Yolla Ghandour, una católica sirio-armenia y madre de tres hijos, vive en Alepo, que sufrió algunos de los peores combates de la guerra civil siria. Yolla habla con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN)  sobre la muerte de su hijo de 19 años, Krikor, asesinado en la guerra.

“Éramos una familia de cinco: mi esposo, dos hijos, una hija, y yo. Nuestras circunstancias financieras empeoraron como resultado de la guerra. Mi esposo y Krikor perdieron sus trabajos porque el área donde trabajaban era peligrosa y fue bombardeada por militantes. Para cubrir las necesidades gastamos todos nuestros ahorros. Fue un momento difícil.

Una madre siria, cuyo hijo fue asesinado en la guerra, encuentra apoyo en su fe: "nuestras raíces deben estar arraigadas en Dios".

Una madre siria, cuyo hijo fue asesinado en la guerra, encuentra apoyo en su fe: “nuestras raíces deben estar arraigadas en Dios”.

Una semana antes de su muerte [el 16 de abril de 2014], Krikor vino a casa para asistir al funeral de un tío que había fallecido. Mientras preparaba todo para irse de nuevo, se volvió hacia su padre y le dijo: “Regreso a la muerte”. El día que murió, hablamos por teléfono y después de que terminara la llamada tuve una sensación muy fuerte, como una premonición. Le pedí a la Virgen María: “Por favor, no me pongas a prueba. Tú probaste ese cáliz; por favor no me dejes experimentar el mismo dolor”. Recibí otra llamada esa noche. Me dijeron que Krikor estaba herido y que lo habían llevado a un hospital. Corrí a su lado, orando a St. Sharbel: ‘Te he dado a mi hijo. No quiero encontrarlo muerto’. Pero, interiormente, estaba casi segura de que ya había fallecido. Así fue.

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Desde 2011, cuando comenzó la guerra civil siria, hasta 2018, ACN ha apoyado la misión pastoral y humanitaria de las diversas Iglesias en Siria con proyectos que suman más de € 33 millones.

Después de su muerte, tuve luchas internas. Le decía a St. Sharbel: “Ya no te quiero. Te rogué que mantuvieras vivo a mi hijo, y no lo hiciste”. Pero después de unos diez minutos, contemplé el rostro del santo en una pintura que tenemos en casa y le dije: ‘No puedo evitar quererte. Pero prométeme que estarás con mi hijo’. Como cristianos, creemos en la resurrección, y después de unos meses de reflexión y meditación sobre la vida después, en el reino de Dios, aprendí que los muertos nos ven, escuchan y nos sienten. Y descubrí que por encima de todo lo demás podía estar orgullosa de mi hijo. Cuando enfrentamos las tormentas de la vida, debemos pararnos como un árbol fuerte, con las raíces hundidas profundamente en el suelo. Nuestras raíces deben estar arraigadas en Dios. Debemos sobrellevar el cambio y el dolor con confianza en su Amor”.

Desde 2011, cuando comenzó la guerra civil siria, hasta 2018, ACN ha apoyado la misión pastoral y humanitaria de las diversas Iglesias en Siria con proyectos que suman más de € 33 millones.

La fundación internacional Aid to the Church in Need apoya en 2019 más de cuarenta proyectos de actividades de verano para las comunidades cristianas en países donde son minorías, están discriminados o sufren a causa de conflictos bélicos. Casi la mitad de los proyectos de este año benefician a comunidades de Medio Oriente, principalmente a Siria, donde tendrán lugar un total de 28 cursos de verano para jóvenes y familias.  Después de una guerra fratricida que ha derivado ahora en una situación económica y social dramática cristianos de diferentes confesiones pertenecientes a las diócesis de  Homs, Alepo, Lataquia y Damasco se reúnen desde Junio a Septiembre para retomar fuerzas y sanar heridas.

El padre Antoine Mukhallala, de la iglesia Greco-Melquita de Alepo acaba de regresar de uno de los ocho cursos de verano que la Comunidad Fe y Luz organiza para personas discapacitadas y sus familias. Es difícil hacerse a la idea de lo que estas han sufrido durante la guerra. Aterrorizados por proyectiles y francotiradores que mataban a civiles sin razón alguna, no podían apenas salir de sus casas. Hoy tienen una gran necesidad de apoyo psicológico y buscan la oración y la  paz en la naturaleza donde se encuentran con Dios. Los campamentos de verano son un rayo de luz en esta búsqueda.

