Turquía: Hagia Sophia esconde un problema nacionalista

El 10 de julio, en un discurso a la nación, el presidente Erdogan anunció que la antigua Basílica de Santa Sofía, clasificada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se reabrirá al culto musulmán el 24 de julio. Erdogan subrayó que la reconversión del complejo monumental en mezquita era “un derecho soberano” de Turquía. El Consejo de Estado turco, que debía pronunciarse sobre esta cuestión por deseo de Erdogan, invalidó así el decreto del 24 de noviembre de 1934 del entonces presidente Mustafá Kemal Atatürk, que había transformado Santa Sofia en museo. La basílica se había convertido ya en mezquita después de que los otomanos tomaran Constantinopla (1453).

La fundación pontificia internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha entrevistado de nuevo a Etienne Copeaux, historiador de la Turquía contemporánea, para analizar la reciente decisión. Este antiguo colaborador del Instituto Francés de Estudios Anatólicos (Estambul) y ex investigador del CNRS (Centro Nacional para la Investigación Científica, por sus siglas en francés), dirige el blog Susam-Sosak, enteramente dedicado a Turquía. La entrevista ha sido conducida por Christophe Lafontaine.

Al convertir en mezquita la antigua basílica cristiana de Santa Sofía, que se convirtió en museo en 1934, ¿puede decirse que Erdogan culmina un proceso que viene de lejos?

El proceso se remonta a la época de la conquista de Constantinopla (1453), conocida como Fetih, un término que literalmente significa “apertura al Islam”. El vencedor, el sultán Mehmed II, recibió el sobrenombre de Fatih -“el que ha logrado un beneficio para el Islam”. Para “escenificar” la conquista de la ciudad y la caída del Imperio Bizantino, Mehmed II acudió a Santa Sofía (Ayasofya en turco) para rezar. Este fue un gesto muy importante, pues así fue cómo Santa Sofía se convirtió en mezquita y siguió siéndolo durante casi cinco siglos. Por otra parte, Ayasofya es mencionada en palabras atribuidas a Mahoma (hadices), en las cual se glorificaba a aquel que tomara Constantinopla. De hecho los turcos se jactan de haber hecho lo que los árabes no lograron. Por otra parte, una leyenda le atribuye una profecía que es importante conocer para comprender el valor de Santa Sofía para los turcos musulmanes: un terremoto provocó el derrumbe de la cúpula de la basílica en 558, la noche del nacimiento de Mahoma. Según dicha leyenda, relatada por Stefanos Yerasimos en su obra fundamental*, Mahoma se le apareció en un sueño al emperador de Bizancio autorizándole a reconstruir la basílica “porque (…) sus fieles rezarán un día allí”. La sacralización del edificio era tan fuerte que, durante el Imperio otomano, los musulmanes estaban ansiosos por pasar en Santa Sofía la “Noche del Destino”, fecha sagrada del mes del Ramadán que conmemora la revelación del Corán a Mahoma.

Por lo tanto, ¿la desacralización de la mezquita en 1934 por Atatürk fue – y sigue siendo hoy – el punto de inflexión y momento crucial para los musulmanes turcos?

Dado que Santa Sofía ocupa un lugar especial en los corazones y la fe de los musulmanes turcos, puede entenderse el escándalo que supuso para ellos la desacralización de la mezquita y su transformación en museo por Atatürk. Este acto, es generalmente considerado el símbolo del laicismo turco. Pero esta apreciación se ve considerablemente atenuada por el contexto: en esa época, Turquía había eliminado mediante genocidios, expulsiones en masa y pogromos a la mayoría de los no musulmanes y esa limpieza étnica iba a continuar en 1955, 1964, 1974… La desacralización provocó cólera entre los musulmanes que dio lugar a una reacción que salió a la luz a partir del quinto centenario de la toma de Constantinopla, en 1953. A partir de entonces, se organizaron manifestaciones periódicas frente a Santa Sofía para exigir su restitución al culto musulmán, organizadas por partidos reaccionarios, tanto ultranacionalistas como religiosos, esa reivindicación ha seguido viva hasta hoy. Con ocasión de la “conquista” del ayuntamiento de Estambul en 1994, que algunos también llaman fetih, Erdogan se convirtió en alcalde de la ciudad. Poco después, el partido islamista Refah de las cuales Erdogan era miembro, hizo a los votantes la promesa de devolver Ayasofya al islam en las elecciones legislativas de 1995, donde consiguió una relativa victoria. Ahora cumple esa promesa.

 ¿Cuánto tiene que ver la decisión con la persona de Erdogan, que desea recuperar a un electorado musulmán nacionalista y ultraconservador y/o mostrar un giro antieuropeo-occidental?

Es cierto que aquí sale a la luz la “marca” Erdogan. Si se me permite decirlo, es una “desfachatez” que ningún poder anterior ha tenido. Cabe señalar que Erdogan no ha “escenificado” la restitución en el punto álgido de su poder y popularidad, pues está atravesando dificultades: los islamistas han perdido el ayuntamiento de Estambul, la situación económica es desastrosa y las críticas contra Erdogan se multiplican, críticas que no logra silenciar totalmente mediante la represión. Con su acto, obviamente, espera reunir más firmemente a su alrededor a los reaccionarios religiosos. Las operaciones de guerra de Turquía que, a pesar de ser un país miembro de la OTAN, son claramente antioccidentales, proporcionan un contexto favorable. La restitución de Santa Sofía al islam sería en cierto modo “la guinda del pastel”.

