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Jordania. Atención médica para los refugiados sirios

“La paz en Siria es posible”, ha dicho el Papa Francisco. Pero primero la gente tiene que sobrevivir, y por eso, el Papa no cesa de llamarnos a ayudar a los
hambrientos y sedientos, a los desnudos, enfermos y forasteros, y a los que han huido de su lugar de origen a causa de la violencia y la guerra. Muchos refugiados sirios enfermos sobreviven gracias a las Hermanas Combonianas en el Hospital Italiano de Karak, cerca de la frontera sirio-jordana. Allí les prestan primeros auxilios y les ofrecen refugio. “Nos ocupamos sobre todo de mujeres embarazadas y de madres jóvenes con niños pequeños”, dice la Hna. Adele. Los niños son el futuro, también
para Siria, y sin ellos, tampoco la paz tiene un porvenir. Y a menudo, los refugiados, tras recibir una primera ayuda, saben ayudarse a sí mismos y ceden su lugar a otras personas necesitadas. Al fin y al cabo, la mayoría solo desea regresar a su país. Sin embargo, en estos ocho años de guerra han ido llegando cada vez más refugiados, por lo que el Gobierno jordano ya no puede sufragar los gastos, y las religiosas, menos aún.

Atención médica para los refugiados sirios en Jordania.
Atención médica para los refugiados sirios en Jordania.

Además, se ha estropeado, sin posibilidad de ser reparado, el aparato de rayos X, sin el que resulta difícil realizar un diagnóstico. También el viejo sistema eléctrico de ventilación falla a menudo, por lo que la sala de operaciones solo se puede utilizar de forma restringida. La gente vive y trabaja de un día para otro, y nadie sabe hasta cuándo soportarán esta situación. Muchos refugiados no saben adónde ir
cuando enferman, y no pueden pagar ni los medicamentos que necesitan. En los primeros años de la guerra civil, el hospital todavía contaba con ayudas de organizaciones
internacionales, pero estas han disminuido drásticamente. Sin embargo, las Hermanas no quieren rechazar a las mujeres embarazadas y a los niños enfermos, y menos los casos de emergencia. Ellas saben que, para la mayoría, el trayecto a Amán (150 kilómetros) es demasiado largo y costoso. Por ello, las religiosas nos piden ayuda… para poder seguir ayudando, pues en todos estos refugiados ven el rostro del Cristo que sufre. Y también nosotros queremos que se siga diciendo de ellos: “Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Nosotros hemos prometido 50.000 euros para la atención médica a los refugiados sirios.

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