Kazajistán es un país enorme, con un territorio de más de 2,7 kilómetros cuadrados, equivalentes a más de una cuarta parte de EE.UU. Al mismo tiempo, solo tiene 18 millones de habitantes. Esta ex república soviética es independiente desde 1991.

El 70 por ciento de la población es musulmana, y en torno a un 25 por ciento son cristianos, en su mayoría, pertenecientes a la Iglesia Ruso-Ortodoxa. Los católicos son una minoría de solo 300.000 creyentes que mayoritariamente fueron deportados en el pasado. Estos y sus descendientes tienen raíces polacas, alemanas, bálticas o ucranianas.

Kazajistán. Libros para el seminario mayor de Karaganda.

Kazajistán. Libros para el seminario mayor de Karaganda.

Kazajistán es un ejemplo especialmente hermoso de la convivencia amistosa entre cristianos católicos y ortodoxos, que celebran encuentros positivos y lanzan iniciativas conjuntas. Así, por ejemplo, hace poco y con motivo de la Navidad ortodoxa, celebrada el 7 de enero, se reunió el Presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Kazajistán, Mons. José Luis Mumbiela Sierra de la Diócesis de la Santísima Trinidad con sede en Almaty, con el Metropolita ruso-ortodoxo Aleksandr para felicitarle la Navidad en nombre de todos los demás Obispos, sacerdotes y creyentes católicos. En dicha ocasión se intercambiaron regalos y se mantuvieron conversaciones sobre varias cuestiones de importancia que afectan actualmente a ambas Iglesias.

El 70 por ciento de la población es musulmana, y en torno a un 25 por ciento son cristianos, en su mayoría, pertenecientes a la Iglesia Ruso-Ortodoxa.

El 70 por ciento de la población es musulmana, y en torno a un 25 por ciento son cristianos, en su mayoría, pertenecientes a la Iglesia Ruso-Ortodoxa.

Los retos que los cristianos tienen que afrontar hoy día también afectan a los doce jóvenes varones que se preparan en el seminario mayor de Karaganda -el único seminario mayor católico del país- para la ordenación sacerdotal. En la actualidad, las cuatro diócesis católicas del país cuentan con tan solo cien sacerdotes católicos, lo cual es demasiado poco, porque los creyentes viven muy dispersos. Para poder formar bien a los futuros sacerdotes, el seminario mayor nos ha pedido ayuda para completar el fondo de su biblioteca, y nosotros les hemos prometido para este fin 1.500 euros.

Referencia: 351-02-89

En el marco de su campaña internacional de Pascua a favor de la labor que desarrollan las religiosas, la fundación pontificia ACN ha recogido el testimonio de hermanas de diferentes países. Esta es la historia de una de ellas, Sor Vera de Kazajistán: Sor Vera Zinkowska tiene 43 años, nació en Shortandy y es de la congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

El padre de sor Vera era católico y creyente. En la era soviética se negó a colaborar con el KGB (el Comité para la Seguridad del Estado) así que un día, él y otros dos hombres —un luterano y un baptista— fueron citados por la  KGB para declarar. Les amenazaron a ellos y a sus hijos, y poco después la hija del luterano fue hallada muerta cerca de Moscú, donde estudiaba en la universidad. También al hijo del cristiano baptista le pasó algo. La madre de Vera acababa de dar a luz a su primer hijo, era una niña. En el hospital le rompieron una pierna. Cuando fue tratada de neumonía, se le administró un grupo de sangre equivocado y finalmente la pequeña falleció. Los padres querían tener más hijos y tuvieron mellizos: Vera y su hermano, que nacieron con 15 minutos de diferencia. Su padre tenía miedo de educarlos en la fe porque temía que pudieran compartir el destino de su primera hija. Sin embargo, ambos encontraron a Dios y descubrieron una vocación: ¡Vera se hizo religiosa y su hermano sacerdote!

