Marco legal sobre libertad religiosa y su aplicación efectiva
Níger, país sin salida al mar de África occidental, ha experimentado inestabilidad política durante la mayor parte de su historia, desde su independencia en 1960.
La Constitución de la Séptima República de Níger, promulgada el 25 de noviembre de 2010, establece una clara separación entre el Estado y la religión, definiéndose el país como Estado laico. Se garantizan, entre otros aspectos, la separación de poderes, la descentralización, un sistema multipartidista y la protección de los derechos civiles y humanos.
Se consagra la igualdad ante la ley, con independencia de la identidad religiosa (artículo 8). Se prohíben todos los «partidos políticos de carácter étnico, regionalista o religioso» o aquellos «creados a sabiendas con el propósito de promover un grupo étnico, una región o una religión» (artículo 9). Las comunidades religiosas tienen que registrarse ante las autoridades.
El presidente del país, el primer ministro y el presidente de la Asamblea Nacional toman posesión del cargo mediante un juramento conforme a la religión personal de cada individuo. Está permitido convertirse a otra religión. Sin embargo, por motivos de seguridad, no se permite organizar grandes actos públicos con fines proselitistas.
Los musulmanes constituyen la mayor parte de la población del país. También hay pequeñas comunidades que practican religiones étnicas tradicionales y cristianas. No está permitida la enseñanza religiosa en la escuela pública. Los colegios confesionales deben contar con la aprobación del los Ministerios del Interior y de Educación. La Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior de Níger es responsable del diálogo interreligioso.
En junio de 2019, la Asamblea Nacional de Níger aprobó una ley que confirmaba la legislación vigente sobre libertad religiosa, siempre que las prácticas respeten «el orden público y el bien moral». Según la ley, el Gobierno tiene potestad para regular y aprobar la construcción de lugares de culto y su utilización, así como otras instalaciones religiosas, y supervisar la financiación de estos locales. Las autoridades han aplicado la ley para frenar la expansión del wahabismo y el uso de dinero extranjero para construir mezquitas, formar imanes y abrir escuelas coránicas. Para contrarrestar esta tendencia, el Gobierno también ha creado un foro islámico que reúne a más de 50 organizaciones islámicas locales para normalizar las prácticas religiosas en el país.
Cabe destacar el crecimiento de los clérigos islámicos conservadores; por ejemplo, la comunidad Izala se ha convertido en una fuerza social cada vez más importante: «Varios clérigos salafíes han llegado a ser asesores del Gobierno, influyendo así en el debate sobre políticas concretas».
En 2019, las autoridades adoptaron una Estrategia Nacional de Cultos para gestionar y supervisar las religiones y creencias fomentando la convivencia pacífica, previniendo la radicalización y el extremismo religioso, desarrollando intercambios inter e intraconfesionales y promoviendo la cooperación internacional en materia religiosa.
Incidentes y acontecimientos
Níger cuenta con una economía basada principalmente en la agricultura y, aunque genera ingresos procedentes del petróleo y es uno de los cinco mayores exportadores de uranio del mundo, padece «pobreza extrema, gasto público insostenible e ineficaz, analfabetismo generalizado y una población en rápido crecimiento». A estas preocupantes circunstancias socioeconómicas se suman la debilidad de la gobernanza, la corrupción, unas infraestructuras deficientes y la fragilidad del poder judicial. A pesar de estas dificultades, la nación es relativamente estable en comparación con los problemas a los que se enfrentan los países fronterizos de Níger: Malí, Burkina Faso, Libia y Nigeria.
En las últimas décadas, en África ha ido creciendo el extremismo islámico, especialmente en la región del Sáhel. Níger no ha escapado a esta tendencia. En el país están activos grupos yihadistas como el Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS), grupos afiliados a Al Qaeda y Boko Haram, con base en Nigeria, cada uno con su propia estrategia regional.
Algunas grandes potencias islámicas, como Turquía, Irán y Arabia Saudí, también han contribuido a suscitar preocupación ante la injerencia religiosa extranjera financiando diversos proyectos locales, como la renovación y construcción de mezquitas y la formación de imanes, aportando cada uno de ellos su visión tradicional del islam. En algunos casos, los intereses extranjeros han contribuido al aumento del extremismo en Níger; cabe destacar la promoción del wahabismo, versión árabe del salafismo, por parte de Arabia Saudí.
