es el responsable de la formación de los postulantes, novicios y seminaristas. A nosotros nos ha pedido ayuda para los 38 jóvenes Hermanos Carmelitas de los monasterios y seminarios de Bangui, Bouar y Yaundé (Camerún). Son 22.800 euros destinados a que estos jóvenes corazones sigan ardiendo y se conviertan en piedras vivas para la reconstrucción de las almas.

La República Centroafricana no solo es el país más pobre del mundo, sino también una de las naciones más peligrosas. Desde hace cinco años viven una violenta guerra civil. Es un enfrentamiento permanente entre guerrillas islamistas “Séléka”, unidades de defensa “anti-Balaka” de la población no musulmana y el ejército. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) entrevista al religioso comboniano Juan José Aguirre Muñoz, nacido en España hace 64 años, con ocasión de su participación en una conferencia para los benefactores  de la fundación en Alemania.  Desde el año 2000 es obispo de la diócesis de Bangassou, en el sureste del país, donde es misionero desde hace más de 38 años.

ACN: La República Centroafricana aparece apenas en los titulares, y, sin embargo, allí se está produciendo una tragedia humanitaria. En medio de todo ello se encuentra la indefensa población civil. Una y otra vez, se suceden ataques brutales, también en su diócesis, Bangassou. Allí, una misión fue atacada el 31 de diciembre de 2018. ¿Qué pasó y quiénes fueron los responsables?

Mons. Juan José Aguirre: La ciudad de Bakouma fue atacada el 31 de diciembre de 2018 por rebeldes armados del FPRC (una facción de la antigua Seleka) encabezados por Nourredin Adam. La ciudad fue destruida y la misión católica, saqueada. Una semana más tarde todavía había cadáveres sin enterrar en las calles de la ciudad. Alrededor de 9.000 personas de un campo de desplazados en la ciudad de Nzacko huyeron al monte en condiciones dantescas, mujeres y niños huyendo de la violencia de estos mercenarios. ¡Además de la población que huía de Bakuma! Muchos llegaron a Bangassou, a 130 km de distancia, sin fuerzas. Sus vidas quedaron destruidas. Nuestro camión iba y venía para ayudar a estas personas extenuadas. En nuestro orfanato “Mama Tongolo” todavía hay decenas de niños que llegaron solos a Bangassou y que no saben dónde están sus padres, si están vivos o muertos, si están escondidos en el monte o si se han refugiado en algún pueblo por el camino. Hace un año, la ciudad de Nzacko, a 80 kilómetros más al norte, también fue atacada por estos mercenarios, en su mayoría extranjeros (chadianos, sudaneses, nigerianos…), que echaron a todos los no musulmanes de la ciudad. La población no musulmana lo ha perdido todo, muchos de ellos también sus vidas. La misión católica fue completamente destruida, arrasada hasta los cimientos: la casa parroquial, el quirófano preparado para operaciones de envergadura, la escuela católica, la antigua y la nueva iglesia… Nos sentimos especialmente perseguidos por estos musulmanes radicales. En el mundo hay millones de musulmanes normales que aman a Dios y respetan al prójimo, pero estos musulmanes radicales de la Seleka que han invadido África Central desde hace cinco 5 años… son malvados, ignoran el Islam.

Juan José Aguirre Muñoz M.C.C.J., es un religioso misionero comboniano y obispo español, titular de la diócesis de Bangassou (República Centroafricana).

Juan José Aguirre Muñoz M.C.C.J., es un religioso misionero comboniano y obispo español, titular de la diócesis de Bangassou (República Centroafricana).

ACN: Sigue habiendo ataques contra los campos de desplazados de los que se ocupa la Iglesia. En noviembre de 2018 atacaron el que había en el terreno de la catedral de la ciudad de Alindao. Unas 2.300 personas huyeron. ¿Cuál es su situación y cómo se enfrenta la gente a este miedo siempre presente?

Lo que ocurrió el 15 de noviembre en Alindao en el campo de desplazados no musulmanes fue un crimen contra 26.000 desplazados desarmados. Murieron 80 personas, entre ellas, dos sacerdotes: el P. Blaise Mada y el P. Célestin Ngoumbango. Actualmente hay 550.000 centroafricanos en campos de desplazados, y muchos de ellos han sufrido agresiones y crímenes de lesa humanidad. Del mismo modo se crearon otros lugares para personas desplazadas junto a sedes episcopales como en Kaga-Bandoro o en misiones como las de Bria, Ippy, Zemio, etc.

