Mi catedral destruida puede esperar… primero tenemos que reconstruir las relaciones interreligiosas

Mi catedral destruida puede esperar… primero tenemos que reconstruir las relaciones interreligiosas

El Obispo establece sus prioridades después de cinco meses de guerra contra los extremistas

 

Un obispo de Filipinas, cuya catedral y casa fueron destruidas por extremistas, ha declarado que su objetivo prioritario es reconstruir las relaciones interreligiosas y curar a su pueblo, traumatizado.

Mons. Edwin de la Peña, de la prelatura territorial de Marawi, declaró que la reconciliación es vital en Marawi, la ciudad del sur de Filipinas que quedó devastada durante los cinco meses de asedio por parte de extremistas islamistas asimilados al Estado Islámico Daesh (ISIS).

En sus declaraciones, realizadas apenas seis semanas después de que el Gobierno filipino declarara la victoria sobre los terroristas, Mons. de la Peña señaló que su tarea actual es capacitar a los jóvenes musulmanes de la ciudad para que se conviertan en «catalizadores de la paz», a fin de inmunizarlos contra lo que él denomina «los tentáculos persuasivos del extremismo».

El obispo declaró que su objetivo inmediato no es tanto reconstruir su catedral y la casa del obispo, que habían sido incendiadas, sino llevar a cabo una serie de iniciativas como sesiones terapéuticas para niños, para superar el drama, y un centro de asesoramiento para personas traumatizadas por la guerra.

En una entrevista mantenida con Aid to the Church in Need, la Fundación católica para cristianos perseguidos y que sufren de otros modos, Mons. de la Peña dijo: «la razón de ser de la prelatura [el área bajo supervisión episcopal] siempre ha sido establecer un diálogo entre musulmanes y cristianos.

«Marawi siempre ha sido un escaparate de armonía interreligiosa aquí, en Filipinas».

Las relaciones –ya tensas por las disputas económicas y políticas– se deterioraron repentinamente el pasado mes de mayo, cuando yihadistas asimilados al Estado Islámico atacaron Marawi en la que se convirtió en la mayor batalla urbana en la historia moderna de Filipinas.

Murieron unas 20 personas; entre ellas, ocho cristianos que se negaron a convertirse al Islam; otras 240 —según se ha informado—fueron secuestradas, incluyendo el sacerdote católico Teresito Soganub, que fue puesto en libertad más tarde.

Los yihadistas filmaron cómo ellos mismos destruían la Catedral de St. Mary.

Pisotearon un cuadro del Papa Francisco y destruyeron estatuas y cruces, antes de prender fuego al edificio.

Mons. de la Peña se refirió a las diferentes reacciones al conflicto por parte de los musulmanes; algunos desafiaron a los extremistas ofreciendo refugio a los cristianos perseguidos por los militantes.

Pero el obispo también dijo que la comunidad musulmana local se mostró enfadada con el ejército filipino, al que acusa de ser responsable de causar el mayor daño a Marawi por llevar a cabo ataques aéreos a la ciudad.

Según manifestó el obispo, los grupos terroristas que sobrevivieron a la guerra se dieron cuenta de que la mejor manera de prolongar el conflicto con el Gobierno era tomar tantos rehenes como fuera posible, especialmente sacerdotes y monjas católicos.

Preguntado por las implicaciones de esta amenaza, el Obispo declaró a ACN: «no podemos permitirnos tener escoltas de seguridad. Solo tenemos que tener mucho cuidado».

El Secretario General de ACN, Philipp Ozores, quien visitó Marawi este mes, subrayó la importancia de los esfuerzos de Mons. de la Peña en pro de la paz: «la percepción de los jóvenes musulmanes está cambiando gracias a la labor del Obispo».

«Nos gustaría mucho seguir apoyando la misión de la prelatura».

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