Los grupos islamistas extremistas se han mostrado especialmente activos en el oeste y el sur de Níger, donde las autoridades han perdido el control, situación acelerada por la pandemia de la COVID-19. Militantes armados han atacado a agentes gubernamentales (funcionarios y fuerzas de seguridad), así como a civiles que participan en iniciativas gubernamentales, desbaratando, por ejemplo, el plan para aplicar la Estrategia Nacional de Cultos del Gobierno.
Tillaberi, región del suroeste de Níger fronteriza con Benín, Burkina Faso y Malí, constituye un foco de violencia extremista debido a la presencia de afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS). Este último controla amplias zonas cercanas a las fronteras con Burkina Faso y Malí, y sus combatientes ya se hallan a menos de 100 kilómetros de Niamey, la capital nigeriana.
La violencia ha causado cientos de muertos y cientos de miles de desplazados. A 31 de marzo de 2023, Níger acoge a más de 700 000 personas afectadas, entre ellas más de 300 000 refugiados extranjeros y solicitantes de asilo y 360 000 desplazados internos. Además, la inseguridad ha restringido el acceso a la ayuda humanitaria, agravando la espiral de miseria que afecta a la mayoría de los nigerinos, incluidos los cristianos. La falta de seguridad ha hecho especialmente vulnerables a los cristianos, que han sufrido ataques contra sus iglesias. Muchos practican su fe en privado.
El Gobierno de Níger ha respondido imponiendo el estado de emergencia en varias zonas del país, reforzando su respuesta militar mediante alianzas de cooperación con potencias occidentales y participando en los acuerdos regionales de seguridad del G-5. Esto ha permitido al Gobierno nigerino impedir que los grupos yihadistas de base extranjera establezcan una base permanente. Los siguientes incidentes son representativos.
El 20 de agosto de 2021, presuntos yihadistas atacaron un pueblo de Tillaberi matando al menos a 19 civiles musulmanes reunidos para la oración del viernes en la mezquita local. Pocos días después, el 24 de agosto de 2021, un centenar de combatientes de Boko Haram procedentes del lago Chad atacaron un puesto del ejército en Baroua, Diffa, región del sudeste de Níger.
En octubre de 2021, tres policías murieron y varios resultaron heridos en un presunto atentado yihadista en el puesto fronterizo de Petelkole, al suroeste de Níger, en la frontera con Burkina Faso.
En noviembre de 2021, al menos 60 agricultores y una docena de soldados fueron asesinados en la llamada región de las tres fronteras, al sudeste de Níger, donde este país confluye con Malí y Burkina Faso.
En febrero de 2022, las fuerzas especiales francesas y de otros países europeos desplegadas en Malí, en una operación antiyihadista que había comenzado en 2013, se trasladaron a Níger tras el cese de su misión en Malí.
A principios de marzo de 2022, presuntos miembros del grupo Boko Haram asesinaron a 10 personas en aldeas cercanas a la ciudad de Diffa, capital de la región del mismo nombre. Ese mismo mes, presuntos yihadistas atacaron un autobús y un camión, y asesinaron a 21 personas en la conflictiva región de Tillaberi.
También en marzo, las autoridades nigerinas anunciaron un plan del presidente Mohamed Bazoum para entablar conversaciones de paz con los yihadistas a fin de evitar nuevos derramamientos de sangre.
En abril de 2022, el Parlamento nigerino aprobó el despliegue de más tropas europeas que se unirían a las fuerzas especiales francesas y de otros países europeos que ya están sobre el terreno para contrarrestar la insurgencia yihadista; esta decisión contó con la oposición de algunos partidos nigerinos que rechazan la presencia militar occidental.
En julio de 2022, el padre Mauro Armanino, misionero y antropólogo italiano, informó del secuestro de una joven cristiana por yihadistas que amenazaron a su familia. Debido a la cultura del miedo, el incidente no se hizo público hasta un mes después. El misionero declaró: «No solo las comunidades cristianas son el blanco de esta orientación de la religión islámica. Y la mayoría de los creyentes musulmanes [...] están consternados por lo que está ocurriendo en la zona del Sáhel. De hecho, incluso el número de muertes más elevado se registra entre la comunidad musulmana».
A finales de octubre de 2022, tras el asesinato de dos policías, una operación del ejército nigerino en Tamou (Tillabery), que incluyó ataques aéreos, se saldó con la muerte de siete presuntos terroristas y 24 heridos. Poco después, organizaciones cívicas y grupos de defensa de los derechos humanos cuestionaron la versión oficial de los hechos, declarando que el número de muertos era mucho mayor y que muchas de las víctimas eran civiles que trabajaban en una mina de oro ilegal a la que habían huido los sospechosos del asesinato de los policías.