 También su diócesis acoge a muchos desplazados. Pero aquí ocurrió justo lo contrario, fueron los musulmanes los que fueron amenazados…

El 15 de mayo de 2018, 2.000 musulmanes de Bangassou fueron hostigados por grupos antibalaka (ATBK), unos grupos de autodefensa no musulmanes violentos y criminales. Entonces fueron acompañados por soldados de la ONU (Minusca) a la mezquita de Bangassou. Pocas horas después, la Minusca abandonó el lugar y entonces 300 francotiradores atacaron sin piedad la mezquita llena de mujeres y niños. Acudí con  tres sacerdotes para ponerme delante de la mezquita para que los ATBK pusieran fin a la matanza. En tres días mataron a una treintena de musulmanes a pesar de nuestra presencia directa frente ante las armas. Luego, con la ayuda de la Minusca portuguesa, la comunidad musulmana de Bangassou pidió poder refugiarse en el recinto de la catedral. Este lugar ha estado en funcionamiento durante año y medio. Los ataques de los ATBK son cada vez menos frecuentes. Por su lado, los cabecillas Ali Darass, Abdoulai Hissein o Alkhatin tratan de desplazar a los no musulmanes de sus zonas conquistadas y pretenden partir el país en dos.

ACN: Juan José Aguirre, con un vistazo superficial se podría pensar que la República Centroafricana está sumida en un conflicto religioso. Sin embargo, el cardenal Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de la capital de Bangui, ha dicho en varias ocasiones a la fundación ACN: “Es absurdo asumir que la religión es la única responsable del caos”. ¿Cómo lo ve usted y cuáles son las verdaderas causas de la guerra civil?

La lucha religiosa es sólo una pantalla para ocultar la verdad. Miles de mercenarios, algunos de ellos centroafricanos de las etnias rounga y ngoula, pero en su mayoría extranjeros, han invadido la República Centroafricana desde el norte del país, asistidos y armados por los Estados del Golfo y Chad, con la complicidad de otros países de la Unión Africana como Sudán, Níger, etc. Lo que quieren es dividir la nación y beneficiarse de su riqueza como depredadores despiadados: allí hay oro, diamantes, mercurio, platino, ganado, etc. Bajo la capa de pintura de la lucha entre musulmanes y no musulmanes (que también es real) o del enfrentamiento cultural, se esconde un instinto depredador respecto a la riqueza de la República Centroafricana.

seminario menor San Luis de Bangassou.

Seminario menor San Luis de Bangassou.

ACN: Las facciones rebeldes parecen disponer de un arsenal inagotable de armas. ¿Sabe usted algo de sus proveedores? ¿Existe alguna forma de que la comunidad internacional contribuya a la reducción del conflicto?

Los rebeldes están muy bien provistos de armas, municiones, vehículos, avituallamientos… Creo que todo viene de los países del Golfo con la complicidad del Gobierno de Chad. Las Fuerzas Armadas de la República Centroafricana (FACA) están sujetas a un “embargo” de armas impuesto por las Naciones Unidas. Está bien ver llegar a los instructores mercenarios rusos, pero si las FACA durante el entrenamiento no están armadas, ¿qué clase de ejército es ese? El hecho de que los enfrentamientos se desarrollen de manera imparcial depende de los cinco países que tienen un puesto permanente en las Naciones Unidas y que imponen un embargo de armas a la República Centroafricana. ¿Quién de ellos quiere ver a la República Centroafricana hundirse en un agujero negro? En los últimos cinco años, las principales decisiones relativas a la República Centroafricana se han tomado fuera de la República Centroafricana. Hay una agenda secreta para dividir la nación en dos, promovida por países musulmanes y con la complicidad de diferentes estados en la sombra como Chad, Níger o Libia. Al final, son los más pobres siguen pagando los platos rotos de esta política y las facturas que no han firmado: Las mujeres y los niños, los jóvenes perdidos que no saben qué hacer, las niñas que han sido violadas en los campos de desplazados, los ancianos acusados de brujería a los que protegemos en las Casas de la Esperanza en Bangassou, los niños huérfanos de la guerra… Nosotros, los misioneros del Evangelio, estamos con ellos para animarles, para infundirles esperanza en el futuro, para decirles que Dios es el Dueño de la Historia. Aunque las ONG se hayan ido por miedo a perder sus vidas, la Iglesia Católica siempre permanece sobre el terreno con los más pobres. En numerosas ocasiones, en momentos extremos, la gente corre hacia la misión católica para encontrar refugio.

ACN: La espiral de la violencia sigue girando. Los no musulmanes también toman las armas. ¿Qué hace usted como obispo para prevenir la escalada?

