IRAK: El mayor reto es mantener la esperanza

Publicado en 2014 Roma/Königstein, 11.06.2014. “Nunca hemos visto nada como esto. Una gran ciudad como Mosul presa del caos por los grupos que la han atacado”. Así, Mons. Amel Shimon Nona, arzobispo caldeo de Mosul, comentó a ACN la dramática situación de la segunda ciudad de Irak, asediada por casi dos días. Los enfrentamientos, dijo el Arzobispo, comenzaron el jueves 5 de junio, pero se limitaron inicialmente a ciertas zonas de la parte occidental de la ciudad. “El ejército comenzó a bombardear las zonas afectadas, pero más tarde, en la noche entre el lunes y martes, de improviso las fuerzas armadas y la policía abandonaron Mosul, dejándola a merced de los atacantes.” Más de la mitad de los habitantes y toda la comunidad cristiana inmediatamente huyeron a la cercana llanura de Nínive. “Hasta a las 5 de la mañana de ayer recibimos a las familias en fuga e intentamos encontrarles alojamiento en las escuelas, en las aulas de catecismo, en casas abandonadas”, dice el arzobispo Nona, que ahora está en Talkif, un pueblo situado unos tres kilómetros al norte de Mosul. Se cree que el ataque fue obra del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS), una organización terrorista vinculada a Al Qaeda, conocida por cometer brutales ataques anticristianos en Siria. El Arzobispo Nona cree, sin embargo, que también pueden estar involucradas otras formaciones. “No sabemos todavía de qué grupo se trata, algunos hablan del ISIS, otros piensan que se trata de elementos de diversa pertenencia. Tenemos que esperar a una mejor comprensión de la situación real. Lo que sí es cierto es que son extremistas, muchos los han visto patrullar las calles”. Obviamente la presencia de yihadistas preocupa a los cristianos y, en este momento, se está difundiendo la noticia de ataques del ISIS a cuatro iglesias y un monasterio. “Hemos recibido amenazas – dice el prelado – porque ahora todos los fieles han huido de la ciudad. Me pregunto si alguna vez podremos volver allí”. En 2003, la comunidad cristiana de Mosul tenía unos 35 mil fieles. En los once años siguientes al comienzo de la guerra, el número cayó trágicamente a alrededor de 3.000. “Ahora es probable que no haya quedado nadie.” “Seguimos orando para que nuestro país pueda finalmente encontrar la paz”, dice el arzobispo Nona, que en estos últimos días terribles tuvo que instar una vez más a sus seguidores a no perder la esperanza. “No es fácil después de tantos años de sufrimiento, pero los cristianos iraquíes estamos firmes  en nuestra fe y debemos mantener la esperanza, incluso en la persecución. Es un gran desafío, sobre todo después de lo que pasó en estos días”.
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