Pakistán tiene una población de más de 200 millones de personas; entre los más del 95% están los musulmanes, lo que convierte al país en el segundo estado islámico más grande del mundo. La constitución de 1973 establece que todos los ciudadanos disfrutan de la libertad de y profesar libremente la religión que quieran. Sin embargo, este derecho a la libertad religiosa es considerablemente limitado.

Aid to the Church in Need apoya el trabajo pastoral de las Hermanas de los Sagrados Corazones en la ciudad siria de Homs.

La Iglesia de Altip, en el distrito de Bab Al-Sebaa, al sur del Barrio Viejo de Homs es un centro de formación y convivencia. “Hace muchos años esto fue un colegio católico, pero el gobierno prohibió luego todo centro escolar que no fuese del Estado. Desde entonces realizamos aquí la catequesis, tenemos formación para jóvenes y adultos, y hacemos convivencias o jornadas deportivas”, comenta la hermana Samia Syiej, religiosa que coordina la catequesis para un grupo de niños de Confirmación.

La hermana Samia pertenece a las Hermanas de los Sagrados Corazones, una congregación fundada en Siria y de inspiración ignaciana. “Tenemos 12 casas en toda Siria. Yo trabajo en una pastoral con niños discapacitados. Nuestra congregación es muy activa y poseemos varias iniciativas pastorales y sociales”, afirma la religiosa.

 

Sister Samia Syiej

Hermana Samia Syiej

 

La religiosa muestra in situ como las bombas también han pasado por allí, cerca del centro de Altip. “Las familias nos han ayudado a poder reparar dos partes del tejado que estaban destruidas por los bombardeos. Pero además entre todos tenemos que ayudar a reparar la destrucción que no solo ha quedado fuera, sino dentro de los corazones de todos. Yo soy religiosa y mi primera responsabilidad es dar testimonio espiritual y ayudar a la gente. Esto es lo que me mueve. Hemos vivido la guerra de cerca.  La catequesis es importante para curar heridas.”

Trabajando junto a la hermana Samia, varios jóvenes universitarios se reparten los grupos de catequesis y colaboran activamente de la acción pastoral. Una delegación de la fundación pontificia Aid to the Church in Need los visita cuando están tratando de transmitir a los chicos y chicas la vida de Jesús durante su Pasión y Crucifixión, un punto central de la fe cristiana. Haya Elias es una de las catequistas: “La hermana Samia nos ha enseñado a estar más cerca de Dios y ahora transmitimos eso a los que vienen detrás nuestro”. Estudia Filología Inglesa en la universidad y siempre ha formado parte del grupo de jóvenes que colaboran con las religiosas.

 

Children Gifts for Christmas in Aleppo 2017

Regalos para navidad en Aleppo 2017

 

“Yo soy muy consciente de que estoy con vida gracias a Dios y a la oración de personas como la hermana Samia”, asegura Jihad Alaji, otro joven que actualmente está en busca de trabajo. Jihad estuvo en el ejército del gobierno de Asad, reclutado a la fuerza para combatir en la guerra. En una emboscada fue detenido por un grupo de rebeldes sirios y estuvo secuestrado durante meses. Todos pensaban que estaba muerto, pero milagrosamente logró escapar. “Doy gracias a Dios y a las Hermanas por no haber dejado de rezar por mí. Hoy me siento agradecido y ahora les ayudo como catequista.”

La Iglesia en Siria está viva, a pesar de más de 7 años de guerra. Los sacerdotes, religiosos y religiosas presentes en el país se han convertido en un motivo de esperanza. “No hemos dejado nunca de ofrecer nuestra ayuda, oración, acompañamiento… Todo se hace con la colaboración de sacerdotes, religiosas y laicos. Trabajamos todos juntos en la organización de estas actividades. Gracias a Dios tenemos jóvenes muy activos”, continúa diciendo la hermana Samia.

La hermana Samia, además de coordinar la catequesis, trabaja en un centro de atención a niños con discapacidades intelectuales: “Siempre hemos tenido proyectos con la fundación pontificia Aid to the Church in Need, incluso durante la parte más cruenta de la guerra. Mayores y niños están necesitados de una palabra de esperanza y quieren profundizar en la fe. Los niños vienen a la iglesia y además son exigentes. Durante el verano, por ejemplo, hemos tenido varios campamentos para los jóvenes, que dan esperanza a muchas personas. Esto nos anima.”

