El desgarrador testimonio de una médico venezolana es el reflejo de la graves problemas que sigue padeciendo el país suramericano, de la crisis humanitaria por la escasez y los elevados costos de los medicamentos. Sumado a las fallas del sistema de electricidad nacional que afecta a los hospitales e impide el tratamiento conveniente de los pacientes.

En un audio que recibió la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, una joven médico con la voz quebrada por el llanto, expresa su impotencia por no poder salvar vidas por falta de medicamentos.

Cuenta la médico que durante su guardia en el Hospital Central, atendió una niña con peritonitis grave porque ya había llegado con el apéndice perforado. Por lo cual debieron aplicarle los lavados necesarios para extraerle el líquido purulento, pero no tenían los antibióticos para el tratamiento posterior.

“El papá con lágrimas en los ojos me dijo que él no podía seguir comprando el medicamento, porque cada una costaba 50.000 Bolívares, y son tres dosis al día”, dice la médico.

Actualmente el sueldo mínimo mensual en Venezuela es de 20.000 Bs, el padre de esa niña tendría que trabajar y reunir casi 8 meses de salario para poder comprar una dosis diaria del antibiótico.

 

En el conmovedor relato, la médico cuenta que después de realizar la limpieza al buscar al papá de la niña para hablarle de la gravedad de su hija, lo encontró arrodillado llorando.

“Después que salí del quirófano, del lavado, cuando busco al papá no lo conseguía [encontraba], porque estaba arrodillado llorando en una esquina contra la pared… Siento que estamos acompañando a morir a la gente”, dice angustiosamente la médico. Quien también reclama a los dirigentes políticos por su ineficiente trabajo: “no entiendo, a los políticos. Esto nos está afectando… nosotros [los médicos] podemos resistir estar sin agua ni luz, buscaremos maneras de trabajar, pero no soporto ver a los más pobres sufrir y enterrar a sus hijos”.

Los Conferencia Episcopal Venezolana, publicó este martes 2 de abril, un mensaje en el que reafirman “la dignidad de la persona humana y sus derechos inalienables”, a su vez denuncian el irrespeto a los derechos humanos y los “delitos de lesa humanidad” a los que son sometidos los venezolanos, entre ellos: “la imposición intencional de condiciones de vida como la privación del acceso a alimentos y medicamentos”.

Actualmente el sueldo mínimo mensual en Venezuela es de 20.000 Bs.

Actualmente el sueldo mínimo mensual en Venezuela es de 20.000 Bs.

“Lamentablemente esto se ha venido haciendo en nuestra patria bajo la mirada complaciente de las autoridades que deben velar por el recto cumplimiento y defensa de los derechos humanos”, expresan los Obispos en el mensaje.

Los Obispos exhortan a intensificar la oración por Venezuela, para alcanzar “la necesaria conversión”, pidiendo a la Virgen María que “acompaña el Via Crucis que vive nuestro pueblo en la esperanza de la liberación pascual realizada por su hijo Jesucristo”.

La crisis política y economía que atraviesa Venezuela empeoró en los últimos días por la falla de la electricidad que afecta a toda la nación, 23 estados, desde el pasado 7 de marzo. Según un informe de Caritas recibido por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada la emergencia eléctrica afectó los suministros de agua, gasolina, transporte, comunicaciones y hospitales.

“Voceros informan que el problema se originó producto de una falla de funcionamiento en la central hidroeléctrica que surte de energía a 80% del país”, dice el reporte de Caritas. Sin embargo, autoridades del Ejecutivo Nacional atribuyen la emergencia a una “guerra eléctrica” ocasionada a través de un “cyber-ataque terrorista” desde el exterior.

En diferentes comunicados enviados a la fundación ACN, varios obispos venezolanos se han pronunciado ante la magnitud de la emergencia que ha mantenido a algunas comunidades con más 130 horas sin electricidad. Provocando en la población caos, tensión social, saqueos, incluso la suspensión de las jornadas laborales y educativas.

La emergencia eléctrica afectó los suministros de agua, gasolina, transporte, comunicaciones y hospitales.

La emergencia eléctrica afectó los suministros de agua, gasolina, transporte, comunicaciones y hospitales.

El Arzobispo de Ciudad Bolívar, monseñor Ulises Gutiérrez, manifestó que “el país se ha quedado a oscuras: apagones en el territorio nacional por más de 5 días, han afectado hospitales y clínicas, servicios públicos, comunicaciones, actividades bancarias, paralizando el país como nunca antes en su historia. Ha muerto un número significativo de ciudadanos al no recibir la atención médica necesaria por falta de energía eléctrica”.

