Siria: «No estamos nunca seguros»

Königstein (Alemania), 26-09-2016: el Padre Andrzej Halemba, Director del Departamento de Proyectos en Próximo Oriente de la Fundación Pontificia Internacional «Aid to the Church in Need» (ACN), acaba de regresar de un viaje a Siria. En una entrevista con ACN habla sobre la situación actual en este país azotado por la guerra. ¿Cómo es la situación en Siria en estos momentos? Actualmente, todo el mundo está expectante porque, por un lado, la situación parece prometedora; pero, por el otro lado, nos enfrentamos a una crisis humanitaria de enormes dimensiones. Por esta razón, la gente dice: «de acuerdo, tenemos esperanza, de nuevo hemos experimentado un poco de paz»; pero esta paz, por supuesto, no es completa. Por ejemplo, durante mi viaje, en Damasco hubo tranquilidad durante dos días, pero el domingo se produjeron de nuevo ocho explosiones en las afueras de la ciudad. DAESH, Al Nusra y otros seguidores de Al-Qaida quieren desestabilizar la situación, para mostrar que sin su participación no habrá paz en Siria. Siria ha cambiado completamente en tan solo cinco años: de ser un país rico en el que había paz y donde la economía funcionaba muy bien a volverse un país completamente destruido. ¿Cómo ha cambiado la guerra la vida de los habitantes de Siria? La población de Siria descendió de 24,5 millones a poco más de 17 millones actualmente. Casi seis millones de personas viven fuera del país. En los países vecinos hay más de 4,8 millones de refugiados sirios; y en Siria necesitan ayuda humanitaria 13,5 millones de personas. A muchas de las regiones es difícil acceder. Los alimentos son muy caros; por ejemplo, en el área controlada por el Gobierno, el precio del arroz ha aumentado desde 2010 en casi el 250%, pero en las áreas dominadas por los rebeldes, este precio ¡se ha multiplicado por 28! Uno se puede imaginar la miseria que se sufre cuando los precios de los alimentos básicos son tan astronómicos. Más del 57% de la población no encuentra empleo. Viven de mendigar y de la ayuda humanitaria. 4,6 millones de personas viven en esas áreas difícilmente accesibles. Todo el mundo tiene miedo a que se produzca una división del país y a que el conflicto se prolongue debido a nuevos factores como las acciones del ejército turco en el territorio de Siria contra los denominados rebeldes y contra la kurdos. La situación es extremadamente compleja, pero por primera vez desde hacía varios meses se ve una pequeña esperanza. ¿Qué experiencias le han conmocionado especialmente durante su viaje a Siria? En primer lugar, las ruinas que pueden verse alrededor de Damasco. Es una ciudad tan bella que la gente se resiste a abandonarla. A pesar de la difícil situación en que se encuentran intentan llevar una «vida normal». Pero el aspecto del paisaje en las afueras de la ciudad es horrible. Para ir a Homs hay que utilizar carreteras secundarias porque la carretera principal está flanqueada de francotiradores. Las calles están sucias, la gente está pobremente vestida, los precios son muy elevados y hay mucha desconfianza. Un número creciente de puntos de control ha hecho definitivamente mella en la mentalidad de la gente; nos decían: «estamos continuamente en peligro porque hay soldados por todas partes que controlan a todo el mundo y todos los automóviles». Debido a la constante presión que causan los ataques de bombas todo el mundo está extremadamente cansado, sobre todo la policía. En Homs pasamos por una plaza donde unos días antes se había producido un ataque de Al Nusra. Los atacantes conducían un automóvil al centro de la ciudad e hicieron explotar una bomba en el punto de control. Murieron ellos mismos y seis soldados. Debido a ese terror, la gente está profundamente traumatizada. «No estamos nunca seguros», dicen. Y esto hace realmente mella en ellos. Las familias se encuentran en una situación dramática porque no se pueden sostener a sí mismas. No hay trabajo o, si lo hay, está muy mal pagado. Y las personas desplazadas que han dejado sus casas —6,5 millones, para ser precisos— tienen que alquilar habitaciones; pero los precios de alquiler son extremadamente elevados. Al no disponer de ingresos, se convierte en un gran reto para ellas. En último lugar, pero no por ello menos importante, se encuentra la cuestión de los jóvenes que tienen realmente miedo a que los alisten el ejército o los rebeldes para luchar. Son las más vulnerables, y por eso se van. Esta es la razón por la que la gran mayoría de los refugiados en Europa son gente joven. ¿Existen también situaciones que usted podría describir como positivas? El momento en que vienen a decirnos: «no podemos agradecer más» o, en muchas ocasiones, cuando sin palabras rompen a llorar porque nadie les ayuda de la forma que necesitan; esto tiene una fuerte carga emocional para nosotros. Son muy agradecidos. Pero esa ayuda no tiene solo un aspecto material. Les da mucho más: fuerza a través del gesto de solidaridad que experimentan. En Marmarita me decían: «padre; para nosotros es muy importante no sentirnos olvidados». Hemos de recordar que ACN es uno de los mayores donantes que prestan ayuda de emergencia en Siria, especialmente a los cristianos. Según análisis, ACN ha prestado ayuda a 195.000 cristianos, y también a otros. La ayuda les llega en forma de cestas de alimentos, electricidad, gas, medicina, becas…  Hemos podido identificar 17 formas diferentes de ayudas que se prestaron a los sirios en 2015. Siempre pedía a los habitantes de Siria que rezaran por los benefactores y sus familias. Y me decían: «rezamos todos los días por ellos». Efectivamente, lo están haciendo: muchas veces toman el rosario, para rezarlo juntos en las iglesias, o también individualmente. Se trata de un intercambio de caridad a través del puente de las oraciones. ¿Hay alguna historia de socios en los proyectos que quiera contar? Hay una profesora de Damasco. Se fue dos veces al extranjero, una vez a Estados Unidos y otra a Europa; decía: «no puedo vivir fuera de aquí. Tenía que volver a Siria; he de ayudar a los niños en las escuelas. Quiero hacerme mayor aquí y morirme aquí». Esta es una persona que realmente ama a su país a pesar de las dificultades y a pesar de la tentación de llevar una vida fácil. Recuerdo también a dos jóvenes del Valle de los Cristianos. Tienen buena formación y hablan muy bien inglés. Con su cualificación les sería muy fácil encontrar trabajo en países occidentales. Además, sus padres viven en Estados Unidos y todos los días les dicen que vayan ellos también; pero han rechazado irse. Decían: «tenemos que ayudar a los demás. Hay muchos que dependen de nosotros». Efectivamente están ayudando a varios cientos de familias. Trabajan como voluntarios. Esto es maravilloso.
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Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 6.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.