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Rep. Dem. del Congo: Para que triunfe la humanidad

“Las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar a la humanidad a no ser inhumana”, dijo el Papa Pablo VI. Este aprecio por las mujeres en general y por las religiosas en particular recorre los documentos doctrinales hasta llegar al Papa Francisco, quien, como Juan Pablo II, habla del “genio femenino, indispensable para la sociedad”. Entre estas mujeres llenas del espíritu del Evangelio se encuentran también las religiosas de la congregación franciscana de las Hijas de la Misericordia. Estas son para muchos el rostro de la humanidad y, de acuerdo con su carisma, llevan el amor y la sonrisa de Dios a los más pobres de entre los pobres. En Maluku, Rep. Dem. del Congo, estos son sobre todo los niños abandonados, los huérfanos y las madres solteras que vagan por las calles al no tener techo ni trabajo.

Las cuatro Hermanas viven el carisma de forma muy concreta, pues se ocupan de 60 huérfanos en su Casa de la Misericordia de Marija Petković.
Las cuatro Hermanas viven el carisma de forma muy concreta, pues se ocupan de 60 huérfanos en su Casa de la Misericordia de Marija Petković.

Las cuatro Hermanas Raquel, Charlotte, María y Alejandrina viven el carisma de forma muy concreta, pues se ocupan de 60 huérfanos en su Casa de la Misericordia de Marija Petković, nombrada por la Beata fundadora de la congregación, oriunda de Croacia. De día, otros cien niños de la parroquia se unen a ellos. Allí reciben una comida y, lo que es más importante, alimento espiritual. Las jóvenes madres también pueden formarse allí como costureras y encontrar así más fácilmente trabajo.  En un pequeño ambulatorio las hermanas ofrecen primeros auxilios en caso de enfermedad. La sonrisa de Dios es atractiva, y a muchas jóvenes les gustaría seguir ese camino. No obstante, la selección es estricta, no hay suficiente espacio en la casa y, además, no todas las chicas tienen vocación religiosa.

Las jóvenes madres también pueden formarse allí como costureras y encontrar así más fácilmente trabajo.
Las jóvenes madres también pueden formarse allí como costureras y encontrar así más fácilmente trabajo.

Las novicias deben aprender francés para estudiar, y también tienen que ocuparse del huerto y de los animales domésticos -de momento solo hay gallinas, pero esperan poder adquirir más adelante cerdos, ovejas y cabras-, y también está prevista una pequeña piscifactoría. Cuanto más independiente sea la comunidad de las circunstancias externas, tanto más eficazmente podrá ayudar a los niños y las familias de la parroquia, y más humanidad podrá florecer en los hogares de la periferia. De momento, hay más planes y sueños que animales, frutos y recursos. Por desgracia, la casa madre ya no puede apoyar a estas religiosas debido a la pandemia: en todas partes se lucha por la existencia. No obstante, las Hermanas están llenas de esperanza.

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