Nicaragua sigue convulsionada por la crisis que comenzó hace 14 meses. El país continúa generando titulares como el de la amnistía de casi un centenar de personas a mediados de Junio, que seguían detenidas por las protestas contra el Gobierno el pasado año. También ha sido tema durante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Medellín del 26 al 28 de Junio. La situación en el país centroamericano es crítica, con una gran polarización y mucha confrontación, así lo explica monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa, durante su visita a la sede internacional de la fundación pontificia Aid to the Church in Need.

ACN: ¿Cómo está la situación en Nicaragua después de estos más de 14 meses de crisis?
Estamos viviendo una situación sociopolítica y económica crítica. En Nicaragua hay mucha polarización, mucha confrontación. Nosotros como Iglesia estamos llevando al pueblo una palabra de esperanza para asentar las bases y los fundamentos de nuestra propia historia. Tiene que ser esperanza de un mejor futuro, de un país donde las futuras generaciones puedan vivir en paz, con justicia y progreso, en el marco de una democracia institucionalizada y por supuesto con una opción preferencial por los pobres, como dijeron los obispos latinoamericanos en Puebla en la década de los 70.

Durante la dura crisis en 2018 los obispos estuvieron muy presentes en todo el proceso. ¿Está la Iglesia menos implicada ahora que antes?
La Iglesia nicaragüense está directamente comprometida con la historia de su país sintiéndose y sabiéndose ella mismo pueblo, un pueblo caminante y peregrino, un pueblo trabajador, que cree en sí mismo y por supuesto guiado por la mano de Dios. Considero que los nicaragüenses tenemos el potencial para poder construir ese futuro.

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa.

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de Matagalpa.

Hablando del futuro del país, la crisis ha afectado especialmente a muchos jóvenes que habían intentado dar voz a sus protestas.  Sin duda uno de los grupos que más ha sufrido la crisis es la juventud. ¿No le parece?
El Papa Francisco dice que los jóvenes son el ahora de Dios, por eso en Nicaragua la juventud está haciendo historia, está edificando su historia. Por eso toda la sociedad viva, tanto los jóvenes como los adultos, tenemos que gestionar las cosas temporales y conducir nuestros pensamientos y nuestras energías para poder dejar en herencia un país mejor a esas generaciones que vienen.

En algunos medios y en las redes sociales se ha hablado de una cierta desunión en la Iglesia nicaragüense y de diferentes fracciones en la Iglesia. ¿Qué hay de cierto en esta hipótesis?
Con todo el respeto, la veo completa y totalmente ajena a nuestra realidad e incluso anacrónica. Desfasada en el tiempo porque la Iglesia en Nicaragua estuvo fragmentada en los 80, cuando surgió en toda América Latina la famosa ‘iglesia popular’, con la llamada ‘teología de la liberación’, mal planteada en algunos aspectos  por ciertos teólogos porque toda auténtica teología es liberadora.

Nuestra Iglesia está más unida que nunca y la manifestación clarísima de eso, es precisamente, el hecho que hemos logrado con la ayuda del divino Espíritu llevar adelante todo un trabajo de profetismo que implica el anuncio de la esperanza, de ojos abiertos que tiene en cuenta la realidad actual que vivimos, gestionando un mejor mañana y la denuncia de todo lo que sea injusto.  Si la iglesia en Nicaragua no estuviera unida, este trabajo profético, esta labor, misión profética, jamás se podría llevar a cabo, sería taxativa y categóricamente un imposible. También puedo afirmar que la unidad de la Iglesia, la unidad de la conferencia episcopal de Nicaragua, es en estos momentos la mayor fortaleza que tenemos los obispos en nuestro país.

"Estamos viviendo una situación sociopolítica y económica crítica".

“Estamos viviendo una situación sociopolítica y económica crítica”.

