Cuatro años después de la invasión del EI: los obispos iraquíes siguen estando preocupados por el futuro de sus fieles

Han pasado cuatro años desde la invasión del «Estado Islámico» (EI) en las poblaciones cristianas de la llanura de Nínive, al norte de Irak, y la falta de seguridad brilla por su ausencia, según explica el arzobispo ortodoxo sirio Timotheus Musa Al Shamani. «Sin seguridad y sin trabajo ningún cristiano querrá quedarse en Irak»;  así de contundente lo  expresó el obispo de la diócesis de San Matti recientemente, en una conversación mantenida con la Fundación Pontificia católica «ACN international». Al Shamani apeló a la comunidad internacional a que cumpla con sus responsabilidades. «En la llanura de Nínive deberían venir  las Fuerzas de Paz de la ONU. Queremos que nos den una garantía de que nuestra libertad y nuestra seguridad quedarán a salvo».

 

Mons Timothaeus Mosa Al Shamani

Mons Timothaeus Mosa Al Shamani

 

Según el arzobispo , Estados Unidos tiene una especial responsabilidad  con la seguridad de los cristianos: «todos los políticos obedecen a los Estados Unidos», dijo.  Al Shamani se mostró crítico con los anuncios del gobierno estadounidense actual de enviar en el futuro los fondos de ayuda directamente a los cristianos perseguidos por el EI y no a través de las organizaciones de las Naciones Unidas. «Oímos muchos discursos del presidente Trump; pero queremos ver hechos», dijo el arzobispo, quien  teme que se produzca un regreso de grupos islámicos radicales. «Suponemos que en el futuro surgirá un nuevo grupo similar al EI, o como quiera que se llame».

El 6 de agosto de 2014, los yihadistas del EI conquistaron el centro cristiano, situado cerca de la metrópoli de Mosul, al norte de Irak. Unos 120.000 cristianos se vieron obligados a huir. Muchos de ellos pasaron años como desplazados en su propio país, o huyeron al extranjero. Desde 2016, tropas gubernamentales iraquíes y sus aliados están reconquistando los territorios ocupados por el EI, donde ya  han vuelto decenas de miles de cristianos a sus hogares, gravemente dañados . «ACN international» apoya decisivamente la reconstrucción. El arzobispo Al Shamani agradeció expresamente a la fundación su apoyo durante los años de desplazamiento. «Sin la ayuda de organizaciones eclesiales como ACN, los cristianos no hubiéramos podido sobrevivir».

El arzobispo católico caldeo de Erbil, Mons. Bashar Warda, también resaltó el apoyo prestado por «ACN international». Su diócesis acogió a gran parte de los desplazados cristianos dentro del país. En relación con los trabajos de reconstrucción en la llanura de Nínive, el arzobispo  subrayó la importancia de conseguir progresos rápidos. «Este verano es muy crítico para nosotros. Tenemos que hacer muchos esfuerzos para reconstruir esas poblaciones. El gobierno iraquí ya nos ha comunicado que no tiene dinero y que  por eso no nos ayudará».

 

Familia cristiana

 

El arzobispo de Erbil se mostró optimista en relación con las promesas económicas del gobierno estadounidense. Aunque todavía no haya llegado el dinero, dijo Mons. Warda, «estoy absolutamente convencido de que Estados Unidos quiere ayudar. Es la primera vez que un gobierno americano reconoce que aquí la gente es perseguida por su fe».

 

El arzobispo Bashar Matti Warda en la entrada de la escuela de Santa María en la calle Mar Mar Qardakh

El arzobispo Bashar Matti Warda en la entrada de la escuela de Santa María en la calle Mar Mar Qardakh

 

Mons. Warda resaltó el papel de los cristianos en las sociedades de Oriente Próximo: «Todo Oriente Próximo sufre convulsiones por la violencia, la corrupción y el amiguismo político. Está todo  corrompido por el pecado. Es Jesús quien perdona esos pecados y quien cura las heridas. ¿Quién podrá dar a Jesús a esa región encrespada y corrupta sino los cristianos?  Por eso no solo somos cristianos, sino discípulos del perdón y la caridad».

