Un librito rojo lleva casi treinta años conquistando al mundo, a saber, la Biblia del Niño de ACN Dios habla a sus hijos, que ya cuenta con una tirada total de casi 51 millones de ejemplares editados en 190 lenguas. El Padre Werenfried, fundador de ACN, decía: “Los niños necesitan algo así como una Biblia del Niño para que la imagen de Cristo cobre vida en ellos. Además, las historias del Antiguo Testamento de Noé, Abraham, José, Moisés y David los apasionarán. Sin embargo, para innumerables niños del Tercer Mundo, la Biblia es un deseo inalcanzable, porque son tan pobres que no pueden permitirse un libro”. Por esta razón, decidió regalar a los niños de todo el mundo una Biblia del Niño.

En algunas lenguas, esta Biblia del Niño es el único libro existente.

Los Jesuitas presentes en la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, en el sur de México, han traducido esta Biblia del Niño a la lengua indígena del tzeltal, hablada en esta región por medio millón de personas. Para muchas de ellas, el español es –en el supuesto de que lo hablen- la primera lengua extranjera.

Nuestros benefactores han contribuido con 18.000 euros a la impresión de 30.000 ejemplares de la Biblia del Niño en tzeltal. Gracias a vuestra ayuda, los niños pueden conocer la Palabra de Dios en su propia lengua materna. Para ellos, este librito es un tesoro de un valor inconmensurable. ¡Muchas gracias a todos los que han contribuido a ello!

“La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Esta libertad la experimentan los jóvenes a los que visita el P. Gregorio en la cárcel. Es la libertad interior de los hijos de Dios.

Desde hace un año, el P. Gregorio acude con regularidad al penal para jóvenes de la Diócesis de Carupano en el este de Venezuela. “Vino como un ángel del cielo”, dice Alejandro, un chaval de 15 años que está entre rejas por robo con agravantes. “Eso nos ha cambiado profundamente”. “Eso” es la palabra del amor de Dios que el P. Gregorio ha llevado a la cárcel en forma de la Biblia y el YOUCAT, el catecismo para los jóvenes. El Obispo pidió los libros a ACN y se los dio al P. Gregorio. Muchas otras diócesis también esperan recibir esta ayuda.

“El Padre me ha regalado esta Biblia y el catecismo”, recuerda Alejandro, “antes conocía algunas historias, pero lo reprimí todo”. Respira profundamente y dice con los ojos llenos de esperanza: “Gracias a estas visitas he recibido la Primera Comunión, y en unos días haré la Confirmación”. Alejandro es uno de los 30 jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años. Dice que antes del P. Gregorio llegaban sectas protestantes. Estas se limitaban a “predicar y no entendían nada”, dice la carcelera. “Las sectas no podían satisfacer la sed de comprensión y amor de los chavales. Estos, al verse incomprendidos, se volvían más agresivos”. En cambio, añade, el P. Gregorio habla con ellos de corazón a corazón, “y trae el amor que nunca han experimentado en sus vidas”.

 

Una nueva vida con el YOUCAT en Venezuela

Una nueva vida con el YOUCAT en Venezuela

 

Todos los jóvenes provienen de familias desestructuradas. “Al principio, solo les escuchaba”, explica el sacerdote, “estaban solos, interiormente abandonados, pero tenían la necesidad de encontrar un sentido a sus vidas, de amor y de amistad con Dios. En el YOUCAT podían consultar los temas que íbamos abordando poco a poco”. Alejandro confirma: “Ahora vemos la vida de otra manera. Las palabras del P. Gregorio, la Biblia y el YOUCAT nos han hecho pensar mucho. Vamos a cambiar de forma de vida”. Su camarada de celda, que también hará la Confirmación en breve, añade: “Todo ello nos ha mostrado el camino a la verdad, que es el camino al bien, hacia Dios. Estoy muy contento de que el P. Gregorio nos lo haya mostrado”. Es la alegría de la verdad la que anima y libera a estos jóvenes.

