República Centroafricana y Camerún: Ayuda a la formación para 39 Carmelitas jóvenes

Algunos saben desde muy jóvenes lo que quieren llegar a ser, y el pequeño Jean-Thierry Ebogo de Camerún ya tenía claro a los cinco años que quería ser sacerdote. Para él, ser sacerdote significaba nada menos que “ser Jesús”. Cuando, en 2003, a los 21 años, ingresó en la orden de los Carmelitas, la meta de sus sueños parecía al alcance de la mano, pero no fue así. Tan solo a un año de su ingreso le detectaron un tumor maligno en la pierna derecha, y ni siquiera la amputación sirvió para frenar la enfermedad. Cuando lo llevaron en 2005 a Italia para un tratamiento, el tumor ya había desarrollado metástasis.

Con un permiso extraordinario emitió sus votos perpetuos el 8 de diciembre de 2005, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, pero su única preocupación seguía siendo si lograría ser ordenado sacerdote. Soportó los fuertes dolores con una sonrisa y los sacrificó por las vocaciones sacerdotales y religiosas. “Solo deseo curarme para convertirme en sacerdote”, decía. Por desgracia, su mayor sueño no llegó a hacerse realidad, pues falleció al poco tiempo con tan solo 23 años. Ya entonces gozaba de fama de santidad, e innumerables personas acudieron a su entierro. Su proceso de beatificación fue aprobado en 2014 a nivel diocesano.

Antes de morir, el joven Jean-Thierry Ebogo prometió regalar a África una auténtica “lluvia” de vocaciones sacerdotales, y parece que ha cumplido su palabra, pues la orden de los Carmelitas Descalzos está bendecida en Camerún y sobre todo en la vecina República Centroafricana con numerosas vocaciones.

En la República Centroafricana –un país pobre de solemnidad que no deja de aparecer en los titulares por los graves disturbios que en él se registran– hay actualmente 27 jóvenes Carmelitas que siguen la llamada de Dios y que se preparan para los votos perpetuos y la ordenación sacerdotal. Estos jóvenes varones quieren contribuir con sus vidas a que la paz en su tierra se haga de una vez realidad. Pero solo hay paz verdadera cuando Dios vive en el corazón de la gente. En Camerún, la patria de Jean-Thierry Ebogo, doce jóvenes varones están en fase de formación.

El P. Cyriaque Soumbou, uno de los formadores de los futuros religiosos de Bouar (República Centroafricana), dice: “Produce alegría ver a estos jóvenes varones que, en medio de las tribulaciones de la vida cotidiana y pese a todos los obstáculos, intentan dar un sentido a sus vidas al dejarse guiar por el Espíritu Santo en su búsqueda de la voluntad de Dios. Estos jóvenes seminaristas son para mí perlas preciosas, son un motivo para dar gracias a Dios, pues son el futuro del Carmelo teresiano”.  Él mismo ya se sintió atraído de niño por la soledad y la oración de los Carmelitas, pero, al mismo tiempo, por la alegría de vivir en comunidad y de dedicarse al servicio al prójimo. Todo ello lo había observado entre los misioneros italianos que habían llevado la orden de los Carmelitas a su país y que siguen presentes allí hasta el día de hoy. “Estoy seguro de que esta alegría interior no es fruto de un esfuerzo humano, sino que Jesús nos une. Qué suave es la mano del Señor, que quiere acompañarme. La enseñanza de Santa Teresa de Ávila es clara: en la vida religiosa hay que ser humilde; no hay que confiar en la propia fuerza, sino en la gracia de Dios”: así describe el P. Cyriaque su experiencia personal.

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