 

Qaraqosh/Baghdeda Reconstruction of one house

Reconstrucción de una casa. Qaraqosh/Baghdeda

 

«ACN international» ha aportado 6,9  millones de euros para la reconstrucción de los pueblos cristianos ocupados por el EI. Hasta el momento (datos de julio de 2018) han podido regresar el 45 por ciento de las familias desplazadas; y el 35 por ciento de las casas destruidas o dañadas han sido rehabilitadas. También se han restaurado las iglesias dañadas por el EI. De este modo, la fundación pontifica continúa esforzándose para ayudar a los cristianos perseguidos de Irak, que comenzaron  con la crisis humanitaria de 2014. Para los cristianos desplazados dentro del mismo país, ACN también ha puesto a disposición —en el marco de una de las mayores acciones de ayuda de su historia— fondos para vivienda, escuelas ,nutrición y atención médica.  En general, ACN ha apoyado a los cristianos en Irak con 35,7 millones de euros desde 2011.

Erbil deslumbra, con su paraje semidesértico y sus 44 grados abrasadores en el verano iraquí. Se aprecia una tranquilidad engañosa en la capital kurdistana. Nada diría que en este lugar del mundo se decide en estos momentos el destino de miles y miles de personas. No se oye, no se escucha, no se ve; pero las fuerzas islámicas están a 40 kilómetros de aquí, hace apenas una semana estaban a las puertas de la ciudad. Detrás de los muros de las iglesias, dentro de colegios y centros deportivos, en las sombras de edificios en construcción se esconde la realidad: cientos y cientos de refugiados, hasta llegar a 70.000 distribuidos en 22 puntos de acogida. Uno de los principales es la catedral caldea católica, más conocida como la Iglesia de San José, en el barrio cristiano de la ciudad: Ankawa. Se calcula que unas 670 familias han encontrado refugiado aquí y en los edificios de los alrededores. Un toldo improvisado o la sombra de los edificios es el escaso alivio que tienen para protegerse de un calor aterrador, implacable. La mayoría están sentados en el suelo en pequeños grupos, por familias, sobre colchones o esterillas. Otros sentados en sillas de plástico. Ankawa es una gran sala de espera. Hay cientos de rostros, pero una historia, un testimonio, un destino, que une a todos: fugitivos condenados a muerte por ser cristianos.

El  6 de Agosto se retiró la milicia kurda – la “peshmerga” – que defendía la zona cristiana al norte de Mosul. La primera bomba cayó en la casa de los Alyias en Qaraqosh, mató dos niños, David y Mirat, primos entre ellos que jugaban en el jardín e hirió a un tercero gravemente. De ahí se dio la alarma por toda la ciudad, “el ISIS está a  las puertas, la pershmerga ya no nos defiende, toma a tu familia y huye”.  50 000 habitantes tenía Qaraqosh, ciudad cristiana desde hace siglos, todos ellos salieron con lo que llevaban puesto. Solo quedaron aquellos que no podían moverse de sus casas, ancianos enfermos. A Qaraqosh se unieron otras ciudades más pequeñas de los alrededores como Bartella o Karemlesh. Se calculan un total de 100 000 cristianos que dejaron en esos días sus casas de la zona de Nínive en un éxodo apocalíptico hacia Duhok, Zahko y Erbil. Cuesta entender el pánico que se debe tener dentro para irse sin mirar atrás, sin llevarse nada más que lo puesto.  Pero no lo es para los que conocen y han vivido rodeados, asfixiados, atacados por ese fundamentalismo musulmán durante años. Muchos todavía tienen en sus huesos el trauma del 10 de junio cuando ISIS tomó en pocas horas Mosul sin que nadie los defendiera; sus políticos, su ejército, nadie movió un dedo. Sólo en la ciudad de Mosul se calcula que más de 1000 personas han sido asesinadas por su fe desde que Sadam fue derrocado. Cada familia esconde una tragedia, un drama; todos tienen parientes asesinados, masacrados: “Este es mi hermano Salman, tenía 43 años, le pegaron tres tiros en la cabeza, fue en Mosul hace cinco años.” A su lado su madre con lentitud saca la foto y la sostiene entre sus manos, hay mucho dolor es ese gesto y en esos ojos. Huyeron de Mosul y se refugiaron en  un pueblo cerca del antiguo Monasterio de Mar Mattai (san Mateo) donde tenían familia, se creían seguros, volvía a renacer una esperanza de vida.  Pero el avance del Estado Islámico les llevó a la fuga de nuevo. A unos kilómetros de allí Yacoub, también refugiado, enseña su pierna lisiada y llena de cicatrices de una bomba que explotó en el 2008 en una iglesia de Mosul. Cuando los yihadistas lanzaron el ultimátum a los cristianos de Mosul en Junio, Yacoub huyó con sus cuatro hijas a Al Qosh, de ahí salió en un segundo éxodo hace dos semanas para el norte de Duhok. Ha perdido su tierra, su casa, todo lo que tenía. Ha sufrido las secuelas de la destrucción en su propia piel, pero las cicatrices de la pierna no le preocupan; el gran dolor de Yacoub es el futuro de sus cuatro hijas.