¿Cuál es el próximo reto que va a tener que afrontar ahora? ¿Cuál es el próximo paso que deben dar como Iglesia?
Los nicaragüenses somos responsables de nuestro presente y  tenemos que aprender de los errores del pasado para poder construir un mejor futuro. Esa responsabilidad compartida significa saber y sentir que cada uno es soberano de su historia, de nuestra historia y que podemos y debemos cambiar la historia para bien. En estos más de 190 años, hemos vivido muy fragmentados, divididos y confrontados y eso ha dificultado construir un país sólido y estable. Pienso que es deber de la iglesia, en su misión profética, no dejar de un lado esta tarea y ser factor de cambio en la historia de Nicaragua, un cambio donde todos podamos estar sentados a la mesa, cada uno en su sitio, sin excluir a nadie y compartiendo el pan con dignidad.

Y por supuesto tenemos que seguir proclamando la esperanza en la viabilidad de nuestro país, no podemos perder la esperanza, eso me parece que es vital y un desafío para la iglesia nicaragüense.

Por último, que les diría a los benefactores de ACN de todo el mundo, ¿qué podemos hacer por su país?
Me gusta mucho el nombre de la fundación – Ayuda a la Iglesia Necesitada – porque la Iglesia está necesitada. Está necesitada de oración y de esperanza para seguir profetizando. La Iglesia tiene que seguir haciéndose pueblo, abriendo sus puertas para todos, sin diferencias. Todos somos la viuda pobre, tanto el que tiene mucho económicamente como el que tiene muy poco. El secreto es – como decía santa Teresa de Calcuta – “dar hasta que nos duela”. De tal manera que a los benefactores de ACN les digo: Sigan adelante, sin miedo, como lo han hecho, danto hasta que les duela, dando de lo que tienen para vivir, porque así nos dan vida a los demás.

“Cargamos con un pequeño pedazo de la cruz de Cristo. No podríamos cargarla toda. Él nos está ayudando.”

Nicaragua hoy es un país atrapado entre dos identidades: por un lado una nación liderada por un gobierno que representa en muchos sentidos un pasado dictatorial y prolongado, como fue la dinastía de los Somoza que gobernó por casi seis décadas en el siglo XX.

Pero por otro lado, es también un país cuyo pueblo dijo “basta.” Que despertó de su estupor y quiere salir adelante, con una Iglesia Católica liderada por diez obispos que no temen pastorear su rebaño y ser esa Iglesia en salida que tanto pide el Papa Francisco, que abre las puertas de las catedrales para ser, literalmente, un hospital de campo.

Sin banderas políticas y sin hacer diferencias en la atención de los heridos, de apoyar al que sufre, alimentar al hambriento tanto física como espiritualmente.

El Cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, la capital del país.

El Cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, la capital del país.

“Vinieron en un tiempo complicado… en el que la gente está sufriendo mucho, porque tienen miedo de salir a la calle,” es lo que le dijo un sacerdote – que por motivos de seguridad prefiere permanecer anónimo – de la diócesis de Matagalpa a una delegación de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), que visitó el país a fines de noviembre para solidarizarse con la situación que está pasando el país.

A pesar de los carteles municipales que hablan de una Matagalpa “Cristiana, socialista, solidaria,” la tensión es palpable, con policías y fuerzas para-militares en las calles para disuadir a la población civil de hacer protestas, en su gran mayoría pacíficas. Las mismas iniciaron en el mes de abril de 2018, pero en el caso de Matagalpa, las fuerzas del estado incluso prohibieron a un grupo de mujeres honrar a sus hijos asesinados en la guerra civil, una marcha que llevan realizando desde hace casi 20 años.

 “Soy uno de los afortunados, muchos sacerdotes han tenido que huir,” dijo. “Pero no se puede permanecer impávidos cuando la gente irrumpe en la misa porque los están matando. Porque los militares y policías no les estaban tirando caramelos. Les estaban disparando a matar, apuntando a las cabezas, los cuellos y el pecho.”

“El evangelio nos enseña que tenemos que abrir las puertas a los que son perseguidos, y eso fue lo que hicimos. Nuestras iglesias se convirtieron en refugios, no en casas de planificación, como el gobierno pretende indicar.”

Y el sacerdote sabe de lo que esta hablando: El 15 de mayo de 2018, en un auto de la diócesis conocido como “la ambulancia,” rescató a 19 manifestantes heridos que habían sido alcanzados con balas de AK-47. Por orden del régimen, los hospitales públicos tenían prohibido ayudar a los heridos, en su mayoría estudiantes universitarios.

