MARAWI: CRISTIANOS SECUESTRADOS, USADOS COMO MONEDA DE CAMBIO

Königstein/ Zamboanga, 30.05.2017. “Espero que el Gobierno actúe con sabiduría y prudencia, a fin de evitar una derramamiento de sangre”. Este es el deseo que alberga el misionero del PIME P. Sebastiano D’Ambra en relación con la suerte del P. Teresito Soganub y otros 15 cristianos secuestrados en los últimos días en Marawi, una ciudad de la isla de Mindanao en las Filipinas. Desde hace ya ocho días, los yihadistas del grupo Maute se han apoderado de la ciudad, y el dramático balance de los enfrentamientos entre los fundamentalistas y el Ejército filipino alcanza ya las cien víctimas mortales. Fuentes locales hablan de salvajes asesinatos y decapitaciones por parte de los islamistas. En una conversación telefónica con Ayuda a la Iglesia Necesitada, el P. D’Ambra informa desde Zamboanga –otra ciudad de Mindanao– acerca de cómo los terroristas islámicos han secuestrado a los cristianos y prendido fuego a la catedral. “Probablemente, su intención es la de utilizar a los creyentes como  moneda de cambio para convencer a los militares de retirarse”. El grupo Maute está vinculado al Estado Islámico desde hace tiempo, y así se explica por qué en la ciudad de Marawi, de clara mayoría islámica (un 98% de musulmanes frente a un 2% de cristianos), ondean todo tipo de banderas negras. En este último ataque han colaborado además  miembros del grupo de Abu Sayyaf. Según refiere el misionero italiano, en los últimos años han ido penetrando en las Filipinas cada vez más grupos islamistas internacionales con el objetivo de captar a nuevas generaciones y, en parte, debido a su ideología, pero también influyen en su expansión las grandes cantidades de dinero que ofrecen los terroristas a los jóvenes que reclutan. “Eso sin contar los intereses internacionales que persiguen desestabilizar esta zona. Parece que existe un plan para que todo continúe en esta dirección. Dentro de poco, la situación en Marawi se calmará, pero el terrorismo no cejará en su empeño”. En Mindanao, el islamismo radical tiene una larga historia: ya en los años noventa se expandió la acción del grupo terrorista de Abu Sayyaf, y la radicalización prosiguió con la proliferación de movimientos de inspiración wahabita apoyados por Arabia Saudí, al tiempo que, desde hace unos diez años, también se registra una fuerte presencia del Jemaah Islamiah, un grupo islamista surgido en Indonesia. En los últimos tres años, el número de habitantes de Mindanao que apoyan al Estado Islámico ha ido en aumento. También en Zamboanga –donde en 2013 el movimiento islamista paramilitar Frente Moro de Liberación Islámica (MILF, por sus siglas en inglés) destruyó media ciudad–, el Gobierno ha decretado la alerta roja. “Las autoridades nos han indicado que permanezcamos atentos, entre otras razones, porque la ciudad da al mar y tiene kilómetros de costa donde hay muchas islas en las que los extremistas pueden esconderse con facilidad”. El P. D’Ambra lleva cuarenta años viviendo en las Filipinas y es el fundador del movimiento Silsilah, que desde 1984 promueve el diálogo interreligioso y que ha logrado involucrar en él a parte de la comunidad musulmana local. “Los episodios como el ocurrido en Marawi no hacen más que agravar una situación de por sí complicada y dificultan aún más la promoción del diálogo interreligioso”.

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