 

 

Damaged cross on St. George's Monastery (Mar Gurguis) in Mosul

Cruz danificada em Mosul

 

“No por nosotros, sino por nuestros hijos”, es el grito mudo de una madre de las siete familias sirio ortodoxas que han encontrado resguardo debajo del toldo de una tienda en la comunidad caldea de Mangesh, dieciséis niños en total. Una de las pequeñas canta una canción en inglés rodeada de todos los demás niños: “They all love me, they all love me” (“todos me quieren, todos me aman”). Los niños que no entienden de guerras, ni odios, ni masacres, que no saben lo que pasa ni se preocupan por el futuro. Es raro ver tantos niños juntos y no ver ni un juguete, ni una pelota. Muchos bebes duermen acostados a ras de suelo, alguna vez en maxi-cosi (capazo).

Sleiman trae a su hija de tres años en brazos: “¿Que ha hecho ella para que la echen de su tierra, de su casa y tenga que vivir así?” Así en su caso significa 8 familias durmiendo en una habitación, con colchones, comida y bebida que les da la Iglesia, con un calor infernal en unas condiciones infrahumanas. En Erbil hay tiendas de campaña preparadas para los que no encontraron sitio en las salas de un club deportivo, dentro se alojan unas ocho personas, un infierno durante el día por la extremas temperaturas que llegan a 48 grados dentro de la tienda. Por las noches existe el peligro de las mordeduras de ratas y los escorpiones.

“Salvamos la vida, el honor de nuestras mujeres e hijas y nuestra fe” estas son las tres razones claves de su precipitada huida. Y esa rapidez de acción les libró de seguir la suerte de la comunidad yazidi, que fue masacrada, violada y esclavizada. Sin embargo a  los cristianos del Nínive, de Qaraqosh, Al Qosh, Telfek y otros tantos sitios les ha robado algo más que lo puramente material: la esperanza. “No puedo seguir viviendo aquí” gime el padre de David, uno de los niños asesinados por la bomba de ISIS en Qaraqosh, “este país está lleno de sangre”. La madre, joven, vestida toda de luto, con su rostro oculto entre las manos, llora. No tienen papeles, ni pasaporte. No saben cómo hacer para pedir un visado, pero repiten una y otra vez que se quieren ir, les da igual a dónde, fuera de ese país de dolor. Aquí no hay personal especializado para ayudarles en su trauma y su tragedia, están junto con todos los demás refugiados en un colegio de Ankawa. Su hermano Adeeb era trabajador de la presa de Mosul, en un inglés cortado pero claro pregunta: “¿Por qué a los musulmanes que vienen de fuera se le reconocen sus derechos en los países europeos y aquí a nosotros nos tratan como perros, en nuestro caso ni siquiera venimos de fuera, éste es nuestro país?” Adeeb habla de las raíces bíblicas de Nínive, de la tierra del Tigris y el Éufrates, de la presencia de cristianos en Mosul desde el siglo V, del monasterio de San Mateo, del arameo la lengua (de) materna de Cristo, de los sirios y caldeos católicos, de las comunidades cristianas ortodoxas y de todo un pasado religioso y cultural centenario, herido de muerte.