Durante los últimos cinco años hemos organizado encuentros para la cohesión social entre musulmanes y no musulmanes con el fin de entablar un diálogo, hemos creado plataformas de mujeres por la paz y celebrado encuentros intercomunitarios por la cohesión social. Todo ello ha ido bien. Eso sí, las comunidades musulmanas moderadas participan en el diálogo hasta que se producen nuevos ataques; entonces, las reuniones ya no tienen razón de ser porque los no musulmanes acusan a sus vecinos de ser cómplices en su corazón.

Por otra parte, denunciamos casos de crímenes de lesa humanidad perpetrados por parte tanto de los seleka como de los ATBK, e incluso por parte de los soldados de la Minusca cuando algunos contingentes no defienden a la población civil y la dejan perecer en masacres, como ocurrió el 15 de noviembre en Alindao con el contingente mauritano.

En muchas zonas de alto riesgo hemos abierto escuelas católicas, tanto en zonas bajo el control de los seleka como en las controladas por los ATBK. Miles de niños musulmanes y no musulmanes acuden allí por las mañanas. Juegan, estudian juntos, llevan el mismo uniforme se agrupan… En estas escuelas se crean un ambiente relajado que puede servir de espejo a los adultos de la zona. Es una inversión de futuro. Me quito el sombrero ante los profesores que quieren ir a una zona de alto riesgo para acompañar a los sacerdotes, incluso arriesgando sus vidas.

ACN: ¿Cómo ve usted el futuro de la República Centroafricana y qué pueden hacer organizaciones como ACN para contribuir a un desarrollo positivo?

ACN ya nos está ayudando de manera significativa. Nuestros sacerdotes, nuestros seminaristas, nuestros catequistas que permanecen como firmes pilares en zonas muy complicadas, se han formado con la ayuda de ACN que también apoya cursos de formación para los hogares cristianos… Hay lugares en la diócesis donde muchos cristianos han muerto mártires, y el hecho de que la escuela católica todavía funcione es un milagro. Y en este milagro está presente ACN porque nos ayuda a hacer regresar a las familias exiliadas, a reconstruir sus casas, colabora con los niños huérfanos y desplazados y apoya a los maestros… Las misiones de Bema y Zemio de nuestra diócesis, funcionan gracias a ACN y sus benefactores. ACN anima a los agentes pastorales, a los sacerdotes y a las religiosas a recobrar el aliento, a participar en sesiones de distensión y a encontrar ayuda para aquellos que se ven afectados por el estrés postraumático. La Iglesia misionera está viva en todo el mundo por la gracia de Dios y gracias a la labor de ACN. Por último, decir que a través de publicaciones y de los medios de comunicación, ACN da visibilidad a las tribulaciones que la Iglesia misionera, que está experimentando actualmente en todo el mundo.

ACN lanza dos proyectos de ayuda a la comunidad que está regresando a un lugar totalmente devastado

El número de víctimas mortales a causa de los ataques terroristas del pasado 15 de noviembre perpetrados en la catedral del Sagrado Corazón en la Diócesis de Alindao y en el campo de desplazados anexo a la misma, sigue creciendo y ya son más de 80 muertos según un informe recibido por la fundación  Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN). ¿Cuál es la razón de este estallido de violencia contra los cristianos en el sur de la República Centroafricana? En el informe la Iglesia local analiza los hechos y explica las consecuencias de estos terribles acontecimientos.

“La población, que huyó casi en su totalidad a la selva, está regresando con la esperanza de encontrar algunos granos de arroz para comer y rebusca entre las cenizas para buscar alubias superficialmente quemadas”, así de dramático es el escenario que describe el obispo de Alindao, Mons. Cyr-Nestor Yapaupa. El número de víctimas mortales ha incrementado y supera los ochenta muertos, entre ellos dos sacerdotes y dos pastores protestantes, según fuentes hospitalarias.

La Iglesia local asegura que el campo de desplazados que albergaba a más de 26.000 personas y era coordinado por los sacerdotes, ha quedado totalmente devastado. “Los ancianos y discapacitados fueron quemados vivos, fusilados o decapitados”, prosigue Mons. Yapaupa. “Presos del pánico, muchos padres tuvieron que abandonar a sus hijos en la desesperada carrera por la supervivencia. Una madre de gemelos tuvo que dejar a uno de sus hijos para salvar al otro. Los atacantes disparaban a quemarropa”. Además de la pérdida de vidas humanas, “el fuego arrasó el centro de acogida así como varios edificios de la Iglesia. La catedral perdió el tejado. Se robaron coches, motocicletas, paneles solares, comida almacenada, dinero, combustible…”

Para el restablecimiento de la comunidad y ayudar al clero local en esta situación de abandono total, Ayuda a la Iglesia Necesitada va a destinar a la diócesis 45.000 $.