El informé de Caritas señala que de acuerdo a reportes de la Organización Médicos Unidos son 20 personas fallecidas en todo el país, como consecuencias de la falla eléctrica en los hospitales.

Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, afirmó que las autoridades “lejos de atender los justos reclamos del pueblo, se sigue endureciendo los corazones de quienes tienen en sus manos la solución de las dificultades y, sobre todo del principal problema por el que clama la misma gente: un cambio de dirección política y la no imposición de un sistema inaceptable que no está al servicio del hombre y la mujer de Venezuela”.

Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal.

Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal.

Por su parte, monseñor Ernesto Romero, Obispo del Vicariato Apostólico de Tucupita, indicó que “la paralización del servicio eléctrico en casi todo el país no es más que una muestra de la indolencia, desidia, falta de mantenimiento y de la incompetencia del gobierno nacional”.

La misma emergencia a llevado a la población a usar prácticas inseguras de abastecimiento de agua no salubre, ingerir alimentos descompuestos y someterse a una movilización riesgosa.

El Obispo de San Carlos, monseñor Polito Rodríguez, denunció que “Venezuela hoy   enfrenta la peor crisis humanitaria de su historia republicana, se violan los derechos humanos impunemente, su esencia:   la libertad y la igualdad han sido desconocidos por quienes gobiernan a su real saber y entender”.

También el Obispo de El Tigre, monseñor José Manuel Romero Barrios, advirtió que la vida de los venezolanos “ha estado sujeta a una creciente violencia estructural, que no golpea con puños en la humanidad de sus pobladores, sino que se expresa en la omisión de los responsables de la gestión pública para atender las necesidades básicas de la población”.

De igual manera el Arzobispo de Cumaná, monseñor Jesús González de Zárate, exhortó a elevar la voz “para denunciar la mentira, la injusticia, el uso de la violencia, el afán de dividirnos y controlarnos, la represión y persecución de la legítima protesta, y todo lo que en nuestra sociedad sea contrario al plan de Dios”.

En diferentes comunicados enviados a la fundación ACN, varios obispos venezolanos se han pronunciado ante la magnitud de la emergencia que ha mantenido a algunas comunidades con más 130 horas sin electricidad.

En diferentes comunicados enviados a la fundación ACN, varios obispos venezolanos se han pronunciado ante la magnitud de la emergencia que ha mantenido a algunas comunidades con más 130 horas sin electricidad.

Monseñor Ángel Caraballo, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cabimas, expresó que “al tiempo de oscuridad jurídica, de oscuridad de la seguridad social, de oscuridad alimentaria, de oscuridad de la paz ciudadana, se les une la oscuridad literal, añadidura esta que viene a engrosar la humillación que sufre el venezolano por culpa de un régimen que se olvidó de las personas por prevalecer un sistema político que solo ha causado tragedias, muertes, fracasos y miseria donde se ha implementado”.

El Obispo de Trujillo, monseñor Oswaldo Azuaje, lamentó la situación que se vive y exhortó a seguir “buscando al Señor en cada hermano que nos necesite. Los días del apagón fueron ocasión para ver grandes ejemplos de solidaridad… en el compartir la comida, el agua potable, la gasolina para los vehículos y muchos otros ejemplos de llevar juntos penas y alegrías”.

El mensaje de los Obispo ha sido una voz de aliento y esperanza para los venezolanos en medio de la oscura turbulencia que vive en la actualidad. Caritas informó que mantendrá activo el servicio de “Olla Comunitarias” en las diversas diócesis, y la atención en los Bancos de Medicamentos.

Preocupados por “evitar mayores sufrimientos y dolores al pueblo”, a la vez que esperanzados por el cambio del rumbo político y democrático que está viviendo Venezuela, se muestran en un comunicado conjunto la Conferencia Episcopal Venezolana, la Conferencia de Religiosos y Religiosas y del Consejo Nacional de laicos del país, publicado 4 de febrero en Caracas.

“Con determinación y esperanza” ansían la búsqueda “de un cambio político a través de un proceso de transición pacífica y transparente, que lleve a elecciones libres y legítimas para retomar el rumbo democrático y lograr la recuperación del Estado de Derecho, la reconstrucción del tejido social, la producción económica, la moral en el país y el reencuentro de todos los venezolanos”. Una situación difícil la que se está escribiendo en los renglones de la historia de Venezuela y que tanto el pueblo, como el clero venezolano y la comunidad internacional están viviendo con gran expectación y, a la vez, con gran preocupación.

