“Con mi fe puedo soportarlo todo”

El pequeño rebaño de Sudán crece por la llegada de refugiados eritreos 

Sudán no es un país cristiano, pues más del 90% de su población es musulmana. Sin embargo, en los últimos años, el pequeño rebaño cristiano de este país de África Oriental recibe refuerzos… si bien no voluntarios. Decenas de miles de eritreos –entre ellos, muchos cristianos y católicos– buscan refugio en el país vecino porque ya no soportan vivir en su patria. “El Gobierno eritreo obliga a la gente a prestar durante años y, en ocasiones, décadas un servicio nacional para el Estado. Durante este tiempo, apenas reciben dinero y están totalmente a merced del Gobierno. Cada vez hay menos gente dispuesta a pasar por ello”, explica un voluntario –llamémosle José– que se ocupa en Jartum de los refugiados eritreos. El vecino Sudán es casi siempre la primera estación en un viaje que, en el mejor de los casos, termina en Europa a cambio de miles de euros pagados a los traficantes: solo el viaje de Sudán a Libia cuesta unos 1.500 euros, y de allí a Italia, otro tanto. Como muchos no tienen este dinero, se quedan atrapados en Sudán, donde permanecen a menudo durante años antes de poder seguir su camino. “No cabe pensar en un regreso a Eritrea, pues allí a los refugiados les espera la cárcel o algo peor”, dice José mientras nos enseña una escuela en las afueras de Jartum en la que ayuda. “Pero entretanto la vida debe continuar, y sobre todo en el caso de los niños, pues estos no deben ser años perdidos. Algunos incluso han nacido aquí en Sudán”.

Por esta razón, Ayuda a la Iglesia Necesitada apoya esta escuela que cuenta con 1.200 alumnos y en la que se cursan los primeros ocho grados. “A la gente le importa que sus hijos obtengan una sólida formación y que, al mismo tiempo, sean instruidos en la fe cristiana. Así se impide que los niños pierdan sus raíces y se facilita simultáneamente que tengan un futuro”, indica Christine du Coudray-Wiehe, jefa de la Sección que incluye Sudán en Ayuda a la Iglesia Necesitada. “Los refugiados eritreos lo tienen muy difícil en Sudán. Han huido del régimen totalitarista de su país de origen para acabar en un régimen islamista. Nosotros queremos permanecer a su lado y apoyarlos para que sus hijos sean educados en la fe católica”.

Con el apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada se pagan libros y maestros, pero también la comida de los alumnos, cuyos padres apenas tienen la posibilidad de financiar la escuela. A los trabajos legales prácticamente solo tienen acceso los sudaneses, por lo que la  mayoría se gana la vida trabajando en negro. Además, ahorran cada céntimo para poder pagarse el viaje a Europa u otros países occidentales, pues ninguno quiere quedarse en Sudán. “Nuestra gente tiene mucho miedo a la policía”, asegura José. “Con nosotros, los cristianos, pueden hacer lo que quieran”. En efecto, muchos refugiados son víctimas de chantajes de la policía. “A veces, los agentes detienen a los nuestros y solo los sueltan a cambio de un rescate”. José explica cómo en estos casos la gente reúne lo que tiene para ayudar a sus hermanos y hermanas necesitados. “Nuestra gente tiene una fe sólida que les da fuerzas para soportarlo todo”.

Porque una familia que huye tiene que soportar muchas cosas. Cerca de la iglesia de los eritreos, ubicada en un suburbio, la familia de Isaías ocupa un pequeño cuarto. En una cabaña con un techo de chapa ondulada se desarrolla la vida de esta familia de cinco miembros. “Aquí dormimos, cocinamos y comemos, y aquí juegan nuestros niños”, explica del padre de familia cuando recibe la visita de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Los visitantes son agasajados con limonada y dulces: con su característica hospitalidad comparten lo poco que tienen. El padre de familia luchó durante años en el Ejército eritreo, pero hace unos años decidió abandonar su país porque no veía ningún futuro ni para él ni para sus hijos. “Queremos ir a Canadá”, dice. A la pregunta de si no tiene miedo de ir a un país tan lejano y extraño, contesta enérgicamente que no. “Con mi fe y mi Iglesia no tengo miedo a nada”.

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