Pasado que es también presente real y activo: los sacerdotes, las religiosas, los obispos intentan ayudar en lo que pueden, se multiplican, llaman, organizan, piden, escuchan, consuelan, rezan. ¿Qué sería de ellos si la iglesia no estuviera aquí? ¿Quién cuidaría de ellos? En Erbil como en Duhok, donde también unos 60 000 refugiados cristianos están diseminados por pueblos y villas del norte de la ciudad, algunos ya en la frontera con Turquía, la labor de la iglesia es extraordinaria.

Padre Samir es sacerdote caldeo y párroco en uno de estos pueblos al norte de Duhok. Cuenta el shock del primer día, cuando de la noche a la mañana llego ese éxodo incontable de gente, que estaba en las calles, durmiendo en los coches, en las aceras.  Sólo en el centro parroquial para catequesis se alojan ahora 77 familias sirio ortodoxas, 321 personas, de ellos 35 niños. Padre Samir no regresa a casa antes de la una o las dos de la mañana. Siguen siendo días de trabajo sin un minuto de pausa. Diez de la noche,  llamada al móvil explicando que dos familias yazidíes están en la carretera, sin nada. El Padre Samir sale a buscarlos, a llevar colchones y a alojarlos en casa de su hermana.

Monseñor Emil Nona, arzobispo caldeo de Mosul, es uno de cinco obispos también expulsados y  desplazados que han perdido sus hogares. Acompañado de un sacerdote lleva paquetes de alimentos, visita las comunidades, apunta necesidades: colchones, tiendas, un frigorífico, medicinas. Lleva consuelo y fortaleza. En estos días afloran la iglesia sufriente y la iglesia heroica que vive el evangelio. Una iglesia que necesita el apoyo, las oraciones y la solidaridad de los hermanos cristianos de todo el mundo.

En Erbil, Duhok y Zahko, en todo Iraq se ven muchos rostros de dolor y muchas lágrimas, queda poca esperanza: “Únicamente la de un cristiano cuando la meramente humana ha desaparecido”. Y se escucha un grito unánime: “Ayúdanos, no podemos seguir así. Los cristianos de Iraq somos náufragos que extienden la mano para que alguien los salve de la muerte”. Esperan que la comunidad internacional reaccione y no sea la Iglesia la única que venga a socorrerlos. Se trata de algo más que simple y mera caridad cristiana, se trata de salvar el presente, el pasado y el futuro de una cultura y una religión ancestral. Por eso piden una ayuda inmediata para salir de esos campos improvisados, de esas tiendas ardientes al sol, pero también una ayuda duradera: protección y seguridad, el derecho a vivir su fe, que es para los iraquíes cristianos cultura e identidad, y la quieren vivir en su tierra, la que fue de sus padres y sus abuelos.

Fuentes cercanas a la Iglesia de Nicaragua acusan la falta de neutralidad de los medios de comunicación y piden cautela a la hora de leer las informaciones sobre la grave crisis que está sufriendo el país en los últimos meses, especialmente las que llegan a través de las redes sociales muchas de las cuales son mentira, como fue el caso de la falsa noticia difundida la semana pasada sobre el asesinato del obispo de la diócesis de Estelí, Mons. Abelardo Mata.

“La guerra que ahora mismo estamos viviendo aquí es también una guerra en los medios, donde se está debatiendo gran parte de este conflicto,” aseguran en  conversación con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) las mismas fuentes, que prefieren mantenerse en el anonimato por miedo a represalias. Así mismo denuncian que “la mentira, la confusión, el oscurantismo que estamos viviendo ahora mismo, es casi tan grave como las balas que se están disparando, porque están creando una psicosis de guerra, una psicosis de miedo”.

