La situación social, política y económica de Venezuela continúa en grave deterioro, con carestía de alimentos, medicinas y productos básicos para la vida diaria. La Iglesia sufre junto al pueblo las consecuencias de esta crisis y en muchas diócesis del país el clero y otros agentes de pastoral, que desarrollan una labor insustituible para paliar las carencias materiales y espirituales de la población, necesitan ayuda para sobrevivir.

El Cardenal Baltasar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo de Mérida, habla con representantes de Ayuda a la Iglesia Necesitada que visitaron el país para ver de cerca estas necesidades y conocer cómo los proyectos de la fundación pontificia apoyan la labor pastoral y social de la Iglesia venezolana.

Venezuela no está en guerra pero en la realidad vive en un estado de guerra, ¿qué le parece esta apreciación?
Estamos en una situación atípica e inédita, que no es producto de una guerra, ni un conflicto bélico, ni una catástrofe natural, pero que conlleva consecuencias similares. El régimen político que dirige Venezuela ha roto el país, ha generado una conflictividad social que va en crecimiento. Está además la realidad del exilio de tantos venezolanos, algo jamás conocido aquí antes. La gente se va por su situación económica, por sus ideas políticas, otros por el acoso que existe en el país, cuyo aparato económico está prácticamente destruido. No hay ningún tipo de seguridad jurídica. También hay carencia de empleo y asistencia sanitaria, no hay posibilidad de llevar al hogar lo mínimo para el sustento de la familia. Los especialistas califican todo esto como economía de guerra.

El Cardenal Baltasar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo de Mérida (Venezuela).

El Cardenal Baltasar Porras, administrador apostólico de Caracas y arzobispo de Mérida (Venezuela).

Hemos oído sobre las negociaciones de Oslo entre el gobierno y la oposición, pero hay mucho escepticismo al respecto, ¿cree que puede ser realmente un avance para mejorar la situación del país?
Hay que entender que en los últimos veinte años cuando el gobierno se ha visto en dificultad ha llamado varias veces al diálogo. Pero estas llamadas han sido para “alargar la arruga”, porque el gobierno no ha tenido voluntad sincera ni de negociar, ni de conceder absolutamente nada. En este escenario, gran parte de la población tiene absoluta desconfianza e incredulidad ante el diálogo. Pero a pesar de eso, es una oportunidad para descubrir si hay voluntad de restituir la democracia que está totalmente desdibujada en el país. Nos preocupa mucho que en este último año, desde el fenómeno Guaidó, el número de personas detenidas, torturadas, muertas y desaparecida ha ido en crecimiento y en estas acciones no solo están involucrados militares de alto rango, sino también parte de población popular. Algunos organismos del estado están considerados como una policía nazi, que genera miedo en la población. El gobierno ha perdido la calle y la única manera que tiene de controlar a la gente es metiendo miedo, y provocando la falta de gasolina, de alimentos y energía.

Durante nuestra visita hemos podido ver cómo allí donde hay una parroquia o una obra de la Iglesia, la gente se acerca y encuentra ayuda, sale reconfortada ¿Se puede decir que la Iglesia en Venezuela es la Iglesia de la Esperanza?
Se han destruido instituciones públicas y privadas, y la única institución que permanece incólume es la Iglesia. Esto es gracias a la cercanía con la gente, y a nuestra presencia en todos los ámbitos. Además, la Iglesia ha tenido la valentía de señalar los defectos de este régimen. Otros agentes sociales no se manifiestan sobre esta crisis por miedo, porque el gobierno amenaza y ha cerrado medios de comunicación y ataca a las empresas.

Por esa postura clara y firme la Iglesia está sufriendo también amenazas y presiones. ¿Se puede decir que la Iglesia venezolana está perseguida?
No deja de no estarlo. Por ejemplo, en el campo de la educación hay restricciones contra los centros católicos, parece que se busca poner trabas para que sea la propia Iglesia la que cierre sus colegios. Estamos sufriendo durante años presiones de una forma sutil, también amenazas verbales y acoso a las obras de carácter social como Cáritas. Las parroquias reciben ataques del propio gobierno, de los consejos comunales y de los grupos progubernamentales llamados “colectivos”. Por ejemplo, en Caracas, en las zonas populares, los colectivos están en las puertas de las parroquias y oyen lo que dice el sacerdote en la homilía, si no les gusta comienzan las amenazas.

