El Papa visita Congo y Sudán del Sur, donde la Iglesia desempeña un papel fundamental en la consolidación de la paz

El 31 de enero, el Papa Francisco aterrizará en Kinshasa para una breve visita a la República Democrática del Congo, y el 3 de febrero partirá hacia Yuba, en Sudán del Sur, para luego regresar el día 5 a Roma. Hace falta un milagro para que la paz retorne a estas naciones, pero eso es exactamente lo que espera la población de la visita del Papa.

Con su próxima visita a la República Democrática del Congo (RDC) y a Sudán del Sur, el Papa Francisco dará un impulso muy necesario a la Iglesia local de los dos países, que desempeña un papel fundamental a la hora de pedir cuentas a las instituciones políticas y forjar la paz en estos países desgarrados por la guerra y los conflictos. Así lo creen los ponentes de una conferencia celebrada por Aid to the Church in Need (ACN) el lunes 16 de enero, con el título “El viaje del Papa Francisco a la RDC y a Sudán del Sur: Un mensaje de unidad y reconciliación para dos países machacados por la violencia y el sufrimiento”.

La primera parada del Papa será en la RDC. Contrariamente al primer programa de su viaje previsto para 2022 -que se canceló debido a la grave dolencia en la rodilla del Papa-, esta vez no visitará el este del país, que es donde la situación de conflicto es más grave. Allí, la situación de seguridad se ha deteriorado considerablemente en los últimos meses, aunque las autoridades congoleñas afirmen que la razón de prescindir al viaje a Goma se deba a la salud del Papa. No obstante, la Iglesia congoleña se está esforzando por llevar a Kinshasa a desplazados y demás personas gravemente afectadas por la guerra entre los distintos grupos rebeldes, para que se reúnan allí con el Pontífice, según ha explicado durante la conferencia el padre Godefroid Mombula Alekiabo, un misionero congoleño establecido en Kinshasa.

Con unos 35 millones de fieles (el 50% de la población total), la Iglesia católica es la mayor confesión religiosa de la RDC. “Es difícil sobreestimar el impacto que tiene la Iglesia católica: sus escuelas han educado a más del 60% de los alumnos de primaria del país y a más del 40% de los de secundaria. La Iglesia posee y gestiona una extensa red de hospitales, escuelas y clínicas, así como muchos otros numerosos proyectos”, ha explicado el padre Godefroid, que también es profesor y secretario académico de la Universidad de San Agustín, en Kinshasa.

De aliada a voz crítica

Gran parte de la influencia de la Iglesia proviene de la época colonial, pero “el cambio del papel de la Iglesia en su relación con el Estado desde la independencia es sorprendente. La que fuera una fiel aliada se ha ido convirtiendo en la voz institucional más crítica con el Estado”, recuerda el sacerdote congoleño.

“El conflicto se manifestó por primera vez abiertamente en 1971, cuando el Estado, como parte de sus esfuerzos por centralizar y ampliar su autoridad, nacionalizó las escuelas católicas; y el conflicto se intensificó en 1972, cuando, en el marco de una campaña de “autenticidad”, se ordenó a todos los ciudadanos que renunciaran a sus nombres de bautizo cristianos para adoptar nombres africanos. El cardenal Malula protestó y, como consecuencia, el régimen tomó represalias obligándolo a exiliarse durante tres meses y confiscando su residencia”, ha explicado el ponente a la audiencia.

«La suspensión de la Navidad como fiesta, la nacionalización de las escuelas y la sustitución forzosa de las imágenes del Papa y los crucifijos por retratos de Mobutu en ellas duraron poco. “La falta de capacidad de gestión y de recursos del Estado hizo que la absorción del sistema educativo fuera un desastre. Ante esta realidad, el presidente pidió a las instituciones religiosas que volvieran a hacerse cargo de las escuelas confesionales, y las clases de religión volvieron a formar parte de los planes de estudios”, ha explicado el académico, quien concluye que en estos momentos, “en su relación con el Estado, la Iglesia es considerada una voz de oposición a los regímenes autoritarios”.

El sacerdote congoleño espera que el Papa Francisco lleve al pueblo de la RDC un mensaje de reconciliación que la gente tanto necesita, y afirma que debería ser una continuación de las enseñanzas expuestas en Fratelli Tutti y Laudato si‘. También espera oír a Francisco condenar a las multinacionales que explotan la riqueza mineral congoleña y avivan el fuego de la guerra: “Varios grupos rebeldes compiten por extraer los máximos beneficios comerciales y materiales a un exorbitante coste humano de millones de vidas congoleñas. El sector privado desempeña un papel decisivo en la continuación de la guerra al facilitar la explotación, el transporte y la comercialización de los recursos naturales del Congo”.

Que todos sean uno

En la misma conferencia el P. Samuel Abe, Secretario General de la Archidiócesis de Juba y coordinador de la visita papal a Sudán del Sur, habló sobre el país más joven del mundo, independizado de Sudán en 2011 tras décadas de conflicto entre cristianos y musulmanes.

En un país desgarrado por conflictos tribales por el poder, el lema de la visita pontificia es: “Rezo para que todos sean uno”. El Papa ha hablado a menudo de la necesidad de paz en diferentes partes del mundo, pero la atención prestada a Sudán del Sur ha sido especial. Así, en abril de 2019 invitó al Vaticano para un retiro espiritual a líderes políticos que representaban diferentes facciones y grupos tribales, y como Sudán del Sur no es un país exclusivamente católico, sino también anglicano, se involucró también al arzobispo de Canterbury y al moderador de la Iglesia de Escocia. De hecho, Francisco atribuyó la idea del encuentro a Justin Welby.

La gran sorpresa, sin embargo, llegó al final del retiro, cuando el Papa arrodillándose besó los pies de los líderes sursudaneses allí presentes. “Esa fue una manifestación de que ama al pueblo de Sudán del Sur y de su deseo de que viva en paz”, ha indicado el padre Samuel durante la conferencia.

A la espera del milagro de la ansiada paz

Sin embargo, la paz ha eludido a Sudán del Sur desde su independencia en 2011, ha admitido el padre Samuel. “Tenemos un problema con el tribalismo. Mi difunto arzobispo Paulino Lukudu Loro solía decir que tener una tribu no es un problema, sino que debería ser una expresión que nos uniera a otras tribus. Cuando éramos un solo Sudán, había un factor unificador, pues nos identificábamos como un pueblo, y no permitíamos que los problemas nos dividieran. El tribalismo surgió cuando nos independizamos”.

En su opinión, los políticos tienen gran parte de culpa. “Como Iglesia podemos decir que las tribus en sí no son malas; son los políticos los que incitan a la gente a odiar a los grupos étnicos contrarios. Si los políticos se abstuvieran de provocar luchas intertribales en los pueblos, podríamos tener paz”, dijo a los participantes de la conferencia de ACN.

El sacerdote ha concluido con una nota de esperanza: “Cuando el Papa toque el suelo de Sudán del Sur, muchos milagros pueden ocurrir. Creemos que el mensaje que traerá será una continuación del mensaje que les dio a nuestros dirigentes en el Vaticano. Esperamos que anime a nuestra gente a convivir como hermanos y hermanas. En estos momentos en que en nuestro país se está aplicando el acuerdo de paz, hay signos de que las cosas están cambiando a mejor”.

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