La Iglesia venezolana pide paz, transparencia y ayuda humanitaria.

La Iglesia venezolana pide paz, transparencia y ayuda humanitaria.

Los presidentes de los tres gremios más representativos de la Iglesia católica en el país denuncian en el comunicado “la creciente represión por motivos políticos, la violación de los Derechos Humanos y las detenciones arbitrarias y selectivas” e insisten en que esta ruta de transición se lleve de una forma pacífica y con la Constitución Nacional en la mano.

Agradecen la labor de los activistas que defienden y promueven los Derechos Humanos en momentos de crisis a pesar de los riesgos, y les animan para que continúen atendiendo “a las víctimas que sufren injusticias”. “Pedimos el respeto y la seguridad personal y jurídica para quienes ejercen este digno servicio en Venezuela”. De este modo recuerda que la Iglesia católica está comprometida con la población más afectada, “actuando de acuerdo a los principios de independencia, imparcialidad y humanidad” y de esta manera solicitan “los permisos necesarios para disponer de la ayuda humanitaria como un medio para mitigar el impacto de la crisis sobre la gente más vulnerable. Cáritas de Venezuela y las diversas instituciones de promoción social de la Iglesia con un extenso alcance en todo el territorio nacional, nos comprometemos a continuar el servicio que venimos realizando con equidad, inclusión, transparencia y efectividad”.

El comunicado termina pidiendo oraciones en “todos los templos, casas y comunidades, pidiéndole al Señor que nos conceda la paz, la reconciliación, la libertad y la salud espiritual y corporal”.

Venezuela atraviesa un periodo de tensión política que se disparó el pasado 23 de enero, cuando Guaidó se juramentó ante cientos de miles de opositores como presidente interino.

Venezuela atraviesa un periodo de tensión política que se disparó el pasado 23 de enero, cuando Guaidó se juramentó ante cientos de miles de opositores como presidente interino.

Una situación sin precedentes

La situación política actual de Venezuela es consecuencia de las elecciones presidenciales del pasado mayo de 2018, en las que según la versión oficial del gobierno ganó Nicolás Maduro, pero que fueron calificadas como “elecciones ilegítimas” por la mayoría de los países de la comunidad internacional, entre otros Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, España y Estados Unidos, por ser llevadas a cabo con diversas irregularidades. Así, partiendo de unas elecciones ilegítimas, el presidente Maduro a partir del término de su mandato anterior, el 10 de enero, pasaría a ser ilegítimo y no reconocido como presidente de la República. Como consecuencia y aplicando la constitución venezolana pasaría a ser presidente encargado de Venezuela el presidente de la Asamblea Nacional del país, en este caso Juan Gerardo Guaidó. De esta manera, el 11 de enero de 2019 Guaidó anunció que asumía el artículo 233 de la constitución para convocar nuevas elecciones nacionales y el 23 de enero se juramentó como presidente encargado de Venezuela.

Venezuela fue en el pasado, gracias a las elevadas exportaciones de petróleo, el país más rico de Sudamérica. Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez (63), desde 2008 a la cabeza de la archidiócesis de Calabozo – a unos 300 kilómetros al sur de la capital Caracas – explica durante su visita a la oficina nacional alemana de Aid to the Church in Need (ACN) cómo la Iglesia a pesar de las dificultades intenta ayudar a las personas y contribuir a la unidad del país. La entrevista corrió a cargo de Tobias Lehner.

 

rchbishop Manuel Felipe Díaz Sánchez (63)

Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez (63)

 

ACN: Venezuela fue en el pasado uno de los países más ricos de Sudamérica. Hoy en día está sufriendo una inflación de hasta un millón por ciento; gran parte de la población está sumida en la miseria. ¿Qué significa esa crisis para las personas en concreto?
Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez: Un ejemplo de la vida diaria: alguien va a un comercio y pregunta cuánto cuestan unos comestibles determinados. Va a por el dinero y vuelve una hora más tarde; en esa hora ha subido el precio. Hay carencia de todo. Muchas personas se alimentan tan solo de arroz y judías. La situación es especialmente crítica en los hospitales: no hay medicinas. En parte las tienen que conseguir los pacientes mismos, para lo que venden sus objetos de valor. Muchas personas ven en la emigración la única solución.