Para Antonio José, las visitas del sacerdote fueron una experiencia totalmente nueva. “Me he bautizado hace unos días, aquí, entre rejas. No conocía la Biblia y no sabía nada de Cristo. Es como si hubiera vuelto a nacer, y el pasado queda muy lejos. El Padre me ayuda a mirar hacia adelante, y quiero vivir con Dios”. Los jóvenes entre rejas tampoco se olvidan de sus benefactores. “Sabemos de dónde vienen estos libros buenos que nos hablan de Cristo y que nos ayudan a superar nuestras inclinaciones y costumbres. Estamos muy agradecidos a las personas de ACN. Con el YOUCAT nos sentimos unidos a ellos; es como si nos visitaran. Gracias”.

“El bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia”. Este mensaje por Twitter del Papa Francisco se puede completar así: El bien de los niños es decisivo para el bien de la familia.

Y a este bien contribuyen no solo los padres. Ciertamente son, como escribió San Juan Pablo II en su Carta a las Familias (1994), “los primeros y principales educadores” de sus hijos, pero pueden compartir la educación con otras personas e instituciones como la Iglesia, que llevan a cabo la tarea educativa (“dádiva de humanidad”) en nombre de los padres. Esto ocurre en los campamentos de verano de la Eparquía armenio-católica en Armenia, Georgia, Rusia y Europa Oriental. Este año participan 800 niños y jóvenes de edades comprendidas entre los 9 y los 18 años en estos campamentos. Los padres pueden estar seguros de que sus hijos pasarán estos días en consonancia con el espíritu cristiano y que aprenderán mucho sobre su patria espiritual, la Iglesia armenio-católica.

Además de la Santa Misa diaria y la hora de Catecismo, el plan prevé mucho deporte, senderismo y juegos comunitarios, pero también bailes, tradiciones y folclore armenios e Historia y Cultura del país. Estos niños y jóvenes provienen de familias pobres, por lo que de otra forma no tendrían la oportunidad de pasar así sus vacaciones. No pocos son bautizados –25 el año pasado– y otros se preparan con los catequistas y sacerdotes para la Primera Comunión. No se puede hacer más por el bien de los niños, y nosotros contribuimos a ello con 25.000 euros.

El Vicariato Apostólico de Iquitos se encuentra en medio de la selva amazónica. Desde allí, a la capital solo se puede acceder por aire o por agua. Lo que resulta atractivo para turistas aventureros supone un gran reto para la Iglesia Católica, porque las parroquias se componen de numerosas pequeñas localidades a las que solo se puede acceder por agua. Por tanto, la posibilidad de visitarlas depende del nivel de los ríos: en verano, cuando apenas llueve y el nivel del agua es bajo, resulta imposible acceder a muchos lugares.

Allí los catequistas desempeñan un importante papel en la vida de Iglesia, pues son ellos los que rezan con los creyentes en los pueblos, los que los instruyen en la fe y los que, durante gran parte del año, impulsan la vida eclesial. Esto ocurre porque los sacerdotes no pueden visitar cada uno de los pueblos tan a menudo como sería necesario para atender pastoralmente a los fieles. Ahora, gracias a la ayuda de nuestros benefactores, ha sido posible mejorar la formación de los catequistas en la parroquia de Santa Clara de Nanay.

Cada mes se celebra un encuentro de todos los catequistas, con talleres y diferentes cursos de formación continua. Además, en dicho encuentro los catequistas pueden intercambiar información. Nuestros benefactores han destinado a este fin 5.600 euros.

El párroco, P. Jacek Zygala, nos escribe en su carta: “Aún es demasiado temprano para hablar sobre los frutos de nuestro trabajo. Nosotros sembramos y Dios es quien otorga los frutos. No obstante, estamos muy contentos y satisfechos de haber podido realizar este proyecto. Sin el apoyo económico de ustedes, nuestra labor misionera y evangelizadora sería imposible”. ¡Que Dios se lo pague a todos los que han contribuido a ello!