Gracias a la ayuda de muchos benefactores en todo el mundo la fundación pontificia ACN ha podido apoyar más de 35 cursos y programas de pastoral para jóvenes y niños en diferentes partes de Siria por más de 170.000 .-€ durante 2018.

 

Children Gifts for Christmas in Aleppo 2017

Regalos para navidad en Aleppo 2017

“Cuando escuchamos a Papa Francisco pensamos que todavía hay esperanza para la paz en Siria”

La universalidad de la Iglesia se hace presente una vez en Roma por motivo del Sínodo de los Obispos que se está viviendo estos días, y que durará hasta el 28 de octubre, en el que participantes de cinco continentes tratan diferentes temas relacionados con la juventud, sus necesidades y retos, para encontrar soluciones a los diferentes desafíos a los que se enfrentan. En este contexto, la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) entrevista en Siria a diferentes jóvenes cristianos que explican qué significa para ellos ser cristianos y qué esperan de la Iglesia, en un país donde son una minoría, en ocasiones amenazada y que ha sufrido durante más de siete años una guerra fraticida.

Majd Jallhoum, dentista recién licenciada que colabora en el reparto de ayuda humanitaria junto con la Iglesia greco-católica en Marmarita, en la región conocida como el Valle de los Cristianos, pide a la Iglesia que esté cerca de ellos. “No hace falta que sea una Iglesia perfecta, porque nadie lo somos, sino que esté cerca de nosotros, conociendo cuáles son nuestros deseos y anhelos”. Majd desconocía la reunión de los obispos en Roma con el Papa pero le parece una buena oportunidad para dar a conocer las difíciles situaciones que viven muchos jóvenes en diferentes países del mundo. “Aquí los jóvenes cristianos tenemos un gran deseo de estar cerca de Dios. Vivimos momentos muy difíciles, hemos sufrido la muerte de amigos y familiares, y otros muchos se han marchado del país. Pero también hemos experimentado momentos de alegría y sin duda detrás de todos ellos está la mano de Dios”.

 

Majd Jalhoum, 28

Majd Jalhoum, 28

 

Majd conoce bien la situación de muchas familias que viven desplazadas en el Valle de los Cristianos. Les visita a menudo para conocer sus necesidades, acompañar a los enfermos al hospital o repartir las medicinas del proyecto de emergencia que está sosteniendo ACN junto con la Iglesia local. “Si sigo aquí es gracias a mi fe, aunque muchas veces vea que me falta la esperanza. Pero en este tiempo he entendido que mi destino es quedarme aquí y ayudar a estas personas. Mis padres y varios de mis hermanos se marcharon a Estados Unidos, pero yo decidí quedarme. Mi inspiración ha sido y es Jesús”.

Hanna Mallouhi es otro de los jóvenes desplazados en Marmarita que aporta su tiempo y esfuerzo para sostener la gran labor asistencial de la parroquia de San Pedro en el Valle de los Cristianos. Vino aquí hace 5 años, procedente de Homs huyendo de los bombardeos. Estudia en la universidad donde se prepara para ser médico: “Pese a la guerra, no he querido abandonar mis estudios. Ahora tengo que hacer las prácticas, he elegido de destino un hospital de Damasco. Cuando termine la carrera quiero quedarme aquí y ayudar a las personas a tener una vida mejor en Siria”.

En relación al sínodo explica: “Para mi es importante que los jóvenes estemos acompañados por sacerdotes y responsables que tengan una vida sencilla y que muestren con hechos que les importamos. Necesito sentirme acompañado por personas cercanas a Dios, para así sentirme también yo cerca de Él.”

 

From right to left, Hanna Mallouhi and his brother Raja Mallouhi

De derecha a izquierda, Hanna Mallouhi y su hermano Raja Mallouhi

 

También en Homs, la tercera ciudad más importante del país después de Damasco y Alepo, se mantiene una importante presencia cristiana concentrada en el Viejo Homs, el barrio más antiguo de la ciudad,  situado a los pies de la ciudadela antigua. Allí, unos 300 estudiantes universitarios se han reunido en la recién reconstruida catedral melquita de Nuestra Señora de la Paz, para celebrar la Eucaristía juntos.