Hay ya 4 millones de venezolanos fuera del país, 1,5 en Colombia, 700.000 en Perú, 400.000 en Chile, 500.000 en Florida.

Hay ya 4 millones de venezolanos fuera del país, 1,5 en Colombia, 700.000 en Perú, 400.000 en Chile, 500.000 en Florida.

¿Qué pasaría en Venezuela si no estuviera presente la Iglesia católica?
La situación sería peor y se agravaría para muchas personas. Nos duele ver así a nuestro pueblo. Con el fenómeno de la emigración los que nos hemos quedado somos huérfanos de afecto, porque la familia y el entorno en que hemos vivido, han desaparecido. Los que nos quedamos sentimos la falta de la compañía y sufrimos también porque muchos de los que han salido no lo están pasando bien. Venezuela se está convirtiendo un problema geopolítico que afecta a otros países. Hay ya 4 millones de venezolanos fuera del país, 1,5 en Colombia, 700.000 en Perú, 400.000 en Chile, 500.000 en Florida –  se dice que la mitad indocumentados –  y otros muchos en otros países de América y Europa. Es tristísimo.

¿Qué le transmite el Papa Francisco en los encuentros que han tenido?
El Papa conoce muy bien la situación venezolana, desde ya antes de ser nombrado Papa. Además, sus colaboradores más cercanos, como el Secretario de Estado del Vaticano, han tenido relación directa con Venezuela y están muy involucrados. El Papa confía en las instancias locales. En el último encuentro que tuvimos todo el episcopado venezolano con el Santo Padre él nos dijo “yo avalo todo lo que hacen”. Algunos se preguntan por qué no habla más sobre Venezuela. Se están haciendo cosas pero de forma discreta, también para no perjudicar a las organizaciones que están ayudando a la Iglesia venezolana.

¿Un último mensaje para las personas que desde ACN están colaborando con la Iglesia venezolana?
La cercanía de muchas instituciones, no solo católicas, es un gran bálsamo para nosotros. En concreto agradecemos profundamente a ACN, no solo la ayuda material, sino la sintonía espiritual que se expresa sobre todo a través de la oración. Hay algo que hay que reconocer, gracias a la ayuda que recibimos de la fundación a través de las intenciones de misa se están paliando enormemente las necesidades que hay en las parroquias, y así se pueden destinar otros recursos a fortalecer la labor social. Nos ayudáis a seguir estando presentes y ayudar a las personas que más lo necesitan.

Venezuela parece dar los primeros pasos para un cambio y lo hace gracias a los primeros contactos que han tenido lugar en Oslo (Noruega) para intentar solucionar la crisis con la colaboración del gobierno de este país neutral.  “Conversaciones de tipo exploratorio” con representantes del Gobierno de Nicolás Maduro por una parte y de la oposición por otra como explica José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas. Con ellas se empieza a ver “una lucecita” de esperanza, comenta el sacerdote jesuita en declaraciones para Aid to the Church in Need.

Venezuela: Las conversaciones con Oslo son “una lucecita” de esperanza.

Venezuela: Las conversaciones con Oslo son “una lucecita” de esperanza.

  1. ¿Siente optimismo respecto a las conversaciones de Oslo?
  2. Si. Tenemos entendido que ya se habían tenido este tipo de encuentros más informales entre la oposición y el gobierno de Maduro. Por supuesto sin ningún compromiso, conversaciones de tipo exploratorio. Pero Oslo implica el compromiso “oficial” de un Gobierno, en este caso el gobierno de Noruega. Eso es lo primero positivo. Lo segundo es que demuestra que tanto el Gobierno del presidente Maduro como el Gobierno del presidente Guaidó se abren a explorar otras posibilidades, otras opciones de entendimiento. No se pueden cerrar caminos posibles para salir de la crisis venezolana.
  3. Pero estas conversaciones están muy al inicio. ¿Ha salido alguna medida practica?

