“Nuestro ideal es que las religiones san consideradas como una bendición y no como una amenaza”

El 17 de abril Indonesia elegía a su próximo presidente. Desde que Indonesia adoptó la democracia en 1998, ha sido un ejemplo claro de separación entre religión y Estado. Sin embargo, la situación política en Indonesia depende totalmente de  la inclusión del islam y es cuestión clave para el país con la mayoría musulmana más grande del mundo. Cualquier cambio pondría en peligro la estabilidad de un país que sufre ataques periódicos de fundamentalistas islámicos.
Indonesia constitucionalmente no es un Estado islámico. Está guiado por una ideología de Estado llamada Pancasila, que, de acuerdo con la Constitución, se basa «en la creencia en un único dios justo, en una humanidad civilizada, en la unidad de Indonesia y en la vida democrática guiada por la sabiduría de ideas deliberadas por los representantes del pueblo, y conseguirá la justicia social para todo el pueblo de Indonesia».
María Lozano, de la fundación pontificia Aid to the Church in Need entrevista al sacerdote Franz Magnis-Suseno, jesuita de origen alemán con nacionalidad indonesia que vive desde 1961 en este país. En la entrevista el padre Magnis-Suseno, profundo conocedor de las religiones en Indonesia, explica la situación del país después de las últimas elecciones y se muestra optimista respecto a la unidad nacional, defendida por el sistema democrático existente basado en la Pancasila que hace a Indonesia un modelo único.

Dado que vive en Indonesia desde hace casi 60 años, ¿podría decirnos cómo ha evolucionado el país desde su llegada?

El hecho más destacado ha sido el surgimiento del islam como factor más importante de la política indonesia. Según la Pancasila, el islam no necesitaba una posición especial en el marco constitucional indonesio. Durante sus primeros veinte años, bajo la presidencia de Sukarno, la política se orientó principalmente por el nacionalismo. Más tarde durante los primeros veinte años del presidente Suharto (1966-1998) – con el régimen del Nuevo Orden – el islam fue mantenido a raya, aunque, al mismo tiempo, Suharto promovió la piedad y la práctica islámica (como antídoto contra el comunismo). Tan solo a partir de los noventa se permitió ocupar a personas con marcados perfiles islámicos puestos en el sistema de Suharto.

Todo esto cambió después de la apertura democrática tras la caída de Suharto en 1998. Mientras que los políticos con marcados perfiles islámicos llevaban a Indonesia a convertirse en una democracia basada en la Pancasila -que es lo que es hasta el día de hoy-, el extremismo islámico utilizaron la apertura democrática para salir a la luz pública. De esta manera, se fundaron nuevos partidos políticos basados en el islam. Tuvieron un éxito moderado, y en conjunto nunca obtuvieron más del 33% del voto popular. No obstante, en todas las decisiones políticas hubo que tener en cuenta al islam. La corriente dominante islámica, representada por las dos grandes organizaciones civiles Nadlatul Ulama (NU) y Muhammadiyah, empezó a recibir presiones de movimientos radicales y extremistas (como Hezbut Tahrir), que exigían una Indonesia más radicada en la Sharía. A menudo se les daba cabida a través de regulaciones locales basadas en la ley islámica. Muhammadiyah y NU declararon, sin dejar sitio a dudas, que la organización política definitiva del país debe estar basada en la Pancasila. A pesar de esto, todo lo que ocurre en Indonesia tiene que ser aceptable para el Islam.

Padre Magnis-Suseno, profundo conocedor de las religiones en Indonesia.

Padre Magnis-Suseno, profundo conocedor de las religiones en Indonesia.

 En este marco ¿cómo ve los resultados de las últimas elecciones?

El apoyo de la corriente mayoritaria del islam a la política moderada, que ha sido la característica del liderazgo en Indonesia desde hace veinte años, es el gran factor estabilizador. Está claro que el futuro de Indonesia estará determinado por el islam, pero los resultados de las últimas elecciones dan esperanzas de que el islam moderado y basado en la Pancasila, será decisivo. Esto significa que la democracia indonesia, basada en los derechos humanos (que se incluyeron en la Constitución enmendada después de 1998) y provista de un alto grado de libertad religiosa, tiene una excelente oportunidad de consolidarse en el futuro.

¿Es decir que la reelección de Jokowi sería una buena noticia para la estabilidad del país ?

Jokowi ha sido reelegido presidente de Indonesia para los próximos cinco años. Esto significa que los indonesios -y no sólo los que votaron por él- esperan en primer lugar una continuación de su liderazgo cuidadoso, de bajo perfil ideológico. Esperan que el crecimiento económico continúe. Esperan que tome aún más medidas para acabar con la pobreza (ahora en su nivel más bajo, el 9% de la población) y que cree las condiciones para que ese 50% de indonesios que viven justo por encima del umbral de la pobreza y en un mundo muy diferente al del 40% superior, puedan prosperar para que sus hijos puedan albergar esperanzas en un futuro mejor. Quieren que continúe con sus políticas inclusivas, dando a las minorías seguridad y confianza. Esperan políticas pro islámicas moderadas que hagan sentir a los musulmanes que los lleva en su corazón -en contra de las calumnias que lo tachan de anti-islamista, comunista, etc.-  Es lo que su vicepresidente, el clérigo musulmán Mar’uf Amin, debería garantizar. Y las minorías religiosas confían que se fortalezcan la tolerancia y la libertad religiosa.

¿Cómo viven en Indonesia los católicos y cristianos?

Bajo el primer presidente de Indonesia, Sukarno había una libertad religiosa casi completa, los cristianos no sufrían discriminación. En principio, esto no cambió con el segundo presidente indonesio, Suharto. En 1967 hubo algunos ataques contra iglesias cristianas en el sur de Célebes, que fueron rápidamente reprimidos. Pero esto condujo a regulaciones estrictas que hicieron mucho más difícil la construcción de iglesias.

