Las comunidades católicas en el Oriente Próximo han celebrado más de 1.000 santas misas para agradecer al Papa Francisco por su apoyo a la iniciativa «Velas por la paz en Siria» que ha llevado a cabo la fundación pontificia Aid to Church in Need (ACN) durante las Navidades.

El pasado primer domingo de adviento, Francisco encendió una vela durante el habitual rezo del Ángelus asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, pidiendo: « ¡Que esta llama de esperanza y tantas llamitas de esperanza  dispersen las tinieblas de la guerra!».

El Papa Francisco recibiendo un cirio de la campaña "Velas por la paz en Siria", de manos de la hermana Annie Demerjian, religiosa siria.

El Papa Francisco recibiendo un cirio de la campaña “Velas por la paz en Siria”, de manos de la hermana Annie Demerjian, religiosa siria.

Numerosas comunidades de Siria, Egipto, Líbano e incluso de la Península Arábiga  han expresado al Santo Padre su agradecimiento por este gesto, celebrando cientos de misas específicamente por las intenciones del Pontífice. Numerosos cristianos ortodoxos en el Oriente Próximo se han sumado también a esta acción de agradecimiento orando por las intenciones del Papa Francisco.

En la campaña «Velas por la paz en Siria» participaron más de 50.000 niños de diferentes confesiones y religiones en las ciudades sirias afectadas por la guerra, como Alepo, Damasco, Homs, Marmarita, Hasaka, Tartús y Latakia. Miles de personas en todo el mundo se unieron a la acción, mostrando su solidaridad con Siria.

El día uno de enero, Jornada Mundial de la Oración por la Paz, cientos de comunidades del Líbano por iniciativa del arzobispo católico-melquita de Zahlé y Forzol, Issam John Darwish, se unieron a la acción, encendiendo velas y rezando por la paz en Siria y en todo el Oriente Próximo en los servicios litúrgicos de Año Nuevo.

Más de 200 iglesias y edificios parroquiales han sido dañados o destruidos en Siria. El resurgimiento de la vida parroquial es una forma de tranquilizar a los fieles y animarlos a reconstruir sus vidas. “Como el pastor de los ortodoxos sirios en Homs fue una visión muy dolorosa ver la destruición de nuestra iglesia” dice el Obispo Selvanos Boutros Al-Nemeh. #HelpSyria

La Iglesia católica de la localidad siria  de Marmarita y la fundación internacional Aid to the Church in Need trabajan para sostener a familias huidas de sus casas y ayudarlas a regresar

Ghassan Abboud y su mujer Maha Sanna vivían en Homs junto a sus dos hijos, Josef y Michael. Pero hace justo 5 años y 7 meses la vida les cambió por completo, esa fecha no se les borra de sus recuerdos. “Estábamos en casa, mi hijo Michael estaba en el salón tranquilamente, cuando de repente oímos el ruido de unos cristales rotos. Cuando fuimos a ver qué había pasado, nos encontramos a Michael tendido en el suelo, una bala perdida que había entrado por la ventana le atravesó la cabeza. Murió en el acto”, narra Maha.

La guerra de Siria había irrumpido en la ciudad de Homs apenas unos meses antes, los primeros combates de guerrillas urbanas desencadenaron sangrientos bombardeos y ataques de francotiradores en toda la ciudad. Las protestas callejeras que exigían el fin del régimen de Bashar Al Assad, habían sido duramente contestadas con una fuerte represión policial. Todo desencadenó en una guerra civil que provocó la división del ejército, la sociedad y la aparición de numerosos grupos armados de corte yihadista. Hasta el día de hoy, los datos de muertes son de unas 500.000 pérdidas, una de estas víctimas mortales es el hijo pequeño de la familia Abboud.

 

Hassan Abboud com sua esposa Maha Sanna e seu filho Josef Abboud.