Para el restablecimiento de la comunidad y ayudar al clero local en esta situación de abandono total, Ayuda a la Iglesia Necesitada va a destinar a la diócesis 45.000 $.

Un país desgarrado

Hoy por hoy hay más de 14 grupos armados repartidos por la República Centroafricana. El presidente del país, Faustin Touadéra, no tiene medios para controlar este remanente activo de la guerra civil iniciada en 2013, que enfrentó a los seleka -una coalición de grupos musulmanes  – con los anti-balaka – milicias de autodefensa animistas “anti-balas AK47”. Milicias musulmanas de Unidad por la Paz en el Centro de África (UPC), una escisión de los antiguos seleka, fueron identificadas como autores de los ataques del pasado 15 de noviembre. ¿Por qué las tensiones se han redoblado precisamente en Alindao?

Alindao, “una vaca para ordeñar”

Según la UPC, se trata de legítima defensa porque los anti-balaka de Alindao habrían asesinado a dos musulmanes los días 14 y 15 de noviembre. En cambio, el informe señala que más bien se trata de la falta de recursos de la UPC, que ve Alindao como “un centro comercial floreciente, una vaca para ordeñar”. Expulsada de Bambari en octubre, la UPC tuvo que abandonar el comercio local de ganado y las minas de oro y diamantes. “Las colectas semanales entre los comerciantes para alimentar a las tropas” suscitaron fuertes protestas y fue necesario encontrar otro medio de subsistencia: Alindao y su botín de guerra”.

La Iglesia, un objetivo

“Organizada y estructurada, la Iglesia Católica es un interlocutor esencial en la crisis local”, señala el Obispo africano. La Iglesia mantiene relaciones con las organizaciones humanitarias, con el presidente y la MINUSCA (la misión de las Naciones Unidas). Al mismo tiempo es “objeto de codicia” y una institución que los caudillos de la guerra quieren derribar. ¿Explica esto la inmovilidad de las fuerzas mauritanas de la ONU durante los ataques en Alindao, que “allanan así el camino a los atacantes al no asumir su misión de proteger a la población desplazada?” A título informativo el informe explica que “dos días antes de la tragedia, el responsable de la UPC fue recibido por el contingente mauritano”. La diócesis califica esta reunión como una “planificación consensual”. Los tres líderes de las confesiones religiosas de la República Centroafricana -el Cardenal Nzapalainga, el Pastor Guerekoyame Gbangou y el Imán Omar Kobine Layama-  han pedido una investigación por parte de la comunidad internacional.

Cyr-Nestor Yapaupa ist Bischof von Alindao.

Cyr-Nestor Yapaupa ist Bischof von Alindao.

“Lo hemos perdido todo, salvo la fe”

“Lo hemos perdido todo, salvo la fe”, concluye el Obispo. “Podemos mirar a los ojos al enemigo y ofrecerle un perdón sincero, sin ceder al espíritu de venganza o al miedo”.

Para el restablecimiento de la comunidad y ayudar al clero local en esta situación de abandono total, Ayuda a la Iglesia Necesitada va a destinar a la diócesis 45.000 $.

Izabela Cywa es la directora del Hospital Bagandu en la República Centroafricana e informa sobre la preocupante situación en la región: “se encontró un gran depósito de oro cerca y mucha gente vino a explorar las minas. El número de pacientes aumentó, al igual que el número de abortos, porque muchas mujeres vinieron para prostituirse. La mayoría de ellas son niñas muy jóvenes que reciben la píldora abortiva en clínicas públicas. No sabemos exactamente lo que les dan, pero luego estas chicas vienen a nosotros en muy mal estado”.

¿Cómo es actualmente la situación general en el país?

La República Centroafricana sigue lidiando mal que bien por salir de la crisis por la que se viene gangrenando desde hace más de cinco años. Las nuevas autoridades elegidas democráticamente luchan por hacer valer su autoridad en todo el territorio, si bien más del 80% del mismo está bajo el control de los jefes rebeldes, que ya son unos quince en total. Desde el punto de vista de la seguridad, podemos diferenciar tres zonas (según el orden de importancia): roja, amarilla y verde. Gran parte del país se encuentra en la zona roja de extrema inseguridad, totalmente bajo la dominación de los rebeldes. La zona amarilla es aquella donde se observan actividades mitigadas de los rebeldes y la zona verde es donde la autoridad del Estado parece estar presente.

