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Mons. Silvano Pedroso: Un humilde pastor que vivió cerca de su pueblo

ACN lamenta la muerte del primer obispo afrodescendiente deCuba

Aid to the Church in Need (ACN) expresa su profundo pesar por la muerte del obispo Silvano Herminio Pedroso Montalvo, obispo de Guantánamo-Baracoa, quien falleció el 13 de junio a los 73 años tras una grave enfermedad. Su muerte supone una profunda pérdida para la Iglesia Católica en Cuba en un momento en que el país sigue atravesando una profunda crisis económica y social.

Mons. Silvano Pedroso

Mons. Silvano hizo historia como el primer obispo afrodescendiente en los más de cinco siglos de historia católica de Cuba. Nombrado obispo de Guantánamo-Baracoa por el papa Francisco en 2018, sirvió a una de las diócesis más empobrecidas y desafiantes de la isla, donde las comunidades enfrentan escasez, aislamiento y crecientes dificultades.

En los últimos años, ACN mantuvo una estrecha colaboración con la diócesis de Guantánamo-Baracoa mediante asistencia pastoral y humanitaria. En los últimos cinco años, la fundación apoyó trece proyectos en la diócesis, incluyendo estipendios para la misa, apoyo al transporte, mantenimiento de vehículos, proyectos de movilidad pastoral y ayuda de emergencia para comunidades afectadas por desastres naturales.

Quienes trabajaron junto a Mons. Silvano le recuerdan sobre todo por su sencillez, calidez y preocupación inquebrantable por los demás. Durante su última visita a Guantánamo-Baracoa, Verónica Katz, responsable de proyectos de ACN para Cuba durante los últimos cinco años, pasó varios días acompañando al obispo y visitando comunidades de toda la diócesis.

El obispo Silvano y Verónica Katz, de ACN, en Cuba

«Era un hombre muy sencillo, alegre y lleno de sentido del humor. Incluso en circunstancias difíciles siempre tenía una sonrisa y una broma», recuerda Katz. «Lo que más me llamó la atención fue lo cercano que era con la gente y la naturalidad con la que pensaba en las necesidades de los demás antes que en las suyas».

Un momento permanece especialmente vívido en su memoria. Al recibir una maleta con medicinas, material escolar y otra ayuda traída por ACN para comunidades vulnerables, el obispo la abrió inmediatamente. «Antes incluso de terminar de desempacarla, ya estaba diciendo: esto irá a esta comunidad, esto a aquella parroquia, esto a estas familias. Su alegría venía de saber que otros se beneficiarían. Todo lo que recibía se convertía inmediatamente en una forma de ayudar a su pueblo», explica Katz.

También recuerda el profundo compromiso del obispo con la oración. «Me dijo que se levantaba muy temprano cada mañana para rezar antes de empezar su día. Dijo que si no empezaba con la oración, las muchas demandas y responsabilidades del día se apoderarían de él y no dejarían tiempo para el Señor. Eso me dejó una fuerte impresión porque reveló dónde estaba realmente el centro de su vida.»

Para María Lozano, directora de Prensa y Relaciones Públicas de ACN, que ha viajado regularmente a Cuba durante casi dos décadas y ha acompañado de cerca la vida y misión de la Iglesia local, destaca el profundo impacto que deja su partida: «Estamos profundamente entristecidos por la muerte de Mons. Silvano. Su muerte es especialmente dolorosa en un momento en que Cuba necesita pastores capaces de mantener la esperanza en medio de tantas dificultades. La Iglesia en Cuba ha perdido a un pastor querido, un hombre profundamente identificado con su pueblo y especialmente cercano a quienes más sufren».

Una religiosa visita a una familia necesitada

«Su nombramiento como el primer obispo afrodescendiente de Cuba fue un hito importante en la historia de la Iglesia en la isla. Sin embargo, quienes lo conocieron recordarán por encima de todo su humanidad. Era humilde, alegre y excepcionalmente cercano a la gente común», añade Lozano.

Como obispo de Guantánamo-Baracoa, Mons. Silvano enfrentó numerosos desafíos prácticos vinculados a las realidades económicas del este de Cuba. La escasez de combustible, las dificultades de transporte y los recursos limitados a menudo complicaban el trabajo pastoral. Sin embargo, se mantuvo centrado en asegurar que sacerdotes, religiosas y fieles laicos pudieran seguir sirviendo a comunidades dispersas de toda la diócesis.

«Mons. Silvano encarnaba lo mejor de la Iglesia cubana: cercanía al pueblo, perseverancia en medio de las dificultades y una profunda confianza en Dios. Su vida refleja la fidelidad silenciosa de tantos obispos, religiosas, sacerdotes y laicos que continúan sirviendo a la Iglesia en circunstancias difíciles», dice Lozano.

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