Bulgaria: «Este santuario es un corazón que late»

En el santuario mariano de Pleven, de reciente construcción, los católicos de Bulgaria celebran el 100o aniversario de las apariciones de Fátima. La Fundación Pontificia Internacional «Aid to the Church in Need» ayudó a financiar su construcción.

El 1 de julio, el santuario de Fátima situado en Pleven (o Plevna), ciudad del norte de Bulgaria, recibió la visita de una alta personalidad: el cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, celebró—durante su viaje a Bulgaria— el centenario de las apariciones de Fátima con los católicos búlgaros. En su homilía, denominó el santuario de Pleven un «corazón que late, del que vuelve a salir la llamada a la conversión, una llamada siempre actual». Recordó los mártires de Bulgaria durante la era comunista, así como los millones de víctimas del nacionalsocialismo y del comunismo en Europa y tendió un puente hacia las «situaciones similares al infierno, que ha creado el hombre hoy en día sobra la tierra»; se refería sobre todo a la guerra en Siria y al peligro procedente del terrorismo y el extremismo. Sin embargo, la Virgen no se limitó «a denunciar el mal», sino que hizo un llamamiento «a cooperar con el bien». El Cardenal llamó a los fieles a «no cansarse de trasmitir a la nueva generación el fuego de la fe, que a pesar de los muchos sufrimientos, se mantuvo vivo en Bulgaria» y, en la celebración de hoy, renovando las promesas del Bautismo, a decir «NO al demonio y al pecado, y SÍ a una vida en la gracia y en la comunidad».

El santuario de Fátima de Pleven es fruto de una oración que fue escuchada: cuando el obispo Petko Christov de Nicopoli hizo una peregrinación a Fátima, en 1996, junto con otros obispos católicos búlgaros, para consagrar a la Iglesia católica del país al Corazón Inmaculado de María, hizo una oración con una intención especial: «Si consigo la autorización para construir una nueva iglesia en Pleven, te la consagraré a Ti, Nuestra Señora de Fátima», le prometió a la Virgen. En ese momento solo habían transcurrido siete años desde la caída del comunismo, y la Iglesia católica tenía que comenzar prácticamente desde cero, después del cambio político. En las autoridades administrativas, los antiguos comunistas hacían todo lo posible para evitar que se concediera el permiso para construir la iglesia.

Hoy en día se recuerda esta fase como «un camino a través del infierno», dice Magda Kaczmarek, de la Fundación Pontificia Internacional «Aid to the Church in Need». Conoce la situación de primera mano: «acompañamos a los franciscanos desde un primer momento en la construcción de la parroquia. Primero se reunían en domicilios particulares para rezar. Recuerdo un sótano en un bloque de casas, donde se celebraba la Santa Misa. Lo más desagradable eran los ruidos de la canalización. Allí me sentía como en la clandestinidad. Entonces nos decían: “cuando tengamos una iglesia vendrán también todos aquellos que tienen nostalgia de un auténtico templo de Dios. Y si la iglesia se consagra a Nuestra Señora de Fátima, entonces la Virgen nos ayudará a que pueda construirse la iglesia”»…

Efectivamente, la Virgen ayudó: apenas volvió a casa Mons. Christov cuando se encontró un terreno y las autoridades concedieron el permiso de construcción. Por fin pudo comenzarse a construirse la iglesia en esta ciudad de 120.000 habitantes, en la que viven relativamente muchos católicos. Al parecer, la Virgen escuchó las oraciones y también siguió ayudando para superar las innumerables dificultades que surgieron más tarde.

Hoy en día, la parroquia de Nuestra Señora de Pleven es un santuario mariano diocesano, en el que la Virgen es venerada por numerosos fieles búlgaros. Pronto, será elevado a un santuario nacional. Los franciscanos, a quienes está confiada la parroquia, visitan también —con la estatua de la Virgen— otras parroquias católicas, para que más fieles tengan la oportunidad de rezar a la Virgen de Fátima.