 

Bishop Cyr-Nestor Yapaupa

Obispo Cyr-Nestor Yapaupa, diócesis de Alindao.

¿Sigue existiendo la confrontación entre los diferentes grupos rebeldes?

La permeabilidad de las fronteras ofrece a los mercenarios y a quienes aprovechan para sacar un beneficio de esta guerra la oportunidad de hacer uso de los recursos del subsuelo y, especialmente, de la libre circulación de armas de guerra y munición. El embargo sobre las armas con destino a la República Centroafricana hunde al país en un ciclo insostenible de inseguridad, pues mientras que las autoridades legítimas intentan hacer cumplir las condiciones del embargo, los grupos rebeldes obtienen a bajo precio armas de todo calibre.

Los enfrentamientos entre los grupos rebeldes, la amenaza de división del país o de desestabilización del régimen, los asesinatos y el surgimiento de nuevas facciones rebeldes continúan siendo los titulares en la República Centroafricana.

¿Cuál es la situación en su diócesis? Alindao ha estado en el centro de estas luchas fratricidas de los últimos años: ¿Qué ocurre actualmente?

La prefectura de Basse-Kotto en la Diócesis de Alindao es rehén de las fracciones de la Unión por la Paz en República Centroafricana – grupo emergido de los Seleka- y las milicias musulmanas – comúnmente llamadas muyahidines – por un lado y de los autodefensas, también llamados anti-balakas, por el otro. Entretanto, la población civil se encuentra entre la espada y la pared. Desde hace algún tiempo, los dos grupos han desarrollado una nueva estrategia: ahora evitan combatir frontalmente y, en su lugar, organizan emboscadas en las carreteras cuyas víctimas se nutren sobre todo y arbitrariamente de la población civil, una población que intenta, como puede, seguir adelante con sus ocupaciones. Esta nueva estrategia se cobra más víctimas, y la mayoría de los cadáveres no se han encontrado hasta la fecha.

¿Cómo afecta esto a su trabajo en la diócesis?

Hoy por hoy es difícil, si no imposible, desplazarse de una ciudad o de una aldea a otra debido a la inseguridad en las carreteras, por lo que las localidades quedan aisladas las unas de las otras. Los actos de represalia dirigidos contra los civiles son muy frecuentes, tanto por parte de los seleka como por parte de los anti-balakas.

La autoridad del Estado ha sido tomada por la de los grupos armados, y esto es así pese a la presencia de la MINUSCA, del prefecto y algunos subprefectos cuyo papel se limita básicamente a figurar sin ejercer. A falta de un aparato judicial se extiende la justicia popular. Los grupos armados hacen de tribunales de todas las instancias y utilizan impunemente la tortura, la mutilación y la ejecución como medios de represión y castigo contra todos los infractores.

En una zona inmersa en una situación de falta de seguridad como la nuestra, la paz y la estabilidad son una realidad volátil e incierta, porque los jefes rebeldes dictan su ley de la selva y actúan con total impunidad a causa de la ausencia de la autoridad del Estado y el letargo de las fuerzas de la ONU.

 

Central African Republic

“Las numerosas familias que han sido víctimas de la violencia”

La violencia ha hecho que huyan miles de personas: ¿Dónde están los desplazados?

Las numerosas familias que han sido víctimas de la violencia en Basse-Kotto han ocasionado grandes movimientos de desplazados: unos viven hacinados por miles en algunos campos, otros viven dispersos por el monte y también los hay que han elegido el camino del exilio en la República Democrática del Congo. Por ejemplo, solo en la ciudad de Alindao hay más de 30.000 desplazados repartidos por cuatro campos.

¿Quién se ocupa de ellos?

De estos desplazados se ocupan (al menos en la ciudad de Alindao) las ONG internacionales y nacionales, entre ellas, la Cáritas diocesana, en los ámbitos de la salud, la educación, la protección, el abastecimiento de agua, saneamiento e higiene. Las demás ciudades y aldeas, a las que no se puede acceder debido a los actos salvajes de los grupos rebeldes, se ven desgraciadamente privadas de toda acción humanitaria. Aquí se trata de subprefecturas como Mingala, Satéma, Mobaye y Zangba, cuyas poblaciones carecen de todo.

Según hemos sabido, en dichas zonas la tasa de mortalidad es demasiado elevada tanto entre las mujeres embarazadas como entre los niños de entre 0 y 5 años. Las mujeres dan a luz en el monte sin la asistencia de una partera o matrona porque no existe ninguna instalación sanitaria en funcionamiento.

