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República Democrática del Congo: Edificio auxiliar para las Trapenses de Murhesa

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Los miembros de la orden de la Trapa llevan una vida estricta y aislada destinada a la oración y la penitencia. Son especialmente conocidos por permanecer en silencio durante gran parte de su vida para tan solo escuchar a Dios. Esta congregación tiene una rama masculina y otra femenina, cuyas formas de vida son prácticamente idénticas.

La rama femenina de la orden cuenta con unos 70 conventos en todo el mundo, y también en la República Democrática del Congo hay religiosas trapenses: 21 de estas Hermanas viven en la parte oriental del país, en Murhesa, en la frontera con Ruanda. La región de Kivu Meridional, donde se encuentra Murhesa, es desde hace muchos años escenario de los conflictos más sangrientos de la historia africana más reciente. Allí la presencia de la Iglesia es la única esperanza para la población, y a menudo los sacerdotes y religiosas dan testimonio de Cristo arriesgando la propia vida.

También el convento trapense ha atravesado duras pruebas debido a la guerra, la inseguridad, los atracos y las catástrofes naturales. En diciembre de 2009 incluso fue asesinada una religiosa.

No obstante, pese a todas las dificultades y sufrimientos, este convento de 60 años de antigüedad está bendecido con numerosas vocaciones, pues no cesan de llegar jóvenes que llaman a sus puertas porque quieren seguir a Cristo.

Como la regla de la congregación prescribe que las religiosas deben vivir del trabajo realizado con sus manos, ya en el pasado realizaron varias tentativas para ganarse el sustento: produjeron yogur y helado para venderlos, sobre todo, a las tropas de la ONU estacionadas en la zona, criaron gallinas y conejos, y también lo intentaron con la apicultura. Por desgracia, todos sus esfuerzos no condujeron al éxito deseado, principalmente, porque el convento no disponía de espacios adecuados. En 1994 comenzaron a ampliar el convento para erigir un edificio auxiliar, pero la guerra impidió que lo terminaran.

Pasados otros veinte años, las religiosas se dirigieron a ACN en busca de ayuda. Nuestros benefactores no las dejaron en la estacada y donaron 42.500 euros. Ahora, las religiosas pueden abrir una panadería y un taller de cirios, además de producir jabón y miel para ganarse el sustento. Las Hermanas dan las gracias a los benefactores de todo corazón y rezan por todos los que las han ayudado.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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