En la India, la Iglesia sirve a todos y combate la discriminación en todos los frentes

Mons. Sarat Chandra Nayak, Obispo de Berhampur, ha sido nombrado recientemente por la Conferencia Episcopal Católica de la India (CBCI) presidente de la Comisión para Castas Registradas y Castas Postergadas. Una importante parte de la tarea de la Comisión reside en elaborar la estrategia de actuación de la Iglesia en relación con los ‘dalits’ del país (la casta inferior de la jerarquía hindú, antes conocida como los intocables), que padecen una fuerte discriminación en la sociedad india. Los ‘dalits’ representan el 65% de la población católica india, que, a su vez, reúne a casi 20 millones de creyentes. Oriundo de Kandhamal, en el estado de Odisha, donde unos cien cristianos fueron asesinados por una turba hindú en 2008, Mons. Nayak es uno de los doce Obispos dalits existentes, de entre un total de 224.

Bishop Sarat Chandra Nayak of Berhampur

¿Por qué se les sigue negando a los ‘dalits’ cristianos (y musulmanes) una ‘acción positiva’,  a pesar de que la Constitución india garantice los mismos derechos a todos los ciudadanos?

Tras la independencia de Reino Unido en 1947, la Constitución, que entró en vigor en enero de 1950, garantizaba los mismos derechos fundamentales a todos sus ciudadanos, independientemente de su casta y credo. El 10 de agosto de 1950, entró en vigor una Orden Presidencial dirigida a ofrecer a los miembros de las tribus y a los dalits que fueran hindúes los beneficios de una discriminación o acción positiva para compensarlos por su bajo rango socio-económico tras siglos de rechazo y discriminación. Sin embargo, los dalits pertenecientes a otras religiones no se incluyeron. Finalmente, a los dalits budistas y sijs se les concedió el estatus de ‘Castas Desfavorecidas’ junto con los beneficios correspondientes. En cambio, los dalits musulmanes y cristianos siguen privados de estos derechos hasta el día de hoy, pese a las continuas protestas y llamamientos al Gobierno en los últimos sesenta años.

Los Gobiernos anteriores, casi todos formados por el Partido del Congreso, no tuvieron la voluntad política de enmendar la Constitución, incluso a pesar de disponer de la mayoría absoluta en el Parlamento. El Gobierno actual del BJP (Partido Popular Indio), con su ideología nacionalista hindú, se posiciona abiertamente contra la ampliación de la discriminación positiva de la Constitución a los dalits musulmanes y cristianos.

¿Está la Iglesia en posición de cambiar la situación? ¿Qué estrategia persigue la Iglesia a este respecto?

Los cristianos solo representan el 2,5% de la población total, por lo que, desde el punto de vista político, la Iglesia no ha podido hacer gran cosa para impugnar la validez constitucional de la Orden Presidencial de 1950. No obstante, debe ser combatida, pues discrimina en virtud de la religión, lo cual contradice los principios básicos de la Constitución india, que dice que todos los ciudadanos deben recibir el mismo trato, independientemente de su casta, credo, sexo o religión. Las protestas pacíficas de la Iglesia no han obtenido hasta ahora ningún éxito, aunque la cobertura por los medios de comunicación ha hecho que el asunto sea conocido por el público en general.

La estrategia de la Iglesia consiste en luchar junto con los musulmanes y la gente de buena voluntad de otras religiones y de diferentes ideologías políticas. Además, la Iglesia también está intentando unir a todos los dalits respecto a este asunto. Por desgracia, a los dalits hindúes, budistas y sijs les preocupa que la extensión de los beneficios a musulmanes y cristianos pueda disminuir los beneficios propios. Finalmente, la Iglesia aborda la cuestión desde la perspectiva de los derechos humanos: la discriminación de los dalits cristianos es una violación de los derechos humanos, una violación según los estándares internacionales.

 

 

Algunos creen que si se les concedieran beneficios a los ‘dalits’ cristianos, muchos ‘dalits’ hindúes se convertirían al Cristianismo. ¿Cuáles son los aspectos de la vida cristiana que resultan atractivos a los hindúes de la casta más baja?

El temor a conversiones masivas al Cristianismo es infundado y es también otra forma de degradar a los dalits, al dar por hecho que cambiarían de religión para obtener beneficios materiales. Esta es la estrategia de la mentalidad hindú, independientemente de la ideología política: infundir en la mayoría hindú el miedo a un éxodo masivo. Pero los hechos demuestran lo contrario: incluso a pesar de que los dalits cristianos se ven privados de ayudas gubernamentales y pese a que, en algunos estados, son discriminados, siguen siendo fieles a su fe, incluso hasta al punto de sufrir el martirio. Y lo que es más, cuando la discriminación positiva fue extendida a budistas y sijs, los dalits musulmanes y cristianos, o los hindúes, no se convirtieron a esas fes.

Es cierto, no obstante, que los cristianos son conocidos por promover el amor al prójimo y por una forma de vida que respeta a todas las personas y que está dedicada a la labor de misión. Los fundamentalistas hindúes intentan impedir y poner obstáculos en el camino de los servicios cristianos como los que se prestan en los ámbitos educativo, sanitario o social, para que la gente no se sienta atraída por el Cristianismo y se convierta a él. Seis estados tienen leyes anticonversión para impedir cualquier conversión. A  menudo se dice y se acepta como un hecho que, pese a representar a tan solo el 2,5% de la población, los cristianos ofrecen el 20% de todos los servicios nacionales en varios ámbitos. No obstante, el tamaño de la comunidad cristiana no ha crecido mucho en la India.