"Nicaragua: una Iglesia al lado de su pueblo".

“Nicaragua: una Iglesia al lado de su pueblo”.

“Durante esos días, la gente en los bancos de nuestras iglesias no escuchaba el evangelio, lo vivía,” dijo, emocionado.

Desde septiembre, y con ayuda de organismos internacionales, la iglesia diocesana abrió cinco oficinas pastorales de “Derechos Humanos,” desde donde brindan asistencia a las familias que perdieron hijos durante las manifestaciones, y también a aquellas personas que hoy son perseguidas por haber protestado. Unas 50 se encuentran encarceladas sin un juicio justo, y cientos han “desaparecido,” mientras unos 30,000 se han exiliado a Costa Rica, y otros tantos en otros países.

“Se nos acusó de esconder armas, pero nunca lo hicimos,” dijo el sacerdote. “Nuestra única arma era Jesús en la Eucaristía.”

La cantidad de personas que hoy depende de la iglesia para sobrevivir se ha triplicado desde el mes de abril.

“Cargamos con un pequeño pedazo de la cruz de Cristo,” dijo. “No podríamos cargarla toda. Él nos está ayudando.”

La situación de los obispos y muchos religiosos en Nicaragua no es sencilla. Su actitud de abrir las puertas de la iglesias para atender a los heridos, tanto a estudiantes como a policías, y también su voluntad de colaborar en un fallido proceso de diálogo nacional, llevó a que muchos de ellos sean tildados por el oficialismo como “golpistas” y “terroristas.”

Uno de ellos es el Cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, la capital del país. A pesar de las dificultades, no ha perdido ni su sonrisa ni su fe.

A pesar de la sonrisa, Brenes no puede ocultar su preocupación por el futuro de Nicaragua, un país que ha vivido suficientes revoluciones para saber que muchas de las grandilocuentes ideas que convencen a las masas, tarde o temprano, terminan destrozadas por los abusos de poder de unos pocos.

La última revolución comenzó el 18 de abril, aunque muchos en Nicaragua coinciden que no fue más que el “fósforo que encendió la fogata que hace tiempo se estaba preparando.”

“La iglesia acompaña el proceso de diálogo que nace después de las protestas pero como un servicio al país,” afirmó Brenes. “No nos interesa el poder, sino acompañar los esfuerzos sin esperar beneficios personales más que el bien de la patria. Cuando tuvieron lugar los choques entre las fuerzas nacionales y los manifestantes, nosotros protegimos a todos.”

Mas de una vez, el cardenal tuvo que mediar entre el gobierno y los que protestaban, tanto para rescatar a policías que habían sido secuestrados en los tranques, como para que los militares dejaran de disparar a los estudiantes.

“Nunca les preguntamos a que lado pertenecían, simplemente ayudamos a todos los que nos pidieron ayuda,” dijo, reconociendo sin embargo que podrían haber denunciado el uso de la violencia por parte de algunos manifestantes.

“Ambos lados fueron violentos en algún momento, pero el gobierno hizo un uso desproporcionado de la violencia,” dijo. “La policía antimotines tenia rifles, mientras que los jóvenes gomeras y explosivos caseros.”

El desafío ahora es trabajar en pos de la reconciliación nacional, algo que sabe llevara generaciones y que no espera poder presenciar. “Pero tenemos que sentar las bases para la misma.”

A pesar del desafío, Brenes decide aferrarse a su fe en lugar de perder la esperanza, cada vez más convencido de lo profético de la frase del Papa Pio X que dice, “Denme un ejército que rece el rosario todos los días y cambiaremos el mundo.”

“Yo rezo todos los días. El primer misterio por Nicaragua, el segundo por la conversión de la pareja gobernante, el tercero por las madres que perdieron a sus hijos o que los tiene en prisión, el cuarto por los prisioneros políticos, y el quinto por el clero.

“Si creemos que la fe puede mover montañas, el rezo del rosario puede convertir corazones hacia una verdadera reconciliación, que cure los corazones heridos y que busque el bien de todos,” dijo Brenes. “Ustedes, ¿pueden rezar por Nicaragua?”