Se oye una y otra vez que se vuelve a agravar la situación en la frontera con Colombia. Incluso se ha tenido que cerrar la frontera en alguna ocasión. Muchas personas se quedan allí porque no tienen dinero para los documentos de salida. ¿Qué sabe sobre la situación allí?
Es sobre todo la Iglesia la que se ocupa de las personas. Esto puede decirse del lado venezolano, pero también de Colombia, Ecuador, Perú y Chile, que son los países adonde se dirige el mayor número de personas. Las comunidades en la frontera proporcionan alimentos y ofrecen posibilidades para pasar la noche o ayuda médica. Comparten lo poco que tienen. Agradecemos mucho esa solidaridad.

Venezuela se presenta a sí misma como un Estado socialista moderno. ¿Comporta eso también dificultades para la Iglesia?
El sistema político de Venezuela es un mosaico de diferentes influencias: socialistas, conservadoras, mezcladas con ideas ateas y espiritistas y muchas más. Siempre ha habido intentos de dividir a los obispos; pero no lo han conseguido. Al mismo tiempo, Chávez y el actual Presidente Nicolás Maduro también han reconocido los tratados firmados por los gobiernos anteriores con la Iglesia católica. Esto se refiere sobre todo a las escuelas católicas: el 10 por ciento de las escuelas de Venezuela es de titularidad eclesiástica, entre ellas muchas escuelas de formación profesional. Eso favorece también, por supuesto, al Estado. Muchos políticos se presentan también conscientemente como muy religiosos. Al mismo tiempo, los representantes públicos no participan ya, por ejemplo, en las ordenaciones de obispos. Es una situación ambigua.

¿Cómo es la vida eclesial?

El 75 por ciento de los venezolanos es católico y se ha mantenido fiel a la fe. Una y otra vez oigo decir que la Iglesia es la institución en Venezuela que mayor credibilidad tiene. Pero naturalmente, la crisis también influye sobre la vida eclesial: por ejemplo, por razones económicas no es posible organizar actividades multitudinarias como unas Jornadas para la juventud o un Encuentro de familias. Y donde no hay ese encuentro, no hay comunidad. Especialmente grave es la situación de los sacerdotes: muchos quedan aislados porque tienen que atender solos una parroquia muy extensa, frecuentemente en el mundo rural. Por motivos económicos no les es posible acudir a reuniones o comprar objetos de primera necesidad. Se han dado también casos en que congregaciones han tenido que abandonar el país porque no estaban económicamente en condiciones de mantener el convento y su labor.

¿Puede hacer algo la Iglesia en Venezuela para subsanar las necesidades de las personas?

No cejamos en nuestro compromiso en el campo de la escuela y la educación. Queremos ofrecer a los jóvenes la posibilidad de que construyan un futuro mejor. En algunas parroquias, los sacerdotes reparten medicamentos que reciben del extranjero. Una acción de mucho éxito son las llamadas «ollas solidarias»: con donativos de alimentos, voluntarios en las parroquias cocinan para personas especialmente pobres. Estos están muy agradecidos porque saben que también los medios que tiene la Iglesia son muy limitados.

¿Qué puede hacer concretamente una organización como Aid to the Church in Need para ayudar a Venezuela?

No estoy acostumbrado a pedir limosna; por eso estoy especialmente agradecido a que Aid to the Church in Need nos haya ofrecido ayuda. La gente necesita apoyo para comprar comida y medicamentos. Pero también necesitamos ayuda pastoral. Los sacerdotes y los fieles necesitan oportunidades para relacionarse y fortalecerse. A los encuentros diocesanos ya me he referido antes; son muy importantes. También hacen falta biblias y materiales para la catequesis. Muy importante es el mantenimiento de los sacerdotes: los estipendios de misas son para muchos la única fuente de ingresos necesarios para sobrevivir.

Entrevista con Mons. Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo, en Venezuela: “Nuestra misión es sostener al pueblo, a través de los sacerdotes, así que sigan apoyándonos para mantenerles un digno sustento”

ACN, Raquel Martín y Josué Villalón (Madrid, España).- Más de dos millones de personas han abandonado Venezuela desde hace tres años, según datos de ACNUR y otras organizaciones internacionales. El éxodo forzoso da cuenta de la grave crisis económica, política y social que atraviesa el país. La Iglesia de Venezuela, junto con el pueblo, está haciendo frente a esta situación a través de proyectos sociales para cubrir la falta de alimentos y medicamentos. Pero su situación no es nada ventajosa y los mismos obispos y sacerdotes sufren la falta de todo en estos momentos.