“Michael era un chico excelente, trabajaba como realizador en la televisión y soñaba con ser director de cine algún día”, comenta su madre con un punto de tristeza y otro de orgullo. Tras el asesinato de Michael y con el recrudecimiento de los combates en la ciudad, la familia decidió marcharse. “Intentamos irnos del país, pero nos denegaron el visado. No teníamos mucho dinero y dejamos de intentarlo. Así que nos vinimos aquí, al Valle de los Cristianos”, explica Ghassan.

Los Abboud han vivido todos estos años en una pequeña casa de alquiler en el pueblo de Almishtaya, una localidad de las más de veinte que forman esta región, conocida por ser antes de la guerra un lugar de descanso para la gente de Homs. Muchos venían aquí desde la ciudad buscando la tranquilidad de sus valles y montañas. Maha cuenta que su situación económica no era suficiente para pagar un alquiler en otra ciudad donde no hubiese combates, pero no podían seguir viviendo en Homs rodeados de tanta violencia. “Desde que llegamos hemos sido apoyados por los sacerdotes y los jóvenes de Centro de San Pedro de Marmarita. Sin su ayuda para pagar esta casa, alimentos y las medicinas que necesito para el corazón, no sé dónde estaríamos ahora”.

Su marido y su otro hijo Josef perdieron el trabajo al abandonar Homs. En el Valle de los Cristianos han podido trabajar algunos meses, pero la situación económica del país y la saturación de desplazados hace que el trabajo escasee y los sueldos son muy bajos. “Yo soy trabajador autónomo (“free worker” en inglés) –comenta Ghassan-, ahora he dejado de trabajar. Tengo ya 60 años, pero no recibo ninguna pensión”. Su hijo Josef sí que tiene trabajo, es electricista, “pero el trabajo aquí es muy inestable. Me gustaría volver a Homs y ganarme la vida allí”.

La familia de Ghassan y Josef es una de las más de 2.000 familias que reciben la ayuda mensual de subsistencia que distribuye la Iglesia local gracias al apoyo de la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN).

Muchas de estas familias han manifestado recientemente su intención de regresar a sus casas lo antes posible, en cuanto puedan ser reconstruidas. “Estoy casi seguro que lograremos volver pronto. Hemos podido regresar a Homs y hemos visto que el estado de nuestra casa, aunque parcialmente destruida, no es tan grave. Pero todavía es difícil vivir en Homs con las ruinas de la catástrofe y muchos cortes de luz y agua, pero siempre es mejor estar en tu propia casa que aquí como desplazados. Además, hacer frente a un alquiler es muy costoso también”, reconoce Ghassan.

Con este mensaje de esperanza sobre el regreso, Ghassan, Maha y su hijo Josef se despiden del pequeño grupo de ACN que ha viajado a Siria para conocer la situación de las familias desplazadas y sus necesidades: “Lo que nos da esperanza es el apoyo que recibimos de Iliash, el joven responsable de que coordinar la ayuda del Centro San Pedro. Los sacerdotes y la Iglesia católica nos están apoyando en todo. Su ayuda es la única que tenemos, es un testimonio de generosidad y es aún más valiosa para nosotros que no somos católicos, sino cristianos ortodoxos”, dice Maha.

“Mi fe es la que me da fuerzas para seguir adelante, pese a tanto dolor. Me decís que muchas personas en Europa y otros países se sienten fortalecidos en la fe al conocer nuestra historia y nuestra fortaleza frente a las dificultades. Yo digo: ‘Alhamdulillah’ (Alabado sea Dios, en árabe)”, comenta Ghassan. Mientras por el balcón de su casa asoman sus cabezas y agitan sus manos diciendo adiós con efusividad añaden: “Shukran ktir ktir  (muchas, muchas gracias)”

Los creyentes de la parroquia de Nayanagar están encantados con su nueva iglesia con centro parroquial, que por fin ha podido ser inaugurada gracias a la ayuda de nuestros benefactores. Los fieles llevaban años soñando con ello y, a pesar de ser pobres, ya habían realizado varias colectas. No pudieron reunir mucho dinero, pero este era el “óbolo de la viuda”, según nos escribe el párroco. Nuestros benefactores han donado un total de 80.000 euros para ayudarlos a hacer realidad su sueño.

