Únete a los cristianos de todo el mundo para orar por la paz y la protección en el Medio Oriente.
Myanmar
El 1 de febrero marca una fecha significativa para Myanmar: el inicio del conflicto en Myanmar en 2021.
A través de esta iniciativa, organizada por Aid to the Church in Need (ACN) y sus 24 oficinas nacionales, buscamos llevar consuelo espiritual al pueblo birmano, mostrar nuestra solidaridad, pedir para que vuelva la paz a este país y recordar que, incluso en medio de las pruebas más oscuras, la esperanza y la fe pueden ser una luz para el mundo.
Oriente Medio
En estos tiempos difíciles, cuando nuevas crisis amenazan la paz y la estabilidad en el Medio Oriente y más allá, estamos llamados como cristianos a responder con el medio más poderoso que se nos ha confiado: la oración y el sacrificio.
En Fátima, la Virgen María pidió rezar el Rosario, prometiendo que a través de la oración vendrá la paz. Esto es algo que cada uno de nosotros puede hacer, dondequiera que estemos.
En ACN, escuchamos innumerables testimonios que muestran cómo la oración abre caminos hacia la paz y transforma las situaciones para bien.
Por ello, te invitamos a unirte a nosotros en la oración.
Un Millón De Niños
Rezando El Rosario
Inspirada en las palabras de San Padre Pío, quien creía que “cuando un millón de niños recen el Rosario, el mundo cambiará”, la campaña se ha convertido en un importante movimiento espiritual, que atrae la participación de escuelas, parroquias y familias de todos los continentes.
Comienza a orar hoy.
- Reza el Rosario por la paz
- Organiza un grupo de oración o una vigilia
- Únete a otros en adoración y ayuno
- Comparte este llamado e invita a otros a orar
Oraciones por la paz en Oriente Medio
Padre celestial, envía desde lo alto, por medio de tu Hijo muy amado Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador, tu santo amor paterno sobre todas las tinieblas, para que por Él se conviertan o permanezcan dentro del dominio de su propio reino.
Padre, envía Tu amor paternal para que todos los que nos persiguen, nos traicionan o desean hacernos daño sean impedidos por Tu santa presencia. Padre, envía Tu santo fuego de amor sobre todos los mentirosos, calumniadores e hipócritas, para que podamos reconocerlos rectamente y protegernos de ellos.
Padre, derrama tu amor sobre todos los criminales y sobre todos los instrumentos de la violencia, del asesinato y de la ciega ambición de poder, para que no puedan hacernos daño a nosotros ni a la humanidad.
Padre, haz que la fuerza de tu santo amor caiga sobre la tierra como un rayo cuando los asesinos recorran la tierra y quieran traer calamidad a todos los pueblos. Padre, entonces permanece con nosotros; sé Tú nuestra protección, nuestra fuerza y nuestra defensa.
Padre, deja fluir Tu santo amor paterno sobre todos los pueblos; llénalos de Tu fuego santo para que reconozcan el peligro de este tiempo causado por la astucia de la antigua serpiente.
Padre, sé Tú en todas partes el verdadero Señor: manda a las tinieblas que se retiren al lugar de su maldad y que perdonen a los hombres. Padre, buen Padre, haz todo aquello que Tu amor paterno juzgue bueno, verdadero y saludable.
Padre eterno, por el doloroso e Inmaculado Corazón de María y por sus lágrimas, te ofrezco la Preciosísima Sangre y las santas Llagas de Jesucristo, para que la Madre destruya el poder de Satanás y, con el santo Arcángel Miguel y todos los santos ángeles, expulse a los espíritus malignos y destruya todas sus obras y designios, especialmente ahora y en esta hora, en nuestras patrias y en todo el mundo. Amén.
Augusta Reina del Cielo, suprema Señora de los Ángeles, desde el principio recibiste de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente infernal. Humildemente te suplicamos: envía tus legiones celestiales, para que bajo tu mandato y por tu poder persigan a los espíritus malignos, los combatan por doquier, confundan su audacia y los precipiten de nuevo en el abismo.