 

¿Podría explicarnos por qué los nacionalistas hindúes son tan hostiles al Cristianismo?

En primer lugar, asocian el Cristianismo con el régimen colonial británico. A la India fueron relativamente pocos británicos, pero, no obstante, la gobernaron durante más de dos siglos. Los nacionalistas hindúes temen que, si el número de cristianos aumenta, estos volverán a gobernar la India. El Cristianismo es considerado una religión foránea.

En segundo lugar, el Cristianismo desafía varios principios y prácticas de la religión hindú, y los hindúes temen perder influencia. Por ejemplo, la fe Cristiana ha desafiado la ancestral práctica del sati pratha, por la cual a una viuda se la quemaba viva junto al cadáver del marido. Y es que, según la religión hindú, las mujeres no tienen una existencia independiente de los hombres, por lo que las viudas no tienen derecho a existir, a tener posesiones o a volver a casarse. Esta práctica está hoy prácticamente erradicada. En segundo lugar, tenemos el jati pratha (sistema de castas), que clasifica a la gente en función de su nacimiento y los trata como a superiores o inferiores. Entre las diferentes castas no debe haber relaciones sociales.

Los dalits son considerados descastados o intocables que incluso con su sola sombra pueden hacer que alguien se vuelva impuro. El sistema de castas no permite que una persona desempeñe una profesión diferente de la que le corresponde por su casta o por la familia a la que pertenece. La Iglesia aspira a erradicar este sistema, y promueve y defiende la igual dignidad y los mismos derechos para todos los ciudadanos.

La ideología hindutva propugnada por los nacionalistas hindúes está intentando imponer un nacionalismo cultural formado por una cultura, una lengua y una religión. En cambio, fiel a las enseñanzas de Cristo, la Iglesia reconoce, respeta y promueve el pluralismo de culturas y lenguas.

Finalmente, el Hinduismo está impregnado de muchas creencias oscuras, incluidas las prácticas de magia negra, brujería, etc., que son utilizadas para explotar, torturar y chantajear a la gente. La Iglesia, a través de la educación y la concienciación, sobre todo, entre los dalits y los miembros de las tribus, libera a estas personas de estas fuerzas malignas.

 

 

¿Qué están haciendo los Obispos para combatir la discriminación de los ‘dalits’ cristianos en el mismo seno de la Iglesia?

En muchos encuentros nacionales, los Obispos de la India han hecho públicas declaraciones en aras del fin de la discriminación de los dalits y del sistema de castas, pero no solo dirigidas a la Iglesia, sino también a la sociedad en general. No obstante, el sistema de castas parece estar profundamente arraigado en la psique de muchos indios, incluidos los cristianos, por lo que sigue presente incluso después del bautizo. Ahora, al adoptar formalmente una política para los dalits en la Iglesia, los Obispos indios se han comprometido a hacer campaña para empoderar a los dalits y educar a los creyentes, reafirmando la igualdad de todas las personas y haciendo hincapié en que a los dalits hay que concederles las mismas oportunidades en los diferentes ámbitos profesionales y sociales.

¿Cómo se manifiesta la tensión entre las nociones hindúes de pureza profundamente arraigadas y el mensaje del Evangelio de que todos los hombres y mujeres son iguales ante los ojos de Dios?

El sistema de castas en la India no solo forma parte de la religión hindú, sino que también es parte de la cultura india. Aunque la Constitución india prohíba la práctica de este sistema, este sigue existiendo y, por desgracia, incluso sigue presente entre cristianos. En el pasado, como parte de una estrategia misionera de evangelización, algunos misioneros toleraban el sistema de castas, y parte de esta actitud pervive hasta hoy. Se cree que el Cristianismo fue traído primero por Santo Tomás a Kerala y a algunas partes de Tamilnadu, y allí hay cristianos de castas superiores que lo son desde hace siglos y que dicen ser descendientes directos del Apóstol. Debido a la mentalidad de las castas, la fe permaneció confinada a esa región y no se extendió a otras partes del país durante más de 1.500 años. Solo cuando llegó San Francisco Javier a la India, el Cristianismo empezó a extenderse.

 

 

Usted mismo es un ‘dalit’. ¿Cuál ha sido su experiencia al seguir su vocación en la Iglesia?

Personalmente, no fui objeto de discriminación en mi infancia y tampoco en el seminario. Discriminar a la gente en función de la casta no solo no es cristiano, sino también inhumano. Estoy feliz de ser un sacerdote y considero que mi sacerdocio es el mayor regalo que Dios me ha concedido por el bien de Su pueblo. La dignidad de Obispo es una responsabilidad añadida, y yo intento “ser un siervo alegre”, lo cual es el lema de mi episcopado. Al ser dalit, tal vez me resulte más fácil que a otros entender el concepto de ser un siervo. Soy la primera generación cristiana en mi familia y mi fe en Cristo me otorga gran felicidad, pues sigue siendo nueva y sigue incontaminada.

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