Todavía no hay nada definido, ni siquiera hay nada establecido de cómo pueden ser los procedimientos, son unos pasos exploratorios. Todos – tanto el Gobierno de Noruega, como el Gobierno de Maduro, como el presidente Guaidó – han hablado de un proceso exploratorio. De ninguna manera podemos pues hablar de que estamos en un proceso de diálogo, o un proceso de negociación, estamos en un proceso de búsqueda de posibilidades y de solución; pero búsqueda sólo.

  1. ¿Tiene que ver este paso de aproximamiento con la acción de Guaidó el 30 de abril?
  2. Creo que a partir del 30 de abril ha quedado de manifiesto que hay un profundo impase, ni el Gobierno de Maduro avanza en aplastar a sus enemigos que es lo que quisiera, ni las acciones de Guaidó avanzan para el cese a la usurpación. Por lo tanto, en ese impase que el 30 de abril quedó de alguna manera claro y manifiesto, hay que buscar otras vías, hay que explorar otras posibilidades.
  3. ¿Y cuál es la postura de la Iglesia? Porque hace casi dos años hubo tentativas de diálogo en las que la Iglesia estaba involucrada, después la Iglesia se retiró porque se sentía utilizada….
  4. De las experiencias anteriores, donde primero participó el Vaticano y luego hubo un proceso entre Gobierno y oposición en Santo Domingo, han quedado dos encuentros fallidos. Creo que estos encuentros no fueron debidamente preparados, no fueron debidamente desarrollados. Si tomamos el caso de Colombia, por ejemplo, las conversaciones y los acuerdos del Gobierno colombiano con las FARC ha sido un proceso muy largo, muy preparado, al que se llegó cuando ya existía una voluntad verdadera de negociación. En Venezuela todavía no existe eso realmente, hay que construirlo y fortalecerlo. No se puede ir demasiado deprisa porque se puede abortar, que yo creo que es lo que pasó en las veces anteriores. Hay que intentar un camino sólido de construcción de acuerdo que sea posible realmente. Por eso digo que será un proceso lento y será un proceso difícil, pero creo que los venezolanos finalmente queremos eso.
  5. Después de las dos experiencias anteriores, ¿piensa entonces que esta vez va a ser diferente porque Nicolás Maduro se dio cuenta de que así no se puede continuar?
  6. Me parece que no sólo la oposición, sino en general los venezolanos miramos con bastante perspicacia y con bastante duda el avance de estos procesos porque el Gobierno sigue empeñado en no reconocer a la oposición, en no reconocer la posibilidad de un acuerdo. Por eso se sigue mirando con escepticismo. Pero de alguna manera entramos en ese camino y hay una lucecita allí, que me parece que hay que tratar de que no se apague, sino que se prenda en serio. Además, aparece apoyado por otros gobiernos. La ONU lo respalda, los países del grupo de Lima lo están viendo positivamente, el grupo de contacto de la Unión Europea también… Yo creo que la comunidad internacional – incluso los propios Estados Unidos que han tenido una postura más dura – están de acuerdo en que es muchísimo mejor una solución no violenta a una violenta. Y esta es obviamente la postura de la Iglesia: facilitar, apoyar, crear condiciones para una solución no violenta al conflicto venezolano.
  7. Hablado de la situación que experimenta la población, los apagones que sufrió Venezuela a nivel nacional por varios días fueron noticia en todo el mundo, pero ¿cómo es el suministro de energía y el abastecimiento de alimentación en el país ahora?
  8. El suministro de energía se ha regularizado en las grandes ciudades, especialmente en las del centro del país, como Caracas y otras ciudades importantes del centro del país. Sigue siendo un drama el suministro de energía en las zonas fronterizas. En el Estado Zulia es realmente algo lamentable, es la segunda ciudad más importante del país y el estado más poblado del país y sin embargo el suministro eléctrico es todavía muy irregular. Pasa parecido en el Estado fronterizo de Táchira, en el Estado Mérida, también fronterizo, donde vive un porcentaje de población muy importante. Es decir, se ha regularizado en algunas zonas del país y en otras siguen en el mismo drama. Terrible.
  9. Ahora Maduro permitió la entrada de la Cruz Roja para la ayuda humanitaria, ¿es una solución?
  10. En realidad la ayuda humanitaria está siendo muy mermada, es decir han entrado algunos insumos médicos, plantas eléctricas para algunos hospitales, cosa que está bien. Pero ciertamente la impresión que le da a uno es que hay toda una cantidad de países que quisieran colaborar mucho más activamente enviado suministros médicos, medicamentos, alimentosa la población y no se consigue la vía para que ello llegue.
  11. Usted como rector de la universidad está especialmente preocupado por el tema de la educación. ¿Cuál es la situación en este ámbito?
Venezuela parece dar los primeros pasos para un cambio y lo hace gracias a los primeros contactos que han tenido lugar en Oslo (Noruega) para intentar solucionar la crisis con la colaboración del gobierno de este país neutral. 

