¡Duc in altum! “¡Navega mar adentro!” (Lc 5,4). Cristo no exige nada inusual y mucho menos algo imposible para que ocurran milagros, pero exige fe y a veces esfuerzo. Con el viejo barco de transporte “Magnificat”, los catequistas y misioneros de la Diócesis de Lisala (República Democrática del Congo) han navegado por el ancho río del Congo hasta las comunidades de creyentes de las islas del río y de las orillas.

Y les enseñaba desde la barca (cfr. Lc 5,3): Mons. Ernest Ngboko en una de las islas del río Congo.

Y les enseñaba desde la barca (cfr. Lc 5,3): Mons. Ernest Ngboko en una de las islas del río Congo.

En otoño del año pasado, se levantó el viento. Como en el Mar de Galilea, la barca fue arrojada de un lado a otro por las olas, la tormenta la apartó de su rumbo, una ráfaga de viento la arrojó contra un árbol en la orilla, una rama atravesó el casco y la barca hizo aguas. El primer milagro: nadie resultó herido. Pero la bodega se llenó de agua y ya no se podía maniobrar la nave.

La “Magnificat” después de la catástrofe y en el “astillero”

La “Magnificat” después de la catástrofe y en el “astillero”

Mons. Ernest Ngboko Ngombe hizo lo que pudo, pero el rescate del barco y las primeras reparaciones devoraron las reservas de la diócesis. Y ahora los fieles esperan el segundo milagro: que llegue ayuda, porque necesitan el barco. Mons. Ernest nos pide en torno a 8.700 euros para que la “Magnificat” con los pescadores de hombres pueda volver a navegar.

Una y otra vez nos piden bicicletas y motocicletas para los sacerdotes y catequistas de la Diócesis de Eluru, situada en el oeste de India meridional, y es que muchos de los 1.150 pueblos de la diócesis en los que viven creyentes católicos solo son accesibles por estrechas sendas. Los sacerdotes y catequistas tienen que recorrerlas a pie durante horas para desplazarse de un pueblo a otro. Un coche no les sería de ayuda, pues los caminos no están hechos para ellos, pero con una motocicleta o una bicicleta pueden ahorrarse mucho tiempo y energías, y dedicar así más tiempo a la gente.

Con 3.200 euros, nuestros benefactores han hecho posible la adquisición de cuatro motocicletas para la labor en la diócesis.

Con 3.200 euros, nuestros benefactores han hecho posible la adquisición de cuatro motocicletas para la labor en la diócesis.

Por un lado, los creyentes necesitan apoyo pastoral, pues muchos hace poco que son cristianos. A estos hay que atenderlos y acompañarlos estrechamente, para que la fe eche raíces profundas y para que se integren en la vida de Iglesia. Pero, al mismo tiempo, la gente también necesita ayuda para afrontar las necesidades de la vida cotidiana, y es que en este territorio reina una gran pobreza. Sus habitantes son jornaleros que viven al día, y que ya desde niños tienen que trabajar en los campos de los terratenientes, cuidar el ganado de los ricos o trabajar de recaderos. La mayoría no puede acudir a la escuela, y familias enteras malviven en pequeñas cabañas de paja sin agua corriente. De media, las familias disponen al día de tan solo medio euro, pero tampoco es extraño que incluso les nieguen ese reducido jornal, y, en tal caso, toda la familia se acuesta con el estómago vacío.

Con 3.200 euros, nuestros benefactores han hecho posible la adquisición de cuatro motocicletas para la labor en la diócesis, para que sacerdotes y catequistas se desplacen más fácilmente a los pueblos y accedan mejor a la gente que necesita ayuda. El Obispo, Mons. Jaya Rao Polimera, da las gracias de corazón a todos los benefactores y asegura que reza por todos ellos.

La Diócesis de Rayagada se encuentra en el sur del estado indio de Odisha, estado que se hizo tristemente célebre hace diez años por graves ataques contra los cristianos. Además, es el cuarto estado más pobre de la India.

