En Alepo, el número de cristianos se ha dividido por cinco durante la guerra. La crisis económica y la falta de perspectivas profesionales – debidas al embargo que aqueja al país-, están provocando especial angustia entre los jóvenes. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada multiplica sus iniciativas para apoyarlos.

Sobre el escenario, un coro compuesto por unos sesenta niños y jóvenes, rodeados de cinco músicos. El sábado 17 de marzo, a última hora de la tarde, el Movimiento Juvenil Ortodoxo celebra el 63°. Aniversario de su creación. En la sala abarrotada, el público parece disfrutar. Un simple concierto, algo que se ha vuelto raro en los últimos años en la ciudad de Alepo, que fue la capital económica del país antes de la guerra.

Una juventud angustiada

Entre los jóvenes miembros del coro está Miriam Toubal, de 23 años, estudiante de Biotecnología, que dirige el coro infantil. Una hora a la semana, durante un año, les ha hecho ensayar estas canciones. Los últimos ensayos han sido más tranquilos que durante la guerra, aunque esta nunca impidió que el coro intentara reunirse.

Muy rápidamente, Miriam confiesa estar angustiada por su futuro. Encontrar un buen empleo para poder seguir viviendo adecuadamente es un gran reto en una ciudad que ha quedado destrozada por seis años de guerra y que ahora no levanta cabeza por el embargo económico. En Siria se calcula que la tasa de desempleo asciende a un 78%, y muchos están preocupados por su futuro y el de sus seres queridos.

En Siria se calcula que la tasa de desempleo asciende a un 78%.

En Siria se calcula que la tasa de desempleo asciende a un 78%.

Actividad paralizada

Desde el final de la guerra, la situación en esta otrora próspera ciudad no ha mejorado, sino todo lo contrario. Muchos habitantes de Alepo dan testimonio de lo difícil que es la vida cotidiana: la recuperación económica que se esperaba cuando se liberó la ciudad sigue sin aparecer, y trabajar no basta para cubrir las necesidades cotidianas porque los precios han subido mucho. El zoco, cuyos 13 kilómetros de tiendas eran el orgullo de la ciudad, clasificado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está en ruinas y aún no ha sido rehabilitado. Frente a lo que fue su tienda, Elías Farah, que regresa allí por primera vez, no esconde su emoción y señala, preocupado, que todo el conjunto corre peligro de derrumbarse.

Alepo sufre enormemente bajo el bloqueo económico. “Sobre todo afecta a los pobres y la gente sencilla”, afirma Mons. Antoine Chahda, Arzobispo siro-católico de Alepo. La guerra continúa y la falta de perspectivas alimenta la tristeza de las familias y la desesperación de muchos cristianos. En los suburbios de Alepo, la zona industrial ofrece una visión desoladora: las fábricas, dañadas, han sido saqueadas y allí no hay ni la más mínima actividad.

El sábado 17 de marzo, a última hora de la tarde, el Movimiento Juvenil Ortodoxo celebra el 63°.

El sábado 17 de marzo, a última hora de la tarde, el Movimiento Juvenil Ortodoxo celebra el 63°.

Una ayuda estructurada

Para hacer frente a las necesidades de la vida cotidiana, la comunidad cristiana se ha organizado y confía en la generosidad de la Iglesia Universal. En su día próspera, ahora tiene que mendigar, señala con tristeza Mons. George Abu Zakham, obispo greco-ortodoxo de Homs, quien añade que la ayuda del extranjero ha disminuido desde el final del conflicto armado.

El apoyo de ACN, en forma de ayuda médica y alimentaria, ayuda a la vivienda y la educación, sigue siendo indispensable para numerosas familias. Para distribuir esta ayuda equitativamente entre las diferentes comunidades cristianas se han creado comisiones laicas con la tarea de identificar las necesidades más urgentes y asegurar un seguimiento minucioso de la ayuda proporcionada. Se trata de una fórmula eficaz que permite a las Iglesias trabajar juntas. Una ayuda indispensable que hace posible que brille “una nueva chispa en el aire brumoso del horror de una ciudad en cenizas” (1). Ciudad de la que Miriam se ha hecho, por un momento, la voz.

