Latinoamérica fue una región muy agitada en 2019. En Brasil, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Argentina y Nicaragua, los habitantes se manifestaron contra la violencia, la corrupción, el desgobierno y la explotación. Exigían justicia social y el respeto de los derechos humanos fundamentales. En esta situación de agitación creciente y gobiernos e instituciones que se tambalean, la Iglesia es para muchos la única esperanza. Porque Latinoamérica, pese a la enorme propagación de las sectas, sigue siendo la región de la Tierra con el mayor número de católicos, que aquí alcanzan casi los 500 millones. ACN ayuda a la Iglesia a aliviar las necesidades locales y transmitir esperanza a los fieles.

La mayoría de los problemas de Latinoamérica son de cosecha propia. De la riqueza de los grandes recursos minerales, como el petróleo o el litio, solo se benefician las elites y los inversores y grupos de empresas extranjeros. La pobreza crece a pasos agigantados: más del 30% de latinoamericanos viven bajo el umbral de pobreza, y la población rural sobre todo se siente desamparada. La Iglesia también sufre los efectos de estas condiciones desastrosas. En el año al que se refiere este informe, recibimos 1.307 solicitudes de ayuda del subcontinente latinoamericano, la mayoría de ellas de Venezuela y Brasil.

En el año al que se refiere este informe, recibimos 1.307 solicitudes de ayuda del subcontinente latinoamericano.
En el año al que se refiere este informe, recibimos 1.307 solicitudes de ayuda del subcontinente latinoamericano.

En 2019, un 13,1% de nuestro presupuesto total se destinó a Latinoamérica.

Nuestro volumen de financiación para Latinoamérica en 2019 ascendió a un total de 9,94 millones de euros. Evidentemente, esta ayuda no puede resolver los problemas políticos y sociales del subcontinente. Pero sí puede mitigar las necesidades de la Iglesia y dar a los fieles un rayo de esperanza. Ya sea a través del apoyo a la formación de sacerdotes y religiosos, las ayudas para tareas de construcción o la facilitación de subsidios económicos, literatura religiosa o nuevos vehículos, cada proyecto de ayuda permite a las iglesias locales reforzar la fe en el ámbito de sus comunidades y devolver el ánimo a los fieles.