Entre los aproximadamente 5,5 millones de habitantes de la diócesis hay solo 50.000 católicos, y la mayoría de estos pertenecen a la clase social más baja. Muchos viven de lo que ofrecen los bosques, donde recolectan frutos y leña. La mayoría no sabe leer ni escribir, y cuando tienen que pedir prestado dinero, los prestamistas les piden altos intereses. Así, las familias acaban asfixiadas económicamente.

La diócesis se extiende por un gigantesco territorio de 40.000 kilómetros cuadrados, y muchos poblados se encuentran muy alejados en los bosques o los valles. Solo hay 24 parroquias con enormes superficies, por lo que las distancias son inmensas.

Aquí desempeñan un importante papel los 30 catequistas que visitan a los creyentes en los pueblos y que son, por así decir, “el rostro de la Iglesia” en los lugares a los que rara vez acude un sacerdote.

Hay muchos lugares a los que resulta muy difícil acceder y, hasta hace poco, los catequistas tenían que recorrer los largos y arduos caminos a pie. Gracias a la ayuda de nuestros benefactores, el Obispo Aphinar Senapati ha podido entregarle a cada uno de ellos una bicicleta. Para ello, nuestros benefactores han donado 1.630 euros. A todos los que han contribuido a ello, ¡muchas gracias!

En el año 2017, los católicos de todo el mundo celebraron el centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima, Portugal. Allí se les apareció, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, la Santa Virgen seis veces a tres pastorcillos, a los que transmitió un mensaje para todo el mundo. Según les confió a los niños, la oración -sobre todo, el Rosario-, la penitencia y la conversión eran los medios para apartar las guerras y la desgracia del mundo. La humanidad debía dejar de ofender a Dios con sus pecados. El 13 de octubre de 1917, unas 70.000 personas en Fátima fueron testigos del llamado “milagro del sol”: en el lugar de las apariciones, este empezó a girar, para después descender en zigzag hacia la tierra y luego volver a ascender. Las apariciones están reconocidas por la Iglesia y varios Papas han visitado el santuario mariano de Fátima.

En los cinco continentes, los creyentes responden al llamamiento de la Virgen de consagrarse a su Inmaculado Corazón, rezar el Rosario y amar más a Dios. También en África, por ejemplo, en Tanzania, en la Diócesis de Ifakara, erigida hace cinco años, se ha puesto en marcha un apostolado de Fátima bajo la dirección de la Hna. Eufrasia, cuyo fin es difundir en las 23 parroquias de la diócesis el mensaje de Fátima entre las familias. Lo que se pretende es promover la oración del Rosario y animar a las personas a recibir los sacramentos, sobre todo, el de la penitencia. Además, se persigue fortalecer la caridad, para que la fe también se traduzca en obras.

Pero la mayoría de las parroquias están en zonas rurales y abarcan numerosos poblados, y, además, faltan rosarios y libros. Por este motivo, nuestros benefactores han donado 1.700 euros para 30 bicicletas para que los catequistas puedan acceder más fácilmente a los numerosos pueblos, más otros 1.500 euros para el material necesario. Gracias a esta ayuda, el apostolado de Fátima ha recibido en esta diócesis un nuevo impulso y su radio de acción ha podido ser ampliado.

La Hna. Eufrasia nos escribe: “Queridos hermanos y hermanas, os damos las gracias por el gran apoyo que contribuye a hacer más activo nuestro apostolado. Hemos celebrado un seminario con los líderes parroquiales, y después hemos repartido objetos en presencia del Obispo y los sacerdotes. ¡Rezamos por vosotros! Quiera nuestra querida Señora seguir intercediendo por todos nosotros”.

El párroco Andrew Yakulula de Todonyang en Kenia occidental está feliz, pues, gracias a la ayuda de nuestros benefactores, ha podido comprarse un nuevo vehículo. Por fin ha podido reemplazar su viejo todoterreno, que ya tenía una antigüedad de quince años, y con el que ha prestado ayuda a innumerables personas. Al final, el viejo vehículo estaba más tiempo en el taller que al servicio de las personas que habitan este territorio marcado por la sequía, la pobreza y los conflictos tribales.

18.000 personas viven en el territorio de la parroquia de Nuestra Señora Reina de la Paz, y sin un vehículo en condiciones resulta imposible atenderlas a todas.

