Albania espera la beatificación de 38 mártires asesinados por odio a la fe durante la dictadura comunista

Mons. Massafra, Obispo de Escutari: “Fueron torturados hasta morir. Siempre fueron fieles a Cristo y a la Iglesia” ACN.- Durante los 40 años de dictadura comunista en Albania, rezar, santiguarse, llevar una cruz en el cuello o simplemente tener fe, era delito. En 1967 esta nación balcánica se convirtió en el primer país del mundo ateo oficialmente. Las iglesias, las mezquitas y todos los lugares de culto eran utilizados como almacenes, polideportivos o teatros. Como es el caso de la catedral de Escutari -donde serán beatificados el próximo 5 de noviembre 38 mártires- que fue utilizada como palacio de deportes de la ciudad. Un lugar muy especial para los católicos albaneses, ya que fue aquí también donde se celebró la primera misa después de caer la dictadura. En la plaza de dicha catedral dedicada a San Esteban, hay un monumento en recuerdo de los mártires que fueron asesinados por odio a la fe a lo largo de la historia. Mons. Vicenz Prennushi, Mons. Frano Gjini, Mons. Jul Bonati, Don Alfons Tracki, Don Anton Muzaj, Señora Maria Tuci… así uno a uno hasta llegar a 38. “Todos ellos antes de ser  torturados y fusilados dijeron ‘Viva Cristo Rey, Viva Albania y perdonamos a los que nos están matando’”, según explica el obispo de Escutari y presidente de la Conferencia Episcopal Albanesa, Mons. Massafra a la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN). 38 historias llenas de odio y terror María Tuci, la única mujer del elenco de los mártires albaneses, frecuentó el colegio de las Pobres Hermanas de los Estigmas de San Francisco en Escutari. Ya de más grande, fue profesora. Su delito fue que durante la dictadura hacía recordar a los pequeños la presencia de Cristo. Fue detenida y torturada innumerables veces. Murió asfixiada dentro de un saco donde habían metido un gato al que apaleaban con un bastón para que versara toda su rabia sobre María. Lazer Shantoja, sacerdote, hombre de cultura, literatura y arte, fue martirizado en los campos de Tirana hasta el punto que su madre pidió a los asesinos que lo fusilaran para que no sufriera más. Lek Sirdani, también sacerdote, escritor y muy patriota, fue torturado y ahogado en aguas fecales. Ndre Zadeja, fue el primero de toda la lista en ser fusilado, convirtiéndose así en el primer mártir de la dictadura comunista albanesa. Él murió en Escutari. Mons. Massafra detalla en la entrevista con ACN, que a todos los que fueron asesinados en esta ciudad, les hacían seguir un camino en dirección al muro del cementerio donde eran “torturados, escupidos y finalmente fusilados” pasando antes por delante de la catedral, “lo hacían aposta, para hacerles recordar lo que estaba sufriendo por amar a Cristo”. “Son un orgullo para Albania” El país de las águilas tiene un orgullo que atraviesa fronteras, y se palpa con los miles de albaneses que tuvieron que huir del país, sobre todo en la década de los 90, para buscar una vida con más posibilidades. “La celebración de la beatificación es una fiesta de alegría, la seguirán miles de albaneses que están repartidos por todo el mundo”, asegura el presidente de la Conferencia Episcopal del país. “Esta pequeña pero gran Iglesia ha donado a la Iglesia Universal gran cantidad de mártires. Eran personas de gran fidelidad a Cristo y a la Iglesia”. El proceso diocesano de los 38 mártires de la dictadura comunista comenzó en noviembre de 2002 y terminó en diciembre de 2010. El pasado mes de abril Papa Francisco firmó el decreto para proclamar beatos a los 38 mártires el próximo 5 de noviembre. Y es que a pesar de los cinco siglos de ocupación del Imperio Otomano, las innumerables invasiones y el hermetismo de la dictadura comunista, “el catolicismo ha continuado en Albania, y el mérito es de la Iglesia mártir”, según Mons. Massafra. Fueron miles las personas que durante años vivieron en campos de concentración o cárceles, por creer en Dios, “o en Alá”, recalca el obispo albanés, porque en Albania la mayoría de la población era musulmana, alrededor del 60%. Muchos  murieron y otros sobrevivieron a su propio martirio. Como fue el caso de la hermana Marije Kaleta y del sacerdote Ernest Simoni –quien será creado cardenal el próximo 19 de noviembre-  que emocionaron a Papa Francisco cuando le contaron su testimonio durante el viaje apostólico del Santo Padre a Albania en septiembre de 2014. “Oír hablar a un mártir de su propio martirio es duro”, aseguró Papa Bergoglio durante la rueda de prensa en el avión de vuelta del país balcánico. Francisco abrazó a estos dos sobrevivientes y resaltó que Dios les había “sostenido” y ayudado a superar las torturas y el hecho de no saber si iban a “ser fusilados o no”. El papel de todos ellos fue fundamental en las cárceles y en los campos de concentración ya que “eran  consoladores a escondidas de los demás detenidos” – detalla Mons. Massafra- , además de haber dado misa y comunión sin que nadie les viera, como recordó Ernest Simoni, en su discurso ante Francisco. La Iglesia Necesitada de Albania La fundación internacional ACN ha llevado a cabo más de 125 proyectos en Albania desde la caída de la dictadura en 1991. Entre ellos la construcción de iglesias, centros de espiritualidad o el seminario diocesano, además de la distribución del Youcat, el catecismo de la Iglesia católica adaptado para los jóvenes. También, ha habido otras ayudas más específicas como una furgoneta para los franciscanos conventuales que la usan para ir a recoger niños en zonas rurales y poderles transportar a catequesis y lleva en la parte trasera un cartel grandísimo donde se lee “Jesús está vivo”, o el apoyo a la construcción del convento a las Carmelitas Descalzas de Nenshat. La Iglesia Católica en el país de las águilas es un gran apoyo para la población, ya que ayudan a todos, sea cual sea su religión. En Albania el 70% de la población es musulmana, el 20% cristiana ortodoxa y el 10% católica.
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