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Eran veinticinco: una carta del Obispo Jean-Clément Jeanbart de Alepo

Aid to the Church in Need ha recibo una carta (originalmente escrita en francés) de Mons. Jean-Clément Jeanbart sobre los terribles ataque que Alepo sufrió el pasado 3 de julio. Las fotografías muestran el resultado de los ataques del domingo 10 de julio que nos han enviado nuestros colaboradores de proyectos también desde Alepo; nos han pedido que recemos y describen la situación como “muy desoladora”.

Había veinticinco de ellos: veinte niños, tres sacerdotes y dos laicos voluntarios, que se habían reunido después de la misa de tarde del 2 de julio en la escuela Al-Wouroud, junto a la iglesia parroquial de San Demetrio en Alepo, cuando un cohete cayó tan sólo a unos pocos metros del interior de la iglesia. La gente del vecindario estaba en estado de pánico, pero con calma y rápidamente llevaron a los niños al sótano, justo antes de que un segundo cohete cayera sobre la misma escuela. ¡Gracias a la Divina Providencia, ninguna de las veinticinco almas allí reunidas sufrió un rasguño! Pero, mientras tanto, el fuego y la destrucción asuelan una vez más a la pobre parroquia que ya había visto sus edificios bombardeados y destruidos cuatro veces desde el comienzo de esta guerra detestable. Qué final triste para la semana. Una vez más, los habitantes de la ciudad tuvieron que sufrir el terror que no ha cesado de acosarles día y noche.

allepo2Al día siguiente, cuando una gran multitud se había reunido para la misa del domingo, a mí me faltaban las palabras, pero les pedí a los fieles que se unieran a mí en una oración de gracias al Señor que, una vez más, había tenido a bien protegernos. Fue una buena ocasión para recordar a los cristianos que no están solos y que nuestro Buen Pastor siempre está ahí, muy cerca de nosotros, y que Él nunca nos dejará huérfanos o sin ayuda ni por un solo instante. Para los fieles y para mí mismo esto fue un momento de despertar y de darnos cuenta del cuidado con el que la Providencia del Señor nos protege. Al revisar el curso de los acontecimientos de los últimos cinco años de esta guerra sin piedad, no podemos dejar de ver sus acciones salvíficas para con nosotros. De no haber sido por Su tierno cuidado, esta terrible guerra e infernal nos habría destruido completamente o nos habría llevado a la desesperación y la locura. Sin su protección providencial, los bombardeos incesantes que estamos sufriendo nos habrían aniquilado hace mucho tiempo. De hecho, durante estos duros años de bombardeos, unas 300 bombas han afectado a varias iglesias, parroquias y recintos en Alepo.

¿Acaso debemos olvidar nuestra catedral o las cinco iglesias que han quedado inservibles? ¿o la destrucción de rectorías y centros de catequesis, nuestras escuelas e instituciones dañadas y el centro archidiocesano prácticamente destruido por completo después de haber sufrido seis ataques? A pesar de todo y gracias a Dios – a excepción de nuestro Padre Imad, gravemente herido y aún así  milagrosamente recuperado –  ninguno de nuestros muchos sacerdotes, diáconos, laicos voluntarios han muerto. Todos ellos, al igual que el padre Imad, continúan entregándose generosamente a sus tareas pastorales y apostólicas. Ésta es otra razón más para que tengamos confianza en nuestro amado Jesucristo, el Todopoderoso y Misericordioso, Señor del Cielo y de la Tierra.

Mientras escribo esto, ensordecido por las explosiones de intensos bombardeos, levanto mis ojos a lo alto, para pedir a Dios que acorte este largo proceso que, durante cinco años, no ha dejado de afligir a su pueblo. Están desesperados y ya no saben a dónde acudir, dónde encontrar refugio. Por desgracia, muchos de ellos están huyendo del país y se habla de que Alepo perderá a todos sus cristianos. Menuda desgracia, nuestros 2.000 años de antigüedad se enfrentan a un momento tan decisivo en su historia. Sin embargo, a pesar de todo, no vamos a permitir que nos derroen. Que nuestros amigos que nos desean el bien nos acompañen con sus oraciones, que puedan estar a nuestro lado para defender nuestra causa, fortalecer nuestra resistencia y ayudarnos a quedarnos.

Mons. Jean-Clément Jeanbart, Obispo de Alepo (Siria)

Alepo, 3 de julio de 2016

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