 

a church and community centre for the parish of Nayanagar in Bangladesh

Una iglesia con centro parroquial en Bangladesh

 

Cada domingo se reúnen entre 3.000 y 3.500 creyentes en la Santa Misa, y en fiestas importantes como la Pascua y la Navidad son bastantes más. Pero también en los días laborales acude mucha gente a la iglesia. Además, los fines de semana se celebra la catequesis y hay varios grupos infantiles y juveniles.

La comunidad no deja de crecer, pues mucha gente emigra de la zona rural a la capital en busca de una vida mejor. Los Padres de la orden de los Oblatos de la Inmaculada Virgen María asisten pastoralmente a los creyentes, y también ayudan a los inmigrantes provenientes del campo a arreglárselas en la ciudad. Estos Padres se ocupan de que los niños puedan ir a la escuela, se encargan de la atención médica y ayudan a la gente con consejos y medidas concretas. El 80% de los creyentes de la parroquia son personas que vienen de fuera. Pese a que los católicos en Bangladesh solo representen a una minúscula minoría frente al 90% de musulmanes, precisamente entre los miembros de las minorías étnicas hay muchos cristianos, y la mayoría de las vocaciones surgen también en estos grupos.

 

a church and community centre for the parish of Nayanagar in Bangladesh

Una iglesia con centro parroquial en Bangladesh

 

El delegado provincial de los Oblatos, P. Ajit Víctor Costa, nos escribe en nombre de sus Hermanos y los creyentes: “Sabemos apreciar el valor de vuestro amor, vuestra amabilidad y vuestro amoroso gesto. Vuestras oraciones, vuestros sacrificios y vuestro apoyo económico nos han ayudado enormemente a hacer realidad nuestro sueño. A través de vosotros y con vosotros hemos percibido en lo más profundo la presencia de las amorosas manos de Dios y vuestra sincera generosidad. Rezamos por todos los benefactores que nos han ayudado”. En total, pudimos contribuir a la obra de construcción con 80.000 euros.

“La guerra no perdona y tras ocho años hay cicatrices que no desaparecerán nunca”, explica el P. Andrzej Halemba, jefe de proyectos en Oriente Próximo de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN, por sus siglas en inglés). Los conflictos militares obligan a la población a experiencias terribles, sobre todo a los niños, que son el grupo más vulnerable de la sociedad. Siria no es una excepción. Las atrocidades de la guerra sobrepasan la capacidad humana de lidiar con ellas, esta es la razón por la que ACN quiere ayudar a los que sufren espiritual y mentalmente. Los Talleres del Buen Samaritano para sanar los traumas psicológicos de la posguerra siria, es una de estas medidas apoyadas por la fundación. Se están llevando a cabo en el santuario carmelita del Niño Jesús en Jounieh en Líbano. “El tiempo no cura los traumas”, insiste el P. Halemba, “y por ello, es preciso ayudar a las personas a expresar su sufrimiento y a afrontar los malos recuerdos. Si nosotros no ayudamos a las familias y comunidades sirias a recuperarse, ¿quién lo va a hacer?”.

“La guerra no perdona”, explica el P. Halemba, jefe de proyectos para Oriente Próximo de ACN, “al contrario, sus efectos crecen como un tumor. Las cifras hablan por sí solas. Según la ONU, más de 13 millones de personas en Siria necesitan ayuda humanitaria, y la mitad de ellas son niños. Estos son las que más peligro corren ante el creciente riesgo de ser mutilados de forma permanente por los combates, de verse emocionalmente afectados por todo tipo de abusos incluidos violaciones, matrimonios impuestos, trabajos forzados como esclavos, escasez de alimentos y acceso mínimo a la salud o la educación”.

 

The Good Samaritan workshops for post war trauma healing for Syrians is one of the initiatives supported by ACN.