Además, gran número de casas y lugares de culto están destruidas, por lo que la prefectura de Basse-Kotto cuenta con miles de aldeas fantasma. Los campos de desplazados han reemplazado a los pueblos tradicionales.

Pero mucha de la ayuda es dada a través de la diócesis ¿cierto?

La diócesis no puede ser insensible ni indiferente ante este drama humanitario: contribuimos en la medida de lo posible y con la ayuda de nuestros ‘partners’ (socios) a humanizar -aunque sea poco- las condiciones de vida de la población desplazada con algunos modestos logros:

  1. Alojamiento – La diócesis no solo ha cedido parcelas que ahora ocupan los desplazados, sino que también ha puesto a disposición edificios y otras estructuras de acogida para más de cien hogares.
  1. Educación – Para 3.000 niños en edad escolar y preescolar, la diócesis ha puesto en marcha, a través de Cáritas, una escuela de emergencia, y en la actualidad, 1.500 niños obtienen una formación para mantener el nivel.
  1. Salud – La Coordinación Diocesana de la Salud (CODIS) se ocupa de los desplazados asentados a orillas del río Ubangui, desde Mobaye hasta Zangba, mediante un dispensario móvil.
  1. Atención a los necesitados – La parroquia del Sagrado Corazón de Alindao, con el apoyo del Obispo y otros socios, aporta un apoyo pastoral, espiritual y material a personas pobres, a ancianos y a niños vulnerables. Además, 400 beneficiarios, entre ellos, 250 niños, se han beneficiado de donaciones de alimentos y ropa.

Cáritas, que tiene la responsabilidad de la gestión de los campos de desplazados, trabaja en colaboración con el PMA y el WAF a la hora de distribuir los víveres entre los desplazados y de gestionar la recogida de basura.

¿Qué hay de la MINUSCA? Hay quejas respecto a su papel y eficacia. ¿Qué nos puede decir acerca de ello?

La MINUSCA, presente en algunas grandes localidades de la diócesis (Alindao, Mobaye, Dimbi y Pavica), hace lo que puede, pero no satisface las expectativas de los desplazados ni de la población. En efecto, su presencia es casi solo testimonial, según lo ve la población. Y es que, pese al despliegue de las tropas de la ONU, el modo de operar de los grupos rebeldes no ha cambiado: estos no parecen inquietados ni asustados por el arsenal móvil de las fuerzas internacionales. La inseguridad sigue presente y los excesos contra la población continúan. Los convoyes de vehículos protegidos por los cascos azules no ofrecen una garantía eficaz para la libre circulación de bienes y personas. La connivencia de ciertos contingentes con determinados grupos rebeldes y sus tendencias mercantilistas pone en entredicho sus sagrados principios basados en la imparcialidad, la neutralidad, etc. Esto hace que a veces la población, exasperada, califique a las fuerzas de la ONU de explotadoras, perniciosas e inútiles debido a la mediocridad de su rendimiento.

¿Cómo se ve afectada la pastoral por la violencia circundante?

La vida pastoral en la diócesis, por lo general, está paralizada a causa de la inseguridad reinante. Algunos sacerdotes y fieles están a caballo entre la República Democrática del Congo y la República Centroafricana (se trata de los de Mobaye, Zangba y Kongbo), mientras que otros se han incorporado a la comunidad de Alindao (los de Pavica, Kembe, Mingala/Poudjo y Tagbale). La población cristiana de dichas parroquias y zonas está repartida por los campos de desplazados, algunos se han refugiado en la selva y otros todavía viven en el exilio. Las capillas están en ruinas o han sido pasto del fuego o incluso profanadas por los grupos armados. Los sacerdotes ya no pueden organizar visitas pastorales a las comunidades rurales y a la periferia de las ciudades. Algunas casas parroquiales han sido vandalizadas total o parcialmente (Kembe, Mobaye y Zangba). Solo la parroquia catedralicia de Alindao y la de Mobaye funcionan, mientras que las de Kongbo y Zangba han reanudado tímidamente sus actividades. En cuanto a la parroquia de Kembé, el acceso a las zonas de Mingala/Poudjo y Tagbalé sigue siendo difícil a causa de la inseguridad reinante. Allí, los catequistas asisten espiritualmente a los creyentes.

La última comunidad de religiosas (Oblatas del Corazón de Jesús) se vio obligada a abandonar la diócesis en 2014 porque su seguridad estaba constantemente amenazada.

Esperamos la llegada de nuevas religiosas a la parroquia de Mobaye para el inicio del año pastoral 2018-2019, pero todavía tenemos que rehabilitar el convento, que ha sido saqueado y vandalizado por los seleka.

