En el día de la herencia audiovisual, recordamos que los videos, documentales y producciones de televisión son herramientas poderosas para la evangelización. “La gente hoy en día no quiere sólo escuchar, sino que quiere ver. Esta es una de las razones por las cuales la televisión es una herramienta de evangelización extremadamente importante. Además, podemos comunicar las buenas nuevas de la esperanza”, dice el Pe. Winfield Kuda, secretario de la Conferencia de Obispos en Zambia.

Mira la historia de Rasha Draizy. El día que el marido de Rasha murió su vida cambió por completo. Estaría sola para criar a sus dos hijos en un lugar al que acababan de mudarse. La vida de ellos es un testimonio del bien que hace tu ayuda. #HelpSyria

La Iglesia católica de la localidad siria  de Marmarita y la fundación internacional Aid to the Church in Need trabajan para sostener a familias huidas de sus casas y ayudarlas a regresar

Ghassan Abboud y su mujer Maha Sanna vivían en Homs junto a sus dos hijos, Josef y Michael. Pero hace justo 5 años y 7 meses la vida les cambió por completo, esa fecha no se les borra de sus recuerdos. “Estábamos en casa, mi hijo Michael estaba en el salón tranquilamente, cuando de repente oímos el ruido de unos cristales rotos. Cuando fuimos a ver qué había pasado, nos encontramos a Michael tendido en el suelo, una bala perdida que había entrado por la ventana le atravesó la cabeza. Murió en el acto”, narra Maha.

La guerra de Siria había irrumpido en la ciudad de Homs apenas unos meses antes, los primeros combates de guerrillas urbanas desencadenaron sangrientos bombardeos y ataques de francotiradores en toda la ciudad. Las protestas callejeras que exigían el fin del régimen de Bashar Al Assad, habían sido duramente contestadas con una fuerte represión policial. Todo desencadenó en una guerra civil que provocó la división del ejército, la sociedad y la aparición de numerosos grupos armados de corte yihadista. Hasta el día de hoy, los datos de muertes son de unas 500.000 pérdidas, una de estas víctimas mortales es el hijo pequeño de la familia Abboud.

 

Hassan Abboud com sua esposa Maha Sanna e seu filho Josef Abboud.

“Michael era un chico excelente, trabajaba como realizador en la televisión y soñaba con ser director de cine algún día”, comenta su madre con un punto de tristeza y otro de orgullo. Tras el asesinato de Michael y con el recrudecimiento de los combates en la ciudad, la familia decidió marcharse. “Intentamos irnos del país, pero nos denegaron el visado. No teníamos mucho dinero y dejamos de intentarlo. Así que nos vinimos aquí, al Valle de los Cristianos”, explica Ghassan.

Los Abboud han vivido todos estos años en una pequeña casa de alquiler en el pueblo de Almishtaya, una localidad de las más de veinte que forman esta región, conocida por ser antes de la guerra un lugar de descanso para la gente de Homs. Muchos venían aquí desde la ciudad buscando la tranquilidad de sus valles y montañas. Maha cuenta que su situación económica no era suficiente para pagar un alquiler en otra ciudad donde no hubiese combates, pero no podían seguir viviendo en Homs rodeados de tanta violencia. “Desde que llegamos hemos sido apoyados por los sacerdotes y los jóvenes de Centro de San Pedro de Marmarita. Sin su ayuda para pagar esta casa, alimentos y las medicinas que necesito para el corazón, no sé dónde estaríamos ahora”.

Su marido y su otro hijo Josef perdieron el trabajo al abandonar Homs. En el Valle de los Cristianos han podido trabajar algunos meses, pero la situación económica del país y la saturación de desplazados hace que el trabajo escasee y los sueldos son muy bajos. “Yo soy trabajador autónomo (“free worker” en inglés) –comenta Ghassan-, ahora he dejado de trabajar. Tengo ya 60 años, pero no recibo ninguna pensión”. Su hijo Josef sí que tiene trabajo, es electricista, “pero el trabajo aquí es muy inestable. Me gustaría volver a Homs y ganarme la vida allí”.

La familia de Ghassan y Josef es una de las más de 2.000 familias que reciben la ayuda mensual de subsistencia que distribuye la Iglesia local gracias al apoyo de la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN).