Campamento de verano en Siria: Su corazón sintió que volvía a latir de nuevo.

Campamento de verano en Siria: Su corazón sintió que volvía a latir de nuevo.

De las muchas experiencias que ha vivido el padre Antoine quiere relatar a ACN la de una viuda, madre de dos hijas pequeñas, una de las cuales es autista:  “Esta madre sufrió mucho porque perdió a su marido mientras intentaba emigrar en los ‘barcos de la muerte’ a Europa. No se ahogó, sino que fue asesinado, y ella recibió su cuerpo y vio a su marido degollado.

Esta mujer sufría mucho y vivía en la cárcel de su soledad. A pesar de su presencia en el grupo, rara vez hablaba de su esposo muerto o de su hija. Rechazaba todas las formas de alegría, aunque los demás trataran de sacarla de su dolor. Poco a poco, durante esta semana de campamento, el amor llegó al corazón de esta mujer, se quitó la negrura de su corazón y este comenzó a latir de nuevo. Volvió a aprender que la vida es hermosa gracias al cambio de comportamiento que veía en su hija autista, que incluso me invitó a bailar con ella. (!) Al final del campamento la madre nos dijo: ‘Si el campamento hubiera durado una semana más, estoy casi segura que mi Jenny hubiera empezado a hablar’.

Aid to the Church in Need apoya en 2019 más de cuarenta proyectos de actividades de verano para las comunidades cristianas en países donde son minorías, están discriminados o sufren a causa de conflictos bélicos.

Aid to the Church in Need apoya en 2019 más de cuarenta proyectos de actividades de verano para las comunidades cristianas en países donde son minorías, están discriminados o sufren a causa de conflictos bélicos.

He participado en muchos campamentos de verano durante mis siete años de sacerdote pero este último en Kfarsetta con el grupo “Familia de la Esperanza” ha sido uno de los campamentos más hermosos, donde he experimentado la alegría del Amor y donde puedo decir que recibí más de lo que di”, cuenta el padre Antoine.

“Doy gracias a Dios por lo que esta mujer ha experimentado y por haberme brindado la oportunidad de vivir muchas experiencias espirituales. Y también os damos también las gracias a vosotros, miembros y benefactores de ACN, por vuestro apoyo a nuestro campamento, sin el cual no hubiera sido posible esta experiencia que nos ha llevado más cerca del lema del campamento “Con Dios, construimos la comunidad”. Le pido a Dios Todopoderoso que os bendiga para que podáis continuar ayudando a todos los que Lo buscan y para que sigáis siendo una herramienta de Dios para difundir Su Amor por el mundo”, concluye el sacerdote.

Como el grupo de la “Familia Esperanza” muchos otros niños, jóvenes y familias participan durante este verano en otras partes de Siria, pero también en Egipto, Jordania, Palestina, Líbano, Crimea o en la República del Congo de un campamento de verano para poder descansar y fortalecerse, no sólo desde el punto de vista físico y psicológico sino también espiritualmente.

“En el principio era la Palabra”, es decir, “en el origen de todas las cosas está la Razón creadora de Dios”, ha dicho el Papa emérito Benedicto XVI. La fe y la razón se condicionan mutuamente, “sin razón, la fe decae; y sin fe, la razón amenaza con atrofiarse”.

Para los cristianos, utilizar la razón para creer mejor es todo un mandamiento. Para los cristianos de los países islámicos y, sobre todo, de Siria, también es un mandamiento de supervivencia. Solo los jóvenes cristianos bien formados tienen una oportunidad en el mercado laboral; solo como estudiantes universitarios, los cristianos pueden librarse del servicio militar obligatorio, y solo los cristianos bien formados pueden hacer frente a sus vecinos en un entorno islámico. La formación es la clave para una coexistencia pacífica entre convicciones opuestas, y por eso los cristianos de Oriente Próximo siempre han concedido mucho valor a la educación de sus hijos: la enseñanza en escuelas y universidades está entre sus principales preocupaciones.

La formación es la clave para una coexistencia pacífica entre convicciones opuestas

La formación es la clave para una coexistencia pacífica entre convicciones opuestas

Todo ello es aún más cierto para los cristianos que regresan a Alepo o los que se han quedado en la ciudad. ¿Pero quién los ayuda a costear los estudios? Diez Iglesias cristianas han elaborado con Ayuda a la Iglesia Necesitada un programa para ello: 7.340 estudiantes recibirán durante ocho meses (un año académico) 20 euros mensuales para transporte, fotocopias, comida,… Esto no es solo una medida social, pues el programa también prevé, además de la ayuda a los estudios, un acompañamiento espiritual: rezar más estudiar: esta es la ecuación para los estudiantes de Alepo. Es también una ecuación para la paz en su patria. ¿Quién desea ayudar durante un año a un estudiante de Alepo?