Entre ellos Pascal Napki, que estudia Economía y sigue muy pendiente muchos de los mensajes que da el Santo Padre desde Roma: “No conozco en persona al Papa Francisco pero me parece una persona humilde por sus palabras y acciones. Siempre que le escuchamos, pensamos que hay esperanza para la paz en Siria. Especialmente me conmueve cada vez que pide oraciones por nuestro país”. Cerca de Pascal se encuentra Halil, estudiante de Farmacia quien piensa durante unos segundos en silencio la respuesta a la pregunta “¿Qué le pido yo a la Iglesia?”, y responde con seguridad: “Que nos entienda, nos anime y nos dé la oportunidad de creer también en nosotros mismos. Sé que no es fácil, pero eso es caminar juntos, confiar los unos en los otros y apoyarnos mutuamente”.

Después del encuentro un grupo sale de paseo por las estrechas calles del barrio, entre los edificios antiguos construidos con la piedra gris característica de la arquitectura popular de Homs. Anaghem Tannous comenta que con lo que se ha sufrido en Siria, algunas personas se han alejado de Dios, “pero las bombas, la emergencia humanitaria y el duro golpe de la violencia no han borrado aún las ganas de vivir y las ilusiones propias de la juventud, así que lo primero que debemos hacer como Iglesia es animar a los jóvenes a acercarse de nuevo a Él”. Durante el paseo pasan a hacer una oración juntos a una iglesia cercana, en este caso la Iglesia del Sagrado Cinturón de María, de la Iglesia sirio-ortodoxa. “Aquí convivimos católicos y ortodoxos con normalidad, somos muy cercanos, es parte de nuestra cultura”.

 

Syria: Medication prescriptions and renting houses.

Siria: prescripciones de medicamentos y alquiler de casas.

 

Antes de pasar al templo Wissam da un último mensaje: “rezamos por el Papa y por la Iglesia en todo el mundo. Aquí la fe es fundamental porque forma parte de lo que somos. Y además en estos últimos años hemos superado muchas dificultades, en nuestras familias, en nuestros estudios y trabajos, todo gracias a que no hemos perdido la fe y la esperanza”.

El testimonio de estos jóvenes de la comunidad cristiana de Siria, una minoría que se ha visto muy vulnerada en el conflicto del país puede ser inspirador para otros. Según cifras de la Iglesia siria, antes de la guerra había 1,5 millones de cristianos en el país y actualmente quedan unos 500.000. La falta de seguridad, la violencia y las amenazas reales de grupos yihadistas como el Daesh, han provocado un éxodo sin precedentes en un país que era bastante tolerable con la fe cristiana. La fundación ACN apoya decenas de proyectos dedicados a jóvenes y niños en diferentes ciudades de Siria.

Majd Jallhoum (first from the right), secretary of the Saint Peter Relief Centre, with the gruop of volunteers of the Saint Peter Relief Centre.

Majd Jallhoum (primero desde la derecha), secretario del Saint Peter Relief Center, con el grupo de voluntarios del Saint Peter Relief Center.

La Iglesia católica de la localidad siria  de Marmarita y la fundación internacional Aid to the Church in Need trabajan para sostener a familias huidas de sus casas y ayudarlas a regresar

Ghassan Abboud y su mujer Maha Sanna vivían en Homs junto a sus dos hijos, Josef y Michael. Pero hace justo 5 años y 7 meses la vida les cambió por completo, esa fecha no se les borra de sus recuerdos. “Estábamos en casa, mi hijo Michael estaba en el salón tranquilamente, cuando de repente oímos el ruido de unos cristales rotos. Cuando fuimos a ver qué había pasado, nos encontramos a Michael tendido en el suelo, una bala perdida que había entrado por la ventana le atravesó la cabeza. Murió en el acto”, narra Maha.