 

  1. El grito de Alepo; Les Frangines

 

ANTOINE HADDAD, de 19 años de edad, creció en Siria en plena guerra civil, en medio del caos y la violencia. Los primeros bombardeos de Alepo destruyeron partes de su casa. En su entrevista con Ayuda a la Iglesia Necesitada, nos ofrece un atisbo de su sufrimiento:

“Yo estaba en la escuela y, de repente, el edificio tembló y las ventanas se rompieron. Yo empecé a gritar. No entendía lo que estaba pasando. Sólo podíamos rezar”. Con esta explosión, la vida de Antoine cambió para peor, y su escuela cerró temporalmente.

“La escuela reabrió, pero los dolorosos recuerdos acechaban en cada rincón”. Un día, de camino de la escuela a casa, Antoine oyó que había un grupo armado en su vecindario: “No podíamos movernos de casa. La muerte estuvo muy cerca, y esta es una de las peores cosas que un ser humano puede experimentar. No obstante, cuando los pistoleros entraron en los edificios, pudimos escapar”.

Antoine Haddad, de 19 años de edad.

Antoine Haddad, de 19 años de edad.

La familia de Antoine huyó a la casa de un pariente, pero se vieron obligados a regresar por dificultades económicas, y el grupo armado siguió siendo una amenaza. “Un domingo, sentí la necesidad de acudir a Misa. Necesitaba rezar en la iglesia porque estaba espiritualmente cansado. Durante la Misa, mi teléfono sonó varias veces. Era mi madre. Me dijo que no volviera a casa porque estaban cayendo proyectiles sobre el vecindario. Pero yo no podía permanecer alejado de mi familia, así que regresé a casa. Vi destrucción por todas partes. Mi padre y mi hermano no estaban en casa; estaban ayudando a un joven que había sido herido por un proyectil. Estaba aterrorizado. No puedo describir el dolor que experimenté en aquel momento”.

“Otro día me estaba preparando para un examen y fui a la tienda a comprar bolígrafos. A mi regreso oí una voz muy fuerte y corrí a casa para ver qué había pasado. Mi hogar estaba completamente destruido, aunque un vecino me dijo que mi familia estaba a salvo”. “Cuando era joven, mi relación con Dios era buena, pero desde entonces, a veces me he enfrentado con Él. Siempre me pregunto: ¿Por qué, Señor, por qué todo este dolor?”.

Actualmente, Antoine sirve a la Iglesia impartiendo el Catecismo y apoyando otros programas educativos. “Amo a mi país por una buena razón: por la vida social y el espíritu fraterno que existen en la Iglesia. Pero muchos quieren irse, porque aquí no hay futuro. Sueño con convertirme en actor -para poder compartir mensajes humanitarios- y con vivir en paz finalmente en un país que ha sufrido tanto. Ya hemos soportado suficiente dolor, pobreza y hambre”.

Desde que comenzó la contienda en marzo de 2011 hasta finales del 2018, ACN ha destinado 29,5 millones de euros en 738 proyectos para socorrer a la Iglesia que sufre en todo el país, sostenidos por 9 distintas Iglesias cristianas. De los 738 proyectos ejecutados, el 80% de ellos han sido para ayuda de emergencia, que suponen 308 de máxima necesidad para las familias cristianas que no han abandonado el país (23,5 millones de euros).

Cuando se cumple, este viernes 15 de marzo, el octavo aniversario del inicio de la guerra de Siria, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN España) hace un llamamiento ante la situación de emergencia en la que se encuentra el país y en particular las 127.185 familias cristianas registradas en Siria según datos de la fundación.

La guerra de Siria ha supuesto la mayor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, con 12 millones de refugiados y desplazados internos.

Los cristianos de Siria ahora sólo representan 3% de la población, cuando antes de la guerra eran el 10%, y han sufrido, además de las consecuencias de la contienda y el embargo, la persecución religiosa por parte de los grupos yihadistas que han tomado parte en el conflicto.

De hecho, en estos 8 años de guerra, 1.707 cristianos han sido asesinados, 677 secuestrados, 1.309 propiedad de las Iglesias destruidas y 7.802 propiedades y casas de cristianos dañadas o destruidas.

ACN ayuda a las familias cristianas con 308 proyectos de emergencia.