El proyecto del Buen Samaritano para la curación de traumas

 

Según Halemba que acaba de regresar de un viaje a Siria, las sanciones económicas contra el país sólo empeoran la situación y, en contra del objetivo declarado, castigan a la población civil al limitar incluso la actividad humanitaria en este país desolado por la guerra, donde 6,6 millones de personas viven desplazadas y casi 3 millones se encuentran en zonas asediadas y de difícil acceso”.

Gracias al apoyo internacional las Iglesias locales están desempeñando un papel vital en la prestación de ayuda humanitaria integral. “En Siria, los cristianos están realizando una extraordinaria labor en aras de la paz. Ahora urge abordar el sufrimiento espiritual y psicológico” recalca el sacerdote polaco. “La guerra y los factores estresantes de la posguerra acarrea graves consecuencias a largo plazo. Cuando el cerebro se ve expuesto a un constante estrés, este empieza a funcionar de otra forma e implica dramáticos cambios en el comportamiento que conducen a problemas a la hora de relacionarse, a la violencia y a otros desórdenes mentales. Cabía esperar un incremento del trauma de la posguerra y esto es lo que me he encontrado cuando he viajado a Siria.” El trastorno por estrés postraumático es sólo uno de los desórdenes en el amplio abanico de reacciones postraumáticas.

 

The Good Samaritan workshops for post war trauma healing for Syrians is one of the initiatives supported by ACN.

El proyecto del Buen Samaritano para la curación de traumas

“El tiempo no cura los traumas”, insiste el P. Halemba. “Es preciso ayudar a las personas a expresar su sufrimiento y a afrontar los malos recuerdos. Pero, si no les ayudamos nosotros, ¿quién lo hará?”, pregunta retóricamente el sacerdote y continúa: “Por este motivo ACN acaba de lanzar un nuevo proyecto para apoyar y guiar a personas que sufren psicológicamente, en particular a niños. La mayoría de las personas en Siria no tienen oportunidad de recibir un tratamiento debido a la escasez de suministros y los altísimos precios de los servicios médicos”. El proyecto del Buen Samaritano para la curación de traumas se lleva a cabo en cooperación con socios de las Iglesias locales y profesionales invitados de varios países. Está pensado como un proceso a largo plazo e incluirá encuentros de seguimiento semanales combinados con cursos de asistencia individual y sesiones de refuerzo. El primer curso se realiza estos días en el santuario carmelita del Niño Jesús en Jounieh, en Líbano (8-23 de octubre de 2018) y va dirigido al clero y a profesionales que gestionarán luego el proyecto en Siria.

Según un informe de Unicef, 2017 fue el peor año de la guerra para los jóvenes sirios con 910 muertes. La mayoría de los niños han vivido de cerca bombardeos y ahora son víctimas del dolor, de pesadillas extremas, de recuerdos diarios de los acontecimientos traumáticos, de miedo, inseguridad y amargura. La mitad de ellos aproximadamente han sido el blanco de francotiradores y el 66% se han encontrado en una situación en la que pensaban que morirían. Casi uno de cada cuatro niños ha sido herido en el conflicto, y el número de huérfanos ha aumentado considerablemente. La llamada “generación perdida” –los menores de 15 años- nunca ha acudido a la escuela y es analfabeta. Muchos de ellos sufren depresión e intentan suicidarse. Las muertes infantiles se dispararon en un 50% el año pasado y el número de soldados jóvenes se ha triplicado desde 2015.

 

ACN supports Good Samaritan course for trauma healing to assist Syrian families

 

Cómo subraya el sacerdote Andrzej Halemba que ha viajado repetidas veces a Siria, ACN hace todo lo que puede para impulsar proyectos que ofrezcan a niños y jóvenes la oportunidad de cambiar literal y mentalmente de paisaje, para ello financia campamentos de verano, retiros para familias, jornadas regionales para jóvenes, etc. “Muchos de ellos participan por primera vez en su vida de este tipo de actividades.”

El nuevo proyecto del Buen Samaritano para la superación de traumas es otra iniciativa de la fundación pontificia que quiere ayudar en ese ámbito. Además del efecto terapéutico, ACN espera que este proyecto sea pionero para la futura estrategia de organizaciones especializadas en este campo.

