La Hna. Ilham ofrece a los niños un lugar seguro cerca de Mosul

“En 2016, unas seis mil personas tuvieron que abandonar Teleskuf. Cuando regresé a esta zona, todas las casas estaban abandonadas y muchas de ellas, destruidas. En Teleskuf de muchos edificios solo quedan los escombros. La escuela y el hogar infantil están destruidos, las puertas del convento fueron forzadas y la vivienda de las religiosas fue saqueada”.

Las Dominicas empezaron en mayo a restaurar su convento de Teleskuf, ubicado a algo más de 30 kilómetros de Mosul. “He trabajado de siete de la mañana a siete de la tarde para que el convento esté listo para los niños”. Con ello no se refiere solo al lugar y al equipamiento, sino también al manejo de las emociones: “Ofrecemos atención durante el día a niños de tres, cuatro y cinco años. De las ocho de la mañana hasta la una del mediodía atendemos a unos ciento cincuenta niños de edades comprendidas entre los seis y los doce años, y de cinco a siete de la tarde acogemos a niños de doce años en adelante. Además, visitamos a los miembros de la comunidad de creyentes en sus casas e impartimos el catecismo a los niños, además de prepararlos para la Primera Comunión. Antes de la invasión del ISIS éramos cinco religiosas en el convento, mientras que ahora ya solo somos dos. Afortunadamente, pronto recibiremos refuerzos”.

Un lugar seguro para los niños

En lugar de mirar para atrás, la Hna. Ilham ahora intenta mirar al frente: “Me alegra ver que la gente retorna a sus hogares y que logran continuar con sus vidas”, dice sonriendo la Hna. Ilham. “Es una vergüenza que el Gobierno apenas haya reparado la carretera: debería contribuir en mayor medida a la reconstrucción de los pueblos y ciudades. No obstante, nuestra mayor preocupación gira en torno a la seguridad en esta zona. Nuestra primera prioridad son los niños, que han cambiado a raíz de lo ocurrido: puedo afirmar que con la intensificación de los combates se han vuelto más nerviosos y agresivos”. Todavía hay carencia de muchas cosas, pero la Hna. Ilham sabe encontrar un consuelo entre tanta destrucción: “Cada uno está dando lo mejor de sí mismo para que la convivencia sea armoniosa. Nosotras intentamos ayudar a los niños dándoles paz: en nuestro convento les ofrecemos un lugar seguro”.

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