Sierra Leona, un país que mira hacia adelante e intenta superar su pasado

La fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN) realiza su primer viaje oficial a Sierra Leona para continuar analizando los planes de ayuda hasta ahora enfocados en su mayoría a situaciones de emergencia durante la sangrienta Guerra Civil o el virus del Ébola, y que a partir de ahora se dirigirán a la formación espiritual o a fomentar nuevas vocaciones religiosas, ya que el país comienza a vivir un período de estabilidad después de haber pasado unas de las peores décadas de su historia.

Es difícil olvidar la sangrienta historia de un país cuando salir a la calle significa todavía ver a sus víctimas intentando superar su infierno particular. “¿Brazos largos o cortos?” preguntaban los rebeldes durante la guerra a sus víctimas antes de mutilarles y de detallarles cómo iban a vivir con muñones el resto de su vida. Ó como los niños que hoy deambulan solos por la ciudad, fruto de las violaciones a chicas que eran drogadas para tener presas más fáciles. Atrocidades cometidas hasta hace muy pocos años cuando terminó la Guerra Civil de Sierra Leona en el año 2002. Después de un trauma como éste llegó un derrumbe total de la sociedad, una profunda pobreza, una nefasta administración, el desempleo, una gran red de corrupción, el desplazamiento de millares de personas, el virus del Ébola, las tremendas lluvias e inundaciones que se repiten cada tanto o las ansias de poder en torno a los diamantes.

Hace pocas semanas el alcalde de una localidad de la zona de Kono – al noroeste del país, famosa por la extracción de diamante- informó a las más de 300 familias que allí viven que en unos días tendrían que abandonar sus casas ya que las van a demoler para continuar buscando éste preciado material. Hasta allí llegó la delegación de ACN, “una zona lunática donde sólo se ven montañas de tierra gris que han sido deshechas una y otra vez con la obsesión de encontrar diamantes”, como describe impresionada Kinga von Poschinger, responsable de proyectos para Sierra Leona de la fundación internacional quien viajó el pasado mes de octubre al país africano.

A pesar de todo, de su terrible historia y de su inquietante presente, el país lucha cada día por seguir adelante sin dejar de lado la alegría y la esperanza que caracteriza a éste pueblo. Todas sus desgracias han servido para unir a la sociedad, sin importar la procedencia de las personas ni la religión que confiesan. La mayoría de la población son musulmanes, un 70%, seguido de un 25% de cristianos divididos entre católicos, protestantes y comunidades pentecostales. “Los musulmanes y los cristianos mantienen una buena convivencia y tienen una relación muy amigable, algo no muy común en el resto de África”, detalla Kinga von Poschinger. “El respeto es tal que para ellos es normal que en una misma familia haya padres o hijos con diferentes credos”. Hasta ahora la mayoría de las escuelas eran católicas y tanto cristianos como musulmanes iban juntos al colegio donde todos aprendían a rezar el Padre Nuestro y donde se educaban con los valores del Evangelio, algo que a lo largo de estos años ha dado fruto a muchas conversiones y en algunos casos nuevas vocaciones.

En Sierra Leona todos tienen una religión, pero la fe -tanto la cristiana como la musulmana- se vive de una manera muy superficial. “Falta profundidad y espiritualidad en su forma de creer. Muchas veces eligen su religión por principios que poco tienen que ver con la fe, como por ejemplo porque la parroquia de la comunidad pentecostal está más cerca de su pueblo que la católica, o viceversa”, detalla Kinga von Poschinger mientras recuerda las palabras de un sacerdote de la arquidiócesis de Freetown hablando de los fieles, “son como borregos sin pastor”, refiriéndose a que les falta alguien que les guíe.

Es por esto que la fundación pontificia ACN va a dedicar sus próximos proyectos de ayuda en Sierra Leona a fomentar nuevas vocaciones religiosas, a la renovación de instalaciones pastorales -como el ‘Centro pastoral Juan Pablo II’ de la Arquidiócesis de Freetown entre otros- o la formación para sacerdotes, precisamente para aquellos que llevan más de 10 años de sacerdocio y no han recibido durante este periodo cursos de espiritualidad. También se crearán encuentros para intercambiar retos y soluciones entre las diócesis del país. Hasta ahora y debido a la emergencia, Aid to the Church in Need  había llevado a cabo proyectos dirigidos a la reconstrucción del país o a la motorización para que los religiosos pudieran llegar a las diferentes parroquias separadas por largas distancias.

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Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.