ACN ayuda a las familias cristianas con 308 proyectos de emergencia.

 29,5 millones de euros de ayuda

Desde que comenzó la contienda en marzo de 2011 hasta finales del 2018, ACN ha destinado 29,5 millones de euros en 738 proyectos para socorrer a la Iglesia que sufre en todo el país, sostenidos por 9 distintas Iglesias cristianas, gracias a 130 colaboradores locales.

De los 738 proyectos ejecutados, el 80% de ellos han sido para ayuda de emergencia, que suponen 308 de máxima necesidad para las familias cristianas que no han abandonado el país (23,5 millones de euros).

El 10% para la reconstrucción de casas y edificios de la Iglesia. Otro 6% ha sido destinado para el sostenimiento de sacerdotes a través de los estipendios de misas y ayuda pastoral.

En los alquileres de casas para las familias cristianas desplazadas se han destinado más de 2 millones de euros y para la reconstrucción de las casas de las familias casi 1 millón de euros (985,991 euros).

En los alquileres de casas para las familias cristianas desplazadas se han destinado más de 2 millones de euros y para la reconstrucción de las casas de las familias casi 1 millón de euros (985,991 euros).

Emergencia, reconstrucción y pastoral

Los 13 principales proyectos de ayuda de emergencia realizados en estos ocho años de guerra han sido los siguientes: ayuda de primera necesidad; bolsas de comida, becas para estudiantes, ayuda médica, alquileres de casas, calefacción, electricidad, gas y agua; leche para niños y pañales, medicamentos, regalos de Navidad para niños, ropa de abrigo, material escolar y charlas vocacionales.

El proyecto “Una gota de leche” para los niños menores de 10 años ha supuesto el 15% del presupuesto de toda la ayuda de emergencia. En los alquileres de casas para las familias cristianas desplazadas se han destinado más de 2 millones de euros y para la reconstrucción de las casas de las familias casi 1 millón de euros (985,991 euros).

Llamamiento del Papa Francisco

El Papa Francisco no ha dejado de denunciar en estos 8 años la injusticia de la guerra de Siria y siempre ha tenido presente el dolor de los cristianos. “Recemos y ayudemos a los cristianos a permanecer en Siria y en Oriente Medio como testigos de misericordia, de perdón y de reconciliación.  Que la oración de la Iglesia les ayude a sentir la proximidad del Dios fiel y toque toda conciencia por un compromiso sincero para la paz. Y que Dios, nuestro Señor, perdone a los que hacen la guerra, a los que fabrican las armas para destruirse y convierta sus corazones. Oremos por la paz en la amada Siria”, ha afirmado.

Mal día para Selma. Hoy, esta madre siria de tres hijos ha visto cómo su hijo mayor se trasladaba al Líbano. «Mi hijo ha tenido que irse debido a las dificultades. La despedida ha sido muy difícil», dice con lágrimas en los ojos mientras enjuaga unas tazas de café. «No sé cuándo le volveré a ver. Solo pude darle algo de dinero para el viaje. Ni siquiera algo para comer. La última parte la tiene que hacer a pie. Su ropa se la enviaré más tarde». Su historia ilustra la situación actual de muchos cristianos en Siria.

Cuando, en 2011, comenzó la crisis y los terroristas asolaron las casas de los cristianos en Idlib, la familia huyó. «Golpearon contra las puertas para indicarnos que teníamos que irnos porque querían las casas. ¿Quiénes eran? No los conocíamos. Dispararon al aire para asustar a la gente. Todos empaquetaron sus cosas y se fueron». Desde entonces, la familia vive en casa de Johaina, la madre de Selma, en el Valle de los Cristianos, al oeste de Siria. Cuando el esposo de Selma murió en un accidente automovilístico hace tres años, la familia se encontró —de un día para otro— sin sustento alguno y sin ahorros. Su hijo, que entonces tenía 16 años, se ocupaba él solo de la subsistencia de la familia.