Mons. Oswaldo Azuaje, Bishop of Trujillo in Venezuela

Mons. Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo

Mons. Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo, en el este de Venezuela, ha respondido a las preguntas de la fundación pontificia Aid to the Church in Need que está apoyando a la Iglesia venezolana en su labor pastoral y asistencial. La reciente visita Ad Limina del episcopado venezolano con el Papa en Roma, la labor de la Iglesia con los que se marchan del país y con los otros muchos necesitados que se quedan, es el centro de la conversación.

 

La Diócesis de Trujillo, en Venezuela, es una de las zonas más pobres del país. ¿Cuál es la situación actual allí?

Trujillo es una de las circunscripciones más pobres, económicamente hablando. Se encuentra en la región andina, es una zona de montaña, predominantemente rural. Pero no diría que es una región pobre, porque la riqueza humana y cultural de la es muy grande. El día a día de gente ahora, es como en el resto del país. Estamos sufriendo la carencia de alimentos y medicamentos, numerosas personas se han marchado a otros países y la economía está muy resentida. Quizá en los pueblos sí se note más la falta de acceso a alimentos, comparado con la capital o las ciudades importantes del país.

 

¿Cuál ha sido el mensaje del Papa Francisco a los obispos y al pueblo venezolano en la reciente visita Ad Limina en el Vaticano?

El Papa ha sido muy cercano, tenemos la suerte de que él es de nuestro mismo continente y hablamos el mismo idioma. Francisco se sentó en medio de nosotros, hicimos un círculo a su alrededor y nos dijo: “contadme qué tal estáis”.  Vimos que conocía muy bien la realidad de la Iglesia en Venezuela, la realidad nacional y las dificultades que está atravesando la sociedad. Nos insistió en estar cerca del pueblo y dar respuestas a las necesidades, nos recordó: “Manténganse fuertes y cercanos, sé que lo hacen, pero les invito a seguir”. Y también nos invitó poner en práctica una realidad: la resistencia. Nunca había oído así este concepto. No tiene que ver nada con un lenguaje político, ni populista, ni militar. Nos invitó a resistir firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad.

 

¿Cómo está acompañando la Iglesia a las personas que se marchan del país?

He tenido la oportunidad de visitar la frontera con Colombia, en el estado Táchira. Allí, desde la Diócesis de San Cristóbal, en el lado venezolano y la Diócesis de Cúcuta, en el lado colombiano, se está haciendo una ingente labor. Yo me metí entre la gente que cruza a Colombia y es impresionante, huyen por miles cada día. La Iglesia alimenta diariamente a entre 5.000 y 8.000 personas, esto no son cifras exactas, son solo los atendidos por la Iglesia. Hay que decir que también regresa gente, pero no tanta, son personas que van y vienen debido a la escasez en Venezuela, para encontrar productos que solo hay en Colombia y volver. En Perú, en Ecuador y Brasil también la Iglesia está atendiendo a los venezolanos que se marchan.

 

Venezuela – the totalitarian project continues

“La gente vive un Vía crucis diario en busca de comida”

 

¿Cuáles son las consecuencias de este éxodo?

En las parroquias se aprecia la falta de jóvenes y persona de mediana edad. Cada vez es más común ver que vienen los ancianos con sus nietos pequeños, porque los padres se han marchado en busca de trabajo. Varios párrocos me han contado que se han quedado sin coro, porque los jóvenes se han ido y ahora tienen que encontrar a otros para cantar o tocar los instrumentos, y enseñarles. El éxodo es forzoso porque hay una gran falta de alimentos y medicamentos, la gente necesita y no los encuentra en el país ni tiene cómo poder comprarlos por la gran devaluación de la moneda.

 

¿Cómo responde la Iglesia a las necesidades de los que se quedan?

Para responder a la falta de alimentos, las parroquias se están organizando para hacer lo que llamamos “ollas comunitarias”, donde se concina diariamente para alimentar a los que lo necesitan. Hay desnutrición en niños y también en ancianos. Hace unos días me llamó mi hermana, que cuida de mi madre, para decirme que no encontraba pollo, ni huevos, ni carne, que no sabía dónde ir porque no encontraba ninguna tienda donde poder comprar. La gente emplea mucho tiempo en poder llenar la cesta, si es que lo consiguen. Hay que ir en un via crucis diario en busca de comida.

 

¿Cómo valora la ayuda de ACN a los sacerdotes de su diócesis?