Preparar a personas capaces de ofrecer valores que fortalezcan la familia en la sociedad de hoy, es el principal objetivo del Instituto Pontificio Juan Pablo II que tiene sedes en  todos los continentes, siendo la general la de Roma. El centro de Benín cumple 20 años de historia y hasta allí viajó Aid to the Church in Need (ACN), quien a ha apoyado al instituto de estudios africano con más de 120 becas, entre otros proyectos. 

La familia Kanga de Camerún es un claro ejemplo de cómo funciona el Instituto que lleva el nombre del Papa Wojtyla. El matrimonio, acompañado de cuatro de sus cinco hijos y gracias a una beca económica, dejó su país de origen para ir a estudiar a Cotonou –Benín- y realizar el máster del programa civil. Después de tres años volverán a Camerún para ayudar a otras familias orientándolas desde una versión profesional a superar los problemas de la sociedad de hoy. También la familia Seke, quienes ya terminaron sus estudios en el Instituto Juan Pablo II y han creado un centro llamado “El Poder del Amor” que guía a las parejas antes de contraer matrimonio.

Y es que en el instituto pontificio estudian tanto sacerdotes, religiosos y religiosas, como laicos ya sean solteros o casados, pero todos ellos se forman siguiendo los principios de la exhortación apostólica Familiaris Consortio, donde se analiza el hecho de que “el hacer bien a la familia repercute en toda la sociedad”.

“El Instituto Juan Pablo II de Benín es como un faro para la sociedad africana, donde la tendencia mundial impone una colonización cultural o de ideología de género”, explica Rafael D’Aqui, responsable de los proyecto de ACN en Benín después de volver del país africano y quien señala que “una sociedad sin bases es una ruina”. En dicho instituto se prepara a los estudiantes con materias basadas en “los valores cotidianos de pareja, de hombres y mujeres tanto en parroquias como en la sociedad civil, y no sólo desde una perspectiva católica, sino antropológica”.

El centro pontificio tiene la perspectiva de servir a toda África, es por eso que poco a poco van llegando hasta aquí estudiantes de todo el continente, donde hay un gran valor de la familia a pesar de la desestructuración general.

Las clases son en francés, pero se están preparando para enseñar en otras lenguas como el inglés o el portugués, además de ampliar horarios de clase facilitando turnos nocturnos para los trabajadores.

Oriente Próximo y Europa del Este son los más beneficiados por la ayuda.

Miles de jóvenes y niños de países en crisis como Irak, Siria, Egipto, Jordania, Palestina o Israel participan estén verano en campamentos y cursos de verano apoyados por la fundación internacional ACN (Aid to the Church in Need). Algunos de estos programas ya han sido apoyados en el pasado, incluso existe casi una tradición como es el caso de los campamentos para los cristianos de Tierra Santa de Jordania, Palestina e Israel; pero este año satisface enormemente a la fundación poder apoyar campamentos en Alepo (Siria) y en Alqosh (Iraq), donde la vida está volviendo a la normalidad después de que hayan cesado los ataques y las luchas en estas zonas de crisis.  Las iglesias locales intentan no solo reconstruir las estructuras sino también las almas y el espíritu de las personas, sobre todos de los niños y los jóvenes que tanto han sufrido.  En Irak por ejemplo los  campamentos de verano apuntan a ayudar a los jóvenes a superar el trauma causado por la ocupación de ISIS de sus aldeas cristianas, en las llanuras de Nínive. Necesitan fuerza espiritual y física, particularmente ahora que el futuro de las comunidades cristianas en Irak está en juego. Organizados por edades ofrecen en primer lugar ayuda espiritual: los jóvenes están acompañados por un “padre espiritual”, cuyo papel es apoyar a los jóvenes en sus desafíos con la fe y la esperanza que viven como resultado de sus experiencias durante la ocupación del ISIS, la persecución y el drama de la huida. Así mismos psicólogos profesionales les ayudan a afrontar el reto de vivir en circunstancias drásticamente cambiadas, especialmente con la mirada puesta ya en el regreso de las familias a los pueblos liberados por ISIS.