“La guerra que ahora mismo estamos viviendo aquí es también una guerra en los medios comunicación”

La falta de imparcialidad afecta a ambas partes del conflicto del país centroamericano. “Los medios que son del Gobierno no informan si hay un tiroteo de la policía o de los paramilitares, y si lo citan es diciendo que lo hicieron los grupos de las Maras”. Por su parte los que son contrarios al Gobierno se inventan bulos y “tampoco informan si matan a policías o a personas relacionadas con el régimen, o queman unas oficinas de la alcaldía”. Ejemplo de ello sería la matanza de tres campesinos el domingo pasado por ser próximos al frente sandinista, hecho “que no salió en los medios que no son del frente.”

Así mismo, según la citada fuente, una de las graves preocupaciones es la radicalización de los frentes desde el comienzo del conflicto el pasado 18 de abril cuando se convocó a los ciudadanos a través de las redes sociales a rechazar las reformas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social que incluyen un aumento en la cuota que deben pagar los trabajadores nicaragüenses, así como una reducción de las pensiones y jubilaciones. Los enfrentamientos surgieron cuando los partidarios al gobierno del presidente Daniel Ortega salieron a apoyar las reformas. Desde entonces la  represión  y  la  violencia  por  parte  de  las fuerzas  paramilitares pro-gubernamentales hacia  las  personas  que  protestan  se ha  recrudecido .

“Es importante recordar que hace 30 años en Nicaragua hubo una guerra y ahora se han reabierto las heridas y se están haciendo todavía más profundas. Es odio.” Por este motivo lo más urgente en estos momentos es  crear “procesos de reconciliación, los auténticos apóstoles son los que hablan de perdón, de perdón, de perdón.”

Celebración de la Santa Misa en Jinotega, Nicaragua

Por su parte el Cardenal Mauro Piacenza, presidente internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada, escuchando la llamada de los obispos nicaragüenses en su último comunicado del pasado 14 de julio,  recalca la importancia de las campañas de oración por Nicaragua iniciadas en diferentes países del mundo por la fundación pontificia ACN, (por sus siglas en inglés). “En tiempos difíciles como el que actualmente vive Nicaragua, el pueblo ve en la Iglesia un gran apoyo moral. Es por lo tanto esencial apoyar a la Iglesia en su difícil tarea. La misión central de ACN es acompañar la ayuda pastoral con la información, para llamar la atención de toda la comunidad cristiana y del mundo entero sobre estos dramas violentos y dolorosos; y también con la oración, motor y fuerza de todo cambio» añade el cardenal Piacenza.

Crisis en Nicaragua. El Cardenal Brenes a ACN: “Masaya bajo una lluvia de proyectiles”.

“Ejerzan presión sobre el Gobierno para que muestre respeto por los obispos, los sacerdotes y la población”: este es el llamamiento que lanza a través de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) el Cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano, Arzobispo de Managua en Nicaragua.

 

Cardinal Leopoldo José José Brenes Solorzano, the Archbishop of Managua, Nicaragua

Cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano, Arzobispo de Managua en Nicaragua

El Purpurado también ha hecho referencia a la difícil situación en Masaya, una localidad ubicada a 30 kilómetros al sur de Managua, que se ha convertido en símbolo de la resistencia al Gobierno del presidente Daniel Ortega. Desde las seis de la mañana (hora local) de ayer, 17 de julio, la ciudad se halla sitiada “por más de mil militares y agentes de la Policía. Por el momento, no hay muertos, pero los heridos seguramente serán numerosos. La ciudad ha sido blanco de una lluvia de proyectiles”.

En las últimas horas, el Cardenal Brenes ha invitado a la población de Masaya y otras zonas bajo asedio a permanecer en casa para que no se produzcan más muertes. “Es un momento muy difícil para todo el país”.