En primer lugar tengo que agradecer la ayuda del pueblo venezolano, aquellos que han compartido con nosotros y siguen compartiendo lo poco que tienen. Pero en estos últimos tiempos, en esta situación actual tenemos que recurrir a la ayuda de fuera, porque si no sería imposible. Doy las gracias a la Iglesia en Europa, sobre todo en Alemania, Italia y España, que nos están sosteniendo para apoyar a nuestros sacerdotes. Con los estipendios de misa, ellos pueden mantenerse de forma más o menos digna. Pero además esta ayuda nos mantiene unidos a la oración, para no perder la esperanza. Pido al Señor santos sacerdotes, pero también que estos sacerdotes puedan tener un sustento digno para servir al pueblo de Dios y responder a su vocación con más fuerza.

 

Un último mensaje para los benefactores de ACN

Gracias a todos vosotros, nuestras comunidades no van a decaer en su misión de consolar y ser luz en medio de tanta oscuridad en Venezuela. La falta de alimentos, medicinas, agua, luz, produce mucho estrés, contra el que tenemos que luchar. Pido oraciones por los obispos, para que no caigamos en la tentación de tirar la toalla. Nuestra misión es sostener al pueblo, a través de los sacerdotes, así que sigan apoyándonos para mantenerles un digno sustento, para que así podamos mantener las ollas solidarias, el reparto de medicamentos y distribuir el resto de ayuda social.

 

“La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Esta libertad la experimentan los jóvenes a los que visita el P. Gregorio en la cárcel. Es la libertad interior de los hijos de Dios.

Desde hace un año, el P. Gregorio acude con regularidad al penal para jóvenes de la Diócesis de Carupano en el este de Venezuela. “Vino como un ángel del cielo”, dice Alejandro, un chaval de 15 años que está entre rejas por robo con agravantes. “Eso nos ha cambiado profundamente”. “Eso” es la palabra del amor de Dios que el P. Gregorio ha llevado a la cárcel en forma de la Biblia y el YOUCAT, el catecismo para los jóvenes. El Obispo pidió los libros a ACN y se los dio al P. Gregorio. Muchas otras diócesis también esperan recibir esta ayuda.

“El Padre me ha regalado esta Biblia y el catecismo”, recuerda Alejandro, “antes conocía algunas historias, pero lo reprimí todo”. Respira profundamente y dice con los ojos llenos de esperanza: “Gracias a estas visitas he recibido la Primera Comunión, y en unos días haré la Confirmación”. Alejandro es uno de los 30 jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años. Dice que antes del P. Gregorio llegaban sectas protestantes. Estas se limitaban a “predicar y no entendían nada”, dice la carcelera. “Las sectas no podían satisfacer la sed de comprensión y amor de los chavales. Estos, al verse incomprendidos, se volvían más agresivos”. En cambio, añade, el P. Gregorio habla con ellos de corazón a corazón, “y trae el amor que nunca han experimentado en sus vidas”.

 

Una nueva vida con el YOUCAT en Venezuela

Una nueva vida con el YOUCAT en Venezuela

 

Todos los jóvenes provienen de familias desestructuradas. “Al principio, solo les escuchaba”, explica el sacerdote, “estaban solos, interiormente abandonados, pero tenían la necesidad de encontrar un sentido a sus vidas, de amor y de amistad con Dios. En el YOUCAT podían consultar los temas que íbamos abordando poco a poco”. Alejandro confirma: “Ahora vemos la vida de otra manera. Las palabras del P. Gregorio, la Biblia y el YOUCAT nos han hecho pensar mucho. Vamos a cambiar de forma de vida”. Su camarada de celda, que también hará la Confirmación en breve, añade: “Todo ello nos ha mostrado el camino a la verdad, que es el camino al bien, hacia Dios. Estoy muy contento de que el P. Gregorio nos lo haya mostrado”. Es la alegría de la verdad la que anima y libera a estos jóvenes.

Para Antonio José, las visitas del sacerdote fueron una experiencia totalmente nueva. “Me he bautizado hace unos días, aquí, entre rejas. No conocía la Biblia y no sabía nada de Cristo. Es como si hubiera vuelto a nacer, y el pasado queda muy lejos. El Padre me ayuda a mirar hacia adelante, y quiero vivir con Dios”. Los jóvenes entre rejas tampoco se olvidan de sus benefactores. “Sabemos de dónde vienen estos libros buenos que nos hablan de Cristo y que nos ayudan a superar nuestras inclinaciones y costumbres. Estamos muy agradecidos a las personas de ACN. Con el YOUCAT nos sentimos unidos a ellos; es como si nos visitaran. Gracias”.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.