La guerra de Siria había irrumpido en la ciudad de Homs apenas unos meses antes, los primeros combates de guerrillas urbanas desencadenaron sangrientos bombardeos y ataques de francotiradores en toda la ciudad. Las protestas callejeras que exigían el fin del régimen de Bashar Al Assad, habían sido duramente contestadas con una fuerte represión policial. Todo desencadenó en una guerra civil que provocó la división del ejército, la sociedad y la aparición de numerosos grupos armados de corte yihadista. Hasta el día de hoy, los datos de muertes son de unas 500.000 pérdidas, una de estas víctimas mortales es el hijo pequeño de la familia Abboud.

 

Hassan Abboud com sua esposa Maha Sanna e seu filho Josef Abboud.

“Michael era un chico excelente, trabajaba como realizador en la televisión y soñaba con ser director de cine algún día”, comenta su madre con un punto de tristeza y otro de orgullo. Tras el asesinato de Michael y con el recrudecimiento de los combates en la ciudad, la familia decidió marcharse. “Intentamos irnos del país, pero nos denegaron el visado. No teníamos mucho dinero y dejamos de intentarlo. Así que nos vinimos aquí, al Valle de los Cristianos”, explica Ghassan.

Los Abboud han vivido todos estos años en una pequeña casa de alquiler en el pueblo de Almishtaya, una localidad de las más de veinte que forman esta región, conocida por ser antes de la guerra un lugar de descanso para la gente de Homs. Muchos venían aquí desde la ciudad buscando la tranquilidad de sus valles y montañas. Maha cuenta que su situación económica no era suficiente para pagar un alquiler en otra ciudad donde no hubiese combates, pero no podían seguir viviendo en Homs rodeados de tanta violencia. “Desde que llegamos hemos sido apoyados por los sacerdotes y los jóvenes de Centro de San Pedro de Marmarita. Sin su ayuda para pagar esta casa, alimentos y las medicinas que necesito para el corazón, no sé dónde estaríamos ahora”.

Su marido y su otro hijo Josef perdieron el trabajo al abandonar Homs. En el Valle de los Cristianos han podido trabajar algunos meses, pero la situación económica del país y la saturación de desplazados hace que el trabajo escasee y los sueldos son muy bajos. “Yo soy trabajador autónomo (“free worker” en inglés) –comenta Ghassan-, ahora he dejado de trabajar. Tengo ya 60 años, pero no recibo ninguna pensión”. Su hijo Josef sí que tiene trabajo, es electricista, “pero el trabajo aquí es muy inestable. Me gustaría volver a Homs y ganarme la vida allí”.

La familia de Ghassan y Josef es una de las más de 2.000 familias que reciben la ayuda mensual de subsistencia que distribuye la Iglesia local gracias al apoyo de la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN).

Muchas de estas familias han manifestado recientemente su intención de regresar a sus casas lo antes posible, en cuanto puedan ser reconstruidas. “Estoy casi seguro que lograremos volver pronto. Hemos podido regresar a Homs y hemos visto que el estado de nuestra casa, aunque parcialmente destruida, no es tan grave. Pero todavía es difícil vivir en Homs con las ruinas de la catástrofe y muchos cortes de luz y agua, pero siempre es mejor estar en tu propia casa que aquí como desplazados. Además, hacer frente a un alquiler es muy costoso también”, reconoce Ghassan.

Con este mensaje de esperanza sobre el regreso, Ghassan, Maha y su hijo Josef se despiden del pequeño grupo de ACN que ha viajado a Siria para conocer la situación de las familias desplazadas y sus necesidades: “Lo que nos da esperanza es el apoyo que recibimos de Iliash, el joven responsable de que coordinar la ayuda del Centro San Pedro. Los sacerdotes y la Iglesia católica nos están apoyando en todo. Su ayuda es la única que tenemos, es un testimonio de generosidad y es aún más valiosa para nosotros que no somos católicos, sino cristianos ortodoxos”, dice Maha.