A la luz de una linterna a pilas, Selma habla de sus otros dos hijos, su hijo Elian (11) y su hija Marita (16). «Elian piensa como un hombre maduro porque ahora trabaja desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde; ya no va a la escuela. Tiene eccema por cargar madera y muebles», dice. Pero la viuda se preocupa sobre todo por Marita. «Ya ha recibido bastantes propuestas de matrimonio porque es muy guapa. Además parece mayor de lo que realmente es. Para ahorrar dinero, va caminando a la escuela, incluso cuando llueve. Pero un chico de fuera del valle intentó llevarla con él la última vez». Selma está orgullosa de su hija: «ganó el primer puesto en una olimpiada regional de química y matemáticas. Pero no teníamos dinero para viajar a Homs para la competición nacional».

Los cristianos de Siria, divididos en lo que se refiere a su regreso

Los cristianos de Siria, divididos en lo que se refiere a su regreso

Cuando su hija Marita se quemó la pierna y nadie de su entorno podía ayudar a Selma a pagar el tratamiento y los medicamentos, se dirigió al Centro de la Iglesia católico-maronita en Marmarita, que cuenta con el apoyo de Aid to the Church in Need. Allí conoció a Majd Jalhoum (29) y al hermano de esta, Elie (31), que desde hace siete años —junto con un equipo de jóvenes miembros de la Iglesia católico-maronita— ayudan a los numerosos refugiados en el Valle de los Cristianos. Le facilitaron paquetes de alimentos y una aportación para abonar el alquiler. «Sin ellos no tendríamos nada para comer. Antes me dirigía a distintos mercados para comprar a crédito a diferentes comerciantes. Ahora que tengo dinero, primero he de abonar lo comprado a crédito». Para esta viuda, la fe es algo muy importante: «Sin la ayuda de Dios, la Virgen María y Elie, del centro, yo no existiría ya». Lo que más desea Selma es un trabajo y tener de nuevo casa propia…. pero no en Idlib. Incluso cuando vuelva la paz, ella no quiere regresar. «Mi casa ya no está allí. De mis vecinos cristianos, nadie quiere regresar».

Estudios

La historia de Selma es un buen ejemplo de la realidad de muchos cristianos en Siria, como demuestran los estudios realizados por Aid to the Church in Need sobre la situación de los cristianos. Con la ayuda de las diócesis, un pequeño equipo se dirige a las parroquias de toda Siria para averiguar exactamente cuántos feligreses se han quedado, cuántos han huido, han sido secuestrados o asesinados. También se catalogan los propietarios de iglesias que han sido dañadas o destruidas. Aunque todavía no se conocen los resultados, son ya evidentes tendencias inquietantes. Por ejemplo, hay un gran número de jóvenes cristianos que acaban de dejar el país para no tener que luchar (más) en la guerra. El retorno es difícil; de acuerdo con una regulación legal que data de antes de la guerra, un retorno solo es oficialmente posible después de cuatro años y después de un pago de alrededor de 7.000 euros. Para los muchos jóvenes que reciben un salario escaso en países vecinos como Líbano, Jordania y Turquía, se trata de una suma considerable. Una preocupación con respecto a la presencia cristiana en el país es que las mujeres que se quedan se casan con musulmanes durante este tiempo… lo que inevitablemente lleva a que los niños no sean bautizados.

Al igual que Selma, una parte de los refugiados —independientemente de que hayan huido dentro o fuera del país— no quiere regresar. Algunos han perdido sus pertenencias como resultado de la guerra. Otros han reconstruido sus vidas en otros lugares y no están precisamente entusiasmados con la idea de verse envueltos en la inseguridad de un nuevo trabajo y un nuevo hogar en un país que ha sido enormemente destruido y tiene un alto índice de desempleo. Además, existe una profunda desconfianza hacia los antiguos vecinos musulmanes que participaron en la conquista y ocupación de algunos lugares por extremistas. Como resultado, ahora solo hay una pequeña comunidad de fe en lugares cristianos históricos… y esto, a pesar de que la presencia de la Iglesia en estos lugares se remonta al siglo I después de Cristo. Es discutible que el tiempo pueda curar esas heridas.

Con muchas oraciones y ayuda de fuera, el sueño de Reznan de Homs quizá pueda hacerse realidad: «que la calle vuelva a ser lo que era antes».

Con muchas oraciones y ayuda de fuera, el sueño de Reznan de Homs quizá pueda hacerse realidad: «que la calle vuelva a ser lo que era antes».