Desde el inicio de la guerra, que ahora dura ya ocho años, Siria ha recibido de los benefactores de ACN más de 28 millones de euros.

 

The “Good Samaritan course for trauma healing project” is another initiative of the Catholic Charity and Pontifical Foundation Aid to the Church in Need (ACN) supports the local Churches in assisting those suffering in Syria.

El nuevo proyecto del Buen Samaritano para la superación de traumas es otra iniciativa de la fundación pontificia que quiere ayudar en ese ámbito. Además del efecto terapéutico, ACN espera que este proyecto sea pionero para la futura estrategia de organizaciones especializadas en este campo.

La fundación pontificia ACN trabaja en 32 nuevos proyectos por 1,8 millones de euros para apoyar la reconstrucción material y espiritual de los cristianos sirios.

La fundación pontifica Aid to the Church in Need (ACN) lanza  un programa para la restauración de Alepo, una de las poblaciones que más ha sufrido las consecuencias de la guerra.  Entre los siete proyectos de reconstrucción de la ciudad se encuentran tres catedrales: la armenia católica, la maronita y la siro-católica. Estos templos, además de representar la riqueza de ritos en Alepo, son un símbolo de las raíces históricas cristianas de la ciudad.

 

Catedral católica de Armenia en el distrito de Al-Telal de Alepo.

 

“Las iglesias son como los faros en el océano, dan seguridad y esperanza y es uno de los primeros pasos para el retorno de los cristianos desplazados, como bien sabe ACN, que tanto se ha involucrado en la reconstrucción de los pueblos arrasados por el ISIS en Irak”,” recalca el padre Andrzej Halemba, responsable de proyectos para Siria de la fundación. ACN apoyó el año pasado la reconstrucción de la catedral greco melquita de Homs.

Además de dos salas parroquiales y un centro bíblico, también se ha prometido ayuda para llevar a cabo los trabajos de renovación en un centro para niños autistas, que atienden las religiosas misioneras franciscanas desde hace 21 años y que debido a la falta de calefacción durante la guerra sufre gravísimos problemas de humedad, poniendo en riesgo la salud de los 15 niños que cuidan diariamente.

 

Repair of the "La Source" Center for autistic children, Franciscan Missionary Sisters of Mary in Aleppo

Reparación del Centro “La Source” para niños autistas, Franciscanas Misioneras Hermanas de María en Alepo

 

Todo esto sin dejar de lado los programas de ayuda a los cientos de familias desplazadas que ACN lleva realizando desde los comienzos de los conflictos en 2011, en Alepo y en otras ciudades como Homs o Lataquia. “Aunque queremos que esas familias regresen a sus hogares y puedan empezar una nueva vida, todavía queda bastante por hacer para que eso sea posible. Entre tanto no podemos cortar nuestra ayuda porque las iglesias locales no pueden sobrellevar ese peso. Según cifras de ACNUR, 13,1 millones de personas requieren asistencia humanitaria en Siria. Los que más sufren son los más pobres”, explica Halemba. Por este motivo la fundación investirá dos tercios de los 1,8 millones de euros en nuevas ayudas de emergencia. Los programas de ayuda comprenden entre otros, el pago de los alquileres de 340 familias en Homs, asistencia médica a otras 700 en Alepo así como un apoyo mensual para la alimentación y sanidad durante los próximos seis meses a 1.725 familias con falta de medios en Lataquia.

Con estos 32 proyectos recientemente aprobados, el número total de proyectos que la fundación internacional ACN está llevando a cabo en Siria durante 2018 llega a 121. La ayuda dada en este año ascenderá a casi siete millones de euros.

“¡El sufrimiento no ha acabado todavía! Nos encontramos con retos inmensos para poder paliar las heridas enormes de los últimos ochos años, pero no podemos olvidar que el futuro de estas personas está en nuestras manos y tenemos una responsabilidad”, recuerda el padre Halemba.

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.