Muchas de estas familias han manifestado recientemente su intención de regresar a sus casas lo antes posible, en cuanto puedan ser reconstruidas. “Estoy casi seguro que lograremos volver pronto. Hemos podido regresar a Homs y hemos visto que el estado de nuestra casa, aunque parcialmente destruida, no es tan grave. Pero todavía es difícil vivir en Homs con las ruinas de la catástrofe y muchos cortes de luz y agua, pero siempre es mejor estar en tu propia casa que aquí como desplazados. Además, hacer frente a un alquiler es muy costoso también”, reconoce Ghassan.

Con este mensaje de esperanza sobre el regreso, Ghassan, Maha y su hijo Josef se despiden del pequeño grupo de ACN que ha viajado a Siria para conocer la situación de las familias desplazadas y sus necesidades: “Lo que nos da esperanza es el apoyo que recibimos de Iliash, el joven responsable de que coordinar la ayuda del Centro San Pedro. Los sacerdotes y la Iglesia católica nos están apoyando en todo. Su ayuda es la única que tenemos, es un testimonio de generosidad y es aún más valiosa para nosotros que no somos católicos, sino cristianos ortodoxos”, dice Maha.

“Mi fe es la que me da fuerzas para seguir adelante, pese a tanto dolor. Me decís que muchas personas en Europa y otros países se sienten fortalecidos en la fe al conocer nuestra historia y nuestra fortaleza frente a las dificultades. Yo digo: ‘Alhamdulillah’ (Alabado sea Dios, en árabe)”, comenta Ghassan. Mientras por el balcón de su casa asoman sus cabezas y agitan sus manos diciendo adiós con efusividad añaden: “Shukran ktir ktir  (muchas, muchas gracias)”

El párroco Andrew Yakulula de Todonyang en Kenia occidental está feliz, pues, gracias a la ayuda de nuestros benefactores, ha podido comprarse un nuevo vehículo. Por fin ha podido reemplazar su viejo todoterreno, que ya tenía una antigüedad de quince años, y con el que ha prestado ayuda a innumerables personas. Al final, el viejo vehículo estaba más tiempo en el taller que al servicio de las personas que habitan este territorio marcado por la sequía, la pobreza y los conflictos tribales.

18.000 personas viven en el territorio de la parroquia de Nuestra Señora Reina de la Paz, y sin un vehículo en condiciones resulta imposible atenderlas a todas.

Una parte de la población que pertenece a la tribu de los turkana es nómada, a saber, sus miembros van con el ganado a donde hay agua y pastos. En caso de extrema sequía -que no es infrecuente- mueren muchos animales. Estos son el principal capital de estas personas, y con su leche, su carne y su sangre, también su principal fuente de alimentos, pero, entretanto, también han empezado a comer frutos del campo como maíz, mijo o alubias. Cada vez más miembros de los turkana se asientan definitivamente en un lugar y ponen fin a su vida nómada. Entre estos y los miembros de la tribu de los dassanech estallan sangrientos conflictos por las tierras que, una y otra vez, se cobran víctimas mortales. La Iglesia Católica promueve la paz y la reconciliación, e intenta mediar entre las diferentes tribus.

En la Diócesis de Lodwar, la Iglesia, además, intenta encontrar soluciones para todo tipo de necesidades: agua potable, atención a los enfermos, escuelas, parvularios y ayuda a niños desnutridos… de todo esto se ocupa la Iglesia. Por esta razón, el nuevo todoterreno del párroco también hace las veces de ambulancia, se utiliza para transportar agua y para muchas cosas más. Pero, ante todo, el párroco lleva a Dios a la gente. En Todonyang y en las cuatro filiales de la parroquia, administra los sacramentos y ayuda a la gente a conocer mejor la Buena Nueva de Cristo. De ahí que el vehículo que han donado nuestros benefactores aporte a mucha gente esperanza y ayuda. ¡Que Dios se lo pague a todos los que han contribuido a ello!

A pocos días de las elecciones en Brasil, con el país fuertemente polarizado entre los dos candidatos Fernando Haddad y Jair Bolsonaro, el Cardenal Arzobispo de São Paulo, Mons. Odilo Scherer, advierte en un mensaje del elevado grado de exigencia que implica este acto electoral. “El voto nunca debería estar marcado por el odio, la rabia o la irresponsabilidad en relación con el bien común. El voto es una cuestión de conciencia y ha llegado la hora de que cada uno ponga algo de su parte para que Brasil esté mejor después de las elecciones. Al fin y al cabo, eso es lo que cuenta”.