Signos de esperanza

Por otro lado, los cristianos están regresando a los lugares que menos se hubiera esperado. Un ejemplo es la familia de Reznan Berberaska (22) de Homs. Su casa, que se encuentra ubicada en el antiguo frente, fue renovada a lo largo de ocho meses, lo cual es un pequeño milagro si se observa desde el balcón la destrucción que muestra la calle. Reznan, que quiere ser farmacéutico, señala las sillas de plástico y el tendedero lleno que se puede ver más abajo en la calle a través de grandes agujeros en la fachada. «También allí están ocupados construyendo». La iglesia en Siria espera un punto de inflexión similar al de la llanura de Nínive en Irak. Antes de la retirada del llamado Estado Islámico, sólo el 4% de los refugiados locales querían regresar a sus casas. Dos años después, el 45% de las 12.000 viviendas destruidas han sido restauradas y las familias han regresado realmente. Un comité de las mayores comunidades religiosas de Homs firmó la semana pasada un acuerdo con Aid to the Church in Need para reconstruir varios centenares de casas. Con muchas oraciones y ayuda de fuera, el sueño de Reznan de Homs quizá pueda hacerse realidad: «que la calle vuelva a ser lo que era antes». En vista de la migración de los cristianos en Siria, por un lado, y de la necesaria restauración de casas e iglesias, por otro, las expectativas son más bien malas: Siria nunca volverá a ser lo que era, nunca volverá a ser el mismo país.

Familias cristianas en Siria obligadas a abandonar su ciudad por extremistas islámicos celebraron su regreso ayer (jueves 14 de febrero) con una ceremonia que marca la reconstrucción de sus hogares.

Los fieles que llenaban hasta el último lugar de la iglesia de Santa María en la aldea de Crac de los Caballeros (Al Husn) recibieron durante la celebración un bloque de piedra con las palabras “Jesus is my Rock” (Jesús es mi roca) y una botellita de agua bendita para simbolizar el fin de las reparaciones de las casas que fueron devastadas durante dos años de campaña bélica.

El arzobispo Melkite católico griego Nicolas Sawaf de Lattakia, presidió la ceremonia y agradeció entre otros a la fundación internacional ACN (Ayuda a la Iglesia Necesitada por sus siglas en inglés) por el financiamiento de un programa para reparar 55 casas. “Dado todo lo que la gente ha sufrido, la violencia y el odio, ¿quién hubiera pensado que estas casas serían construidas? Para mí es un sueño. Mi sincero agradecimiento a ACN”, señaló Sawaf en su discurso.

Padre Andrzej Halemba, coordinador de proyectos de ACN para Oriente Medio, y el arzobispo Melkite católico griego Nicolas Sawaf de Lattakia.

Padre Andrzej Halemba, coordinador de proyectos de ACN para Oriente Medio, y el arzobispo Melkite católico griego Nicolas Sawaf de Lattakia.

Reflexionando sobre el hecho de que los vecinos hubieran estado implicados en los ataques a los hogares cristianos, agregó: “Debemos recordar que nosotros, como ciudadanos cristianos de Siria, tenemos una misión especial de amor, compasión y reconciliación. No debemos odiar a nuestros enemigos, debemos perdonarlos”.

Al entregar los bloques de piedra ‘Jesús es mi roca’ a los representantes de cada familia, el Padre Andrzej Halemba, coordinador de proyectos de ACN para Oriente Medio, dijo: “Esta piedra les recordará que no están solos, que Dios está siempre con ustedes y que los amigos y benefactores de ACN siempre estarán orando y apoyándoles”.

Entre ellos estaba Hasan Marmari, de 60 años, quien regresó a su casa hace unas semanas después de que ACN terminara de repararla. Marmari, cuyo hijo George desapareció hace cinco años durante el servicio militar, contó a ACN emocionado: “Por supuesto, todavía hay mucho dolor y sufrimiento en muchos de nosotros, pero poder finalmente regresar a casa y s volver a comenzar es un gran paso adelante y un importante signo de esperanza para nuestras vidas”.