“Mi fe es la que me da fuerzas para seguir adelante, pese a tanto dolor. Me decís que muchas personas en Europa y otros países se sienten fortalecidos en la fe al conocer nuestra historia y nuestra fortaleza frente a las dificultades. Yo digo: ‘Alhamdulillah’ (Alabado sea Dios, en árabe)”, comenta Ghassan. Mientras por el balcón de su casa asoman sus cabezas y agitan sus manos diciendo adiós con efusividad añaden: “Shukran ktir ktir  (muchas, muchas gracias)”

En el Valle de los Cristianos, una región rural de Siria cerca de la frontera con Líbano, la Iglesia local ayuda a miles de familias desplazadas por la guerra en situación de especial necesidad gracias al apoyo de la fundación ACN

El sufrimiento y la falta de esperanza son el día a día de los sirios, que viven sumidos en una guerra fratricida desde hace ya más de 7 años. Además del gran drama de convivir con el terrorismo, haber tenido que dejar el hogar o perder todos los bienes por las bombas, se suma la muerte de los seres queridos, sea la violencia, por la enfermedad o por  la precaria vida de una sociedad empobrecida.

Rasha Drazy tenía solo 23 años cuando recibió la noticia de que su marido, Michael, había muerto. El joven conductor cubría la ruta desde el Valle de los Cristianos a Damasco. Un día fue alcanzado por un francotirador y murió en el acto. Ella, además de quedarse sin su joven marido, perdió el soporte económico para mantener a su familia. Madre de dos hijos, se encontraba frente a una terrible situación nada más empezar el conflicto armado.

 

Rasha Draizy with her kids Michael Sallom and Rachel Sallom.

Rasha Draizy con sus hijos Michael Sallom y Rachel Sallom.

 

“Vivíamos en Damasco, vinimos a Marmarita huyendo de los bombardeos diarios sobre la capital. Llegamos aquí en 2012 y a los pocos meses mi marido fue asesinado”, cuenta Rasha con una mirada de profundo dolor que hace entrever todo lo que ha vivido a pesar de lo joven que es. Junto a ella están sus hijos Michael de 10 años y Rachel de 8. “La vida antes de la muerte de mi marido, ya era difícil. Los niños tuvieron que dejar el colegio porque estaba cerrado por la guerra. Salimos adelante con los pocos ahorros que guardábamos hasta que Michael encontró un nuevo trabajo”.

Historias como esta se repiten en todo el país. El desgarrador testimonio de miles de mujeres – madres coraje -que han perdido a sus hijos y maridos por la guerra, quienes no sólo pierden a sus seres queridos, sino también el motor de la economía familiar.

Es también la historia Darin Abboud, recientemente viuda. Su marido falleció recientemente después de sufrir un derrame cerebral incurable dos años antes. “Yo trabajo como autónoma, a veces como peluquera, otras en el campo recolectando frutas y verduras. Todo lo que sea necesario para mantener a mis hijas”, comenta esta madre de  38 años. “Mis cinco hijas son la motivación de mi vida, mi felicidad es que ellas sigan estudiando, consigan un trabajo y sean felices”.

 

Darin Abboud con sus cinco hijas.

 

La mayor de todas es Maya, tiene 18 años y está finalizando los estudios previos a la universidad, aunque todavía no sabe que quiere estudiar. Le siguen Maram y Mary, gemelas de 12 años y muy buenas cantantes: “Hemos aprendido a cantar en el coro de nuestra parroquia, nos encanta cantar allí”. Mirna es la cuarta de las hermanas y recita preciosas poesías de memoria, en un árabe que suena dulce y delicado. Por último está Meriam, la más alegre y revoltosa. Todas forman un hogar en el que el recuerdo de su padre aún no ha borrado las ganas de vivir.

Siguiendo la misión del Evangelio de consolar a los más pobres e indefensos, la Iglesia local gracias al apoyo de la fundación ACN apoya a estas mujeres, viudas y madres coraje, quienes tienen un desafío especialmente difícil.

“La ayuda que recibimos de la parroquia es muy útil para nuestra casa. Es verdad que nuestros vecinos y familiares nos han apoyado mucho – afirma Darin- pero sin el soporte económico de la Iglesia no sé qué sería de mí y mis hijas”. Reconoce que su comunidad parroquial les ha arropado desde la muerte de su marido y hasta día de hoy no les ha faltado nada.

