República Checa: Ayuda al sustento para las Carmelitas de Praga

Los que oraban el 13 de septiembre por la mañana temprano en la Capilla de las Apariciones de Fátima presenciaron una escena sorprendente: una religiosa pasaba por delante de la imagen milagrosa de la Virgen con una estatua del Niño Jesús de Praga en los brazos. El Niño Jesús, representado como Rey y vestido todo de blanco, iba a celebrar más adelante ese mismo día un gran triunfo. Y es que al final de la solemne Santa Misa en la explanada del Santuario de Fátima, el Arzobispo Cardenal de Praga, Mons. Dominik Duka, entregó ante varios miles de peregrinos de todo el mundo esta estatua al Obispo de Leiria-Fátima, Mons. António Augusto dos Santos Marto.

Con motivo del centenario de las apariciones de Fátima, la Iglesia de la República Checa había realizado por segunda vez una peregrinación nacional a Fátima. 1.300 peregrinos, entre ellos toda la Conferencia Episcopal Checa, numerosos religiosos, sacerdotes y creyentes, habían emprendido el camino a este santuario mariano portugués, que guarda una estrecha relación con la historia del antiguo Bloque del Este. El Arzobispo de Praga recordó que los peregrinos de la República Checa ya peregrinaron en 1989 a Fátima en gratitud por la libertad recuperada. Esta vez daban las gracias “por una nueva generación que no ha conocido la prisión del nazismo, la prisión del comunismo y la persecución religiosa”.

Como muestra de gratitud, el Arzobispo entregó al Obispo local una réplica de la estatua del Niño Jesús de Praga, consagrada en el Santuario de Praga, como regalo especial de los creyentes checos al Santuario de Fátima. “El Niño Jesús es el Patrón de sus amigos y amigas”, dijo el Cardenal Duka, quien recordó que también el Papa Benedicto XVI visitó en 2009 en su viaje a Praga la imagen milagrosa del Niño Jesús de Praga, conocida en el mundo entero.

En efecto, la suerte del Jezulatko, como llaman al Niño Jesús de Praga en checo, guardó una profunda relación en el siglo pasado con los mensajes de Fátima, pues en 1917 –hace exactamente un siglo– la Santa Virgen María les anunció a los tres pastorcillos de Fátima la Revolución de Octubre en Rusia y la Segunda Guerra Mundial, cuya consecuencia fue una persecución religiosa sin precedentes. Tras la Segunda Guerra Mundial, también Checoslovaquia fue subyugada por los comunistas y se convirtió en escenario de una de las persecuciones religiosas más perniciosas de Europa del Este. Miles de sacerdotes y religiosos fueron condenados a penas de prisión de muchos años y a trabajos forzados; los conventos y las iglesias fueron profanados; y el culto fue objeto de fuertes restricciones. Durante muchos años, el Niño Jesús de Praga permaneció solo y abandonado en su altar en una iglesia prácticamente devastada.

“Gracias al triunfo del Inmaculado Corazón de María podemos vivir en libertad”, reconoció el Cardenal Duka ante varios miles de peregrinos en Fátima. Los peregrinos checos pudieron llevarse a su país una imagen de la Santa Virgen de Fátima que ahora recorre durante todo un año las iglesias, catedrales y santuarios de la República Checa. El 15 de septiembre, tras el regreso de los peregrinos de Fátima, la imagen de la Virgen fue acogida con una Santa Misa en la catedral de San Vito en Praga y llevada en una gran procesión por la ciudad, pasando también por el convento de las Carmelitas Descalzas. Estas religiosas contemplativas no abandonan su convento, pero su oración abarca al mundo entero. El hecho de que allí vuelvan a vivir Hermanas jóvenes es uno de los frutos más hermosos del “Triunfo del Inmaculado Corazón”.

Y es que en 1950 las Carmelitas fueron expulsadas violentamente de sus conventos y condenadas a trabajos forzados en una fábrica. La caída del Muro en 1989 solo la vivieron cinco Hermanas ancianas que entretanto también han fallecido. Pero por la gracia de Dios y, sin duda, también por su valiente testimonio de fe, hubo mujeres jóvenes que se unieron a ellas. Las seis religiosas que hoy viven en el convento de San José viven dedicadas en cuerpo y alma a la oración, y rezan también por las intenciones de personas que tal vez no sepan siquiera cómo se reza.

Estas Carmelitas confeccionan obras de arte religiosas que venden en una pequeña tienda, pero, por lo demás, tienen pocas posibilidades de contribuir a su propio sustento. Por este motivo, Ayuda a la Iglesia Necesitada también las apoya este año con 4.200 euros.

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