Más tarde, entre 1996 y 1997, los ataques contra iglesias cristianas de cinco ciudades presagiaban crecientes tensiones internas en Indonesia. La apertura democrática tras la caída de Suharto (1998) puso al descubierto una intolerancia latente. También marcó la entrada en la conciencia pública del islamismo radical con un atentado terrorista a la gran mezquita Istiqlal de Yakarta. En la Navidad del año 2000, más de 30 bombas explotaron durante 60 minutos en iglesias dispersas por  2.000 kilómetros desde el norte de Sumatra hasta Lombok. Estos atentados nunca fueron realmente investigados.

En resumen, los cristianos siguen siendo completamente libres, viven, se comunican y practican su culto sin dificultades en forma de pequeñas minorías en Java, Sumatra y otros lugares, y siguen bautizando a personas de otras religiones, incluidos musulmanes. Sin embargo, la construcción de iglesias es difícil y ha habido algunos ataques terroristas contra iglesias y otros casos de intolerancia.

 ¿Cómo son las relaciones con las demás religiones?

Es notable que las relaciones entre católicos y las corrientes dominantes de protestantes y musulmanes nunca han sido tan buenas como ahora. Hace sesenta años, los cristianos no teníamos prácticamente ninguna relación con los “verdaderos” musulmanes, pero esto empezó a cambiar durante los años setenta. Ahora las relaciones entre intelectuales cristianos y musulmanes, entre la mayoría de los obispos católicos y sus homólogos musulmanes, entre muchas parroquias y párrocos y líderes musulmanes locales, se han vuelto estrechas y de confianza. Cuando tenemos dificultades, podemos hablar directamente con los musulmanes. Después de los atentados terroristas en Yogyakarta y Surabaya, los estudiantes musulmanes acudieron inmediatamente a las iglesias y ayudaron a limpiar el suelo de sangre y escombros. En las Misas de Navidad y Semana Santa, muchas iglesias están protegidas por los Banser, las milicias de Nadlatul Ulama, la mayor organización civil musulmana del mundo. Una de las razones de todo ello es que el islam mayoritario (moderado) también se siente atacado por ideologías extremistas y radicales, por lo que nos considera aliados.

¿Es decir que se da también un diálogo interreligioso?

El diálogo interreligioso en Indonesia es bastante intenso, tanto entre intelectuales como entre líderes religiosos. El diálogo interreligioso no se dedica a tratar nuestras respectivas enseñanzas religiosas, sino a ver cómo superar la intolerancia latente. A fomentar que la religión, el Estado y la política se relacionen entre sí dentro de nuestro marco constitucional, para hacer frente al extremismo religioso -en su mayoría islámico-, al mal uso de la ley anti blasfemia, para tratar la situación de las comunidades religiosas como los chiíes, los ahmadíes o las comunidades religiosas locales e indígenas que no pertenecen a las seis oficialmente reconocidas (islam, catolicismo, protestantismo, hinduismo, budismo y confucionismo). En suma, sobre nuestro ideal de que las religiones sean consideradas como una bendición (rahmatan lil alamin) y no como una amenaza, y de que el odio y la violencia no tengan cabida en la religión.

En la Navidad del año 2000, más de 30 bombas explotaron durante 60 minutos en iglesias dispersas por 2.000 kilómetros desde el norte de Sumatra hasta Lombok.

En la Navidad del año 2000, más de 30 bombas explotaron durante 60 minutos en iglesias dispersas por 2.000 kilómetros desde el norte de Sumatra hasta Lombok.

Se habla a veces del “populismo islámico” ¿A qué se refiere este término?
El populismo islámico salió a relucir primero en 2017, cuando un comentario desafortunado del gobernador de Yakarta, el cristiano Basuki Cahaya Purnama de origen chino (conocido por Ahok), fue manipulado para que pareciera que insultaba el Corán, lo cual proporcionó a sus enemigos la esperada oportunidad de movilizar los sentimientos islámicos contra él. Ahok perdió las siguientes elecciones locales y fue condenado a dos años de prisión.

Con Ahok en prisión, la burbuja populista islámica perdió fuerza. Tal vez, una figura tan atípica como Ahok llegó culturalmente cien años demasiado pronto para Indonesia (recuérdese que EEUU necesitó 160 años para que el primer católico pudiera llegar a la presidencia).

Al nombrar a un islamista moderado como su candidato a la vicepresidencia, el presidente Joko “Jokowi” Widodo ha conseguido suavizar el populismo. Varios intentos de revivirlo han fracasado, y en las últimas elecciones el populismo no ha desempeñado ningún papel. Si Jokowi logra ponerse al servicio del islam pluralista mayoritario, es de esperar que logre aislar el radicalismo islámico y afianzar un desarrollo democrático pluralista basado en los derechos humanos.

¿Sabe qué ha ocurrido con Ahok? ¿Sigue en prisión?

Ahok fue puesto en libertad el pasado mes de enero, tres meses antes de que terminaran sus dos años de prisión. Su liberación ha pasado casi desapercibida. Tras ella, el político se ha unido al PDIP, el partido de Jokowi, dirigido por la hija de Sukarno, Megawati Sukarnoputeri. Sin embargo, escuchando los buenos consejos de sus amigos, se ha mantenido completamente al margen de la esfera pública (lo que era importante para Jokowi antes de las elecciones). Todavía no hay indicios de si volverá a entrar en la política y cómo lo haría una vez la victoria de Jokowi se convierta en oficial, lo que no se sabrá hasta el 22 de mayo. Ahok cuenta con un gran número de seguidores, especialmente entre los jóvenes indonesios.

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