En el mes de noviembre, Marco Mencaglia, responsable de proyectos de Ayuda a la Iglesia Necesitada para América Latina, visitó Nicaragua para conocer de cerca la situación que está enfrentando el país y también para evaluar de qué forma esta fundación pontificia ha colaborado y puede continuar haciéndolo con la iglesia local.

 El pasado año Nicaragua vivió una fase de intensa y violenta confrontación entre gobierno y grupos de oposición durante un tiempo aproximado de tres meses, desde el 18 de abril hasta la mitad de julio. En este periodo se registraron centenares de víctimas, la gran mayoría jóvenes participantes en las protestas. El número exacto de víctimas no ha sido unánimemente reconocido, pero el gobierno habla de 150 muertes, mientras que otras fuentes de más de 500.

 La iglesia tuvo un rol central para evitar que los enfrentamientos entre los grupos armados del gobierno y quienes protestaban, en su mayoría estudiantes universitarios, dejaran un saldo mayor de muertos y heridos.

 Entre otras cosas, la Iglesia de Nicaragua repite constantemente que la única salida de esta situación es el diálogo y el apoyo a un proceso que permita asegurar la certeza del derecho y canalizar las energías de los jóvenes para el bien del país, evitando nuevos conflictos y promoviendo la inclusión de todos los actores sociales relevantes en el país,” dijo Mencaglia en una entrevista después de su visita a este país centroamericano. “Me atrevería a decir que no hay salida pacífica de la actual situación sin la colaboración de la Iglesia, que mantiene un rol fundamental y único a nivel espiritual y social en Nicaragua, en el difícil camino de cura de las profundas heridas del conflicto de abril-julio.

 Por otro lado, también destacó la difícil situación de los jóvenes católicos, ya que como muchos le dijeron durante su visita: “Ser joven y católico hoy en Nicaragua es por sí mismo un peligro.”

 Reproducimos a continuación la entrevista completa.

 

¿Cuál es la situación de Nicaragua actualmente?

A pesar de que oficialmente desde julio hasta hoy no ha habido episodios de violencia de tal gravedad, el país sigue viviendo en una atmósfera de fuerte tensión: todavía no se ha resuelto el tema de los centenares de jóvenes que siguen presos en la cárcel por motivos políticos ligados a la represión de la protesta. A su vez, formas de discriminación más silenciosa siguen afectando la vida del país.

En el mes de noviembre, Marco Mencaglia, responsable de proyectos de Ayuda a la Iglesia Necesitada para América Latina, visitó Nicaragua.

En el mes de noviembre, Marco Mencaglia, responsable de proyectos de Ayuda a la Iglesia Necesitada para América Latina, visitó Nicaragua.

¿Cuál ha sido el rol de la Iglesia Católica durante este tiempo?

Mucha gente se queja de la falta de requisitos básicos para que el país pueda definirse como democrático. El papel de la Iglesia Católica es crucial para una posible solución pacífica del conflicto, debido a su presencia fuertemente enraizada en la sociedad.

Tras las primeras protestas, el gobierno llamó a la Iglesia a la mediación. El diálogo fue interrumpido después de ocho sesiones por iniciativa del gobierno, que ha empezado una enérgica campaña de descalificación en contra de la Iglesia Católica a través de fuertes acusaciones a las

Jerarquía eclesial, llamando además a los  católicos “golpistas” y “terroristas.” A su vez, ha implementado formas de control de las palabras y acciones de los sacerdotes, por ejemplo las homilías dominicales son cuidadosamente escuchadas y reportadas por intermediarios del gobierno.

Así mismo se han reportado iniciativas concretas discriminatorias y hasta violentas a nivel local en contra de personas que se sospecha hayan ofrecido algún tipo de apoyo material a la protesta, incluso sin participar directamente en los enfrentamientos.

En numerosas ocasiones hemos escuchado esta frase durante la visita: “Ser joven y católico hoy en Nicaragua es por sí mismo un peligro.”

¿Qué fue lo que mas te impactó del viaje?