Sor Vera Zinkowska tiene 43 años, nació en Shortandy y es de la congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Sor Vera Zinkowska tiene 43 años, nació en Shortandy y es de la congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

 Vera recuerda como en 1990, después de la Perestroika, “vino por primera vez un sacerdote a nuestra ciudad. Nos invitó a asistir a Misa, que celebró en polaco y le ayudamos con el ruso. Poco a poco encontramos a Dios. Cuando tenía 15 años recibí la Sagrada Comunión por primera vez. Fue hace 28 años, en Navidad».

Cuando las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María fueron por primera vez a la ciudad natal de Vera para estar allí dos semanas, ella se quedó impresionada con la personalidad de las religiosas: «Era la primera vez en mi vida que estaba con religiosas y me gustó mucho. En la época soviética, los profesores nos decían que los creyentes eran personas poco formadas y muy limitadas, verdaderos analfabetos. Decían que los creyentes eran lo peor. Pero yo vi alegría en las religiosas. Desde una perspectiva puramente humana yo pensaba que debían de ser personas infelices porque no se embellecían ni tenían familia. Me impresionó que no se arreglaran para estar guapas y que no tuvieran marido ni hijos y que, a pesar de eso, parecieran felices y alegres. Fue entonces cuando pensé por primera vez en convertirme en religiosa y vivir como ellas». Vera terminó la escuela, se trasladó a Polonia para aprender este idioma e ingresó en la congregación.

El mayor deseo de Vera era trabajar con niños.

El mayor deseo de Vera era trabajar con niños.

«Me gustaba que parte del carisma de la congregación fuera el cuidado de los niños más pobres. Eso me atrajo. Me enteré que si ingresaba en este convento, las hermanas vendrían a Kazajistán a trabajar, y así sucedió. Mi hermano me apoyó mucho.  Por aquel entonces él se encontraba ya en Polonia, en el seminario. Nuestros padres también estaban contentos, aunque al principio mi padre temía que el KGB pudiera volver a causar problemas. Al principio, sufrí una crisis y no sabía si debía quedarme en la congregación o salirme, pero mi madre me apoyó mucho para que me quedara. Es algo de lo que estoy muy agradecida. También mis amigos me apoyaron, aunque muchos de ellos no eran creyentes y les parecía incomprensible mi decisión. Así que puedo decir que nadie estaba en contra de mi vocación».

El mayor deseo de Vera era trabajar con niños. «Ya con 12 años cuando todavía no iba a la iglesia pensaba que no me casaría, sino que dedicaría mi vida a los niños abandonados. Más tarde, cuando encontré a Jesús y se me planteó la posibilidad de trasladarme a Kapshagay para ocuparme de esos niños, descubrí, por así decirlo “mi vocación en la vocación”.

"Más tarde, cuando encontré a Jesús y se me planteó la posibilidad de trasladarme a Kapshagay para ocuparme de esos niños, descubrí, por así decirlo “mi vocación en la vocación”.

“Más tarde, cuando encontré a Jesús y se me planteó la posibilidad de trasladarme a Kapshagay para ocuparme de esos niños, descubrí, por así decirlo “mi vocación en la vocación”.

Después de muchas idas y venidas, se abrió una segunda casa de la congregación en Kazajistán, pero a pesar de lo que Vera pensaba, las superioras eligieron a dos religiosas para empezar a trabajar allí. Para sor Vera esto fue una gran decepción, «rezaba interiormente por lo más importante; que los niños estén bien atendidos y que las hermanas se ocupen de ellos. ‘Acepto humildemente no ir allí; serán otras las religiosas que vayan’, pedía al Señor». Sin embargo, hubo problemas con los visados para Kazajistán; por esto, pidieron a sor Vera que fuera para estar un mes en Kapshagay. Ese mes se convirtió en diez años. «Para mí fue una señal de que Dios me quería y que había aceptado mi sacrificio. Soy muy feliz de poder trabajar aquí con los niños».

ACN ha ayudado a las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Virgen María de Kapshagay en varias ocasiones con la remodelación y ampliación de su casa y su capilla. Así como con ayudas para obtener visados y poder hacer sus ejercicios espirituales.

CONOCE MÁS SOBRE Aid to the Church in Need, VISITA http://www.churchinneed.org
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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.