Incluso bajo proyectiles: “La Iglesia es realmente un baluarte en el Líbano”
Las iglesias han abierto sus puertas para acoger a los desplazados internos, pero sus recursos están al límite, pues al mismo tiempo sostiene escuelas, hospitales, residencias y orfanatos.
Los ataques aéreos sobre Beirut el 13 de marzo dejaron 25 fallecidos más.
Mariella Boutros, coordinadora de proyectos en el Líbano de la fundación católica Aid to the Church in Need (ACN), asegura que la frágil paz que duraba meses había sido derrumbada en un instante y afirma que la sensación general en el país es que la situación está “abrumadoramente mal”.

El frágil alto el fuego entre Hezbolá e Israel, acordado en 2024, se vino abajo el 28 de febrero, después de que un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán acabara con la vida de su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
Boutros explica que, el día antes de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) iniciaran los ataques aéreos, la población libanesa estaba “muy contenta” de no haberse visto arrastrada al conflicto que se iba extendiendo por la región.
No obstante, de un día para el otro, la gente empezó a huir del sur de la ciudad porque los bombardeos se intesificaron y sus ondas expansivas llegaban a sentirse en la oficina de ACN.
“La situación es peor que durante la guerra de 2024. Los bombardeos son más intensos. El 11 de marzo pudimos sentir tres ataques aéreos desde la oficina de ACN, y por la noche seguimos sintiéndolos . Hay desplazados internos por todas partes. Su situación es muy difícil“, declaró Marielle Boutros.
Desde que se reanudó el conflicto, se estima que han muerto 678 personas y 1.774 han resultado heridas —el 22 % de las víctimas son niños—, según el Ministerio de Salud Pública.
Entre los fallecidos se encuentran el padre Pierre El-Raï, sacerdote maronita de la localidad cristiana de Qlayaa, en el sur del país, muerto en un ataque israelí el lunes 9 de marzo, y Sami Ghafari, de 70 años, que perdió la vida en un bombardeo mientras regaba las plantas de su jardín en Aalma Sha’b, una aldea cristiana cercana a la frontera.

Boutros señaló que los más de 500 ataques de las FDI sobre territorio libanés han provocado aproximadamente un millón de desplazados internos. En todo el país se han habilitado 550 refugios, entre ellos 300 escuelas públicas, que albergan actualmente a más de 120.000 personas que no tienen otro lugar adónde ir.
“Nuestros socios y nosotros también estamos cansados; esta guerra nos ha sobrepasado por completo. Después de seis años sobreviviendo apenas con lo mínimo, estamos agotados. No hay ingresos, no hay nada. Cada vez que pensamos que las cosas empiezan a mejorar, que vuelven poco a poco a la normalidad, cada vez que recuperamos un poco de esperanza —y si uno conoce a los libaneses, sabe que suelen recomponerse, seguir adelante y resistir—, sucede algo nuevo que nos devuelve al punto de partida; con esta guerra, incluso a la casilla de inicio. La sensación es realmente de desolación. ”.
Boutros subraya que, aunque la mayoría de los desplazados internos son musulmanes chiíes, también hay una importante comunidad cristiana entre ellos. Las iglesias han abierto sus puertas, y voluntarios cristianos están ayudando a cualquiera que llame a ellas, sin distinción.

Añadió, sin embargo, que la capacidad de la Iglesia para acoger a los desplazados es limitada, ya que también sostiene una amplia red de escuelas, hospitales, residencias y orfanatos.
“La Iglesia es realmente una roca en el Líbano. Si la Iglesia y sus instituciones se derrumban, se producirá un éxodo masivo de cristianos. La caída de la Iglesia supondría la caída de todos los cristianos de Oriente Próximo. Los cristianos de Siria, por ejemplo, dependen realmente de la Iglesia en el Líbano. Nos suelen decir: «Manteneos firmes y entonces nosotros también estaremos bien»”.
Boutros señala que ACN y otras organizaciones están proporcionando ayuda de emergencia —alimentos, medicinas, agua y kits de higiene—, pero insiste en que la misión de la Iglesia sigue siendo esencial.
“Especialmente en Oriente Próximo, se trata de construir comunidad. Queremos que la gente permanezca arraigada aquí. Si la Iglesia no permanece cerca de las personas, corremos el riesgo de perder a los fieles a causa de la emigración. Lo que estamos sosteniendo es precisamente la misión de la Iglesia“, añade.
“Es importante dar a la gente comida, combustible y todo lo necesario. Pero el verdadero apoyo consiste en que la Iglesia permanezca al lado de los fieles, abra sus puertas y haga visible que está aquí para sostener, acompañar, rezar juntos y vivir juntos la misión de Cristo. La Iglesia es realmente un baluarte para que los cristianos puedan permanecer en esta tierra”.