El coraje que la Iglesia ha tenido a fin de evitar más violencia durante los meses del conflicto. En muchas regiones del país los organizadores de la protesta llevaron a cabo cierres en las carreteras principales, paralizando la vida de la nación por semanas. Son numerosas las fotos que vimos de sacerdotes con las manos levantadas, parándose entre los grupos armados del gobierno dispuestos a remover los bloques por la fuerza y los protestantes dispuestos a resistir, en los momentos más tensos del conflicto. Arriesgando su vida esos sacerdotes, la gran mayoría jóvenes, han salvado de la muerte a muchos otros jóvenes de ambos lados del conflicto, evitando literalmente el desenlace violento de los cierres. Muchas iglesias han acogido también centenares de personas heridas, improvisando hospitales en su interior.

A pesar de la campaña de descalificación del gobierno, la credibilidad de la institución eclesial según pesquisas independientes sigue siendo muy elevada. Crece en casi todo el país el número de vocaciones al sacerdocio, diversas diócesis fundan cada año nuevas parroquias. Otras multiplican los centros de formación para laicos. Crece la demanda de participación a cursos e iniciativas formativas organizadas por la Iglesia. La diócesis de más reciente institución en América Central está en Nicaragua: Siuna, establecida a finales de 2017.

Nicaragua: No hay salida de la crisis actual sin la colaboración de la iglesia.

Nicaragua: No hay salida de la crisis actual sin la colaboración de la iglesia.

¿Cuál es la salida de esta crisis?

La Iglesia de Nicaragua repite constantemente que la única salida es el diálogo y el apoyo a un proceso que permita asegurar el respeto de las leyes básicas de una democracia: elecciones libres y correctas, y canalizar las energías de los jóvenes para el bien del país, evitando nuevos conflictos y promoviendo la inclusión de todos los actores sociales relevantes en el país. Me atrevería a decir que no hay salida pacífica de la actual situación sin la colaboración de la Iglesia, que mantiene un rol fundamental y único a nivel espiritual y social en Nicaragua, en el difícil camino de sanación de las profundas heridas del conflicto de abril-julio.

 ¿Cuáles son las necesidades de la Iglesia en Nicaragua? 

La Iglesia local necesita en primer lugar mantener su unidad. Los obispos siempre han manifestado una admirable comunión entre ellos, a pesar de las diferencias de historia personal, actitud y contexto pastoral. Urge rezar para que las personas que se han alejado de la Iglesia por motivos políticos recuperen la comunión con la Iglesia. Son procesos difíciles, que a pesar de los problemas se están implementando silenciosamente. La Iglesia de Nicaragua necesita también de la solidaridad de la Iglesia universal, a través de la oración y de una constante atención en este tiempo tan delicado.

"La Iglesia local necesita en primer lugar mantener su unidad".

“La Iglesia local necesita en primer lugar mantener su unidad”.

¿De qué manera puede ayudar ACN, por medio de la colaboración de sus donantes?

Debido al notable aumento de vocaciones sacerdotales, la Iglesia de Nicaragua ha decidido a partir del 2019 establecer nuevos seminarios para la etapa de filosofía a nivel regional que se unirán a los dos seminarios diocesanos existentes (Managua y Granada) y al Seminario Nacional de Managua, donde los estudiantes de las otras cinco jurisdicciones del país continuarán sus estudios de teología. Los nuevos seminarios improvisados necesitan estructuras dignas para acoger a los jóvenes estudiantes.

ACN acompaña también el proceso de fundación de nuevas parroquias, en diversas diócesis del país, a través de la construcción de pequeñas iglesias y casas parroquiales, en lugares alejados para que una comunidad tenga la alegría de recibir un sacerdote por primera vez que viva permanentemente con ellos. Pudimos comprobar como en Nicaragua la presencia del sacerdote en muchos casos cambia la vida de un pueblo: además de su servicio litúrgico-sacramental, el sacerdote suele ser un verdadero punto de referencia para la vida cotidiana de toda la comunidad.

Otro campo de ayuda es la formación de jóvenes laicos. Los jóvenes católicos, como mencionamos anteriormente, han sido objeto de los ataques más duros durante la protesta, privados de sus derechos, amenazados, presos, golpeados. Muchos han huido del país, buscando refugio en el exterior. Muchos otros por las consecuencias de la actual crisis económica han perdido su trabajo y no tienen una visión de futuro. A estos jóvenes tenemos que dirigirnos, para que curen sus heridas y descubran el amor de Dios en medio de tanto sufrimiento y rencor.