 

Central African Republic: Rebels

República Centroafricana: Rebeldes

¿Se puede en estas situaciones dar respuesta a las necesidades espirituales de su rebaño?

Ante la precaria seguridad y las condiciones socio-económicas drásticamente deshumanizadoras que hunden a la población en la desolación, la resignación, el fatalismo y la incertidumbre, hasta el punto de ver cómo se desmorona imparablemente la fe cristiana, es un imperativo para la diócesis dar prueba de solicitud y solidaridad, y estar atenta a las necesidades espirituales de los creyentes.

En el contexto actual, la pastoral social y la misión evangelizadora se presentan difíciles, pero no imposibles. Por eso es importante lo que podríamos llamar “el ministerio de presencia/proximidad”: Aunque en las otras parroquias y zonas los agentes de la pastoral están ausentes porque temen por su seguridad, hay sin embargo un pequeño remanente del clero que asegura una presencia significativa con el apoyo paternal del obispo en los emplazamientos de la Iglesia Católica, en Kongbo y en la comunidad parroquial de Mobaye.

Con el clero hacemos frente a diario al miedo, a las amenazas y a la inseguridad para mostrar una presencia activa que tranquilice a los desplazados. Aunque es más que una simple presencia, desarrollamos la proximidad a través del encuentro, la escucha, la visita, el consejo, el compartir momentos de alegría y dolor… Esta pastoral de presencia incluye además la administración de diversos sacramentos y servicios en los campos de desplazados: unción de los enfermos, viático, bautismo, penitencia, confirmación, lectio divina en las comunidades eclesiales de base/movimientos y fraternidades… Todo esto da testimonio de que los peligros de la vida no podrán impedir jamás que la Iglesia prospere y prolifere.

¿Qué otras prioridades tiene en su diócesis?

“¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!”, exclamó San Pablo (1 Co 9, 16). Anunciar el Evangelio sigue siendo una necesidad para todo cristiano según el mandato misionero recibido de Cristo. Nuestras comunidades cristianas que todavía funcionan son asiduas a la escucha de la Palabra de Dios durante las celebraciones eucarísticas en estos tiempos de crisis. La Palabra de Dios sigue siendo el fundamento del consuelo y la esperanza de nuestros fieles.

También, en el corazón de esta crisis, la formación de nuestros laicos es una gran prioridad pastoral: una formación orientada a los catequistas, a los líderes de las comunidades, a los movimientos y a las fraternidades, pero con especial atención a los movimientos de niños y jóvenes, porque muchos de nuestros jóvenes se han embarcado en aventuras sincretistas muy comprometedoras para su fe y su futuro.

Por último tenemos presente también el trabajo ecuménico. La comunidad parroquial se reúne dos veces al mes con las otras confesiones religiosas presentes en el lugar para organizar vigilias ecuménicas de oración y ayuno.

Según usted, ¿están preparados los sacerdotes y las religiosas para hacer frente a estas dificultades?

La magnitud de la crisis, especialmente al final del primer semestre de 2017, sorprendió a más de uno, porque no estábamos preparados para ello. Muchos sacerdotes están traumatizados porque han sido víctimas de saqueos, otros han asistido impotentes al asesinato de sus fieles, otros han sido agredidos o amenazados de muerte, etc. Desgraciadamente, hasta la fecha no han recibido ninguna atención psicosocial, pero se esfuerzan por tener la moral alta para reconfortar a los fieles desesperados, que tienen una necesidad aún mayor de ser “destraumatizados”.

¿Quién los ayuda? ¿Quién les aporta consuelo mientras se espera que ellos lo infundan en otros?

El clero encuentra consuelo en su fe en Cristo y en la inquebrantable solidaridad que une a los sacerdotes en torno a la vida de oración, las celebraciones eucarísticas y las oportunidades de compartir momentos de alegría y dolor. He notado que en este tiempo de crisis la presencia casi permanente del Obispo en la Diócesis ayuda a elevar la moral de los sacerdotes y de los fieles. Así mismo las visitas paternales del Cardenal Nzapalainga a la Diócesis de Alindao y Mobaye han sido de gran ayuda para revitalizar y reconfortar tanto a los cristianos como a toda la comunidad de desplazados que languidece en los campos desde hace más de un año.

¿Cómo evolucionan las relaciones entre cristianos y musulmanes?