Las palabras del prelado adquieren especial relevancia ante el hecho de que Brasil es uno de los países del mundo con mayor número de católicos (172 millones) y también uno de los más violentos, con más de 60.000 homicidios al año, lo cual representa cerca del 12,5% de todos los homicidios del planeta.

Las elecciones que tendrán lugar el próximo domingo han creado una barrera de discordia que está dividiendo a la población, enfrentando a familiares, amigos e incluso estados unos contra otros. Es un momento de incertidumbre y miedo. También la Conferencia Episcopal de Brasil ha advertido a los católicos acerca de la importancia de este acto electoral. Ya en el pasado mes de abril difundió el documento Compromisso e Esperança, que contiene una reflexión sobre las elecciones de 2018.

 

Brazil: Cardinal Archbishop of São Paulo warns: Voting must not be marked by “hatred, anger or irresponsibility

En uno de los mensajes centrales del documento, los Obispos exhortan “a la población brasileña a convertir este difícil momento en una oportunidad de crecimiento, abandonando los caminos de la intolerancia, el desánimo y el desencanto”. Para ello, los prelados animan “a las comunidades eclesiales a asumir, a luz del Evangelio, la dimensión política de la fe, al servicio del Reino de Dios”. En su mensaje, los Obispos brasileños recuerdan que la esperanza siempre debe estar presente, a pesar de las dificultades del día a día. “Sin dejar de tener los pies en la dura tierra de la realidad, nos mueve la esperanza, que nos compromete a superar todo lo que aflige al pueblo”.

ACN Brasil está muy comprometida en la promoción pastoral y social de la Iglesia en Brasil, haciendo ese esfuerzo de superación al que se refieren los Obispos en el documento Compromisso e Esperança. Una labor que data de la década de los sesenta, cuando el Padre Werenfried van Straaten, fundador de ACN, envió un ejemplar de su obra Me llaman Padre Tocino a varios Obispos de diferentes lugares del mundo.

Uno de dichos libros fue a parar a las manos del Cardenal D. Jaime Câmara, por entonces Arzobispo de Río de Janeiro. Mons. Câmara respondió, dando las gracias y animando al Padre Werenfried a incluir a Brasil en su labor misionera. En su carta, el prelado decía: “En Latinoamérica todavía no somos una Iglesia perseguida, pero esto también podría ocurrirnos a nosotros. Si un día fuéramos perseguidos, usted nos ayudaría, porque ese es su trabajo. Pero si nos ayuda ahora, le saldrá más barato”.

Con ese llamado – unido a una petición expresa del santo Papa Juan XXIII – comenzó, casi en forma de desafío, el trabajo de ACN en Brasil. El Padre Werenfried incluso viajó a Brasil, visitó las grandes favelas y se conmovió con tantas personas hambrientas que vivían en condiciones infrahumanas. En una oración que escribió a los pies del Cristo Redentor, el Padre Werenfried dijo que no podía permanecer indiferente a todo lo que había visto. “Lo que he visto en esta parte del mundo es un escándalo. Aquí Tu Iglesia es más vulnerable que en cualquier otro lugar del mundo”.

Desde entonces, ACN ha financiado más de seis mil proyectos pastorales en Brasil, muchos de los cuales benefician directamente el ámbito social. Ejemplo de ello son la construcción de capillas y de monasterios de clausura en las regiones más desfavorecidas que trae proyectos de abastecimiento de agua potable y de energía eléctrica o las ayudas a la locomoción de sacerdotes y religiosas que traen educación y cuidado médico donde nadie quiere invertir.

Es también el caso de los barcos para el inmenso río del Amazonas. Antes de que ACN hiciera entrega de los nuevos barcos, los sacerdotes tenían que recorrer el en embarcaciones viejas y peligrosas río muchas veces durante cerca de cien horas para llegar a las comunidades dispersas por las orillas del río.

Sin duda, gracias a la visión profética del Padre Werenfried, que comprendió desde su primer viaje a Brasil que era obligatorio ayudar a esta inmensa nación, Brasil es todavía hoy uno de los países prioritarios que más ayuda recibe de la fundación ACN que sigue fiel a ese compromiso.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.