“El diálogo es la solución”, mensaje de Adviento de la CEN

A pocos días de la festividad nacional de la Purísima Concepción de María, el cardenal Leopoldo José Brenes, arzobispo de Managua, pide “orar por Nicaragua, por la paz y por la unidad del pueblo y de las familias”. “Las lágrimas del pueblo son las lágrimas de Dios y por lo tanto también son las de María que es madre. Ella lloraría al ver nuestra situación” recalcó en un video que ha llegado a la fundación pontificia ACN. Hablando a los medios de comunicación sobre el significado de la gran fiesta nicaragüense el cardenal da gracias al Señor porque los conflictos “van minorando” y espera que poco a poco “se vaya recuperando la paz”. Así invita a “seguir trabajando en este Adviento de esperanza” y también a reflexionar sobre el amplio mensaje que ha publicado la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) con motivo del Adviento, que no ha sido bien recibido por todos los sectores.

En un momento delicado para el país, en plena crisis socio política por las muertes y persecuciones a raíz de las protestas contra el presidente Daniel Ortega, los obispos de Nicaragua recuerdan en su mensaje de Adviento que el pueblo debe actuar como si fueran “colaboradores de Dios” ante la “injusticia y la opresión”. “No se dejen seducir por soluciones inmediatistas (…) la nueva Nicaragua necesita líderes no violentos que conquisten, de la mano de Dios, metas de libertad y justicia”. La CEN llama al diálogo, a la palabra, a los gestos solidarios de amor y perdón para enfrentar a la violencia. Recuerdan que ante los conflictos y la crisis que se están viviendo “nadie se puede quedar de brazos cruzados”, viendo “el dolor de nuestros adversarios que no dejan de ser hermanos”. Los obispos insisten en que hay que romper con los “egoísmos personales” para ser cada vez más como “el Maestro”.

El cardenal Leopoldo José Brenes insiste en que el dialogo “es el espíritu de la Iglesia, sea en la familia, con los vecinos o en la política”, y así se lee también en el mensaje de Adviento donde los obispos recalcan que “un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma la oportunidad de dialogar con un espíritu abierto”. En este sentido reconocen que es difícil que se solucionen todas las cuestiones con el diálogo del Estado y la sociedad, pero ellos están “dispuestos a acompañar las propuestas que mejor responden a la dignidad humana y al bien común”. “Con el diálogo hay futuro, sin él todo esfuerzo se enruta al fracaso. Es la salida pacífica ante esta crisis sociopolítica”.

Situación crítica en Nicaragua

Nicaragua vive actualmente una crisis social y política que tiene su origen en un creciente autoritarismo y falta de respeto por el estado de derecho, que se ha evidenciado en la última década después de la victoria electoral de Daniel Ortega en 2006.  Un intento de reforma del sistema de la Seguridad Social por parte del gobierno en abril de 2018 fue el arranque de intensas protestas violentamente perseguidas por los grupos afines al Gobierno. El resultado fueron cientos de muertos, centenas de jóvenes que siguen presos en las cárceles de Nicaragua y millares de jóvenes que han dejado el país. Nicaragua es ahora un pueblo dividido y desesperado. La Iglesia nicaragüense, que tomó una posición crítica ante el autoritarismo político que se vive, ha sufrido una campaña de desprestigio por parte del Gobierno y recibido constantes amenazas por grupos afines al presidente Ortega. Varios obispos fueron atacados, como fue el caso de Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua, Mons. Juan Mata, obispo de Estelí y Mons. Rolando Alvarez, obispo de Matagalpa.  Sin olvidar el episodio de violencia en la Basílica de Menor de San Sebastián de la ciudad de Diriamba dónde fueron agredidos el Cardenal Leopoldo Brenes y el Nuncio Apostólico, Mons. Waldemar Sommertag.

La fundación ACN acaba de realizar un viaje por el país para conocer la situación de primera mano y analizar las ayudas concretas que se pueden dar a la iglesia local para reforzar su pastoral en estos momentos tan complicados.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.