La Guaira: “No los recordamos por la tragedia, sino por la luz que dejaron”
Tres meses después del devastador terremoto que golpeó Venezuela, jóvenes de la diócesis de La Guaira se reunieron para rezar, cantar y recordar a quienes formaban parte de sus grupos, parroquias y actividades pastorales. “Eran personas llenas de luz y de vida”, cuenta a ACN una joven que perdió a sus dos hermanas.

Tres meses después del terremoto que dejó miles de muertos, los jóvenes de la diócesis de La Guaira quieren que sus amigos sean recordados no por la tragedia que acabó con sus vidas, sino por cómo vivieron.
El sábado 26 de septiembre, jóvenes y familias se reunieron en la Plaza Jerusalén de Maiquetía para celebrar la Eucaristía, cantar y recordar a los jóvenes católicos que murieron el pasado 24 de junio.
“Eran personas llenas de luz y de vida”, explica a la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN) Crystal Olivo, miembro de la Pastoral Juvenil y del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil de La Guaira.
Crystal conoce ese dolor de manera especialmente cercana. En el terremoto perdió a sus dos hermanas, Chantal, de diecisiete años, y Clara, de ocho, además de amigos y compañeros de pastoral.
“Mis hermanas pequeñas eran ese reflejo vivo de la santidad”, afirma. Chantal era una joven profundamente vinculada a la Iglesia. Participaba en el coro, el grupo juvenil y la catequesis, y tenía una especial curiosidad por todo lo relacionado con la fe. Crystal recuerda que, durante una Pascua Juvenil, los responsables buscaban nombres de santos jóvenes para los distintos grupos. “Llamaron a Chantal y ella les dio en un momento una lista de dieciséis nombres de jóvenes santos” recuerda. “Le gustaba mucho investigar sobre su fe, y le gustaba tanto que quería reflejarla y mostrársela al mundo”.

Su hermana pequeña, Clara, era muy diferente y al mismo tiempo compartía esa alegría. Clara nació en 2017, en medio de una grave crisis económica y social en Venezuela que también golpeaba directamente a su familia. “Llegó literalmente para alegrarles la vida a todos”, recuerda Crystal. “Era una niña de luz, de color y de risas”, recuerda Crystal. La niña había superado varios problemas de salud desde muy pequeña. “Siempre fue una superviviente”, dice su hermana.
Era curiosa, atrevida y no tenía miedo de probar cosas nuevas. El 24 de junio, poco antes del terremoto, Clara había participado en la Misa vestida como la Virgen de la Candelaria en la iglesia de Caraballeda. “Estaba bellísima. Irradiaba luz”, recuerda Crystal. “Clara siempre había sido muy activa, hacía de todo y no se quedaba quieta. Pero ese día estaba tranquila. Escuchó la Misa, estaba llena de luz, bien peinada, y así se fue”.
Jóvenes que dejaron una huella imborrable
Las hermanas de Crystal no fueron las únicas víctimas entre los jóvenes de la Iglesia de La Guaira. “El grupo juvenil más afectado por el terremoto fue el mío. Nosotros vivíamos justo en la zona cero, y muchos de nuestros jóvenes se encontraban en esos edificios en ese momento”, cuenta a ACN.
El grupo perdió a ocho de sus miembros. Entre ellos, Nayra, de 18 años y la mejor amiga de Chantal. Las dos llevaban tiempo sin poder verse por sus estudios y precisamente aquel día habían decidido encontrarse. Crystal había salido de casa apenas unos minutos antes. “Los cinco minutos que yo había salido del edificio fueron los mismos cinco minutos en que Naira había entrado en mi casa a ver a mi hermana”, relata. “Sus almas eran tan puras, tan conectadas, que todo el mundo dice que no se pueden ver almas tan gemelas como las de ellas”, recuerda. “Tanto fue así que se fueron juntas”.
También recuerda a Alejandro, “muy perseverante y cariñoso, que dio su vida para salvar a su novia”, y a Juancho, un joven que llegó a la Iglesia casi por casualidad después de ver en WhatsApp imágenes de las actividades pastorales. Al principio, Juancho protestaba por la cantidad de actividades a las que lo invitaban y lo poco que iban a la playa. “Siempre decía: ‘No voy a ir mañana, no voy a ir, no voy a venir’”, recuerda Crystal. Sin embargo, siempre terminaba apareciendo. Cuando se iba la electricidad en su casa, llamaba para preguntar qué actividad había ese día en la iglesia y se acercaba. Con el tiempo acabó siendo monaguillo.

Eduarlys conocía de cerca las dificultades que vive el país. Trabajaba cada día para salir adelante y ayudar a criar a su hermano Miguel, pero Crystal lo recuerda sobre todo por su alegría: “Tenía una sonrisa bellísima y siempre un abrazo para darte. Era una persona muy guerrera y perseverante”. Los dos hermanos murieron en el terremoto.
“Así como cuento la historia de mi grupo, podría contarte millones de chicos que se fueron”, afirma Crystal. Y recuerda a José, de Maiquetía, que siempre estaba dispuesto a servir: “Esas energías, esas personas que te dicen que sí a todo, aunque sea para ir a misionar al quinto monte, son las personas que, a nivel de pastoral juvenil, valen oro”, afirma Crystal. “Lo hacen con el corazón dispuesto a conocer a Dios”.
Recordarlos como vivieron
Ese es también el sentido que los jóvenes quisieron dar al encuentro celebrado el sábado en Maiquetía. En la convocatoria se resumía así el espíritu del encuentro: “No los recordamos por la tragedia, sino por la luz infinita de sus almas”.

Para Crystal, contar quiénes eran sus hermanas y sus amigos forma también parte del camino que queda ahora por recorrer. “Lo que haces para transmitir la fe de Dios es lo que dejas en el corazón de los demás”, afirma. “Eso fue lo que hicieron ellas: dejar sus almas marcadas en los corazones de todo el mundo que estaba a su alrededor”.
Desde el terremoto del 24 de junio, ACN ha acompañado a la Iglesia venezolana en su respuesta a la emergencia, especialmente en La Guaira y Caracas, apoyando a sacerdotes, religiosas y agentes pastorales que trabajan con las comunidades afectadas.