 

holy mass

Santa Misa

Mientras los enfrentamientos entre las fuerzas fieles al Gobierno y la oposición se suceden desde hace meses, en este país iberoamericano la Iglesia se ve amenazada. El 9 de julio, el Purpurado fue agredido por paramilitares en la basílica de San Sebastián en Diriamba, junto a su Auxiliar, Mons. José Silvio Báez, y el Nuncio Apostólico Waldemar Stanisław Sommertag. El 16 de julio, el Obispo de Estelí, Mons. Abelardo Mata, se salvó milagrosamente de una emboscada armada atribuida a fuerzas paramilitares. La represión del Gobierno sandinista de Daniel Ortega también se dirige abiertamente contra la Iglesia. “Ante la invitación del Papa Francisco a ser un hospital de campaña, muchas de nuestras parroquias han dado refugio a cuantos buscaban seguridad y han prestado socorro a los heridos”, explica el Cardenal. “Esto seguramente no le ha gustado al Gobierno, al igual que no ha gustado nuestra disponibilidad a intentar desarticular la fuerza paramilitar”.

 

Nicaragua, diócesis de Jinotega

 

“Presionen al gobierno para que respete a la iglesia y a la población”.

 

En este momento tan delicado, el Cardenal Brenes dirige un llamamiento a Occidente y, en particular, a los católicos, para que presionen al Gobierno de Ortega para que respete a la Iglesia y a la población nicaragüense. “Al mismo tiempo invito a todos a lanzar una cadena de oración y a apoyar de forma concreta a nuestros sacerdotes a través de estipendios de Santas Misas. Muchos de ellos, viéndose obligados a celebrar en privado, no reciben nada, por lo que no tienen garantizado el sustento”.

“Nos sentimos muy cercanos a la Iglesia y al pueblo nicaragüenses, a los que dirigimos nuestra solidaridad y oraciones”, ha afirmado Regina Lynch, la directora del Departamento de Proyectos de ACN en el mundo. “En los próximos meses visitaremos este país iberoamericano con el fin de fortalecer nuestros vínculos de comunión en la oración y a través de nuestra ayuda pastoral”.

Situación de las minorías religiosas 10 años después de los disturbios de Kandhamal

En el año 2008 los católicos del estado indio de Odisha sufrieron una terrible represión por parte de los fundamentalistas hindúes que intentaban extinguir la presencia del cristianismo. Asesinatos, quema de edificios y hogares, violaciones públicas de mujeres cristianas que se cometieron en el distrito de Kandhamal (estado de Odisha) para obligar a los fieles de la Iglesia local a convertirse o irse.

INDIA: Attacks and harassment against Christians at historically high levels

Padre Ajay Kumar Singh, del Foro Odisha para la Acción Social

Durante una reciente visita a la sede de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) en Köningstein, Alemania, el padre Ajay Kumar Singh, del Foro Odisha para la Acción Social, abogó por los cristianos reprimidos de ese estado. “Después de 10 años casi no hay justicia para estas comunidades”, exclamó indignado durante una entrevista el padre Singh.

El sacerdote católico aseguró que los ataques de 2008 fueron los peores que el país ha visto en los últimos 300 años. “La violencia se cobró 101 vidas. Más de 350 iglesias fueron destruidas, 7.500 casas quemadas reducidas a cenizas, decenas de conventos. Además casas parroquiales, dispensarios y 13 organizaciones humanitarias también fueron atacadas y destrozadas. Los disturbios se extendieron a 450 aldeas sólo en el distrito de Kandhamal”.

A medida que pasa el tiempo, los edificios se reconstruyen; los titulares de las noticias cambian, los recuerdos se desvanecen. Pero ¿cuál es el estado de la comunidad cristiana en Odisha y en la India 10 años después?