Venezuela parece dar los primeros pasos para un cambio y lo hace gracias a los primeros contactos que han tenido lugar en Oslo (Noruega) para intentar solucionar la crisis con la colaboración del gobierno de este país neutral. 

Me preocupa el sistema educativo en Venezuela que está muy deteriorado. Las aulas no logran retener a los niños y a los jóvenes, que no pueden asistir regularmente a clase, bien sea por problemas de transporte o por problemas de alimentación. Nuestras escuelas, liceos y universidades están sufriendo el terrible impacto de la migración de profesores y docentes. Estudiar en Venezuela se está convirtiendo casi en una proeza.

  1. Llevamos casi dos años hablando de la situación en Venezuela y podría llegar un momento en que la gente diga “bueno, no se puede hacer nada”. ¿Cómo no perder el ánimo?

R. Venezuela necesita urgentemente del apoyo del mundo. Venezuela fue un país receptor de buena parte de la migración europea después de la Segunda Guerra Mundial, y en los terribles años 50, en los años de la reconstrucción. Yo de hecho soy hijo de un inmigrante europeo, de un italiano proveniente de Sicilia. Hay muchos venezolanos hijos o nietos de inmigrantes que han aportado mucho al país. Europa debería retribuir ese apoyo que en otros momentos Venezuela le dio. Apoyo solidario y el apoyo económico que se brinda de muchas maneras. Yo los animaría a que lo sigan haciendo porque todo eso crea un sentido de solidaridad muy importante.

El desgarrador testimonio de una médico venezolana es el reflejo de la graves problemas que sigue padeciendo el país suramericano, de la crisis humanitaria por la escasez y los elevados costos de los medicamentos. Sumado a las fallas del sistema de electricidad nacional que afecta a los hospitales e impide el tratamiento conveniente de los pacientes.

En un audio que recibió la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, una joven médico con la voz quebrada por el llanto, expresa su impotencia por no poder salvar vidas por falta de medicamentos.

Cuenta la médico que durante su guardia en el Hospital Central, atendió una niña con peritonitis grave porque ya había llegado con el apéndice perforado. Por lo cual debieron aplicarle los lavados necesarios para extraerle el líquido purulento, pero no tenían los antibióticos para el tratamiento posterior.

“El papá con lágrimas en los ojos me dijo que él no podía seguir comprando el medicamento, porque cada una costaba 50.000 Bolívares, y son tres dosis al día”, dice la médico.

Actualmente el sueldo mínimo mensual en Venezuela es de 20.000 Bs, el padre de esa niña tendría que trabajar y reunir casi 8 meses de salario para poder comprar una dosis diaria del antibiótico.

