Ruanda: Un matrimonio cristiano, primera víctima del genocidio de 1994

Hace 25 años, el 7 de abril de 1994, Cyprien y Daphrose Rugamba murieron alcanzados por las balas de los milicianos hutus. Cyprien era un famoso poeta y coreógrafo que había experimentado una conversión radical y que trabajaba por la reconciliación de los grupos étnicos de su país. Sus verdugos saquearon el tabernáculo que albergaba en su casa, esparciendo las hostias consagradas por el suelo.

En Ruanda, casi todo el mundo conocía el nombre de Cyprien Rugamba, bailarín y coreógrafo, que trabajaba por la reconciliación ruandesa. Con su esposa, Daphrose, había introducido a la Comunidad de Emmanuel en su país y acogía a los niños de la calle independientemente de que fueran hutus, twas o tutsis. Poco antes de su ejecución, Cyprien se dirigió a las autoridades para exigir que los nombres de las etnias dejaran de aparecer en los documentos de identidad. Esta iniciativa disgustó mucho a los agitadores que querían una guerra civil, y eso probablemente lo convirtió en una de las primeras víctimas del conflicto.

Cyprien y Daphrose Rugamba.
Cyprien y Daphrose Rugamba.

Conversión radical

“Aunque criado en la fe cristiana, Cyprien Rugamba se mostró al principio muy hostil al Cristianismo”, cuenta Laurent Landete de la Comunidad de Emmanuel. Así, por ejemplo, exigió que los crucifijos fueran retirados de la habitación de su esposa durante una de sus estancias en el hospital. Además fue un marido infiel, que también dio crédito a calumnias dirigidas contra su esposa, hasta el punto de repudiarla. Pero entonces cayó gravemente enfermo. Como artista, intelectual y bailarín, ya no podía hablar, reflexionar ni moverse: “Mi orgullo fue anulado por esta prueba”, dijo más tarde. Durante dicha enfermedad, su esposa permaneció a su lado, rezando por él y cuidando de ese marido al que amaba sin recibir obviamente nada a cambio.

Cyprien Rugamba se recuperó completamente – “milagrosamente”, afirmó más tarde- y experimentó una conversión radical después de esta travesía por el desierto. Entonces, él y su esposa comenzaron a hacer obras de caridad. Ella tenía un pequeño negocio en Kigali, donde los niños de la calle le robaban patatas. Esto le hizo darse cuenta de su estado de pobreza, y decidió ayudarlos. La obra que inició sigue dando sus frutos bajo el nombre de CECYDAR (Centro Cyprien y Daphrose Rugamba). Desde hace 20 años, este centro acoge a niños de la calle en Kigali.

 ”Entraré en el cielo bailando”

La conversión de Cyprien Rugamba desempeñó un papel importante en la evolución de su carrera como artista. “A partir de ahí, encontró su centro de gravedad en el cielo“, según asegura el P. Guy-Emmanuel Cariot. Este sacerdote, rector de la Basílica de Argentueil, ha orgnizado una veneración durante la cual se honra al matrimonio Rugamba. “Pero atención”, precisa, “no se trata de canonizarlos de antemano. De hecho, el Arzobispo de Kigali inició un proceso de beatificación a nivel diocesano en 2015. Sin embargo, aunque sería prematuro calificarlos de mártires, son, sin duda, testigos de la fe”.

Uno de los hijos, presente con ellos durante la masacre, pero que sobrevivió,  informó que cuando los milicianos entraron su primera pregunta a Cyprien fue: “¿Eres cristiano?”. A lo que su padre respondió, utilizando la letra de una canción suya que se había vuelto popular en Ruanda: “¡Sí, muy cristiano! Y entraré en el cielo bailando”. Entonces Daphrose pidió poder rezar por última vez ante el tabernáculo que la familia albergaba en su casa. Por toda respuesta fue golpeada con la culata de un arma, entonces los soldados ametrallaron el tabernáculo y esparcieron las hostias por el suelo, como si fuera necesario matar a Dios antes de matar a los hombres. La familia, que incluía al matrimonio, seis hijos, una sobrina y una trabajadora doméstica fue reunida, maltratada y finalmente ametrallada.

El día antes de ser asesinados, muchos amigos los habían llamado llenos de temor. Luego dijeron que se habían quedado impresionados por su serenidad. Los Rugamba no hicieron nada para huir del país, sino que prefirieron creer en una Ruanda unificada, capaz de vivir en paz.

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