La relación entre cristianos y musulmanes varía de una localidad a otra. En algunos pueblos, la convivencia es casi imposible. Por ciertas carreteras o caminos no puede transitar esta o aquella comunidad a riesgo de enfrentarse a lo peor. Sin embargo, en otras ciudades y pueblos, cristianos y musulmanes están en contacto sin que ello sea sin embargo una garantía de convivencia. En esta aparente convivencia, cada comunidad desarrolla una actitud de desconfianza hacia la otra. El miedo al otro se ha convertido en una nueva forma de vida que ahora caracteriza las relaciones humanas e intercomunitarias.

En cualquier caso, confiamos en que la reconciliación sea posible porque estamos convencidos de que en la República Centroafricana no se libra una guerra de religiones. Trabajamos desde el comienzo de la crisis para que las comunidades religiosas comprendan esta realidad, e igualmente no dejamos de concienciar a la gente para promover la cohesión social. Aunque estas iniciativas parecen dar fruto, seguimos aplicándolas con paciencia.

¿Habla de reconciliación, cuáles serían en su opinión las condiciones para que está sea posible?

Estamos convencidos de que la reconciliación es posible a condición de que la autoridad del Estado se reimplante en Basse-Kotto,  se garantice la seguridad de la población civil, los grupos rebeldes sean desarmados y se haga justicia para las víctimas. Además es importante que todos los líderes religiosos y comunitarios se impliquen sincera y valientemente en la promoción de la convivencia.

Uno de los principales problemas es la falta de formación y los jóvenes que han abandonado la fe cristiana, seducidos por el animismo y la superstición. ¿Cuál es la respuesta de la Iglesia?

Es obvio que durante esta última crisis muchos cristianos (sobre todo, jóvenes) han abandonado su fe en favor de prácticas sincretistas (charlatanería, fetichismo y ocultismo).

Por este motivo, en el centro de esta crisis, hemos convertido la formación de movimientos infantiles y juveniles en una prioridad pastoral.

Hemos desarrollado también una pastoral de escucha y acompañamiento catequético para profundizar y discernir con estos jóvenes las motivaciones profundas de su comportamiento y ayudarles a redescubrir progresivamente su fe cristiana. Algunos de ellos han dado el paso de la conversión -como el hijo pródigo- y han sido acogidos y han encontrado su lugar en la comunidad cristiana, tras marchas penitenciales. Pero el verdadero desafío para la Diócesis consiste en ofrecer a estos jóvenes la oportunidad de una reinserción socio-profesional.

De hecho, debemos admitir que las prácticas animistas y supersticiosas no son un fin en sí mismo. No es necesariamente el animismo o la superstición lo que seduce a la juventud, sino que el objeto de su seducción son más bien las supuestas ventajas que se derivan de su integración en los grupos rebeldes. Así, estas prácticas folclóricas son un medio para que estos jóvenes ociosos se doten de una nueva personalidad para integrarse en los grupos armados en busca de determinados intereses; porque en un país donde la tasa de desempleo u ociosidad es incuestionable, los grupos armados parecen haberse convertido en una “profesión” que atrae ciegamente a la juventud. Así, la respuesta de la Iglesia al abandono de la fe consistiría también en la ocupación útil de los jóvenes mediante la formación profesional y la concesión de micro-proyectos.

¿Qué mensaje(s) le gustaría transmitir a los benefactores de ACN?

Rendimos un sentido homenaje a todos nuestros benefactores por su generosidad y solidaridad porque, gracias a vosotros, la Diócesis ha podido responder a la situación deshumanizadora de las poblaciones en los ámbitos de la salud, la educación, la formación cristiana de los fieles y el cuidado del clero. Muchas gracias por la atención que nos prestáis.

La presencia de sacerdotes y su sentido misionero de abnegación entre los fieles desplazados que viven en la miseria siguen siendo un fuerte testimonio de nuestra joven Diócesis que, desde su infancia, sólo ha conocido tiempos difíciles, y que ahora está luchando por renacer de sus cenizas. Encomendamos a todos nuestros agentes pastorales (que día y noche se dedican a aliviar el sufrimiento e infundir esperanza en los corazones lastimados de miles de desplazados) a las oraciones de nuestros bienhechores y a su generosidad.

Reconocemos abiertamente que la Diócesis de Alindao sigue siendo un amplio solar en obras donde todo está por reconstruir tras los dolorosos acontecimientos que continúan desestabilizando la República Centroafricana. No cabe duda de que nos enfrentamos a un gran número de retos urgentes: el cuidado de los agentes pastorales, la logística, la reconstrucción de las infraestructuras, la pastoral y la formación profesional de los jóvenes, la salud, la educación y la promoción de la convivencia intercomunitaria, etc. Confiamos en que siempre estaréis a nuestro lado para ayudarnos a afrontar estos retos a largo plazo. ¡Porque la situación es grave!

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.