 

En el conmovedor relato, la médico cuenta que después de realizar la limpieza al buscar al papá de la niña para hablarle de la gravedad de su hija, lo encontró arrodillado llorando.

“Después que salí del quirófano, del lavado, cuando busco al papá no lo conseguía [encontraba], porque estaba arrodillado llorando en una esquina contra la pared… Siento que estamos acompañando a morir a la gente”, dice angustiosamente la médico. Quien también reclama a los dirigentes políticos por su ineficiente trabajo: “no entiendo, a los políticos. Esto nos está afectando… nosotros [los médicos] podemos resistir estar sin agua ni luz, buscaremos maneras de trabajar, pero no soporto ver a los más pobres sufrir y enterrar a sus hijos”.

Los Conferencia Episcopal Venezolana, publicó este martes 2 de abril, un mensaje en el que reafirman “la dignidad de la persona humana y sus derechos inalienables”, a su vez denuncian el irrespeto a los derechos humanos y los “delitos de lesa humanidad” a los que son sometidos los venezolanos, entre ellos: “la imposición intencional de condiciones de vida como la privación del acceso a alimentos y medicamentos”.

Actualmente el sueldo mínimo mensual en Venezuela es de 20.000 Bs.

Actualmente el sueldo mínimo mensual en Venezuela es de 20.000 Bs.

“Lamentablemente esto se ha venido haciendo en nuestra patria bajo la mirada complaciente de las autoridades que deben velar por el recto cumplimiento y defensa de los derechos humanos”, expresan los Obispos en el mensaje.

Los Obispos exhortan a intensificar la oración por Venezuela, para alcanzar “la necesaria conversión”, pidiendo a la Virgen María que “acompaña el Via Crucis que vive nuestro pueblo en la esperanza de la liberación pascual realizada por su hijo Jesucristo”.

La crisis política y economía que atraviesa Venezuela empeoró en los últimos días por la falla de la electricidad que afecta a toda la nación, 23 estados, desde el pasado 7 de marzo. Según un informe de Caritas recibido por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada la emergencia eléctrica afectó los suministros de agua, gasolina, transporte, comunicaciones y hospitales.

“Voceros informan que el problema se originó producto de una falla de funcionamiento en la central hidroeléctrica que surte de energía a 80% del país”, dice el reporte de Caritas. Sin embargo, autoridades del Ejecutivo Nacional atribuyen la emergencia a una “guerra eléctrica” ocasionada a través de un “cyber-ataque terrorista” desde el exterior.

En diferentes comunicados enviados a la fundación ACN, varios obispos venezolanos se han pronunciado ante la magnitud de la emergencia que ha mantenido a algunas comunidades con más 130 horas sin electricidad. Provocando en la población caos, tensión social, saqueos, incluso la suspensión de las jornadas laborales y educativas.

La emergencia eléctrica afectó los suministros de agua, gasolina, transporte, comunicaciones y hospitales.

La emergencia eléctrica afectó los suministros de agua, gasolina, transporte, comunicaciones y hospitales.

El Arzobispo de Ciudad Bolívar, monseñor Ulises Gutiérrez, manifestó que “el país se ha quedado a oscuras: apagones en el territorio nacional por más de 5 días, han afectado hospitales y clínicas, servicios públicos, comunicaciones, actividades bancarias, paralizando el país como nunca antes en su historia. Ha muerto un número significativo de ciudadanos al no recibir la atención médica necesaria por falta de energía eléctrica”.

El informé de Caritas señala que de acuerdo a reportes de la Organización Médicos Unidos son 20 personas fallecidas en todo el país, como consecuencias de la falla eléctrica en los hospitales.

Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal, afirmó que las autoridades “lejos de atender los justos reclamos del pueblo, se sigue endureciendo los corazones de quienes tienen en sus manos la solución de las dificultades y, sobre todo del principal problema por el que clama la misma gente: un cambio de dirección política y la no imposición de un sistema inaceptable que no está al servicio del hombre y la mujer de Venezuela”.

Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal.

Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal.

