BURKINA FASO: “Ningún credo puede justificar la violencia y aún menos invocar su fe para perpetrarla”

Rafael D’Aqui, responsable de proyectos de la fundación internacional ACN (Aid to the Church in Need) en Burkina Faso, visitó el país africano recientemente para estudiar las necesidades de la iglesia local. En una entrevista realizada por Maria Lozano profundiza sobre la situación del país después del ataque terrorista del pasado 13 de Agosto que dejó sin vida a 17 personas. A pesar de existir una creciente influencia de los países de la Península Arábica, la convivencia entre musulmanes autóctonos y cristianos es pacífica. 

Sr. D’Aquí, usted volvió hacer unas semanas de Burkina Faso, donde visitó proyectos de ACN (Aid to the Church in Need). Durante la noche del domingo al lunes (13 al 14de agosto), un ataque a un restaurante de la capital Ouagadougou se cobró 17 muertes. ¿Se sabe quién está detrás del atentado? ¿Han declarado los colaboradores locales de proyectos de ACN algo sobre el ataque?

Es lamentable ver el país atacado de nuevo por la catástrofe del terrorismo, una plaga difícil de vencer. Hasta ahora no tenemos noticias de un grupo específico que haya asumido la responsabilidad del ataque. El presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Paul Y. Ouedraogo, se ha pronunciado oficialmente lamentando lo ocurrido y señalando que “ningún credo puede justificar la violencia y aún menos invocar su fe para perpetrarla”. Los obispos invitan a la oración en favor de la unidad nacional y de la construcción de la paz.

No es la primera vez que el país está en el punto de mira de los yihadistas. Si bien antes había pocos casos de violencia islamista, ya el año pasado, concretamente el 16 de enero de 2016,  fueron asesinadas 30 personas en un atentado terrorista islamista en un restaurante y hotel de la capital, Ouagadougou. ¿Tuvo miedo al viajar al país?

Yo había estado con anterioridad en el 2008 en el país y me ha llamado la atención el aumento de las medidas de seguridad especialmente para los que viajan. El atentado terrorista de 2016, atribuido a AQMI (Al Qaida del Magreb Islámico) tenía como objetivo atacar sobre todo a los extranjeros – el hotel y el restaurante eran conocidos por su público internacional. Así mismo, se cree que los terroristas del lunes pasado buscaban llamar la atención internacional ya que muchos de los fallecidos eran extranjeros… Durante nuestro reciente viaje hemos estado en zonas de riesgo como Djibasso y Dori en la frontera con Mali y Níger, allí había también muchos controles en las carreteras. Me imagino que ahora aumentarán todavía más la vigilancia pero se sabe que al final el terrorista puede ser tu vecino o alguien que se radicalizó en silencio a tu lado. Esto es muy triste. Hay que unirse contra la radicalización. Sin embargo no creo que estos terribles sucesos hayan cambiado la buena relación entre cristianos y musulmanes nativos. La reacción de los musulmanes autóctonos  antes estos actos de violencia es el rechazo del radicalismo.

¿Cómo ha reaccionado la comunidad cristiana?  ¿Ha cambiado quizá la situación después de este último atentado?

Me ha impresionado lo que ha dicho Mons. Leopold Ouedraogo, obispo auxiliar de Ouagadougou, el martes 15 de agosto  – dos días después del atentado-  con ocasión de la celebración de la Asunción en Yagma, el santuario mariano más grande del país. Acudieron miles de personas reunidas para celebrar su fe después del trágico ataque. Mons. Leopold manifestó su alegría por ver que  muchos “no tienen miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” y declaró: “Algunos podrían pensar que los últimos acontecimientos del 13 de agosto nos pueden bajar el ánimo, pero estamos aquí porque ‘si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los constructores’. Y si el Señor está con nosotros, no tenemos miedo de nada. A las familias de las víctimas dedicamos un mensaje de compasión. Sufrimos con ellos y esperamos que mediante nuestras oraciones el Señor – que es un juez justo – les llevará al reino eterno porque no se merecen esto”.