Cambio de gobierno, odio en crecimiento 

En 2014, seis años después de los ataques de Kandhamal, el partido “secularista” Kandhama llamado Congreso Nacional Indio fue expulsado del poder, a favor del partido nacionalista Bharatiya Janata (BJP, por sus siglas en inglés). Se acusa al BJP de fomentar la violencia sectaria ya desde 2002, porque bajo su gobierno regional los hindúes y los musulmanes se enfrentaron en el estado de Gujarat,  y porque se ha más que duplicado el número de ataques contra los cristianos en los últimos años. En 2013 – el año antes del cambio de gobierno – se reportaron 147 casos mientras que en 2017 fueron 351. Según la investigación del padre Singh, los ataques físicos y el acoso contra cristianos y otras minorías ha llegado a límites históricos en el país. Teniendo en cuenta además que hay muchos casos que no han sido contabilizados porque no han sido denunciados.

 

church of St Teresa of the Child Jesus parish in Muniguda, Orissa: Inside the church building after the violent attack

Parroquia de la Iglesia de Santa Teresa del Niño Jesús en Muniguda, Orissa: dentro del edificio de la iglesia después del ataque

 

El padre Singh señala un fenómeno creciente en India: recientemente se han visto “aplicadas” rígidamente por parte de grupos parapoliciales leyes obsoletas que existen desde hace décadas y prohíben la matanza de vacas (animales considerados sagrados en el hinduismo) y la adquisición o el almacenamiento de carne de res —incluso dentro de los confines de hogares privados no hindúes. Algo que ha provocado linchamientos y ataques físicos a aquellos que no observan estas leyes. Los denominados “linchamientos por causa de carne de res” no sólo se han divulgado en Odisha, sino en varios estados de la India. Según las cifras recogidas por el sacerdote y defensor de los derechos humanos, el 86% de las víctimas de los linchamientos por llevar o comer carne de res son musulmanes. El 97% de todos los incidentes ocurrieron en los últimos tres años, después que el BJP asumió el poder en 2014.

Sectarismo, un secreto a voces

Aunque esté fundado en una constitución que permite la libertad de religión y el reconocimiento de la dignidad de todos sus ciudadanos, el poder judicial de la India todavía parece tener un sistema de clases escalonado y discrimina a los cristianos y las personas que pertenecen a castas inferiores. La mayoría de la población cristiana de la India pertenece a las llamadas castas bajas, lo que agrava su desventaja cuando se ven enredados en un asunto legal, ya sea como demandantes como de acusados.

 

The Pastoral Centre of Konjamendi (Khandamal)- Diocese of Cuttak-Bhubaneshwar - Orissa

El Centro Pastoral de Konjamendi (Kandhamal) – Diócesis de Cuttack-Bhubaneswar – Orissa

 

En su entrevista a ACN, el padre Singh añadió que también es común que, además de que los tribunales juzguen a favor de las partes con una religión de “origen indio” y que la policía tiene menos probabilidades de actuar en casos de violencia perpetrada contra los cristianos. La forma arbitraria de las investigaciones dejan a los miembros de minorías religiosas sin posibilidades concretas para acceder a la justicia, y como el analfabetismo es alto entre los pobres, hay pocos recursos para documentar los casos de injusticia. Según Singh, “es fácil para las autoridades desestimar quejas de injusticia sistémicamente como inventadas o exageradas”.

La India es un precursor en la discriminación religiosa

Los datos recopilados en el Informe de Libertad Religiosa 2016 publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, indican que  de los 22 países colocados en la categoría “Persecución”, la India es uno de los seis que muestra evidencia de problemas generalizados y graves causados por estados autoritarios. Esto es real para los cristianos de la India. Si una persona se convierte al cristianismo, es vulnerable a los procedimientos de divorcio y la revocación de los derechos como padre únicamente por motivo de su conversión. Los propietarios de viviendas prefieren alquilar a miembros de otras religiones antes que a los católicos. La lista de discriminaciones es larga.

“Debe tomarse en serio la libertad religiosa”, dijo el padre Singh. “Estas leyes anti-conversión están en contra de los derechos humanos y la dignidad humana. La India fue signataria de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU. También es parte del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, por lo que acepta los derechos humanos. Estos no pueden ser eliminados”.