Excelsa Madre de Dios, envía también tu ejército invencible al combate contra los emisarios del infierno entre los hombres; destruye los planes de los impíos y avergüenza a todos los que obran el mal. Alcánzales la gracia de la luz y de la conversión, para que den gloria al Dios uno y trino y a ti. Haz que en todas partes triunfen la verdad y la justicia.
¡Poderosa protectora, con tus espíritus ardientes, protege también en toda la tierra tus santuarios y lugares de gracia! Vigila a través de ellos las casas de Dios, todos los lugares sagrados, personas y objetos, especialmente el Santísimo Sacramento del Altar. Impide toda profanación y destrucción. ¡Tú, nuestro refugio, nuestra querida Señora! Te lo pedimos con confianza, pues tú puedes hacerlo con facilidad. Los ángeles, tus siervos, están atentos a cada momento a tu señal y arden en deseos de cumplirla.
Madre celestial, protege finalmente también nuestros bienes y nuestros hogares contra todas las asechanzas de los enemigos visibles e invisibles. Haz que en ellos moren tus santos ángeles y que reinen la entrega confiada, la paz y el gozo del Espíritu Santo.
¿Quién como Dios? ¿Quién como tú, oh María, Reina de los Ángeles y vencedora de Satanás? ¡Oh buena y tierna Madre María, Esposa inmaculada del Rey de los espíritus puros, cuya faz anhelan contemplar!, tú serás siempre nuestro amor y nuestra esperanza, nuestra protección y nuestra gloria.
San Miguel Arcángel, santos ángeles y arcángeles, defendednos, amparadnos.
Amén.
A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu protección paterna.
Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada y Madre de Dios, por el amor paternal con el que abrazaste al Niño, te suplicamos: mira con bondad a la Iglesia que Jesucristo ha adquirido con su sangre y con tu poder acude en ayuda de nuestras necesidades.
¡Oh protector solícito de la Sagrada Familia, toma bajo tu amparo a los hijos elegidos de Jesucristo! ¡Padre amoroso, mantén alejada de nosotros toda contaminación por el error y los vicios! ¡Oh, poderoso protector, asístenos propicio desde el cielo en nuestra lucha contra el poder de las tinieblas! Y así como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, defiende ahora a la Santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias de sus enemigos y de toda adversidad. Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la felicidad eterna. Amén
¡Padre eterno! Mira con misericordia la necesidad y la angustia de tus hijos. Si Tú no nos ayudas, oh Dios de misericordia y de todo consuelo, pereceremos. Por ello, en Tu insondable misericordia, permite que los nueve coros de los espíritus bienaventurados, todos los santos y bienaventurados del cielo y todas las pobres almas del purgatorio, bajo la guía de San Miguel Arcángel y de San José, protector de la santa Iglesia, salgan por todo el mundo, para que en el nombre y por la autoridad del Corazón Inmaculado de María, Reina del universo, vencedora en todas las batallas de Dios, y por la fuerza de la Preciosísima Sangre de Jesús, Tu Hijo amadísimo, precipiten a todos los espíritus malignos en el infierno.
Haz que recorran todo el mundo para que dejen impotentes e incapaces a todos los hombres malvados, a todos los enemigos de Dios, de la santa Iglesia, de las almas humanas, de la humanidad, de los tabernáculos y de los santuarios, y para que destruyan todos sus planes y obras malignas.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor y por el Corazón Inmaculado de María, Tu santísima Hija. Amén.
Santos de Dios y santos ángeles, ayudadnos a reconocer y adorar a Dios, a amarlo y a servirle. Ayudadnos en el combate contra las potestades de las tinieblas que nos rodean en secreto y nos oprimen. Ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda y para que un día estemos reunidos con júbilo en la bienaventuranza eterna. Amén.
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