Una Cuaresma muy amarga: Informe desde Siria

El arzobispo maronita de Damasco reflexiona sobre las secuelas de seis años de guerra 1) Una escena apocalíptica En seis años de guerra, el rostro de Siria ha sufrido muchos cambios. Es una enorme zona de desastre, edificios carbonizados, casas arrasadas, vecindarios fantasma y ciudades reducidas a escombros. Más de doce millones de sirios, el 50% de la población, viven sin un techo. Conforman así la masa de refugiados más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Varios millones han huido del país buscando cielos más compasivos. Muchos esperan la misericordia en campamentos de miseria, algunos se han ahogado en su intento de fuga y otros hacen cola ante embajadas, nómadas en búsqueda de una tierra acogedora. ¿Cómo no iban a huir de esta Siria de tormentos? 2) Una familia destrozada La familia, núcleo fuerte de la Iglesia y de la nación y que ha salvado al país en el pasado, sufre una gran conmoción. Rara vez se encuentra una familia al completo. La violencia ha dispersado esta célula básica de la sociedad. Hay familiares en tumbas, en el exilio, en prisión o en el campo de batalla. Esta penosa situación es motivo de depresión y ansiedad y deja a los que quedan atrás sin ayuda a la que recurrir. Las jóvenes parejas de prometidos no pueden casarse, divididas por este éxodo, la emigración de su pareja o la movilización militar. La crisis les acorrala. La esperanza de su futuro se ha derrumbado. ¿Cómo es posible mantener el rumbo sin una familia o con una familia hecha añicos? 3) Una infancia sacrificada Los niños son los más vulnerables. Ya han pagado un enorme precio por esta violencia inmisericorde. Según la UNESCO, más de tres millones de niños sirios no pueden asistir a la escuela porque tienen que priorizar su bienestar físico. Los que sí han podido ir a la escuela son testigos del empobrecimiento de la calidad de la enseñanza, debido a la escasez de profesorado y estudiantes en los colegios. El fracaso académico es una imposición de estas abrumadoras circunstancias. Los centros de apoyo psicológico no dan abasto con el número y la profundidad de las heridas y los bloqueos psíquicos. ¿Cómo restauramos el espíritu de estos niños destruidos por la violencia y las escenas de barbarie? 4) Parroquias amenazadas Las parroquias han visto disminuir el número de sus feligreses y las actividades pastorales se han reducido considerablemente. Los sacerdotes están desprovistos de los medios para ofrecer apoyo humano y espiritual. La Iglesia de Damasco ha experimentado la partida de un tercio de su clero (27 sacerdotes). Es un duro golpe que debilita la posición y la función de la minoría cristiana, ya de por sí en declive. Los sacerdotes que luchan por permanecer, sin ninguna garantía de seguridad, consideran negociar su posible marcha. Solo esperan a que lleguen las organizaciones humanitarias para que ayuden a las familias rotas. ¿Cómo detenemos esta alarmante hemorragia? ¿Podemos imaginar una Iglesia sin sacerdotes? 5) Entre el dolor y la libertad El pueblo sirio ya no busca libertad. Su lucha diaria es por el pan, el agua, el gas y el combustible, cada vez más difíciles de encontrar. Los cortes eléctricos son cada vez más frecuentes y duraderos y, a su vez, oscurecen las noches y reducen cualquier tipo de vida social. La búsqueda de hermanos, padres y amigos perdidos es una tarea prudente, nerviosa y esperanzadora. Encontrar una pequeña habitación que sirva de refugio en un país en ruinas se ha convertido en un sueño imposible para las familias, por no hablar de para los jóvenes prometidos. Luchar por la libertad o buscar el pan del día, ¿qué camino escoger? Este menguante pueblo sirio vive su realidad con un dolor visible en las miradas mudas y en los surcos de lágrimas. Esta amarga Cuaresma de 2017 nos ofrece un tiempo en el desierto para revisar bien nuestro compromiso con la Iglesia junto a los fieles en peligro, para liderar el camino hacia Cristo Resucitado. Cristo, Luz del mundo, que conoce los corazones de hombres y mujeres, dice: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso”, Mateo 11:28.

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