Para muchos europeos y americanos, Burkina Faso es un país muy desconocido. ¿Qué más señalaría para describir al país?

Tengo que decir que Burkina Faso es un país de gente muy pacífica, trabajadora y muy acogedora. Aunque también es un país en África Occidental que lucha contra enormes retos: la pobreza, escasez de agua y falta de infraestructuras son visibles. Si observamos las estadísticas de la ONU, es uno de los países más pobres del mundo, con bajísimo índice de desarrollo humano, lo que se traduce en baja expectativa de vida y escasa escolarización.

El 62% de los burkineses son musulmanes. Usted decía que la convivencia es, en realidad, pacífica. Pero también hablaba del peligro de la radicalización. ¿Pueden verse en el país huellas de la radicalización del Islam? ¿Hay diferencias entre el norte y el oeste?

Yo diría que más que radicalización lo que se da en verdad es un lento proceso de arabización (que es una tendencia) entre las nuevas generaciones. Hay muchas ofertas por parte de  los países de la Península Arábica sobre todo para  países pobres como Burkina, por ejemplo en forma de becas de estudio o de trabajo. En un país con 60% de población musulmana la influencia de los países islámicos es grande. Hay organizaciones no gubernamentales venidas de Qatar, Kuwait y otros países de la región que intentan apoyar al desarrollo social pero, he oído, que con su ayuda social exportan también su ideología y su interpretación del Corán. Ofrecen pozos de agua, construcción de mezquitas o ayuda a los más pobres, pero concentran su ayuda exclusivamente en los musulmanes. En la parte occidental de Burkina los cristianos tienen más presencia, pero en el norte son sólo alrededor del 1% de la población – aunque con buena presencia en el campo de la salud y de la educación a través de distintas congregaciones religiosas que obran ahí un servicio que además es para toda la sociedad y no solamente para los cristianos.

En 2014 y 2015, la vida política y social en Burkina Faso estuvo marcada por fuertes disturbios políticos. Se produjeron situaciones tensas entre la caída del presidente Blaise Compaoré, que había gobernado el país durante 27 años, y la elección del nuevo presidente Kaboré. ¿Se ha estabilizado la situación en el país definitivamente?

Exactamente, a finales de 2015 el Presidente Kaboré asumió el gobierno después de un tiempo muy conturbado. Es verdad que todavía hay muchas expectativas de parte del pueblo que salió a las calles para pedir un cambio en la política nacional – las cuales siguen incumplidas – pero no se ven más manifestaciones de gente en las calles por el momento. Espero que la democracia despliegue sus raíces en la vida del país. En eso creo que los cristianos pueden ayudar positivamente con el contenido de la Doctrina Social de la Iglesia, que haría mucho bien a todos. Por cierto, hay que tener en cuenta que el  reciente ataque terrorista es también un factor desestabilizante para la política y la economía del país.

En todo el país, se confiesan cristianos el 23% de la población; el 19% son católicos. ¿Cómo es considerada la Iglesia católica en el país?

Como he mencionado brevemente, la Iglesia hace una labor increíble y es palpable que está en servicio de todos. He visto que en los centros de salud atienden a personas de distintas religiones que buscan servicios de calidad y una atención más “humana”, lo que muchos centros de salud pública no pueden ofrecer. Pero también en el campo de la educación la presencia de la Iglesia en distintos lugares es muy importante. Incluso en el norte, donde los católicos están reducidos al 1%, la Iglesia tiene importantes complejos educativos al servicio de la infancia, con una mirada especial para los más pobres y las niñas.

¿Por qué para las niñas?

Lamentablemente en el país aún se dan los matrimonios precoces y la violencia contra la mujer. La prevención del problema está en la educación. Por eso en muchos sitios la Iglesia intenta proteger a las niñas ofreciéndoles la posibilidad de formarse en un internado. La Iglesia Católica de Burkina Faso se esfuerza por llamar la atención a la sociedad sobre la condición de la mujer.