Etienne Copeaux, historiador de la Turquía contemporánea.
Etienne Copeaux, historiador de la Turquía contemporánea.

 ¿La crispación que esta decisión ha originado es principalmente religiosa o política?

Creo que deberíamos relativizarla. Ayasofya, ha sido una mezquita durante cinco siglos y está imbuida de una inmensa sacralidad, cristiana y musulmana. Si podemos seguir visitándola como cualquier mezquita turca, si se respetan los mosaicos bizantinos, ¿por qué escandalizarse? En mi opinión, el problema no es religioso, ya que el Corán y muchos escritos religiosos veneran a Jesús/Issa y a María/Meryem, sino político. Erdogan, no actúa para satisfacer la fe musulmana sino al nacionalismo turco. Ayasofya es un asunto nacionalista, ese es el problema. Porque esta restitución es inútil desde el punto de vista religioso: la población de Estambul tiene muchas más mezquitas de las que necesita, muchas de ellas enormes y magníficas.

¿Qué mensaje da Erdogan con  esta decisión a las minorías religiosas de Turquía, y más concretamente a los cristianos, ya que no es la primera vez que en los últimos años se transforman iglesias en mezquitas?

En el plano religioso, el principal “mensaje” enviado por Turquía al mundo durante el siglo XX fue la destrucción total de una sociedad multiétnica y multiconfesional mediante una violencia extrema. Todas las masacres y expulsiones se llevaron a cabo con criterios exclusivamente religiosos para servir a una política nacionalista. Chipre es el último caso,  la parte septentrional de la isla es un verdadero laboratorio de este proceso: durante la intervención turca de 1974, todos los ortodoxos fueron expulsados de inmediato por el ejército. Pero no porque hablaran griego sino porque eran ortodoxos. Estas políticas se derivan de la mentalidad otomana, que institucionalizó a las comunidades religiosas. Lo que es inmensamente paradójico es que el Imperio, a pesar de los problemas y también de las masacres, mantuvo su carácter multirreligioso y que fue la República, supuestamente secular, la que hizo de Turquía un país  99% musulmán. Desde este punto de vista, suelo decir que el genocidio de los armenios, aunque perpetrado unos años antes de la República, fue su acto fundacional.

Para muchos, el significado universal de Santa Sofía a nivel cultural y religioso está siendo pisoteado, ¿cabe ver en ello un ataque a la libertad religiosa en Turquía?

Como dije antes, la libertad religiosa ha sido destruida por la violencia. El nacionalismo turco cree que “la nación turca es musulmana”, es decir, que no se es un verdadero turco si no se es musulmán. Esta mentalidad es adoptada también por el “otro lado”: a menudo he oído afirmar a judíos y ortodoxos, ciudadanos de la República de Turquía, “no soy turco”. Este es un problema de fondo: la Turquía nacionalista. Eel nacionalismo es realmente EL problema en este país) que considera a los no musulmanes como extranjeros, y esto a veces está escrito claramente. Por ejemplo, en varias ocasiones, las comisiones de toponimia han remplazado los topónimos de origen griego, armenio o de otro tipo, al considerarlos nombres “extranjeros”. Los armenios, los ortodoxos y los judíos son extranjeros en su propio país, donde se establecieron mucho antes que los turcos (!). En ese contexto, la libertad religiosa existe formalmente sobre el papel pero la intimidación es tan fuerte – véase la destrucción de tumbas o cementerios enteros en Chipre o incluso varios asesinatos en Estambul -que los no musulmanes mantienen un perfil bajo. Esta actitud es promovida incluso por los sacerdotes en sus homilías, como yo mismo he podido constatar en una misa de Pascua en Estambul.

¿Cree que se desatará una onda de choque en el mundo oriental por un lado y en el mundo occidental por el otro?

¿Por qué tanto ruido en torno a Santa Sofía, cuando los nacionalistas turcos siempre han actuado como han querido frente a los no musulmanes, sin ninguna protesta por parte de Occidente? Consideremos, por ejemplo, los terribles pogromos anti ortodoxos en Estambul en septiembre de 1955, seguidos de la expulsión de 100.000 ciudadanos con raíces griegas de la ciudad, ciudadanos de la República de Turquía que tuvieron que marcharse a Grecia, país que no conocían, porque eran descendientes de la población originaria de Estambul, con “veinte dólares y veinte kilos de equipaje”, expoliados de todo lo demás. ¿Dónde están las “ondas de choque” que deberían haber sido motivadas no por la religión, sino simplemente por humanidad? ¿Acaso estos hechos, dejando a un lado el genocidio de los armenios,  no son más importantes que la restitución de Santa Sofía al islam?

(*) Stefanos Yerasimos, La fondation de Constantinople et de Sainte-Sophie dans les traditions turques, Estambul, París, 1990.

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