Por su parte, monseñor Ernesto Romero, Obispo del Vicariato Apostólico de Tucupita, indicó que “la paralización del servicio eléctrico en casi todo el país no es más que una muestra de la indolencia, desidia, falta de mantenimiento y de la incompetencia del gobierno nacional”.

La misma emergencia a llevado a la población a usar prácticas inseguras de abastecimiento de agua no salubre, ingerir alimentos descompuestos y someterse a una movilización riesgosa.

El Obispo de San Carlos, monseñor Polito Rodríguez, denunció que “Venezuela hoy   enfrenta la peor crisis humanitaria de su historia republicana, se violan los derechos humanos impunemente, su esencia:   la libertad y la igualdad han sido desconocidos por quienes gobiernan a su real saber y entender”.

También el Obispo de El Tigre, monseñor José Manuel Romero Barrios, advirtió que la vida de los venezolanos “ha estado sujeta a una creciente violencia estructural, que no golpea con puños en la humanidad de sus pobladores, sino que se expresa en la omisión de los responsables de la gestión pública para atender las necesidades básicas de la población”.

De igual manera el Arzobispo de Cumaná, monseñor Jesús González de Zárate, exhortó a elevar la voz “para denunciar la mentira, la injusticia, el uso de la violencia, el afán de dividirnos y controlarnos, la represión y persecución de la legítima protesta, y todo lo que en nuestra sociedad sea contrario al plan de Dios”.

En diferentes comunicados enviados a la fundación ACN, varios obispos venezolanos se han pronunciado ante la magnitud de la emergencia que ha mantenido a algunas comunidades con más 130 horas sin electricidad.

En diferentes comunicados enviados a la fundación ACN, varios obispos venezolanos se han pronunciado ante la magnitud de la emergencia que ha mantenido a algunas comunidades con más 130 horas sin electricidad.

Monseñor Ángel Caraballo, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cabimas, expresó que “al tiempo de oscuridad jurídica, de oscuridad de la seguridad social, de oscuridad alimentaria, de oscuridad de la paz ciudadana, se les une la oscuridad literal, añadidura esta que viene a engrosar la humillación que sufre el venezolano por culpa de un régimen que se olvidó de las personas por prevalecer un sistema político que solo ha causado tragedias, muertes, fracasos y miseria donde se ha implementado”.

El Obispo de Trujillo, monseñor Oswaldo Azuaje, lamentó la situación que se vive y exhortó a seguir “buscando al Señor en cada hermano que nos necesite. Los días del apagón fueron ocasión para ver grandes ejemplos de solidaridad… en el compartir la comida, el agua potable, la gasolina para los vehículos y muchos otros ejemplos de llevar juntos penas y alegrías”.

El mensaje de los Obispo ha sido una voz de aliento y esperanza para los venezolanos en medio de la oscura turbulencia que vive en la actualidad. Caritas informó que mantendrá activo el servicio de “Olla Comunitarias” en las diversas diócesis, y la atención en los Bancos de Medicamentos.

Preocupados por “evitar mayores sufrimientos y dolores al pueblo”, a la vez que esperanzados por el cambio del rumbo político y democrático que está viviendo Venezuela, se muestran en un comunicado conjunto la Conferencia Episcopal Venezolana, la Conferencia de Religiosos y Religiosas y del Consejo Nacional de laicos del país, publicado 4 de febrero en Caracas.

“Con determinación y esperanza” ansían la búsqueda “de un cambio político a través de un proceso de transición pacífica y transparente, que lleve a elecciones libres y legítimas para retomar el rumbo democrático y lograr la recuperación del Estado de Derecho, la reconstrucción del tejido social, la producción económica, la moral en el país y el reencuentro de todos los venezolanos”. Una situación difícil la que se está escribiendo en los renglones de la historia de Venezuela y que tanto el pueblo, como el clero venezolano y la comunidad internacional están viviendo con gran expectación y, a la vez, con gran preocupación.

La Iglesia venezolana pide paz, transparencia y ayuda humanitaria.

La Iglesia venezolana pide paz, transparencia y ayuda humanitaria.