En este contexto de violencia, los líderes religiosos han intentado dialogar para garantizar una relación pacífica. Durante el período estudiado en este informe se han emprendido varias iniciativas, a medida que ha ido aumentando la frecuencia de los atentados terroristas.
El Foro Interreligioso Cristiano-Musulmán, que congrega periódicamente a representantes de grupos islámicos y cristianos para fomentar el diálogo interreligioso y la paz, se ha seguido reuniendo.
A mediados de la década de 2000, SOS-Civisme Niger, grupo de defensa de los derechos, creó los Comités de Diálogo Intra e Interreligioso (CDIR). Presente ahora en las ocho regiones del país, el grupo trata de fomentar la cohesión social y la tolerancia religiosa. En noviembre de 2022 se celebró un taller en el que participaron líderes tradicionales y religiosos para construir la paz a escala nacional y regional.
En enero de 2022, el movimiento Efesia organizó un encuentro que reunió a un centenar de jóvenes musulmanes y cristianos (católicos y protestantes) para facilitar el diálogo interreligioso y construir la paz. Uno de los ponentes, profesor de filosofía musulmán, habló de la necesidad de conocerse para respetar y apreciar los valores y la espiritualidad del otro.
En Niamey, la diócesis se encargó de promover el diálogo islámico-cristiano y de ayudar a los más vulnerables. Para sostener este esfuerzo, el padre Rafael Casamayor, miembro de la Sociedad de Misiones Africanas, pidió apoyo para los misioneros que mantienen su «presencia en el país a pesar de la inseguridad actual».
En mayo de 2022, la Sociedad de Misiones Africanas promocionó el 90º aniversario de la catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Niamey. En junio de 2022, en Dosso, ciudad del suroeste de Níger, los católicos celebraron los 40 años de la fundación de la parroquia local, dedicada a San Carlos Lwanga.
En diciembre de 2022, el papa Francisco se reunió con el presidente de Níger, Mohamed Bazoum, en el Vaticano, donde trataron cuestiones de seguridad y tendencias migratorias en África occidental y el Sáhel.
La política de «mano tendida» del presidente Bazoum parece haber dado algunos frutos. El Presidente, elegido en 2021, inició conversaciones gubernamentales con los grupos islamistas Yamaat Nusrat al Islam wal Muslimin y Estado Islámico-Provincia del Sáhel. El resultado fue un descenso de casi el 80% de la violencia en el norte de Tillaberi en 2022. Al mismo tiempo, el ejército del país consolidó su presencia en la zona, mostrando a los grupos insurgentes que disponía de los medios para hacer cumplir cualquier acuerdo.
Futuro de la libertad religiosa
En Níger, la situación de la libertad de religión es compleja y está estrechamente ligada a tendencias sociales más amplias. Por un lado, la República de Níger oficialmente es laica, con una clara separación entre Estado y religión. Por otro, el auge de los clérigos musulmanes conservadores, por ejemplo la comunidad Izala, y su influencia en los ámbitos políticos han tensado las relaciones entre los nigerinos, tanto entre los propios musulmanes como entre los musulmanes y otros grupos religiosos, incluidos los cristianos. A esto se suma la creciente presencia de grupos islamistas armados que aterrorizan a la población civil en dos importantes regiones fronterizas del país.
La violencia de los grupos islamistas, la represión gubernamental y la presencia militar extranjera han exacerbado las divisiones sociales existentes, consumiendo recursos públicos que podrían invertirse en desarrollo económico y social, por no hablar de su uso para contrarrestar las vulnerabilidades relacionadas con el clima, como la escasez de agua, en el país menos desarrollado del mundo según Naciones Unidas.
El Gobierno ha tomado medidas para reforzar la respuesta militar al tiempo que fomenta la consolidación de la paz mediante sus esfuerzos de «mano tendida» hacia los grupos yihadistas. En la sociedad civil también se han puesto en marcha iniciativas para fomentar el diálogo y la paz. Aunque pequeña, la Iglesia católica local se ha implicado en este proceso, fomentando el diálogo islámico-cristiano y participando en él. A pesar de estos esfuerzos, los retos son formidables y las perspectivas actuales para la libertad religiosa en Níger siguen siendo negativas.