El mensaje de Líbano a la región: Los valores cristianos incluyen el apoyo a la democracia y la tolerancia

El Obispo católico-maronita invita a los Gobiernos occidentales a reconocer el papel vital de los cristianos a la hora de llevar la paz a Oriente Próximo.

En la actualidad, una de cada tres personas en Líbano es un refugiado, y la mayoría son musulmanes. Al absorber a un gran número de suníes, el país afronta ahora nuevas amenazas a su equilibrio interno. El Obispo maronita Michel Aoun encabeza la Eparquía de Jbeil en Líbano, donde enseña Teología Sacramental en la Universidad del Espíritu Santo en Beirut. En una reciente visita a Nueva York, habló con la fundación pontificia ‘Aid to the Church in Need’ (ACN) sobre el papel de la Iglesia local a la hora de prestar apoyo a los 1,5 millones de refugiados sirios en Líbano. Esta llegada masiva de refugiados supone un enorme reto para un país cuya población no sobrepasa los 4,5 millones de habitantes.

ACN: ¿Cómo es la situación actual? ¿Se están integrando de alguna manera los refugiados?

Hay refugiados por doquier: a lo largo de la frontera con Siria y en cada ciudad y pueblo de todo el país. No están en campos de refugiados. Esta gente recibe algún apoyo de las organizaciones internacionales, pero también busca trabajo, lo cual es un problema, pues un sirio está dispuesto a trabajar por mucho menos dinero que un libanés. Como consecuencia, el país se está empobreciendo.

Para la Iglesia, esto supone un reto especial. Debemos ayudar a los sirios, pero con ello disgustamos a los libaneses, que dicen que también ellos necesitan cada vez más apoyo. Los cristianos sirios, por otro lado, tienen contactos locales, reciben ayuda de las Iglesias, etc.

Ahora que la violencia, hasta cierto punto, ha amainado en Siria, ¿está disminuyendo la crisis de refugiados en Líbano? ¿Están empezando a retornar a sus casas los sirios, tanto musulmanes como cristianos?

Este proceso todavía no ha comenzado por mucho que deseemos que sea así. Los musulmanes que están en Líbano no aceptan el régimen de Asad, pues la mayoría es suní. Están a la espera de que la comunidad internacional tome medidas para que puedan estar seguros de estar protegidos ante una eventual persecución por el régimen sirio.

Y luego hay otro asunto: estos refugiados han pasado ahora unos cuatro años en Líbano y se han acostumbrado a una forma de vida mejor que la que dejaron atrás. Algunos se resisten a irse también porque Líbano ofrece ciertas libertades que la dictadura en Siria –un sistema totalitario– nunca permitiría.

¿Representa la adicional presencia suní en Líbano una amenaza a la estabilidad del país?

Líbano debe preservar un cierto equilibrio, y el hecho de absorber a un número tan grande de suníes podría suponer una amenaza para dicho equilibrio. Ni los chiíes ni los cristianos libaneses podrían aceptarlo, por lo que hay que encontrar una solución a la crisis de los refugiados.

¿Existen tensiones en Líbano entre cristianos y musulmanes?

No, allí contamos con una larga historia de hasta un siglo de duración de armonía entre ambas comunidades. Esta cultura de convivir lado a lado está grabada en el corazón de la gente. Trabajan hombro a hombro y en las escuelas católicas a menudo hay un 15 o un 20% o más de alumnos musulmanes. A los padres musulmanes les interesa que a sus hijos se les inculquen ciertos valores básicos en nuestras escuelas.

¿Podría Líbano ser un modelo para Oriente Próximo en este sentido?

Sí, San Juan Pablo II ya dijo que Líbano con su armoniosa convivencia entre cristianos y musulmanes tiene un mensaje que ofrecer a la región. Aquí, todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y obligaciones. Por ello es crucial que el mundo ayude a Líbano a preservar esta situación única que muestra al mundo que los cristianos y los musulmanes pueden convivir sin problemas.

Dada la convulsión y las guerras en la región, ¿corre Líbano el riesgo de perder su privilegiada posición en este sentido?

El mayor riesgo es que los cristianos abandonen Líbano, y también que no tienen muchos hijos. Esto es crucial para mantener el equilibrio. Los cristianos no deben convertirse en una pequeña minoría. En estos momentos, aproximadamente un 38% de los libaneses son cristianos y el restante 62% se compone más o menos a partes iguales de suníes y chiíes, sin contar a los refugiados.

¿Qué quiere la Iglesia maronita libanesa que hagan las Iglesias occidentales?

Sería fantástico que los cristianos de Occidente se dirigieran a sus Gobiernos para que, por ejemplo, el Gobierno estadounidense tomara conciencia de la importancia de los cristianos en Oriente Próximo. Parece que, a veces, las consideraciones económicas son prioritarias, como ha sido el caso en Iraq, por ejemplo. Sin embargo, las políticas occidentales deberían asegurar que los cristianos permanezcan en Oriente Próximo, pues su presencia es vital.

Y el ejemplo libanés muestra por qué: los musulmanes libaneses están muy influenciados por los cristianos, por lo que son diferentes de los musulmanes sirios o iraquíes, y esto es así porque han convivido con muchos cristianos y han estado expuestos a valores cristianos, incluidos los del apoyo a la democracia y la tolerancia. Este es el regalo vital e indispensable que los cristianos pueden ofrecer a la región.

Desde el estallido de la guerra en Siria en el año 2011, la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN) ha apoyado en Líbano proyectos por un total de 5,4 millones de euros. Tan solo en 2016 fueron 1,18 millones de euros. Además de proyectos pastorales como los destinados a la formación de futuros sacerdotes, la construcción de edificios eclesiales y el apoyo a sacerdotes a través de estipendios de Misas, que ACN apoya desde siempre, también se han subvencionado grandes proyectos con ayudas de emergencia para el alojamiento y manutención de los refugiados, sobre todo en el valle de la Becá cerca de la frontera con Siria.

Un proyecto importante es el comedor instaurado en 2015 por la Iglesia Greco-Católica Melquita en Zahlé, llamado “Comedor de Juan el Misericordioso”. A este comedor acuden refugiados sirios, pero también libaneses necesitados, sobre todo ancianos y niños. Cada día reciben allí una comida caliente 1000 personas. Aid to the Church in Need ha apoyado este proyecto con 415.000 euros hasta la fecha. Además, también subvenciona varios proyectos de las Hermanas del Buen Pastor, que ofrecen una atención médica y psicológica a los refugiados y, sobre todo, a las mujeres traumatizadas.

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Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.