El área cristiana donde se encuentra la aldea de Crac de los Caballeros fue atacada por extremistas musulmanes, incluidos también vecinos que vivían en el distrito, en 2012 como parte de la campaña de los rebeldes para tomar el cercano castillo medieval de los cruzados, de crucial importancia estratégica y obtener así el control sobre la región.

amilias cristianas en Siria obligadas a abandonar su ciudad por extremistas islámicos celebraron su regreso ayer (jueves 14 de febrero) con una ceremonia que marca la reconstrucción de sus hogares.

amilias cristianas en Siria obligadas a abandonar su ciudad por extremistas islámicos celebraron su regreso ayer (jueves 14 de febrero) con una ceremonia que marca la reconstrucción de sus hogares.

Además de reparar las casas, ACN ha restaurado la Iglesia de Santa María de 900 años de antigüedad también atacada y profanada durante la ola de violencia.

Desde que comenzó el conflicto en 2011, la organización ha completado casi 750 proyectos en Siria, como ayuda de emergencia para familias cristianas desplazadas en el Valle de los Cristianos, que incluye el pueblo de Krak des Chevaliers.

Familias cristianas en Siria obligadas a abandonar su ciudad por extremistas islámicos celebraron su regreso el 14 de febrero con una ceremonia que marca la reconstrucción de sus hogares.

Los fieles que llenaban hasta el último lugar de la iglesia de Santa María en la aldea de Crac de los Caballeros (Al Husn) recibieron durante la celebración un bloque de piedra con las palabras “Jesus is my Rock” (Jesús es mi roca) y una botellita de agua bendita para simbolizar el fin de las reparaciones de las casas que fueron devastadas durante dos años de campaña bélica.

El arzobispo Melkite católico griego Nicolas Sawaf de Lattakia, presidió la ceremonia y agradeció entre otros a la fundación internacional ACN (Ayuda a la Iglesia Necesitada por sus siglas en inglés) por el financiamiento de un programa para reparar 55 casas. “Dado todo lo que la gente ha sufrido, la violencia y el odio, ¿quién hubiera pensado que estas casas serían construidas? Para mí es un sueño. Mi sincero agradecimiento a ACN”, señaló Sawaf en su discurso.

Padre Halemba (ACN) y el arzobispo Melkite católico griego Nicolas Sawaf de Lattakia

Padre Halemba (ACN) y el arzobispo Melkite católico griego Nicolas Sawaf de Lattakia

Reflexionando sobre el hecho de que los vecinos hubieran estado implicados en los ataques a los hogares cristianos, agregó: “Debemos recordar que nosotros, como ciudadanos cristianos de Siria, tenemos una misión especial de amor, compasión y reconciliación. No debemos odiar a nuestros enemigos, debemos perdonarlos”.

Al entregar los bloques de piedra ‘Jesús es mi roca’ a los representantes de cada familia, el Padre Andrzej Halemba, coordinador de proyectos de ACN para Oriente Medio, dijo: “Esta piedra les recordará que no están solos, que Dios está siempre con ustedes y que los amigos y benefactores de ACN siempre estarán orando y apoyándoles”.

Entre ellos estaba Hasan Marmari, de 60 años, quien regresó a su casa hace unas semanas después de que ACN terminara de repararla. Marmari, cuyo hijo George desapareció hace cinco años durante el servicio militar, contó a ACN emocionado: “Por supuesto, todavía hay mucho dolor y sufrimiento en muchos de nosotros, pero poder finalmente regresar a casa y s volver a comenzar es un gran paso adelante y un importante signo de esperanza para nuestras vidas”.

A la derecha: Hasan Marmari, de 60 años.

A la derecha: Hasan Marmari, de 60 años.

El área cristiana donde se encuentra la aldea de Crac de los Caballeros fue atacada por extremistas musulmanes, incluidos también vecinos que vivían en el distrito, en 2012 como parte de la campaña de los rebeldes para tomar el cercano castillo medieval de los cruzados, de crucial importancia estratégica y obtener así el control sobre la región.

Además de reparar las casas, ACN ha restaurado la Iglesia de Santa María de 900 años de antigüedad también atacada y profanada durante la ola de violencia.

Desde que comenzó el conflicto en 2011, la organización ha completado casi 750 proyectos en Siria, como ayuda de emergencia para familias cristianas desplazadas en el Valle de los Cristianos, que incluye el pueblo de Krak des Chevaliers.

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.