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Un vehículo para las Hijas de la Sagrada Cruz en el Nepal

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde hace diez años, las religiosas de la congregación de las Hijas de la Sagrada Cruz están presentes en Nepal oriental. Allí ofrecen a niños pobres una educación escolar y dirigen internados para niños procedentes de lugares remotos que, de otra manera, no podrían acudir a la escuela. Muchos de ellos recorren trayectos de tres horas en bicicleta para regresar a sus casas cuando empiezan las vacaciones.

Además, las religiosas ofrecen cursos de costura a las mujeres, que, por lo general, carecen de una educación escolar. A estas también les enseñan a ahorrar para, en caso de emergencia (una enfermedad o una boda, por ejemplo), no tener que recurrir a un crédito de los terratenientes, que piden altos intereses para que la gente siga dependiendo de ellos. La mayoría de las familias de la zona sobrevive de un día para el otro. Muchos trabajan como jornaleros en las plantaciones de té y en los campos de arroz de los terratenientes.

Estas religiosas también ofrecen una asistencia médica a las personas de los pueblos remotos. Cuando acuden a los pueblos, los enfermos ya las están esperando. Las religiosas transportan a la clínica más cercana a los que no pueden ser atendidos en sus pueblos.

Pero las religiosas también imparten la catequesis en las parroquias, se ocupan de los jóvenes y visitan a las familias (sobre todo, en mayo y octubre) para rezar con ellas el Rosario.

El mayor problema de las religiosas es que carecen de un vehículo propio. Para transportar a los enfermos tienen que pedir un prestado. Pero también para trasladarse a su nueva misión de Korobari necesitan urgentemente un coche, porque esta se encuentra a 90 kilómetros de distancia. Hay dos autocares que van hasta allí, pero a partir de la una y media del mediodía ya no sale ninguno, y hay que recurrir a la bicicleta o al carro de bueyes. Los enfermos tienen que esperar al día siguiente hasta que llegue el autocar.

Además, las religiosas tienen que transportar mucho material, pues han abierto una escuela. Esta está hecha de caña de bambú, pero los niños que ahí reciben una educación son la primera generación que puede acudir a una escuela.

Para poder afrontar tantas tareas, las religiosas nos pidieron ayuda, pues un vehículo les facilitaría mucho la labor. Pero debía ser un vehículo todoterreno, pues las carreteras están en mal estado. ACN les pudo ayudar con 33.000 euros para un vehículo sólido.
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