 

¡He vuelto a nacer al cabo de ocho años! – La historia de Fadi

Casi ocho años después del comienzo de una guerra devastadora, Fadi -un joven sirio- le cuenta a ACN la historia de su llamada al sacerdocio y de cómo escuchó la llamada de Dios para convertirse en sacerdote. Sin embargo, esta llamada al servicio del pueblo de Dios tuvo que esperar:  El Estado lo llamó para el servicio militar y ahí permaneció durante ocho largos años. No obstante, su vocación sacerdotal no menguó con el tiempo, sino todo lo contrario. El joven declara: “Ahora comenzaré a prepararme con toda determinación para ser sacerdote”.

Elegido para ir y dar fruto

Fadi escuchó en su corazón la llamada de Dios hacia el final de sus estudios de Turismo en el Instituto de San Basilio de Alepo. Esa fue una etapa importante en su vida, en la que, además, tuvo la oportunidad de adquirir nociones de la lengua francesa. Eso probablemente no sea suficiente para estudiar en este idioma, y en el Ejército se ha olvidado de gran parte, pero quizá Dios ya estaba trabajando para prepararlo para ingresar en el seminario, porque la formación para el sacerdocio se imparte en francés. Todos los seminaristas sirios van a Líbano a estudiar Teología, ya que, actualmente, no hay ningún seminario en Siria.

Después de completar sus estudios, Fadi Joseph Mora solicitó ingresar en el seminario, porque no pudo resistir la llamada que escuchó. Proveniente de una familia maronita católica, recibió una buena educación cristiana en su casa, formándose rodeado por la familia, que es el primer lugar fundamental de la formación humana. Sus padres, que emigraron por razones económicas, regresaron de Venezuela para criar a sus hijos en su país de origen.

El servicio militar era inevitable

El Obispo aconsejó al joven que regresara una vez que terminara el servicio militar, porque el servicio militar era inevitable para aquellos que no tuvieran dinero para librarse de él. Antes de la guerra, los jóvenes sirios debían realizar un servicio militar de entre 18 meses y dos años de duración, y después pasaban a ser reservistas. Pero todo cambió con el conflicto, y la duración del servicio militar se volvió indefinida. Además, las autoridades sirias fijaron sanciones para quienes se resistieran a hacerlo. Así, aquellos que no lo han hecho y deseen regresar a Siria deben pagar al menos 8.000 dólares.

Marcado por la resurrección

Fadi comenzó su servicio militar cuatro meses antes de que estallara la guerra. Cuando entró en el Ejército, todavía tenía la esperanza de acabar pronto. Pero  tuvo que permanecer ocho años en el Ejército, hasta 2018. Hoy Fadi declara con alegría: “¡El 31 de diciembre de 2018 fue la fecha del fin de mi servicio militar, creo que nací de nuevo después de esos ocho largos años! Siempre recordaré esta fecha”. Así pues, su vocación estuvo marcada por la resurrección, lo cual le otorga serenidad de fondo. La muerte no tiene la última palabra.

Inmediatamente después de su regreso, se dirigió al obispado para renovar su petición. Fue recibido por el nuevo Obispo, Mons. Joseph Tobji, con los brazos abiertos. Mons. Tobji admite que, tras su nombramiento como Obispo, ha rezado con toda la diócesis por las vocaciones, y que cada día se celebra una Misa por esta intención. “Es una gran alegría para mí y para todos acoger una nueva vocación. ¡Nuestras oraciones han sido escuchadas!”.

Fadi Joseph Mora y Mons. Joseph Tobji.

Fadi Joseph Mora y Mons. Joseph Tobji.

La Palabra del Señor que recibí nunca murió, sino que permaneció viva

“La Palabra del Señor que recibí nunca murió, sino que permaneció viva”, dice Fadi. Mons. Tobji lo confirma: “El grano que el Señor arrojó no estaba muerto, sino que esperaba el momento oportuno para germinar. Ahora vamos a crear buenas condiciones para que crezca en el seno de la Iglesia y dé fruto”. Este jerarca de Alepo, fundador de un centro de ayuda humanitaria para apoyar a las víctimas de la guerra y luchar contra la pobreza resultante, subraya: “Nuestro país y nuestro pueblo están en apuros. Pero, por mucho que pensemos que sólo hay malas noticias, yo acabo de fundar una nueva parroquia. Además, estamos bendecidos con esta nueva vocación. También están sucediendo cosas positivas y necesitamos hablar de ellas para mantener viva la esperanza”.

