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Oraciones por la paz en Oriente Medio

Padre celestial, envía desde lo alto, por medio de tu Hijo muy amado Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador, tu santo amor paterno sobre todas las tinieblas, para que por Él se conviertan o permanezcan dentro del dominio de su propio reino.

Padre, envía Tu amor paternal para que todos los que nos persiguen, nos traicionan o desean hacernos daño sean impedidos por Tu santa presencia. Padre, envía Tu santo fuego de amor sobre todos los mentirosos, calumniadores e hipócritas, para que podamos reconocerlos rectamente y protegernos de ellos.

Padre, derrama tu amor sobre todos los criminales y sobre todos los instrumentos de la violencia, del asesinato y de la ciega ambición de poder, para que no puedan hacernos daño a nosotros ni a la humanidad.

Padre, haz que la fuerza de tu santo amor caiga sobre la tierra como un rayo cuando los asesinos recorran la tierra y quieran traer calamidad a todos los pueblos. Padre, entonces permanece con nosotros; sé Tú nuestra protección, nuestra fuerza y nuestra defensa.

Padre, deja fluir Tu santo amor paterno sobre todos los pueblos; llénalos de Tu fuego santo para que reconozcan el peligro de este tiempo causado por la astucia de la antigua serpiente.

Padre, sé Tú en todas partes el verdadero Señor: manda a las tinieblas que se retiren al lugar de su maldad y que perdonen a los hombres. Padre, buen Padre, haz todo aquello que Tu amor paterno juzgue bueno, verdadero y saludable.

Padre eterno, por el doloroso e Inmaculado Corazón de María y por sus lágrimas, te ofrezco la Preciosísima Sangre y las santas Llagas de Jesucristo, para que la Madre destruya el poder de Satanás y, con el santo Arcángel Miguel y todos los santos ángeles, expulse a los espíritus malignos y destruya todas sus obras y designios, especialmente ahora y en esta hora, en nuestras patrias y en todo el mundo. Amén.

Augusta Reina del Cielo, suprema Señora de los Ángeles, desde el principio recibiste de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente infernal. Humildemente te suplicamos: envía tus legiones celestiales, para que bajo tu mandato y por tu poder persigan a los espíritus malignos, los combatan por doquier, confundan su audacia y los precipiten de nuevo en el abismo.

Excelsa Madre de Dios, envía también tu ejército invencible al combate contra los emisarios del infierno entre los hombres; destruye los planes de los impíos y avergüenza a todos los que obran el mal. Alcánzales la gracia de la luz y de la conversión, para que den gloria al Dios uno y trino y a ti. Haz que en todas partes triunfen la verdad y la justicia.

¡Poderosa protectora, con tus espíritus ardientes, protege también en toda la tierra tus santuarios y lugares de gracia! Vigila a través de ellos las casas de Dios, todos los lugares sagrados, personas y objetos, especialmente el Santísimo Sacramento del Altar. Impide toda profanación y destrucción. ¡Tú, nuestro refugio, nuestra querida Señora! Te lo pedimos con confianza, pues tú puedes hacerlo con facilidad. Los ángeles, tus siervos, están atentos a cada momento a tu señal y arden en deseos de cumplirla.

Madre celestial, protege finalmente también nuestros bienes y nuestros hogares contra todas las asechanzas de los enemigos visibles e invisibles. Haz que en ellos moren tus santos ángeles y que reinen la entrega confiada, la paz y el gozo del Espíritu Santo.

¿Quién como Dios? ¿Quién como tú, oh María, Reina de los Ángeles y vencedora de Satanás? ¡Oh buena y tierna Madre María, Esposa inmaculada del Rey de los espíritus puros, cuya faz anhelan contemplar!, tú serás siempre nuestro amor y nuestra esperanza, nuestra protección y nuestra gloria.

San Miguel Arcángel, santos ángeles y arcángeles, defendednos, amparadnos.
Amén.

A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu protección paterna.

Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada y Madre de Dios, por el amor paternal con el que abrazaste al Niño, te suplicamos: mira con bondad a la Iglesia que Jesucristo ha adquirido con su sangre y con tu poder acude en ayuda de nuestras necesidades.

¡Oh protector solícito de la Sagrada Familia, toma bajo tu amparo a los hijos elegidos de Jesucristo! ¡Padre amoroso, mantén alejada de nosotros toda contaminación por el error y los vicios! ¡Oh, poderoso protector, asístenos propicio desde el cielo en nuestra lucha contra el poder de las tinieblas! Y así como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, defiende ahora a la Santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias de sus enemigos y de toda adversidad. Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la felicidad eterna. Amén

¡Padre eterno! Mira con misericordia la necesidad y la angustia de tus hijos. Si Tú no nos ayudas, oh Dios de misericordia y de todo consuelo, pereceremos. Por ello, en Tu insondable misericordia, permite que los nueve coros de los espíritus bienaventurados, todos los santos y bienaventurados del cielo y todas las pobres almas del purgatorio, bajo la guía de San Miguel Arcángel y de San José, protector de la santa Iglesia, salgan por todo el mundo, para que en el nombre y por la autoridad del Corazón Inmaculado de María, Reina del universo, vencedora en todas las batallas de Dios, y por la fuerza de la Preciosísima Sangre de Jesús, Tu Hijo amadísimo, precipiten a todos los espíritus malignos en el infierno.

Haz que recorran todo el mundo para que dejen impotentes e incapaces a todos los hombres malvados, a todos los enemigos de Dios, de la santa Iglesia, de las almas humanas, de la humanidad, de los tabernáculos y de los santuarios, y para que destruyan todos sus planes y obras malignas.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor y por el Corazón Inmaculado de María, Tu santísima Hija. Amén.

Santos de Dios y santos ángeles, ayudadnos a reconocer y adorar a Dios, a amarlo y a servirle. Ayudadnos en el combate contra las potestades de las tinieblas que nos rodean en secreto y nos oprimen. Ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda y para que un día estemos reunidos con júbilo en la bienaventuranza eterna. Amén.

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