Colmenas para un centro de rehabilitación ortodoxo para adictos a las drogas, en Rusia

Antes de su ordenación, el P. Sergij fue durante muchos años comisario de la división de homicidios, por lo que a diario se encontraba con el mal que esclaviza al hombre y le incita a perpetrar crímenes. Su experiencia le mostró que todo mal empieza por algo pequeño: “Antes de cometer un delito y violar las leyes, las personas empiezan por violar las leyes morales”, asegura. En el zénit de su carrera le llegó la vocación sacerdotal. Así lo explica: “El trabajo en la Policía y la vocación sacerdotal parecen dos cosas diferentes, pero, en realidad, ambos son una forma de enfrentar el mal. Yo estaba decidido a ayudar a los hombres, y en un momento dado me pareció más eficaz que la lucha contra el crimen el hecho de acompañarlos espiritualmente y ayudarles a superar el pecado con la ayuda de Dios a través de los sacramentos, la Sagrada Escritura y la oración. Pero tampoco hay que olvidar que la vocación no es fruto de la voluntad del hombre, sino que es Dios quien llama a una persona al ministerio sacerdotal”.

El consumo de drogas es, a menudo, el inicio de un enmarañamiento cada vez más profundo en el mal y la delincuencia. El P. Sergij ya conocía el problema de las drogas de cuando era policía. A partir de 1992, cuando fue ordenado sacerdote, cada vez más drogodependientes acudían a confesarse con él, y así se sintió llamado a dedicarse completamente a ellos. En 1996 fundó en Sapjornoe (una localidad a 100 kilómetros de San Petersburgo, cerca de la frontera con Finlandia) un centro de rehabilitación para drogadictos en el que se atiende a la persona integral, es decir, también en su dimensión espiritual. Y es que el sacerdote sabía que la drogadicción es menos un problema médico o sociológico que una enfermedad del alma que precisa de una respuesta espiritual y pastoral.

 

An apiary for an Orthodox rehabilitation center for addicts, in Russia
Colmenas para un centro de rehabilitación ortodoxo para adictos a las drogas, en Rusia

 

El centro acoge a jóvenes varones de entre 18 y 35 años que ya han desintoxicado su cuerpo previamente en una clínica. El centro está organizado como una familia: el P. Sergij y su esposa Ljudmila acogen a los jóvenes como al hijo pródigo del Evangelio. “No hacemos distinciones entre nuestros propios hijos y los jóvenes que acuden a nosotros”, dice Ljudmila. Los jóvenes son entre ellos como hermanos, y los mayores ayudan a los más jóvenes a integrarse en su nueva vida. Y, evidentemente, también hay numerosos voluntarios que también pertenecen a esta gran familia. En este entorno, algo cambia rápidamente en el alma de los jóvenes.

Uno que ya lo ha conseguido es Michail, de 22 años de edad. Según sus propias palabras, llegó a ser “una momia andante” cuando decidió cambiar de vida. Tuvo claro que ya no viviría por mucho tiempo si continuaba consumiendo drogas. Ya no tenía contacto con su familia, apenas dormía ni comía, y solo vivía para satisfacer su adicción. También tuvo problemas con la ley, y su vida parecía haber tocado a su fin. Entonces buscó consejo en el monasterio de Alexander Newski en San Petersburgo, donde le recomendaron al P. Sergij. Ya antes de ingresar en el centro, empezó a acudir con regularidad a la iglesia y surgió en él el deseo de saberlo todo sobre la fe, que era algo completamente nuevo para él. Cuando acudió a Sapjornoe, enseguida se sintió hechizado por la belleza del lugar y por el amor con el que fue acogido, y también se acostumbró rápidamente a una nueva forma de vida. Nos dice: “Me gustaba muchísimo despertarme por la mañana con el repicar de las campanas, ir corriendo a rezar, después a desayunar y luego a trabajar para la gloria de Dios. En Sapjornoe comencé otra vez a leer libros; algo que ya no había hecho en los últimos cinco o seis años. Me gustaban mucho las hermosas Misas en la Iglesia. Y con cuánto amor se hacía la comida; eso no lo conocía ni de mi propia casa”. Se quedó un año en el centro. “Durante ese tiempo reflexioné sobre mi vida anterior y miré con profunda fe en Dios al futuro. El año en Sapjornoe me incitó a comenzar una nueva vida. No sé si todavía estaría con vida si no hubiera estado en Sapjornoe. ¡Gloria a Dios por todo ello!”.

Desde el principio, cada uno de los jóvenes tiene una tarea: trabajan en la cría de ganado o en el huerto, y pueden aprender una profesión como obreros, carpinteros o techadores, y algunos trabajan en el taller de cirios o en el de la producción de hostias. En la actualidad son un total de 60 jóvenes varones, y para que todos tengan una ocupación, el P. Sergij quiere instalar ahora 50 colmenas. Nosotros vamos a ayudarlo con 30.000 euros.

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