 

Más de 2.000 familias reciben mensualmente ayuda de emergencia de ACN por medio del Centro San Pedro, de la Iglesia católica melquita en Marmarita. “Esta ayuda nos ha hecho recobrar la fe y la esperanza – reconoce Rasha-, hemos experimentado la cercanía de la Iglesia y eso nos ha motivado a comprometernos más con nuestra comunidad. Yo misma formo parte del equipo de voluntarios que coordinan la ayuda de emergencia a familias desplazadas en el Valle de los Cristianos”. Mientras que sirve un té, Rasha Drazy cuenta que lejos de sumirse en la desesperación, un día decidió dar el paso de ayudar a otras personas que, como ella, también están atravesando los peores momentos de su vida. “En la situación que vivimos es difícil saber que nos depara el futuro. Así que tratamos de vivir el día a día lo mejor posible con lo poco que tenemos. Trato de enseñar la fe a mis hijos, la alegría de estar cerca de Jesús. Eso es lo que nos ayuda a no perder la esperanza en estos momentos tan difíciles”.

 

Rasha Drazy, in the centre dressed of pink, a widow who is part of the gruop of volunteers of the St. Peter's Relief Centre in Marmarita.

Rasha Drazy, en el centro vestida de rosa, es una viuda que forma parte del grupo de voluntarios del Centro de Ayuda de San Pedro en Marmarita.

 

Por su parte, Darin y sus hijas no escatiman en agradecimientos: “Las personas que nos están ayudándo, están cambiando las vidas de muchas familias. Especialmente les digo a aquellos que nos ayudan sin conocernos que sois un gran testimonio de generosidad. Muchas gracias.”

Aid to the Church in Need (ACN) lleva ayudando desde el 2013 a miles de familias han buscado refugio de la guerra en el llamado Valle de los Cristianos. Gracias a la generosidad de muchos benefactores en todo el mundo ACN ha podido apoyar 20 proyectos para bonos alimenticios, cuidados médicos, becas de estudio para niños y jóvenes así como ayudas a los alquileres de las familias más vulnerables.

“La guerra no perdona y tras ocho años hay cicatrices que no desaparecerán nunca”, explica el P. Andrzej Halemba, jefe de proyectos en Oriente Próximo de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN, por sus siglas en inglés). Los conflictos militares obligan a la población a experiencias terribles, sobre todo a los niños, que son el grupo más vulnerable de la sociedad. Siria no es una excepción. Las atrocidades de la guerra sobrepasan la capacidad humana de lidiar con ellas, esta es la razón por la que ACN quiere ayudar a los que sufren espiritual y mentalmente. Los Talleres del Buen Samaritano para sanar los traumas psicológicos de la posguerra siria, es una de estas medidas apoyadas por la fundación. Se están llevando a cabo en el santuario carmelita del Niño Jesús en Jounieh en Líbano. “El tiempo no cura los traumas”, insiste el P. Halemba, “y por ello, es preciso ayudar a las personas a expresar su sufrimiento y a afrontar los malos recuerdos. Si nosotros no ayudamos a las familias y comunidades sirias a recuperarse, ¿quién lo va a hacer?”.

“La guerra no perdona”, explica el P. Halemba, jefe de proyectos para Oriente Próximo de ACN, “al contrario, sus efectos crecen como un tumor. Las cifras hablan por sí solas. Según la ONU, más de 13 millones de personas en Siria necesitan ayuda humanitaria, y la mitad de ellas son niños. Estos son las que más peligro corren ante el creciente riesgo de ser mutilados de forma permanente por los combates, de verse emocionalmente afectados por todo tipo de abusos incluidos violaciones, matrimonios impuestos, trabajos forzados como esclavos, escasez de alimentos y acceso mínimo a la salud o la educación”.

 

The Good Samaritan workshops for post war trauma healing for Syrians is one of the initiatives supported by ACN.

El proyecto del Buen Samaritano para la curación de traumas

 

Según Halemba que acaba de regresar de un viaje a Siria, las sanciones económicas contra el país sólo empeoran la situación y, en contra del objetivo declarado, castigan a la población civil al limitar incluso la actividad humanitaria en este país desolado por la guerra, donde 6,6 millones de personas viven desplazadas y casi 3 millones se encuentran en zonas asediadas y de difícil acceso”.

