“Los niños son el futuro. Queremos ayudarles a que crezcan sanos, a pesar de haber perdido la inocencia por la guerra”

Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha destinado 225.000 € para financiar el proyecto  “Drop of Milk” (Gota de Leche), con el cual se distribuye leche a 2.850 niños mensualmente en Alepo. Una pequeña delegación de ACN estuvo presente en la última entrega a las familias y nos cuenta como están de agradecidas.  Por Josué Villalón, ACN, Alepo

Varios padres con sus hijos en brazos se reúnen en un callejón en el céntrico barrio Al-Zizieh de Alepo. Han acudido allí desde los pisos de alquiler donde viven como desplazados debido a la guerra. No es un encuentro improvisado, vienen para recoger un bien fundamental para que la vida continúe en la ciudad: leche para sus hijos.

En la puerta de un pequeño local está Ziad Sahin, quien coordina el reparto de esta ayuda tan necesaria: “Antes trabajaba en una multinacional que precisamente fabricaba leche infantil, pero me quedé sin trabajo porque nuestras oficinas y fábricas fueron bombardeadas. Me gusta ayudar a la gente porque me siento bien cuando hago algo por los demás, especialmente a aquellos que más han sufrido la guerra.” Asegura que aceptó esta tarea porque ayudar a los niños es fundamental, él como padre lo tuvo claro.

Elías ha venido con su hijo Michel, que tiene casi dos años. El pequeño corretea entre las piernas de su padre, quien nunca falta a su cita una vez al mes para recoger su porción de leche en polvo. “Muchas gracias por esta ayuda a todos los benefactores de ACN.La leche es un producto muy difícil de conseguir en el mercado y es muy cara. Si no fuera por este proyecto de Gota de Leche, no tendríamos posibilidades”, comenta este joven sonriendo. Asegura que nunca ha perdido la fe pese a tantas calamidades: “vamos a menudo a la iglesia y pido a Dios que pronto haya paz en nuestro país”.

A su lado está Josef Izza, perteneciente a otra de las 1.500 familias que son apoyadas todos los meses. Rosemeri, su hija, sonríe mientras sigue la conversación con atención. “Nos acordamos cada día de Dios, la fe es muy importante para nosotros. Creemos en Dios especialmente en este momento, vemos la mano de Dios en nuestras vida, antes y después de la guerra.”, asegura Josef. Los combates cesaron hace seis meses dentro de la ciudad de Alepo, ya no hay bombardeos, pero las consecuencias de la guerra siguen muy presentes.

El proyecto Gota de Leche provee de este producto a todos los niños cristianos de menos de 10 años que viven en Alepo. “La comunidad cristiana ha sido especialmente castigada por la guerra. Antes éramos 150.000 en Alepo, en la actualidad apenas somos 35.000”, cuenta el doctor Nabil Antaki, quien inició este proyecto en el año 2015 y que ahora la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha asegurado su financiación hasta junio de 2018. “Es un gran gesto de generosidad, estamos muy felices”, reconoce este médico gastroenterólogo que ha decidido quedarse en Alepo para ayudar a los más indefensos, a pesar de tener nacionalidad canadiense y facilidades para haberse marchado.

Si una familia tuviese que hacer frente al pago de la leche, debería invertir casi todos sus ingresos. Cada lata de leche cuesta unas 3.000 libras sirias, 5 euros aproximadamente. No es una cantidad muy grande, pero el sueldo medio es de 30.000 libras sirias, 50 euros, y con esa cantidad es imposible cubrir todos los gastos. Eso sin contar con que el paro afecta a la mayoría. Rana Aftim acaba de recoger la leche para su hijo Mario de año y medio: “Muchas gracias por vuestra ayuda. La leche es muy cara y el sueldo que ganamos no es suficiente ni para el alquiler de nuestra casa”. Talia es la mayor de este grupo de niños que ha venido hoy. Tiene 6 años y lo que más le gusta es jugar con su hermana y dibujar. Su padre Basil Yousef lleva en una bolsa su porción mensual, “estamos muy felices de recibir esta ayuda, es un apoyo para nosotros que hemos sufrido tanto y ahora aún tenemos que hacer frente a reconstruir nuestras casas y nuestras vidas”.

La necesidad va en aumento lo cual supone un reto pero a la vez una muestra de esperanza: “En el último mes hemos registrado 120 niños nuevos. Esto nos indica que las familias están volviendo a Alepo, porque en tan poco tiempo no es posible que haya habido tantos nuevos nacimientos”, reconoce el doctor Antaki.  Si la gente vuelve y se siente apoyada, se puede pensar en que aún hay oportunidades para los cristianos en Alepo. Nabil Antaki asegura que ayudar a los niños es algo fundamental para las familias y para la comunidad cristiana que ha quedado diezmada, “Los niños son el futuro, queremos que crezcan sanos a pesar de que hayan perdido la inocencia por la guerra”.

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