La construcción de este santuario, precisamente en Bulgaria, parece todo un símbolo, pues la Virgen, en la población portuguesa de Fátima, advirtió a los tres pastorcillos en 1917, justo antes de estallar la Revolución de Octubre en Rusia, ante las dramáticas consecuencias del comunismo naciente, que tuvo como consecuencia una persecución de la Iglesia como nunca antes se había conocido. Bulgaria es uno de los países en los que la Iglesia la sufrió en su propio cuerpo.

En los años cincuenta fueron detenidos la mayoría de los sacerdotes; en procesos sensacionalistas fueron condenados a muerte o a largas penas de prisión. Las propiedades de la Iglesia fueron confiscadas; solo les dejaron los templos, donde tuvieron que vivir los sacerdotes y religiosas que quedaron. Por ejemplo, las carmelitas fueron obligadas a vivir hacinadas durante 40 años en la tribuna de una iglesia, porque su convento había sido expropiado. Cuando, en la década de 1960, fueron liberados algunos de los sacerdotes encarcelados, se ocuparon inmediatamente de los creyentes que habían permanecido fieles; pero esos sacerdotes estaban extenuados por el largo encarcelamiento y muchos fallecieron pronto como consecuencia de ello.

El primer nuevo sacerdote ordenado en Bulgaria, después de casi 20 años, fue el actual Exarca Apostólico de Sofía, Mons. Christo Proykov. Ya desde niño quería ser sacerdote. Sobre su familia dice: «incluso en la época más difícil del comunismo duro, nuestros padres no dejaron de acompañarnos a la iglesia». Con el tiempo maduró cada vez más en él el deseo de, con su propia vida, «dar una nueva vida» a la Iglesia católica en Bulgaria. Se preparó en secreto a la ordenación; en 1971, a los 25 años de edad, fue ordenado clandestinamente por su Obispo, lo cual entonces todavía era arriesgado. El Obispo que le ordenó fue detenido por las milicias poco después. Cuando le preguntaron por qué había llevado a cabo la ordenación: «porque, como obispo, tengo el derecho a ordenar sacerdotes». El miliciano le respondió: «y las milicias tienen el derecho a detener a la gente», y lo llevó detenido.

Actualmente, más de un cuarto de siglo desde el final del comunismo, Bulgaria se enfrenta a otros desafíos: pobreza, familias destruidas, drogadicción, padres que trabajan en el extranjero, niños y ancianos que han de valerse por sí mismos, una brutal globalización que deja descolgada a la gente… todo esto produce grandes sufrimientos. Si bien la Iglesia católica es solo una minoría, sobre todo los religiosos hacen mucho para subsanar esas necesidades. La Fundación Pontificia «Aid to the Church in Need» (ACN) ayuda a la Iglesia católica local; el pasado año financió proyectos con un total de más de 150.000 euros.

Magda Kaczmarek, la responsable de los proyectos de ACN para Bulgaria, declara: «en el centenario de Fátima, en que el ACN celebra su 70º aniversario, nos alegra especialmente ayudar a la Iglesia católica de Bulgaria, pequeña en números absolutos, pero muy viva. Nuestro fundador, el padre Werenfried van Straaten, consagró su obra en varias ocasiones a la Virgen de Fátima. Hace muchos años, cuando nadie creía que el comunismo se hundiría en sí mismo, creyó firmemente en las promesas de la Virgen en Fátima y en la fuerza del rezo del rosario. La historia le dio la razón. Damos gracias a Dios por que hoy los fieles de Bulgaria pueden rezar a la Virgen libremente en este santuario de Pleven. Para mí, este santuario es una prueba de que la Virgen actúa aquí».

Durante la celebración el padre Jaroslaw Bartkiewicz, Delegado de los franciscanos en Bulgaria, agradeció a ACN su ayuda y felicita a la Fundación en su 70º aniversario: «En este especial lugar, aquí en Pleven, en Bulgaria, encomendamos con regularidad a Nuestra Señora a todos los benefactores de ACN, y le rogamos que les conceda especiales gracias. Que les proteja a todos ustedes, y que ACN siga sirviendo durante mucho tiempo a la Iglesia perseguida y necesitada en muchos continentes de este mundo».

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