Sin embargo, en el norte del país los musulmanes tienen casi la mayoría absoluta. ¿Cómo fue el encuentro con la minoría católica en el norte durante su visita? ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?

Los encuentros que tuvimos en la diócesis de Dori – en la frontera entre Mali y Níger – fueron maravillosos. ¡Cuánta alegría y fe en medio del desierto! Al final de la misa del domingo en la catedral bailamos todos,  obispo y fieles, para agradecer a Dios las vocaciones sacerdotales que van saliendo. Es un tema que acompañamos desde hace años en esta nueva diócesis donde los católicos son minoritarios. ¡Qué dicha saber que este año tuvieron cuatro ordenaciones sacerdotales! ¡Qué activos son los fieles! La población católica está muy dispersa por el territorio y muchas veces un poco aislada del resto del país, pero tienen un fuerte espíritu de ayuda y preocupación por servir a la sociedad. El obispo es presidente de la Unión de Creyentes, una organización integrada por musulmanes, animistas y cristianos que se encarga de llevar a cabo proyectos sociales interreligiosos desarrollo.

¿Cuál fue el momento del viaje personalmente más emociónate para usted?

He vivido muchos momentos emocionalmente fuertes pero por nombrar uno: en la diócesis de Tenkodogo me impresionó ver el efecto que tienen las construcciones de capillitas en los poblados. Visitamos dos comunidades en donde ACN ha participado en la construcción de sus pequeñas iglesias. Fue hermoso: en la primera asistimos a la misa a las 6 de la mañana y había como 200 personas – ¡de todas las edades!- y participamos en el bautismo de la pequeña Juliette, una bebé de seis semanas. En el otro poblado vimos como cien personas trabajando el campo al lado de la iglesia todavía en construcción. Pregunté al obispo qué hacía toda esa gente y me contestó: “Ese es el campo del catequista, y la gente quiere tanto a su catequista que se ponen de acuerdo para preparar el suelo para la siembra”. Araban con palas y lo hacían con cantos y mucha alegría. Después vino el jefe del poblado también, que sin ser católico va todos los días a mirar cómo anda la labor de construcción de la iglesia, pues “cuando llega la Iglesia llega también el desarrollo para el pueblo”. En ambas comunidades la gente – antes de contar con su iglesita – tenía que hacer muchos kilómetros a pie para participar en la misa.

¿Qué labor desarrolla ACN en Burkina Faso? ¿Cómo apoya ACN a la Iglesia católica in situ?

Nosotros en ACN compartimos cuatro grandes ejes de preocupaciones con la Iglesia en Burkina: la pastoral familiar, la formación de formadores, la vida de oración y contemplativa y el apoyo a las congregaciones religiosas. Me explico: la pastoral familiar porque en un país pobre como este, muchas organizaciones internacionales lo que intentan es imponer su agenda contraria a la cultura de la vida; para nosotros es importante formar familias según la mentalidad del evangelio: abiertas a la vida, responsables de la educación de sus hijos y donde los jóvenes descubran el verdadero valor de la sexualidad.

Por otra parte la presencia de sacerdotes y religiosas en los poblados es un tesoro y por eso intentamos apoyarles con una buena formación para que ejerciten bien su ministerio. Así mismo no podemos olvidar que en medio de tanta pobreza es necesario también crear espacios de oración o simplemente de reposo espiritual que ofrezcan a la población y a los misioneros una oportunidad de “recargar las baterías del alma” para el cotidiano.

Tengo que decir que hemos recibido mucha gratitud por donde hemos pasado. Gratitud que quiero transmitir a todos los benefactores. Una anécdota curiosa es que para agradecer a nuestros bienhechores las comunidades de Tenkodogo nos regalaron diez gallinas. Lamentablemente, no pude traerlas en el avión para tenerlas conmigo aquí en la oficina.

My gift to support the ACN mission with the persecuted Christians and those in need.

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Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.