Proteger y hacer crecer las vocaciones

“Dios no cesa de llamar a personas para que le sigan y le sirvan desde el sacerdocio, a pesar de todo”, confirma el P. Andrzej Halemba, encargado de proyectos para Oriente Próximo de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, y añade: “Jesús dice: ‘No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca’ (Jn 15, 15-16). Pero nosotros también debemos poner de nuestra parte y apoyar la formación sacerdotal de los candidatos que así lo soliciten y sean aceptados. Como Iglesia, estamos obligados a responder al don de Dios a través de estos dones al alcance de todos: la oración, el servicio o el donativo material. Sin nuestra ayuda, las vocaciones como la de Fadi nunca podrían realizarse. Ante todo, debemos rezar por los seminaristas de Siria, que viven en condiciones particularmente difíciles: su país está en guerra y sus habitantes sufren la pobreza. Además, están rodeados de una sociedad predominantemente musulmana, que no entiende su elección. Se trata, pues, de proteger y hacer crecer las vocaciones, para que den frutos maduros”.

En Alepo, el número de cristianos ha disminuido drásticamente durante la guerra, pasando de los 180.000 de antes a los 32.000 de la actualidad. Mons. Joseph Tobji, Arzobispo maronita de Alepo y pastor de una pequeña comunidad de unas 400 familias, habla con Pierre Macqueron,de la fundación pontificia ACN.

Dos años tras la liberación de Alepo por las fuerzas gubernamentales, ¿cuál es la situación en la ciudad?

Desde el punto de vista de la seguridad, la situación ha mejorado, pero las bombas siguen cayendo; algunas han caído en las últimas semanas en las afueras de Alepo. El conflicto todavía no ha terminado realmente.

Pero ahora la guerra es económica. A finales de 2016 pensábamos que todo el mundo podría volver a trabajar y participar en la reconstrucción de la ciudad. Nos hemos visto sorprendidos por el embargo y las sanciones, que nos están afectando más duramente ahora.  Tenemos muchos cortes de electricidad todos los días [16 horas al día], la economía no funciona, la inflación es altísima. A ello cabe añadir la corrupción récord del país. Es fácil imaginarse la situación de los habitantes de Alepo. Hoy día, la gente está desmotivada.

Mons. Joseph Tobji, Arzobispo maronita de Alepo.

Mons. Joseph Tobji, Arzobispo maronita de Alepo.

¿Cuál es la situación en Alepo dos años después de que las fuerzas del gobierno recobraran la ciudad?

Hemos perdido muchos recursos y a mucha gente cualificada. Nuestra herida sangrante es la emigración, y todos los que están físicamente aquí, tienen el corazón en otro lugar. La gente sueña con el paraíso occidental, pero cuando llegan allí, se encuentran con una realidad diferente a la que se esperaban. Se sorprenden mucho y quedan muy decepcionados. Están decepcionados aquí y están decepcionados allá: ese es el drama. En 2016 todavía albergábamos esperanzas; ahora muchos están sucumbiendo a la desesperación.

Nuestra herida sangrante es la emigración, y todos los que están físicamente aquí, tienen el corazón en otro lugar.

Nuestra herida sangrante es la emigración, y todos los que están físicamente aquí, tienen el corazón en otro lugar.

¿Qué hace la Iglesia para acompañar a los que sufren?

Los jóvenes quieren irse para trabajar en el extranjero. Así que el 40% de nuestra comunidad cristiana está formada por personas mayores, pero sólo hay dos o tres residencias de ancianos en Alepo. Tratamos de apoyarlos, a nivel pastoral y social, proporcionándoles asistencia médica, alimentaria, psicosocial, educativa y de vivienda, con la ayuda de varias asociaciones.

Debemos fortalecer la fe de los creyentes, arraigarlos en esta tierra, animarlos a ser testigos de Cristo, sal de la tierra y luz del mundo: nuestra presencia aquí no debe ser insignificante. Hemos atravesado un momento histórico particularmente doloroso: las condiciones son especiales, ahora tenemos que abordarlas de una manera apropiada. Con este fin, la semana pasada organizamos el primer Sínodo de Obispos Católicos en Alepo.

