Bosnia: «Estamos aquí para los niños que nos necesitan»

Por Rolf Bauerdick, Aid to the Church in Need (ACN) Cuando Katarina, con las religiosas sor Admirata y sor Manda, ojea los álbumes de fotos de los dos últimos decenios, sus sensaciones son de alegría, pero también de nostalgia. Las fotografías mantienen despiertos los recuerdos de los días felices que Katarina pasó en su infancia. Al mismo tiempo, se da cuenta de que la época de una juventud amparada pronto habrá llegado a su fin. Katarina es la chica de mayor edad en el orfanato «Casa Egipat», de la comunidad religiosa de las Siervas del Santo Niño Jesús . Sus padres eran refugiados de la guerra de Bosnia, sin raíces, padecían de los nervios y no estaban en condiciones de organizar su vida. No se ocupaban de Katarina y de su hermano mayor Stipo, y los dejaron con su abuela. «La anciana estaba completamente superada con la educación de los niños», refiere sor Admirata. «Por eso acogimos a los hermanos». Katarina tenía dos años cuando fue recogida por las religiosas. Ahora tiene 19 años y se está preparando para despedirse de la casa que le es tan familiar. «Un poco nerviosa sí que estoy por conocer la vida fuera de la Casa», dice. Sor Admirata da ánimos a su protegida. Sabe que «Katarina está preparada para el mundo de los adultos». Admirata Lučić es la hermana provincial de esta congregación, que en su convento de la ciudad bosnia de Sarajevo dirige un orfanato y un jardín de infancia. En el pasillo se encuentra un retrato de tamaño natural del Arzobispo Josef Stadler (1843 – 1918), a quien la casa debe su existencia y su fundamento espiritual. Mons. Stadler no solo fundó en 1890 la congregación de las Siervas, sino que, con la fundación de orfanatos ejemplares, se constituyó en abogado de niños necesitados y abandonados. Las religiosas llamaron a la Casa «Egipto», en recuerdo de la huida del Niño Jesús del tirano Herodes. Hoy en día, las religiosas cuentan con una historia llena de bendiciones, pero también turbulenta; en no pocas ocasiones —y contradiciendo profundamente el buen espíritu de Josef Stadler— estuvo marcada por la destrucción y el odio. La orden fue expropiada en 1949, bajo la dictadura del Partido comunista en la República Popular de Yugoslavia; el convento fue confiscado, a las hermanas les quitaron los niños, que fueron llevados a centros estatales. «En la educación, la fe no desempeñaba ya ningún papel —refiere sor Admirata—. Con los niños no se podía hablar ya de Dios». En 1992, al comienzo de la guerra de Bosnia, el ejército serbio bombardeó la Casa; no quedaron más que los cimientos. Pero volvió a levantarse de las ruinas. Admirata y las otras 12 hermanas, que reciben apoyo de «Aid to the Church in Need» en su vida diaria, pudieron fundar en 1999 el primer orfanato de Bosnia después de la guerra. Hoy en día, 55 niños y niñas acuden al jardín de infancia; 19 niños viven de modo duradero en el hogar. Niños que han perdido a sus padres, o cuyos padres no son capaces de ejercer la patria potestad: aquí han encontrado un hogar cálido. «Sin embargo —dice sor Admirata—, damos mucha importancia al hecho de que los niños que frecuentan nuestro jardín de infancia no solo proceden de ámbitos sociales difíciles, sino también de familias intactas. Aquí vienen también hijos de diplomáticos y de familias burguesas». Stipo, el hermano de Katarina, ya ha dejado la Casa. Ha seguido una formación profesional como mecánico de automóviles y ha encontrado trabajo en un proyecto agrícola de la Iglesia, en la región de Čardak. También Katarina, tras asistir durante nueve años a la escuela, ha finalizado una formación profesional, como vendedora y escaparatista. «Espero encontrar un buen trabajo». Sus oportunidades de encontrar trabajo son buenas. Actualmente, las religiosas ayudan a que esta joven encuentre una posibilidad económica para vivir en Sarajevo. Algo que no es nada fácil; pero Admirata irradia confianza: «Juntos, encontraremos una solución». Dos niños musulmanes son nuevos en la Casa: Melissa, de siete años, y Omer, su hermano, un año mayor. Su madre huyó de la ciudad y dejó a los niños solos; el padre se fue con una nueva mujer. Los hermanos se quedaron con su abuelo. Este anciano, abrumado con la educación de los niños, se dirigió a las Siervas del Santo Niño Jesús y les pidió ayuda. No fue en vano. Hoy en día, Omer y Melissa frecuentan el primer curso de la Escuela Primaria católica y están desarrollándose excelentemente. Al acoger en «Casa Egipat» tanto a niños musulmanes como  ortodoxos, las religiosas actúan siguiendo el espíritu de su fundador. Independientemente de su religión y confesión, la gente estimaba mucho a Josef Stadler, a quienes consideraban «padre de los pobres». Las Siervas del Santo Niño Jesús tampoco separan a los niños por su religión. «Estamos aquí para los niños que nos necesitan», dice sor Admirata. Dos días más tarde acuden todos, junto con las religiosas, a la Catedral del Corazón de Jesús de Sarajevo para asistir a la ordenación sacerdotal de ocho jóvenes; no pueden ocultar la gran alegría que sienten, pues a algunos de ellos los conocen de cuando estos todavía eran seminaristas. «Aid to the Church in Need» apoya a las Siervas del Santo Niño Jesús en la formación de las novicias. El pasado año, la Fundación Pontificia Internacional les prestó ayuda también para renovar dos casas de la congregación, que habrían sufrido desperfectos tras las inundaciones que se habían producido en Bosnia.

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