Presidenta ejecutiva de ACN: “La situación en Venezuela es ‘apocalíptica’, pero la Iglesia está organizada y responde”.
La ayuda de ACN está apoyando actualmente a los religiosos y laicos que están ayudando a las víctimas sobre el terreno, pero los proyectos futuros ya están en estudio y podrían incluir la reconstrucción de estructuras eclesiásticas y la sanación de traumas.
La situación en La Guaira, Venezuela, solo puede describirse como «apocalíptica», según la presidenta ejecutiva de Ayuda a la Iglesia en Necesidad (ACN), Regina Lynch.
«No esperaba tanta destrucción. Cuando llegas allí y ves montañas de escombros por toda la ciudad, y equipos de hombres y excavadoras cavando entre los escombros – ya no buscan supervivientes, ha pasado demasiado tiempo – o simplemente ves enormes bloques de apartamentos inclinados en los que obviamente nadie puede vivir ya, es apocalíptico.»

Aunque el recuento oficial de muertes ronda los 4.500, se estima que el número real se estima en decenas de miles. Además, varios miles resultaron gravemente heridos y se cree que hasta 500 mil perdieron su empleo.
En una rueda de prensa celebrada poco después de regresar de un visita a las zonas más afectadas por los terremotos en Venezuela Regina Lynch y María Lozano, jefa de comunicaciones, de ACN, describieron una Iglesia que también se vio gravemente afectada pero que ha estado respondiendo a las necesidades actuales de la población.
«Se puede ver lo bien organizada que está la iglesia en Venezuela. Allí tienen una gran operación. Había muchísimos voluntarios de todas las edades ayudando a organizar lo que otras personas en Venezuela habían donado internamente. Era como una colmena», dijo Regina Lynch sobre una visita a un centro de distribución en Caracas.
La capacidad de la Iglesia para movilizarse con rapidez y profesionalidad se explica, en parte, por el fuerte arraigo de las Cáritas diocesanas y parroquiales, según pudo constatar la delegación de ACN. Su labor está profundamente fundamentada en el Evangelio y estrechamente integrada en la vida de la Iglesia. “Una y otra vez, los voluntarios nos repetían: ‘No somos una ONG. Estamos aquí y actuamos movidos por nuestra fe. Cáritas no se entiende como una organización independiente, sino como una expresión de la atención maternal de la Iglesia y como una prolongación concreta de su misión’”, explica María Lozano, añadiendo que “esta identidad se refleja también en la formación que reciben los voluntarios. En muchas diocesis antes de participar activamente en la labor de asistencia, siguen un periodo de formación espiritual y bíblica, que incluye el estudio de las Sagradas Escrituras y la práctica de la lectio divina, para que su servicio esté arraigado en una comprensión cristiana de la caridad».

«Menos mal que la Iglesia está en Venezuela», dijo Regina Lynch, explicando que ACN ha estado trabajando con las diócesis de Caracas y La Guaira desde 2011, cuando comenzó la crisis financiera y social en el país, y por tanto puede contar con una década y media de buena cooperación y confianza. Señaló que casi toda la infraestructura construida con el apoyo de ACN durante este periodo había resistido el terremoto, mientras que bloques enteros de viviendas se había derrumbado.
En cuanto se supieron noticias sobre la magnitud de la tragedia, ACN prometió un paquete inicial de apoyo de 100 mil euros, pero ya existen planes para una ayuda adicional a largo plazo. «El dinero ya enviado se está utilizando para apoyar a los sacerdotes, hermanas y laicos que ahora trabajan con las víctimas», explicó Regina Lynch.
Entre ellos se encuentran decenas de miles de personas que viven en tiendas de campaña en las calles. La Iglesia les sirve, incluso a través de la celebración de los sacramentos, pero existe la preocupación de que, con el paso del tiempo, se vuelvan inquietos, mientras la atención de la comunidad internacional comience a desviarse.
ACN, por su parte, planea permanecer con el pueblo venezolano, a través de la Iglesia local, a largo plazo. La fundación pontificia estima que será necesario apoyar la reconstrucción de las estructuras eclesiásticas, pero también ayudar a superar el trauma.
«Visitamos una clínica en La Guaira gestionada por la Iglesia que está abierta las 24 horas. Algunos de sus empleados habían perdido a sus familias y sus hogares, dos de los médicos que trabajaban allí murieron, y esa mañana un experto en curación de traumas había venido a Caracas y recibieron formación. Primero, estaban ayudando al personal que había sufrido traumas y luego ayudando a las personas que acudían a ellos en busca de más apoyo. Hemos indicado a los obispos que, por supuesto, si necesitan más ayuda, saben que estamos aquí», dijo la presidente ejecutiva de ACN.

Desafortunadamente, abundan los ejemplos de traumas graves. «Durante una visita al hospital conocimos a Gismely, una joven de 31 años que cayo de un duodécimo piso. Sobrevivió a la tragedia y fue rescatada pero perdió una pierna. Gracias al apoyo y la profunda fe de una de las voluntarias de Caritas, Gismely había podido volver a sonreir. `Sé que no va a ser fácil sin tener mi pierna, pero mi vida es más que eso’, nos dijo. Otro hombre y sus tres hijos habían encontrado refugio en una casa hogar de las religiosas carmelitas. Perdieron a 40 miembros de su familia, incluida la madre», relató María Lozano.
Pero muchos represetantes de la Iglesia también han sufrido grandes pérdidas, como el padre Alfredo, que perdió al 80% de sus feligreses, o el obispo de la Guaira, Mons. Pablo Modesto, que abrió la puerta de su dormitorio para descubrir que parte de su oficina y el lateral del edificio del seminario había desaparecido, al igual que tres edificios enteros colindantes; pero él y sus seminaristas se habían salvado y se habían quedado preguntándose por qué.
«Lo importante es preguntarse para qué. Estamos aquí para reconstruir este país, y creo que este es uno de los trabajos más importantes de la Iglesia ahora», dijo a ACN, sabiendo que puede confiar en que los benefactores de la fundación estarán a su lado en esa misión.