Gracias al apoyo internacional las Iglesias locales están desempeñando un papel vital en la prestación de ayuda humanitaria integral. “En Siria, los cristianos están realizando una extraordinaria labor en aras de la paz. Ahora urge abordar el sufrimiento espiritual y psicológico” recalca el sacerdote polaco. “La guerra y los factores estresantes de la posguerra acarrea graves consecuencias a largo plazo. Cuando el cerebro se ve expuesto a un constante estrés, este empieza a funcionar de otra forma e implica dramáticos cambios en el comportamiento que conducen a problemas a la hora de relacionarse, a la violencia y a otros desórdenes mentales. Cabía esperar un incremento del trauma de la posguerra y esto es lo que me he encontrado cuando he viajado a Siria.” El trastorno por estrés postraumático es sólo uno de los desórdenes en el amplio abanico de reacciones postraumáticas.

 

The Good Samaritan workshops for post war trauma healing for Syrians is one of the initiatives supported by ACN.

El proyecto del Buen Samaritano para la curación de traumas

“El tiempo no cura los traumas”, insiste el P. Halemba. “Es preciso ayudar a las personas a expresar su sufrimiento y a afrontar los malos recuerdos. Pero, si no les ayudamos nosotros, ¿quién lo hará?”, pregunta retóricamente el sacerdote y continúa: “Por este motivo ACN acaba de lanzar un nuevo proyecto para apoyar y guiar a personas que sufren psicológicamente, en particular a niños. La mayoría de las personas en Siria no tienen oportunidad de recibir un tratamiento debido a la escasez de suministros y los altísimos precios de los servicios médicos”. El proyecto del Buen Samaritano para la curación de traumas se lleva a cabo en cooperación con socios de las Iglesias locales y profesionales invitados de varios países. Está pensado como un proceso a largo plazo e incluirá encuentros de seguimiento semanales combinados con cursos de asistencia individual y sesiones de refuerzo. El primer curso se realiza estos días en el santuario carmelita del Niño Jesús en Jounieh, en Líbano (8-23 de octubre de 2018) y va dirigido al clero y a profesionales que gestionarán luego el proyecto en Siria.

Según un informe de Unicef, 2017 fue el peor año de la guerra para los jóvenes sirios con 910 muertes. La mayoría de los niños han vivido de cerca bombardeos y ahora son víctimas del dolor, de pesadillas extremas, de recuerdos diarios de los acontecimientos traumáticos, de miedo, inseguridad y amargura. La mitad de ellos aproximadamente han sido el blanco de francotiradores y el 66% se han encontrado en una situación en la que pensaban que morirían. Casi uno de cada cuatro niños ha sido herido en el conflicto, y el número de huérfanos ha aumentado considerablemente. La llamada “generación perdida” –los menores de 15 años- nunca ha acudido a la escuela y es analfabeta. Muchos de ellos sufren depresión e intentan suicidarse. Las muertes infantiles se dispararon en un 50% el año pasado y el número de soldados jóvenes se ha triplicado desde 2015.

 

ACN supports Good Samaritan course for trauma healing to assist Syrian families

 

Cómo subraya el sacerdote Andrzej Halemba que ha viajado repetidas veces a Siria, ACN hace todo lo que puede para impulsar proyectos que ofrezcan a niños y jóvenes la oportunidad de cambiar literal y mentalmente de paisaje, para ello financia campamentos de verano, retiros para familias, jornadas regionales para jóvenes, etc. “Muchos de ellos participan por primera vez en su vida de este tipo de actividades.”

El nuevo proyecto del Buen Samaritano para la superación de traumas es otra iniciativa de la fundación pontificia que quiere ayudar en ese ámbito. Además del efecto terapéutico, ACN espera que este proyecto sea pionero para la futura estrategia de organizaciones especializadas en este campo.

Desde el inicio de la guerra, que ahora dura ya ocho años, Siria ha recibido de los benefactores de ACN más de 28 millones de euros.

 

The “Good Samaritan course for trauma healing project” is another initiative of the Catholic Charity and Pontifical Foundation Aid to the Church in Need (ACN) supports the local Churches in assisting those suffering in Syria.

El nuevo proyecto del Buen Samaritano para la superación de traumas es otra iniciativa de la fundación pontificia que quiere ayudar en ese ámbito. Además del efecto terapéutico, ACN espera que este proyecto sea pionero para la futura estrategia de organizaciones especializadas en este campo.

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.