Indonesia después del terremoto: «Las lágrimas de dolor se transforman poco a poco en un amanecer de esperanza», dice el obispo de Ruteng.
La Iglesia católica se ha volcado en la ayuda a las víctimas del terremoto que ha sacudido una de las islas con mayor presencia cristiana de Indonesia.
La isla indonesia de Flores ha sufrido recientemente un fuerte terremoto de magnitud 7,7 en la escala de Richter. El seísmo, ocurrido el 15 de agosto, ha causado al menos 70 muertos, más de 1.000 heridos y ha obligado a decenas de miles de personas a abandonar sus hogares.

«Aunque Indonesia es el país musulmán más grande del mundo, desde el punto de vista demográfico, la isla de Flores es una de las pocas del extenso archipiélago donde la población cristiana es mayoritaria. Flores es considerada además una de las principales focos de vocaciones a la vida religiosa de todo el país», explica Marco Bachmann, responsable de proyectos de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) para la zona.
La Iglesia ha reaccionado con rapidez y se ha movilizado para atender a las víctimas de esta catástrofe natural. En un mensaje de vídeo enviado a ACN, monseñor Siprianus Hormat, obispo de Ruteng, una de las seis diócesis de la isla de Flores, explica que «a través de las parroquias y las instituciones de la diócesis, proporcionamos inmediatamente ayuda de emergencia a las víctimas. Instalamos tiendas de campaña para los afectados en distintas parroquias, habilitamos un puesto de atención en el Hospital Regional de Ruteng, reunimos ayuda procedente de distintas entidades y establecimos puestos de asistencia».

Las diócesis locales también han desempeñado un papel fundamental en la recopilación de información y la verificación de los datos sobre las personas afectadas, en coordinación con las autoridades gubernamentales. Asimismo, han participado en las labores de prevención y, por supuesto, han ofrecido acompañamiento espiritual y pastoral.
ACN mantiene proyectos con varias diócesis de Flores y, tras conocer la magnitud del terremoto, que ha dañado decenas de miles de viviendas y al menos 75 iglesias y capillas, se puso inmediatamente en contacto con sus socios locales para conocer las necesidades más urgentes.
Por el momento, ACN se ha comprometido a apoyar a la Iglesia local: «ACN está en contacto directo con los obispos de las diócesis más afectadas por el terremoto. Nuestra organización ya ha aprobado ayuda para las diócesis de Ruteng y Labuan Bajo destinada a la distribución ropa, medicamentos y alimentos. También estamos dispuestos a ayudar a las demás diócesis afectadas», señala Bachmann.

«En el futuro, ACN estudiará las solicitudes para la reconstrucción de iglesias y, eventualmente, de otros edificios pertenecientes a la Iglesia o a congregaciones religiosas que han sido dañados», añade.
Junto a la ayuda material, la Iglesia también está atendiendo las heridas emocionales provocadas por el desastre. «Estamos proporcionando apoyo psicológico mediante actividades de acompañamiento y superación tras el trauma dirigidas a las víctimas, especialmente a los niños. En estas iniciativas participan sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas», explica el obispo de Ruteng.

«No menos importante es el fortalecimiento espiritual, a través de visitas pastorales, mensajes y momentos de oración con las víctimas del terremoto», añade. El desastre también ha suscitado dolorosas preguntas sobre la fe, reconoce monseñor Hormat: «¿Dónde está Dios? ¿Por qué permitió que ocurriera este terremoto?». A partir de sus visitas a decenas de zonas afectadas y de sus encuentros con las víctimas, el obispo asegura: «Es profundamente conmovedor ver cómo sus lágrimas de dolor se transforman poco a poco en un amanecer de esperanza. Dios siempre cuida de nosotros. Su amor fiel nunca desfallece».
El obispo Hormat concluye con una petición: «Les pido sus oraciones y su ayuda. Que Dios derrame sus bendiciones sobre las víctimas y sobre todos nosotros».
El terremoto de Indonesia llega poco después de otras dos catástrofes naturales, ambas en Sudamérica. En junio, dos fuertes seísmos causaron graves daños y un elevado número de víctimas mortales en Venezuela, y en agosto otro terremoto golpeó Colombia, provocando daños estructurales y una importante emergencia humanitaria.