Los presidentes de los tres gremios más representativos de la Iglesia católica en el país denuncian en el comunicado “la creciente represión por motivos políticos, la violación de los Derechos Humanos y las detenciones arbitrarias y selectivas” e insisten en que esta ruta de transición se lleve de una forma pacífica y con la Constitución Nacional en la mano.

Agradecen la labor de los activistas que defienden y promueven los Derechos Humanos en momentos de crisis a pesar de los riesgos, y les animan para que continúen atendiendo “a las víctimas que sufren injusticias”. “Pedimos el respeto y la seguridad personal y jurídica para quienes ejercen este digno servicio en Venezuela”. De este modo recuerda que la Iglesia católica está comprometida con la población más afectada, “actuando de acuerdo a los principios de independencia, imparcialidad y humanidad” y de esta manera solicitan “los permisos necesarios para disponer de la ayuda humanitaria como un medio para mitigar el impacto de la crisis sobre la gente más vulnerable. Cáritas de Venezuela y las diversas instituciones de promoción social de la Iglesia con un extenso alcance en todo el territorio nacional, nos comprometemos a continuar el servicio que venimos realizando con equidad, inclusión, transparencia y efectividad”.

El comunicado termina pidiendo oraciones en “todos los templos, casas y comunidades, pidiéndole al Señor que nos conceda la paz, la reconciliación, la libertad y la salud espiritual y corporal”.

Venezuela atraviesa un periodo de tensión política que se disparó el pasado 23 de enero, cuando Guaidó se juramentó ante cientos de miles de opositores como presidente interino.

Venezuela atraviesa un periodo de tensión política que se disparó el pasado 23 de enero, cuando Guaidó se juramentó ante cientos de miles de opositores como presidente interino.

Una situación sin precedentes

La situación política actual de Venezuela es consecuencia de las elecciones presidenciales del pasado mayo de 2018, en las que según la versión oficial del gobierno ganó Nicolás Maduro, pero que fueron calificadas como “elecciones ilegítimas” por la mayoría de los países de la comunidad internacional, entre otros Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, España y Estados Unidos, por ser llevadas a cabo con diversas irregularidades. Así, partiendo de unas elecciones ilegítimas, el presidente Maduro a partir del término de su mandato anterior, el 10 de enero, pasaría a ser ilegítimo y no reconocido como presidente de la República. Como consecuencia y aplicando la constitución venezolana pasaría a ser presidente encargado de Venezuela el presidente de la Asamblea Nacional del país, en este caso Juan Gerardo Guaidó. De esta manera, el 11 de enero de 2019 Guaidó anunció que asumía el artículo 233 de la constitución para convocar nuevas elecciones nacionales y el 23 de enero se juramentó como presidente encargado de Venezuela.

Venezuela fue en el pasado, gracias a las elevadas exportaciones de petróleo, el país más rico de Sudamérica. Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez (63), desde 2008 a la cabeza de la archidiócesis de Calabozo – a unos 300 kilómetros al sur de la capital Caracas – explica durante su visita a la oficina nacional alemana de Aid to the Church in Need (ACN) cómo la Iglesia a pesar de las dificultades intenta ayudar a las personas y contribuir a la unidad del país. La entrevista corrió a cargo de Tobias Lehner.

 

rchbishop Manuel Felipe Díaz Sánchez (63)

Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez (63)

 

ACN: Venezuela fue en el pasado uno de los países más ricos de Sudamérica. Hoy en día está sufriendo una inflación de hasta un millón por ciento; gran parte de la población está sumida en la miseria. ¿Qué significa esa crisis para las personas en concreto?
Mons. Manuel Felipe Díaz Sánchez: Un ejemplo de la vida diaria: alguien va a un comercio y pregunta cuánto cuestan unos comestibles determinados. Va a por el dinero y vuelve una hora más tarde; en esa hora ha subido el precio. Hay carencia de todo. Muchas personas se alimentan tan solo de arroz y judías. La situación es especialmente crítica en los hospitales: no hay medicinas. En parte las tienen que conseguir los pacientes mismos, para lo que venden sus objetos de valor. Muchas personas ven en la emigración la única solución.