Una parte de la población que pertenece a la tribu de los turkana es nómada, a saber, sus miembros van con el ganado a donde hay agua y pastos. En caso de extrema sequía -que no es infrecuente- mueren muchos animales. Estos son el principal capital de estas personas, y con su leche, su carne y su sangre, también su principal fuente de alimentos, pero, entretanto, también han empezado a comer frutos del campo como maíz, mijo o alubias. Cada vez más miembros de los turkana se asientan definitivamente en un lugar y ponen fin a su vida nómada. Entre estos y los miembros de la tribu de los dassanech estallan sangrientos conflictos por las tierras que, una y otra vez, se cobran víctimas mortales. La Iglesia Católica promueve la paz y la reconciliación, e intenta mediar entre las diferentes tribus.

En la Diócesis de Lodwar, la Iglesia, además, intenta encontrar soluciones para todo tipo de necesidades: agua potable, atención a los enfermos, escuelas, parvularios y ayuda a niños desnutridos… de todo esto se ocupa la Iglesia. Por esta razón, el nuevo todoterreno del párroco también hace las veces de ambulancia, se utiliza para transportar agua y para muchas cosas más. Pero, ante todo, el párroco lleva a Dios a la gente. En Todonyang y en las cuatro filiales de la parroquia, administra los sacramentos y ayuda a la gente a conocer mejor la Buena Nueva de Cristo. De ahí que el vehículo que han donado nuestros benefactores aporte a mucha gente esperanza y ayuda. ¡Que Dios se lo pague a todos los que han contribuido a ello!

El joven sacerdote P. Ravi Kumar Devarapalli de la Diócesis de Eluru está encantado con la motocicleta que ha podido comprarse gracias a la ayuda de nuestros benefactores, que han donado 1.200 euros. Ahora le resulta mucho más fácil visitar a los creyentes en sus pueblos.

La parroquia de misión en la que trabaja se encuentra en un territorio rural y subdesarrollado. Como no hay casa parroquial, vive en la sede episcopal. Para acudir a su parroquia tomaba los medios de transporte públicos, pero para acudir a los pueblos del territorio accidentado y boscoso de su parroquia tenía que recorrer largos y malos caminos en bicicleta. Esto era dificultoso y le robaba mucho tiempo, porque los caminos no están hechos para ir en bicicleta, y, además, los pueblos están lejos de la sede parroquial. Los nueve pueblos cuyos habitantes ya están bautizados se encuentran a hasta 15 kilómetros de distancia, y aquellos en los que los habitantes se preparan para el bautizo, a hasta 30 kilómetros. Como casi todos los creyentes trabajan duramente de día como jornaleros o en el servicio doméstico, el sacerdote solo puede visitarlos de noche. Por esta razón, tenía que recorrer por la noche los largos y arduos caminos. A menudo, los domingos y días festivos, llegaba muy tarde para celebrar la Misa, porque en bicicleta no lograba ser puntual.

“Aquí la gente es muy pobre y sencilla, pero está abierta a la Buena Nueva de Cristo”, nos comunica el sacerdote. Pero también las sectas están llegando, y si la Iglesia, por falta de recursos, no logra atender pastoralmente a la gente, esta se convierte en una víctima propicia de las sectas que, a menudo, disponen de muchos más recursos y personal, y que hacen promesas nada realistas para captar a nuevos miembros. Gracias a la motocicleta, el sacerdote puede ahora visitar a su gente con mucha mayor frecuencia.

“Estoy muy contento de poder desempeñar mi ministerio sacerdotal”, nos asegura el P. Ravi Kumar Devarapalli, que fue ordenado sacerdote en 2016. Además, quiere que les transmitamos el siguiente mensaje a nuestros benefactores: “Algunas personas toman decisiones que cambian vidas. ¡Gracias por pertenecer a ellas! Vuestro donativo me ayudará a mí y a mi diócesis. Gracias a vuestra generosidad, podemos seguir mejorando la vida de los creyentes desde el punto de vista espiritual. Os doy las gracias por vuestro corazón bueno y amable”.

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.