¿Qué quiere decirles a nuestros benefactores?

En nombre de todos los cristianos de Alepo, quiero agradecerles su ayuda, que nos acompaña y fortalece nuestra esperanza.  Desde el fondo de mi corazón, gracias.

En Alepo, el número de cristianos se ha dividido por cinco durante la guerra. La crisis económica y la falta de perspectivas profesionales – debidas al embargo que aqueja al país-, están provocando especial angustia entre los jóvenes. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada multiplica sus iniciativas para apoyarlos.

Sobre el escenario, un coro compuesto por unos sesenta niños y jóvenes, rodeados de cinco músicos. El sábado 17 de marzo, a última hora de la tarde, el Movimiento Juvenil Ortodoxo celebra el 63°. Aniversario de su creación. En la sala abarrotada, el público parece disfrutar. Un simple concierto, algo que se ha vuelto raro en los últimos años en la ciudad de Alepo, que fue la capital económica del país antes de la guerra.

Una juventud angustiada

Entre los jóvenes miembros del coro está Miriam Toubal, de 23 años, estudiante de Biotecnología, que dirige el coro infantil. Una hora a la semana, durante un año, les ha hecho ensayar estas canciones. Los últimos ensayos han sido más tranquilos que durante la guerra, aunque esta nunca impidió que el coro intentara reunirse.

Muy rápidamente, Miriam confiesa estar angustiada por su futuro. Encontrar un buen empleo para poder seguir viviendo adecuadamente es un gran reto en una ciudad que ha quedado destrozada por seis años de guerra y que ahora no levanta cabeza por el embargo económico. En Siria se calcula que la tasa de desempleo asciende a un 78%, y muchos están preocupados por su futuro y el de sus seres queridos.

En Siria se calcula que la tasa de desempleo asciende a un 78%.

En Siria se calcula que la tasa de desempleo asciende a un 78%.

Actividad paralizada

Desde el final de la guerra, la situación en esta otrora próspera ciudad no ha mejorado, sino todo lo contrario. Muchos habitantes de Alepo dan testimonio de lo difícil que es la vida cotidiana: la recuperación económica que se esperaba cuando se liberó la ciudad sigue sin aparecer, y trabajar no basta para cubrir las necesidades cotidianas porque los precios han subido mucho. El zoco, cuyos 13 kilómetros de tiendas eran el orgullo de la ciudad, clasificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está en ruinas y aún no ha sido rehabilitado. Frente a lo que fue su tienda, Elías Farah, que regresa allí por primera vez, no esconde su emoción y señala, preocupado, que todo el conjunto corre peligro de derrumbarse.

Alepo sufre enormemente bajo el bloqueo económico. “Sobre todo afecta a los pobres y la gente sencilla”, afirma Mons. Antoine Chahda, Arzobispo siro-católico de Alepo. La guerra continúa y la falta de perspectivas alimenta la tristeza de las familias y la desesperación de muchos cristianos. En los suburbios de Alepo, la zona industrial ofrece una visión desoladora: las fábricas, dañadas, han sido saqueadas y allí no hay ni la más mínima actividad.

El sábado 17 de marzo, a última hora de la tarde, el Movimiento Juvenil Ortodoxo celebra el 63°.

El sábado 17 de marzo, a última hora de la tarde, el Movimiento Juvenil Ortodoxo celebra el 63°.

Una ayuda estructurada

Para hacer frente a las necesidades de la vida cotidiana, la comunidad cristiana se ha organizado y confía en la generosidad de la Iglesia Universal. En su día próspera, ahora tiene que mendigar, señala con tristeza Mons. George Abu Zakham, obispo greco-ortodoxo de Homs, quien añade que la ayuda del extranjero ha disminuido desde el final del conflicto armado.

El apoyo de ACN, en forma de ayuda médica y alimentaria, ayuda a la vivienda y la educación, sigue siendo indispensable para numerosas familias. Para distribuir esta ayuda equitativamente entre las diferentes comunidades cristianas se han creado comisiones laicas con la tarea de identificar las necesidades más urgentes y asegurar un seguimiento minucioso de la ayuda proporcionada. Se trata de una fórmula eficaz que permite a las Iglesias trabajar juntas. Una ayuda indispensable que hace posible que brille “una nueva chispa en el aire brumoso del horror de una ciudad en cenizas” (1). Ciudad de la que Miriam se ha hecho, por un momento, la voz.

 

  1. El grito de Alepo; Les Frangines

 

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.