Se oye una y otra vez que se vuelve a agravar la situación en la frontera con Colombia. Incluso se ha tenido que cerrar la frontera en alguna ocasión. Muchas personas se quedan allí porque no tienen dinero para los documentos de salida. ¿Qué sabe sobre la situación allí?
Es sobre todo la Iglesia la que se ocupa de las personas. Esto puede decirse del lado venezolano, pero también de Colombia, Ecuador, Perú y Chile, que son los países adonde se dirige el mayor número de personas. Las comunidades en la frontera proporcionan alimentos y ofrecen posibilidades para pasar la noche o ayuda médica. Comparten lo poco que tienen. Agradecemos mucho esa solidaridad.

Venezuela se presenta a sí misma como un Estado socialista moderno. ¿Comporta eso también dificultades para la Iglesia?
El sistema político de Venezuela es un mosaico de diferentes influencias: socialistas, conservadoras, mezcladas con ideas ateas y espiritistas y muchas más. Siempre ha habido intentos de dividir a los obispos; pero no lo han conseguido. Al mismo tiempo, Chávez y el actual Presidente Nicolás Maduro también han reconocido los tratados firmados por los gobiernos anteriores con la Iglesia católica. Esto se refiere sobre todo a las escuelas católicas: el 10 por ciento de las escuelas de Venezuela es de titularidad eclesiástica, entre ellas muchas escuelas de formación profesional. Eso favorece también, por supuesto, al Estado. Muchos políticos se presentan también conscientemente como muy religiosos. Al mismo tiempo, los representantes públicos no participan ya, por ejemplo, en las ordenaciones de obispos. Es una situación ambigua.

¿Cómo es la vida eclesial?

El 75 por ciento de los venezolanos es católico y se ha mantenido fiel a la fe. Una y otra vez oigo decir que la Iglesia es la institución en Venezuela que mayor credibilidad tiene. Pero naturalmente, la crisis también influye sobre la vida eclesial: por ejemplo, por razones económicas no es posible organizar actividades multitudinarias como unas Jornadas para la juventud o un Encuentro de familias. Y donde no hay ese encuentro, no hay comunidad. Especialmente grave es la situación de los sacerdotes: muchos quedan aislados porque tienen que atender solos una parroquia muy extensa, frecuentemente en el mundo rural. Por motivos económicos no les es posible acudir a reuniones o comprar objetos de primera necesidad. Se han dado también casos en que congregaciones han tenido que abandonar el país porque no estaban económicamente en condiciones de mantener el convento y su labor.

¿Puede hacer algo la Iglesia en Venezuela para subsanar las necesidades de las personas?

No cejamos en nuestro compromiso en el campo de la escuela y la educación. Queremos ofrecer a los jóvenes la posibilidad de que construyan un futuro mejor. En algunas parroquias, los sacerdotes reparten medicamentos que reciben del extranjero. Una acción de mucho éxito son las llamadas «ollas solidarias»: con donativos de alimentos, voluntarios en las parroquias cocinan para personas especialmente pobres. Estos están muy agradecidos porque saben que también los medios que tiene la Iglesia son muy limitados.

¿Qué puede hacer concretamente una organización como Aid to the Church in Need para ayudar a Venezuela?

No estoy acostumbrado a pedir limosna; por eso estoy especialmente agradecido a que Aid to the Church in Need nos haya ofrecido ayuda. La gente necesita apoyo para comprar comida y medicamentos. Pero también necesitamos ayuda pastoral. Los sacerdotes y los fieles necesitan oportunidades para relacionarse y fortalecerse. A los encuentros diocesanos ya me he referido antes; son muy importantes. También hacen falta biblias y materiales para la catequesis. Muy importante es el mantenimiento de los sacerdotes: los estipendios de misas son para muchos la única fuente de ingresos necesarios para sobrevivir.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.