Medicina para el alma son también los cursos de verano en Alepo que en doce tandas de una semana de duración van a buscar consuelo y descanso en el Convento de Nuestra Señora de la Asunción. En este caso no solo están invitados a participar los niños y los jóvenes, también  las familias que han sufrido años de guerra y sufrimiento. Son más de 960 participantes de todos los ritos y todas las iglesias de Alepo. Un regalo de Dios después de haber estado durante 4 años sitiados prácticamente por el hambre y la falta de agua y de electricidad.

El patriarcado católico copto de Egipto, otro país atacado duramente por el fundamentalismo islámico, quiere repetir la experiencia positiva del pasado año y organiza cinco campamentos de verano para grupos de hasta 95 jóvenes. El tema: “Quien es Dios para nosotros”. Como cuenta el Padre Hanni Bakhoum, responsable del proyecto, “el impacto positivo de estos encuentros influye no sólo en los 475 que atienden los campamentos, sino también en las familias de los participantes, así que son más de 2400 personas que al final se favorecen de su apoyo, además de las parroquias y centros de actividades pastorales donde se mueven estos jóvenes”. Además de estos ACN apoya otro campamento de verano dedicado a la atención espiritual de 70 niños con necesidades y cuidados especiales de 36 parroquias de Cairo, Delta y Alejandría. Niños que muchas veces son “marginados, discriminados o abandonados por la sociedad e incluso por sus familias”.

Pero no solo en Oriente Próximo la labor de la iglesia local en cursos de formación y campamentos de verano es fundamental. Para muchos niños y jóvenes de Kazajstán, Ucrania, Georgia, Armenia, Letonia, Estonia o Lituania “estos campamentos son la única manera de salir de sus alejados pueblos o sus ruidosas ciudades. Muchos consideran esta actividad como lo mejor que les pasa en todo el año, a veces en toda su vida”, como cuenta Hna. Arousiag, religiosa de las Hermanas de la Inmaculada Concepción en Armenia. La experiencia avala su reflexión pues llevan organizando campamentos de verano desde 1994, en estos 24 años más de 18.000 huérfanos y niños de familias muy necesitadas económica o con graves problemas sociales de diferentes regiones de Armenia ha tomado parte de los campamentos. Este año son 840 chicos y chicas de entre 8 y 15 años – “En el verano cuando el colegio cierra y los niños de los orfanatos e internados públicas [institutionalized children]  así como los de las familias más pobres o con más problemas son los más propensos a vagar por las calles [to wander the streets]” explican las hermanas. Según los últimos estudios de UNICEF y UN más del 50 % de los niños armenios no tienen acceso a actividades recreativas [deprived of leisure] y cerca del 30% de una adecuada nutrición [proper nutrición]. Esos chicos y chicas son el futuro de Armenia, la próxima generación de científicos o profesores. Por eso tenemos que forjar hoy el futuro de nuestro país.”

Hay muchas historias que desvelan el inigualable valor de estos proyectos. Uno de estos casos es la historia de John, un joven en Etiopia que tomó parte en el campamento de verano “Eagle Eye” que Comunidad de San John organiza desde hace 10 años con ayuda de ACN. Durante una visita a ACN el padre Atanasio Markarian cuenta: “Este joven de Hossana – en el sur de Etiopía – regresó a su casa muy contento por todo lo que habían vivido durante el curso: adoración eucarística, formación, deporte…  Pasó el tiempo y a los 6 meses llamó a uno de los hermanos de la Congregación porque quería hablar urgentemente con alguien de todas sus inquietudes. Había leído más de cien veces revista “Amaros unos a los otros” que había recibido en el campamento y se sentía llamado por Dios. Hoy es uno de nuestros hermanos, miembro de la Comunidad de San John.”

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.