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¡La libertad crucificada!

¿Cómo viví yo la experiencia de mi liberación tras ser tomado rehén por un grupo de yihadistas, permanecer casi cinco meses encarcelando, recibir en repetidas ocasiones la amenaza de ser decapitado, y ser testigo del secuestro y encarcelamiento de 250 personas de mi parroquia? ¿Hubo lugar para el amor durante toda esa experiencia?

En Karyatène en Siria llevaba al servicio de todos los habitantes desde el año 2000 y a mi cargo estaban los feligreses de la parroquia siro-católica de la Diócesis de Homs. En Karyatène me secuestraron.

El 21de mayo de 2015, un grupo de hombres enmascarados y armados invadieron el monasterio de Mar Elian, del que soy responsable, y nos tomaron como rehenes a mí y a un postulante. Permanecimos detenidos durante cuatro días en un vehículo en pleno desierto y luego nos llevaron a Al Raqa, donde nos encerraron en un baño.

En el camino hacia Al Raqa hacia lo desconocido, una frase que resonaba en mi interior me ayudó a aceptar lo que estaba pasando y abandonarme en el Señor: “Voy de camino hacia la libertad…”. La presencia de la Virgen, nuestra Madre, y la oración del Rosario fueron mi segunda arma espiritual.

En el octavo día, un hombre de negro y enmascarado entró en nuestra celda, por llamarla de algún modo. Cuando lo vi me asusté y me dije: ha llegado mi hora. En cambio, para mi gran sorpresa, nos pidió el nombre y nuestra dirección y se dirigió a nosotros con el saludo que les es propio: «assalam aleïkoum«, que significa “la paz sea con vosotros”.  Esta expresión está reservada a los musulmanes y está prohibida para los no musulmanes (pues no hay paz posible con quien no se une a ellos). Además, estos consideran que los cristianos son infieles y herejes (kouffar).

A continuación, el hombre entabló con nosotros una larga entrevista, como si intentara conocernos mejor. Y cuando reuní el valor para preguntarle por la razón de nuestra cautividad, su respuesta me sorprendió: “Tómatelo como un retiro espiritual”.

Permanecimos encerrados en aquel baño durante 84 horas. Casi cada día entraban en mi celda y me interrogaban acerca de mi fe. Viví cada día como si fuera el último, pero permanecí firme. Dios me ha dado dos cosas: el silencio y la amabilidad.

Me acosaron, me amenazaron varias veces con decapitarme y me sometieron a un simulacro de ejecución para que renegara de mi fe. En esos duros momentos, resonaba en mí la Palabra del Señor: Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”. En medio de aquella situación, tuve la suerte de vivir de forma concreta las palabras de Cristo del Evangelio de San Mateo: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced el bien a quien os odia y rogad por los que os maltratan y os persiguen”.

El 4 de agosto de 2015, el Estado Islámico se hizo con el control sobre Karyatène ,y en la madrugada del día siguiente tomó como rehenes a unos 250 cristianos que condujo a una región cerca de Palmira. Evidentemente, nosotros no estábamos informados, pues estábamos aislados del mundo exterior. El 11 de agosto, un jeque saudí entró en nuestra celda y se dirigió a mí: “¿Eres tú el Baba Jacques? ¡Ven! ¡Nos hemos devanado los sesos hablando de ti!”. Entonces me condujeron por el desierto durante cuatro horas. Entonces llegamos a un lugar cerrado por una gran verja de hierro, y dentro me encontré con los cristianos de Karyatène, sorprendidos de verme. Para ellos fue un momento extraordinario de alegría y dolor. De alegría porque no se esperaban que estuviera con vida, y de dolor, por las condiciones de nuestro reencuentro.

Veinte días más tarde, el 1 de septiembre, nos llevaron a Karyatène, libres, pero con la prohibición de abandonar la localidad. Es decir, que este regreso fue un regreso a la vida, pero no a la libertad. ¡No obstante, este regreso fue un milagro que me maravilló!

Incluso nos dejaron practicar nuestros ritos, a condición de que no lo hiciéramos de forma visible. Algunos días más tarde, a raíz del fallecimiento de uno de mis feligreses debido a un cáncer, nos reunimos en el cementerio, cercano al monasterio de Mar Elian. Fue entonces cuando constaté que había sido arrasado, pero, curiosamente, no reaccioné. Tres días más tarde, el 9 de septiembre, en la fiesta de Mar Elian (San Julián de Edesa), durante la Misa, comprendí que Mar Elian había sacrificado su monasterio y su tumba para salvarnos.

En la tarde del 9 de octubre, sentí que era el momento de partir, y al día siguiente, con la ayuda de un joven musulmán, pude huir de Karyatène, pese al riesgo que ello implicaba. También en aquel momento, la mano misericordiosa de Dios y la Virgen María me han protegido y acompañado. Con la ayuda de ese musulmán de la región pude franquear un puesto de control de los yihadistas sin que me reconocieran y me apresaran. En aquel día del 10 de octubre de 2015, por aquel camino desértico, la palabra “libertad” volvió a brillar.

Esta sed de libertad no es solo la mía, sino la de todo el pueblo sirio. Muchos países europeos y americanos han abierto sus fronteras a los refugiados sirios y los han acogido. Los millares de sirios que han huido de la muerte se han refugiado en esos países porque aspiran a la vida y porque ansían apasionadamente la libertad.

No obstante, no puedo cerrar los ojos ante las contradicciones que observo en este país en guerra. En el camino de la libertad, debemos a toda costa plantearnos la pregunta crucial que Pilato dirigió a Cristo: “¿Qué es la verdad?”. Dicho esto, Pilato salió de nuevo al encuentro de los judíos y les dijo: no encontré ningún motivo de condena”.

Pilato representaba al Imperio Romano, símbolo del mundo entero que decidió matar a Cristo. Nada ha cambiado. ¿Hasta cuándo seguiremos sin querer entender el mensaje de Dios? ¿Hasta cuándo seguirá nuestro mundo dirigido por pequeños grupos que no buscan más que su propio interés?

Es el momento de reaccionar contra el miedo a una tercera guerra mundial. Es el momento de una revolución de paz contra la violencia, contra la fabricación de armas, contra los Gobiernos que producen motivos de guerras en el mundo y, sobre todo, en Oriente Próximo.

Para Europa es el momento de que la comunidad musulmana adopte una posición clara y eficaz frente a la violencia, que aumenta y se propaga. También para ellos, el miedo es un factor paralizante que los frena. Su silencio se convierte en el signo de un acuerdo manifiesto y aparente hacia la violencia que tiene lugar.

Pese a todo lo que las organizaciones humanitarias hacen por el pueblo sirio, todavía hay familias que viven en una terrible situación fuera de los campos de refugiados a falta de espacio. Allí no los aceptan… carecen de alojamiento y de todo lo demás.

Dios no solo nos pide que seamos sensibles a las necesidades materiales de los pobres. Nos encontramos ante pueblos que sufren, ante pueblos heridos que soportan una carga muy pesada, muy pesada… y que gritan con Jesús en la cruz: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Que gritan con David en el salmo 51 “misericordias domini”. Parad esta guerra. Queremos regresar a nuestras ruinas… tenemos derecho a vivir como todo el mundo… queremos vivir.

Padre Jacques Mourad

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