 

India, Orissa, Diocese Cuttack-Bhubaneshwar

India, Orissa, Diócesis Cuttack-Bhubaneshwar

 

El papel de la Iglesia para los hermanos y hermanas perseguidos de la India

“Reconozco que ACN ha desempeñado un papel muy importante para reconstruir el país después de la violencia que hemos vivido, le agradecemos su apoyo y solidaridad para la supervivencia de las víctimas”.

“Deseamos que por aquellos que son mártires, por los que han sido afectados por estos problemas, que han sido atacados, haya un llamado internacional, para que este tema pueda ser destacado y se aprenda de las lecciones que han resultado de todo esto”.

“Temo la próxima violencia: podría ser horrible. No debería darse un “segundo Kandhamal” en la India”, concluye el padre Singh.

La gravísima situación de los sacerdotes en Venezuela permanece una de las grandes preocupaciones para la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada.

Otro sacerdote más asesinado en Venezuela por la violencia que asola el país, durante un atraco en el que recibió dos tiros para robarle su furgoneta en las afueras de su casa parroquial el lunes 9 de julio. Así lo ha confirmado a través de un comunicado la diócesis de Barquisimeto, en el noroeste del país, quienes piden oración por el fallecido, el Padre Irailuis García, de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

Por la falta de información es difícil contabilizar el número de sacerdotes o religiosos asesinados desde que comenzó la terrible ola de violencia en Venezuela. En marzo de 2017 el Ministerio de Exteriores de Colombia lamentaba la muerte del sacerdote colombiano Diego Bedoya Castrillón, quien fue asesinado en Aragua, Venezuela, cuando asaltaron la sede de la comunidad religiosa en la que se encontraba. En el año 2016 el sacerdote católico Darwin Antonio Zambrano Gámez, fue asesinado en la ciudad de San Cristóbal, al suroeste del país, durante un supuesto robo con arma blanca mientras realizaba deporte. El Padre Reinaldo Alfonso Herrera Lures, capellán militar en la Infantería de Marina de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, fue víctima de un secuestro y de un posterior asesinato, en septiembre de 2014. Ese mismo año, dos religiosos del Colegio Don Bosco, de la ciudad venezolana de Valencia, -el hermano Luis Heriberto Sánchez, salesiano laico y el sacerdote Jesús Erasmo Plaza – murieron por múltiples puñaladas durante un robo en dicha casa.

Así mismo fuentes cercanas a ACN confirmaron que por lo menos tres sacerdotes han fallecido desde comienzos de 2017 por falta de asistencia médica y otros diez han tenido que dejar el país al no encontrar posibilidades para seguir tratamiento para el cáncer o enfermedades crónicas como la diabetes.

 

 

La gravísima situación de los sacerdotes en Venezuela en la actualidad continúa siendo una de las grandes preocupaciones para la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, que ha desarrollado campañas de apoyo en varios países.

 

Archbishop José Luis Azuaje Ayala of Maracaibo

Arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mons. José Luis Azuaje Ayala

Por su parte, el arzobispo de Maracaibo y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Mons. José Luis Azuaje Ayala, durante su reciente discurso el pasado sábado 7 de julio en la Asamblea Ordinaria mostró su preocupación por la situación que está viviendo el país, “Después de unas elecciones presidenciales que ha generado más dudas que certezas, en la actual condición del país, el pueblo se hace algunas preguntas: y ahora ¿qué vamos a hacer?, ¿cuál es el camino a recorrer?, y hace una de las afirmaciones más sentidas: vivimos desesperanzados ante una situación injusta que nos ahoga. (…) Ante esto, el pueblo va hablando, se va sintiendo, va alzando cada día su voz. Este pueblo está hablando. Las miles de protestas que se suceden diariamente, aunque no se reportan en los medios de comunicación, manifiestan el gran descontento que existe ante el sometimiento de unas improvisaciones que enmarca el sistema e indican la falta de racionalidad y pericia de quienes deben tomar decisiones en materia pública. Estas protestas indican el fracaso de un modelo que a grito y desde hace muchos años el pueblo viene denunciando”.

La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) insta a una campaña urgente de oración y apoyo a Venezuela.

 

 

 

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.